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“Si un gobierno no le teme a levantarse de la mesa, no se toma en serio nada”

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Pedro Nikken es abogado. Profesor de la Escuela de Derecho y del Postgrado en Derecho y Política Internacional de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Central de Venezuela.  Fue Juez (1980-1989) y ex presidente (1983-1985) de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Miembro de la Comisión Andina de Juristas (1986). Vicepresidente del Instituto Interamericano de Derechos Humanos (1988). Provea consulta su opinión sobre cuál debe ser el papel de la comunidad internacional ante la crisis venezolana y sus posibles salidas a través de la negociación

Luis Silva

Quisiera comenzar esta entrevista con su caracterización de la situación venezolana vista desde la perspectiva de la comunidad internacional

– La crisis venezolana está llamando la atención de la comunidad internacional en dos sentidos, que al final terminan siendo el mismo. El quiebre de las instituciones democráticas y la insatisfactoria y grave situación de los derechos humanos. Digo esto porque en el marco general, los Estados, especialmente los Estados que abusan de los derechos humanos o irrespetan la democracia, consideran que la relación con sus ciudadanos es un privilegio absolutamente reservado al Estado. El concepto soberano del Estado en realidad es un concepto reaccionario y anticuado, porque desde la Revolución Francesa se buscó limitar la soberanía absoluta del Rey, mas tarde del Estado. Después de la Segunda Guerra Mundial la comunidad internacional, al darse cuenta de que la relación de los Estados con sus ciudadanos era tan tremendamente abusiva, concluyó que era peligrosísimo dejarlo a su arbitrio sin ningún tipo de control, se creó todo el sistema internacional de protección de derechos humanos y de defensa y promoción de la democracia, entonces hoy día el tema de los derechos humanos y el tema mismo de la democracia, por lo menos lo que se refiere a las Américas, es un tema que interesa conceptualmente a la comunidad internacional y de hecho es uno de los lineamientos del derecho internacional contemporáneo: el pleno respeto y garantía de los derechos humanos.

La situación venezolana, no voy a entrar en detalles ya que los doy por sabidos por nuestros lectores, atraviesa una gravísima situación, tanto en el plano de la estructura de la democracia, como en el plano de la vigencia real de los derechos humanos, tanto de las libertades públicas como de los derechos individuales, así como de los derechos sociales, ambos están gravísimamente vulnerados, en consecuencia no es nada extraño que la comunidad internacional tenga especial interés en lo que ocurre en el país y que esté usando los medios de la diplomacia para buscar la corrección de esta situación, teóricamente con la cooperación del gobierno, pero lamentablemente, hasta este momento, el escenario con el gobierno es el del enfrentamiento.

El papel de las instituciones internacionales

– Tomando en cuenta que la comunidad internacional tiene la mirada puesta en el país ¿qué opinión tiene sobre el inicio de acciones por parte de la Corte Penal Internacional? ¿qué tan viable es esta instancia para la situación venezolana?

– Esa es la instancia más exigente, porque se trata del derecho penal y este exige la prueba más allá de toda duda, pero en todo caso si no se logra probar, la duda tiene que favorecer al reo, entonces es la que requiere el estándar más alto de prueba. Por otro lado, para el Estatuto de Roma, es necesario que se reúnan requisitos adicionales al mero crimen, hace falta que se trate de una práctica general, que se trate además de una práctica que se cometa dentro de un contexto de graves ataques generalizados a la población civil.

Ciertamente, podría interpretarse que aquí se han reunido los requisitos, al menos durante cierto momento durante las manifestaciones del año 2017, expresados en la desmedida represión que incluyó el ataque a casas de familias que no tenían nada que ver con lo que estaba ocurriendo en la calle. Parece que es algo que pudiera ser así entendido, pero eso siempre dependerá de los criterios que utilicen el juez y el fiscal. En este caso estamos hablando de algo que no es de poca monta, son los crímenes de lesa humanidad tales como genocidio, desaparición forzada de personas, los cuales no son temas sencillos. La tortura también tiene su propio ámbito dentro de la Convención sobre la Tortura, que no necesariamente llaman la aplicación del Estatuto de Roma, pero se pudiera aplicar la jurisdicción universal como fue aplicada al General Pinochet. Ahora, hacer un pronóstico sobre ese tema, no me atrevo, porque es una materia sujeta a discusión de teoría jurídica que reitero no es materia fácil, es un área altamente especializada del derecho penal internacional.

Por otro lado, la aplicación ha sido tan limitada que no es posible encontrar un precedente que coincida plenamente con la situación venezolana. Hasta ahora los únicos casos donde se ha aplicado el Estatuto de Roma han sido africanos. Lo novedoso y llama la atención, es que por primera vez se han abierto dos investigaciones preliminares sobre dos países no africanos como Filipinas y Venezuela.

– Justamente quisiera comentarle que la fiscal de la Corte ha dicho “investigación preliminar” lo cual no implica ningún juicio previo, solo “conocer” y para ello se realizaran entrevistas con todos los actores, incluso el gobierno

– Así es. Ella ha tenido muchas noticias, tanto ella como su predecesor, que en Venezuela se han estado cometiendo crímenes de lesa humanidad, algunas creo han sido muy pobremente planteadas al utilizar el concepto de crimen de lesa humanidad, otras como las que han sido planteadas por la OEA, con Santiago Cantón, mucho mejor formuladas. En el procedimiento penal el fiscal es el único que acusa y debe, para acusar, preguntar primero si tiene un caso, luego una vez respondida esta pregunta y si los hechos denunciados fueron ciertos, él tendría un caso y es en ese momento es que abre la investigación para decidir más tarde si acusa o no.

– ¿A qué se debe a que en el lapso de una semana hubo inicio de procedimientos sobre Venezuela por parte de la Corte Penal Internacional, Expertos de Naciones Unidas y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos?

– La Comisión Interamericana de Derechos Humanos publicó un informe voluminoso en el 2017 y es el tercer capítulo que realiza referente a Venezuela y forma parte de su práctica habitual. Los Expertos de NNUU hablan mucho sobre nuestro país, sobre todo de su impedimento de entrar a Venezuela. No creo que eso forme parte de algo orquestado, lo que demuestra es que en la comunidad internacional existe una gran preocupación y obviamente todos esos documentos se suman al expediente, que va a tener que ver el fiscal, ahora ver en eso una unidad de intención no la veo.

– La CIDH ha mantenido una estrategia de mantener el diálogo con el Estado venezolano otorgando audiencias consecutivas a sus representantes. ¿Ha hecho suficiente la CIDH respecto a las violaciones de DDHH?

– La Comisión ha tratado de establecer canales de comunicación, ha tratado de enviar representantes para una visita, siendo la única vez que se aceptó su entrada al país por parte de este régimen en el año 2002, después del golpe de estado, encabezada en aquel momento por el presidente de la comisión el Sr. Juan Méndez.

Las razones esgrimidas por el gobierno venezolano, para no permitir más la visita de la CIDH, fue que la Comisión reconoció al gobierno de facto, cuando en realidad lo que hizo fue dirigirse al gobierno recién constituido para garantizar la vida e integridad del presidente Chávez, lo cual no significa reconocimiento sino garantizar la vida de alguien que efectivamente estaba en peligro. Eso me parece un acto un poco cínico y un pretexto para impedir que la comisión volviera a Venezuela. Esto además no se limita a la Comisión, también abarca a todos los relatores de Naciones Unidas, hasta ahora ninguno ha podido venir de manera oficial, los que lo han hecho ha sido casi que, de manera clandestina, atendiendo invitaciones académicas y no han podido hacer ninguna actividad oficial en el país. Lo que ocurre es que el gobierno rechaza conceptualmente la protección internacional de los derechos humanos, aduciendo que eso atenta contra la soberanía, algo falso porque esa protección internacional busca limitar la arbitrariedad y como el gobierno no está dispuesto a reducir la arbitrariedad, ni someterse a ningún tipo de control, ha hecho que el Poder Judicial nacional busque cualquier pretexto para ignorar esa protección.

En el caso de la Corte Interamericana no se han respetado sus sentencias y en el derecho internacional no existen tropas para la ejecución de sentencias, ni medios coactivos, quizá dentro de 100 o 200 años se llegue a eso, pero en este momento no hay forma de que el Estado se obligue a ejecutar una sentencia. Entonces no es que la Corte y la Comisión no hayan hecho nada, es que el derecho internacional es limitado, lo que pudiera decir de forma cierta, es que ambas instancias han sido efectivas para poner en evidencia el desprecio por parte del gobierno venezolano sobre la protección de los derechos humanos.

– ¿Cuál es su evaluación del rol de Luis Almagro, Secretario General de la OEA en sus actuaciones sobre Venezuela?

– Algunos piensan que Almagro ha tenido una actitud tremendamente sesgada, yo diría que más bien no ha ocultado su opinión personal, así sea que esa opinión personal limite su función como Secretario General de la OEA. Sin embargo, hay que acotar dos cosas, la primera es que la OEA, ni siquiera con Insulza a la cabeza, quien tuvo una actitud timorata, podía jugar ningún papel en la situación venezolana.

Cuando Insulza manifestó su preocupación por el cierre de Radio Caracas Televisión, el presidente Chávez lo llamó” pendejo” y no pasó nada ni en la OEA ni en ningún otro lugar, saliendo este con el rabo entre las piernas. El gobierno en esa época también rechazaba a todos los relatores, una mediación de la OEA tampoco la hubiera aceptado porque la considera un brazo del Departamento de Estado de los Estados Unidos, de modo que eso era completamente inútil. En ese sentido si Almagro tuviera algo que perder, hablando del sesgo, no ha perdido nada, ya que la OEA igual no ha podido incidir de manera contundente en la crisis venezolana.

Por otro lado, Almagro por la fuerza con que alzó su voz, ha contribuido a llamar la atención de la comunidad internacional en su conjunto, y a los países no les ha quedado más remedio que tomar una posición. Uno de los problemas que teníamos los defensores de derechos humanos, en un primer momento, cuando no se había llegado a los extremos a los que se ha llegado en los últimos tres años, a pesar de las situaciones graves que ya había y que están documentadas por diversas organizaciones, como por ejemplo en los informes de PROVEA, era que cuando se llegaba a instancias internacionales, nos veían como representantes de una misteriosa extrema derecha que no se preocupaba de los problemas sociales, lo que evidenciaba cuan bien había calado la propaganda oficial.

Hubo situaciones donde incluso organizaciones de derechos humanos calificaban esas denuncias como exageraciones, expresando que lo que existía era un enfrentamiento entre un grupo económico interesado en mantener sus privilegios y las clases populares, todos sabíamos que no es así, pero el tema era convencer cuando una propaganda ha logrado calar tanto. En ese sentido la actitud de Almagro ha sido determinante para ir cambiando esa percepción, comenzando porque él fue canciller de Pepe Mujica y no pudiera ser calificado como un agente del imperialismo yanqui, ni de la derecha internacional, es un canciller Tupamaro, entonces a él tenemos que agradecerle, francamente, que haya puesto toda su trayectoria y prestigio al servicio de la causa de la democracia.

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Crisis migratoria

– Se afirma que la crisis migratoria venezolana está motivando más protagonismo de los países de la región sobre el gobierno venezolano. ¿Cuál debería ser el papel de los gobiernos latinoamericanos en la crisis de nuestro país?

– Estamos en caso muy extraño de refugiados sin gobierno militar y sin guerra. Creo que la crisis venezolana va a marcar unos cuantos hitos, porque la presión de los distintos problemas es muy grande y los países de la región tienen que ir encontrándole salidas, uno de esos problemas es el tema de los refugiados o de la diáspora venezolana y los problemas que eso causa a los países limítrofes y a otros, incluyendo el tema de la xenofobia que ya está empezando a asomarse en contra de los venezolanos. Recuerdo cuando en la universidad recibimos a muchos profesores del Cono Sur y con mucho placer de recibirlos porque eran magníficos profesores que hoy nos recuerdan. Hay canales institucionales como el ACNUR que ya están actuando con Colombia, eso no resuelve el problema, pero puede ayudar a mantener a esos refugiados en campos, que no son la solución, pero los mantiene vivos y alimentados.

El otro problema es el de un régimen político como el nuestro, que no lo detiene las fronteras, el cual tiene la misma aspiración de la Revolución Cubana: exportar el modelo. En cierta forma, hay que reconocer que lo han logrado en algunos países, particularmente en Bolivia, donde se quiere acabar con la constitución, tener un gobierno plebiscitario, caudillista y autoritario, afortunadamente para los bolivianos el presidente Morales ha aplicado una política económica más o menos ortodoxa y no se ha producido el desastre que se ha producido en nuestro país. Lo mismo en el Ecuador, aunque el ex presidente Correa ya no puede presentarse a la reelección. El caso de Nicaragua es distinto por su tradición de la Revolución Sandinista. Pero es evidente que el modelo chavista se ha hecho presente en muchos países y ya no es un problema de Venezuela, sino un problema ya de política interna de América Latina, como es el caso de López Obrador en México, donde se lo identifica como chavista. Creo que los países deben seguir ejerciendo presión para que en Venezuela se dé un cambio político, aunque es importante resaltar que el gobierno venezolano ha actuado con mucha astucia, además de aprovecharse de los errores de su contraparte política y la sociedad civil va a necesitar de mucha solidaridad.

El papel de la política interna

– En ese sentido quisiera conocer su opinión sobre cuáles han sido las fortalezas y debilidades de la incidencia internacional solicitada por los diferentes actores políticos internos y sociales del país sobre la crisis venezolana.

– Hablando en el plano de la oposición política, creo que el mayor servicio que puede hacer la comunidad internacional, es presionarlos sí o sí a la unificación. Creo que esa unificación, que no solo abarca a los partidos, sino a todos los que criticamos a este régimen, nos ha faltado construir una alternativa de esperanza, no basta con que Maduro se vaya, caiga o incluso pierda unas elecciones. Imaginemos los siguiente ¿Maduro sale en TV hoy y dice me voy no puedo más? ¿Quién va asumir? ¿Bajo qué lineamientos? Son algunas interrogantes que en parte pudieran estar despejadas porque existen un grupo de técnicos y académicos trabajando en eso, pero nadie los conoce. No basta que la oposición diga “vamos a castigar”, si se trata de eso la gente es más reticente a unirse a ese movimiento, a la gente no le gusta saltos al vacío. Creo que la sociedad civil, las universidades juegan un papel importante y olvidarse un poco de las elecciones y decir: a este país le hace falta la toma de medidas, que se tomen de esta manera y que la transición se haga de esta forma. Creo que hay suficiente capacidad intelectual en el sector adverso al gobierno, incluso en sectores favorables al gobierno para plantear esas cuestiones.

– En el marco de ese pensamiento, pudiera decirse que la dirigencia política no ha sabido, no ha querido o no ha podido (eso aún es una incógnita), conducir ese descontento. Dentro de grupos que se manifiestan cercanos al gobierno, pero que no están de acuerdo con sus políticas, tampoco han logrado esa unificación ¿será este el momento donde sectores de la sociedad, al margen de los partidos, los que pudieran tener ahora una mayor incidencia?

– Creo que es el momento en que hay que jugarle una fichita o un quintico a esa posibilidad. Sin embargo, realmente respeto, admiro y considero a los líderes políticos de la oposición. Están enfrentados a un gobierno despiadado, un gobierno que no tiene ningún límite para la arbitrariedad, para el desconocimiento de las instituciones, para privarnos de la libertad cada vez que quieran, para amenazarlos a ellos y a sus familias, encima deben soportar la presión de una oposición extrema dentro de la oposición que los consideran traidores, eso me parece que es de una desconsideración e injusticia inaceptable. Me pregunto si alguien, dentro de los sectores extremos de la oposición, cree por ejemplo que Julio Borges se siente feliz cuando se enfrenta con Jorge y Delcy Rodríguez en una mesa de negociación. Él está poniendo la cara por todos nosotros y a veces cometerá errores y a veces no, otra será malinterpretado, pero hay que ver la valentía, la dignidad para que los estén descalificando como unos vendidos, como unos traidores, para mi realmente eso solo es comparable con la línea de pensamiento de descalificación de la opinión ajena que tiene el gobierno, que ha logrado a través de esa herramienta la polarización, algo muy útil sembrado por el presidente Chávez.

Sobre la negociación

– Tomando en cuenta esa realidad polarizada y fracasado el diálogo en RD ¿qué alternativas de negociación quedan?

– Primeramente, pienso que el formato con el cual se estaba dando esas negociaciones no era el mejor. Ese es un formato que favorece la diplomacia del micrófono y favorece a que en el escenario de la mesa de negociación se pongan zancadillas, unos y otros, no de cooperar para alcanzar un fin común. Los problemas no se van a resolver, ni se van a agravar políticamente porque se hagan unas elecciones presidenciales el 22 de abril, eso es un acto fraudulento más que no va a tener reconocimiento ni de la mayoría del país, ni de la comunidad internacional. Lo que si va a suceder es que se va agravar la situación económica y en la medida que se sigan apretando las tuercas en las sanciones a funcionarios venezolanos, esa situación va a ir empeorando. Por otro lado, tenemos el desastre de la hacienda pública, donde se está dependiendo del Arco Minero, que no da para mucho, puede forzar que haya algún tipo de acuerdo o surja un cambio en Venezuela, para que el país pueda salir del problema en el que está.

– Si es así el escenario ¿cree que en ese momento el gobierno se verá obligado a sentarse a negociar?

– Si eso ocurre, lo primero es cambiar el formato de la negociación. Un posible candidato en ese escenario sería el Secretario General de las Naciones Unidas, quien lamentablemente está siendo descalificado por el gobierno porque le dio la razón a Guyana en el caso del Esequibo, el cual fue llevado a la Corte Internacional de Justicia de La Haya. En cuanto a la OEA, no es una opción por lo ya comentado, podría entonces pensarse en El Vaticano. Pero lo que, hay que tener claro es la búsqueda de un mediador profesionalmente competente, no puede repetirse una experiencia como la de Zapatero quien no tiene idea de lo que es una negociación.

No es posible que un mediador tome partido, eso no puede ser, eso revela que es totalmente incapaz de llevar la mediación porque no va a buscar puntos de acuerdo. Las Naciones Unidas sería lo más competente para eso, tiene un equipo, pero ya hemos visto la posición del gobierno. Luego pudiera pensarse en países que han tenido un papel importante en negociaciones como Noruega, aunque también el gobierno pudiera no aceptarlo ya que se ha sumado a las críticas que se la han hecho desde la Unión Europea. Un caso interesante a tomar de ejemplo es el de Túnez, donde organizaciones de la sociedad civil hicieron el papel de mediadores, entre ellas el Colegio de Abogados.

Hay que buscar a alguien que tenga autoridad, destreza y que sea aceptado por ambas partes. Si eso se consigue, yo recomendaría enfáticamente una diplomacia pendular donde se vayan llevando y trayendo propuestas, que se construya el acuerdo en el camino, eso tendría mejores resultados. Primeramente, porque no pone a las partes en la necesidad de declarar después de cada reunión, segundo porque no las pone en la situación de insultarse al verse cara a cara, tercero porque facilita hacer concesiones, es mucho más fácil hacer concesiones frente a un mediador a que las hagas frente a la otra parte, psicológicamente es más productivo. En situaciones como la venezolana la negociación directa no debería ser el formato general, aunque no es que no tenga efectividad.

En el caso de El Salvador se combinaron los dos métodos. En el formato que planteó el mediador puede darse el lujo de sugerir y de criticarle posiciones a las partes. Además -si no con participación-, al menos con la audiencia de la sociedad civil organizada. Creo que ese camino tiene que tener éxito, porque en Venezuela nada que no sea producto de un acuerdo mínimo va a ser una solución. Creo que la oposición cayó en una trampa al tener manifestaciones de calle sin que se estableciera una mesa de negociación, porque una de las fortalezas que necesita un negociador es un plan B, la combinación entre negociación y movilización social es lo que le hace ver al gobierno la necesidad de negociar, si un gobierno no le teme a levantarse de la mesa no se toma en serio nada. Creo que el papel de la comunidad internacional debe ser convencernos que a pesar de todas las frustraciones, de todos los fracasos, de todas las incomprensiones hay que apostarle a la negociación.

Fuente: https://www.derechos.org.ve/actualidad/entrevista-provea-pedro-nikken-si-un-gobierno-no-le-teme-a-levantarse-de-la-mesa-no-se-toma-en-serio-nada

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