Durante los últimos años, migrar ha sido la opción de muchos venezolanos en búsqueda de encontrar una solución ante los acontecimientos socio-políticos y económicos que atraviesa el país. Migrar con la ilusión de rehacer los proyectos de vida en tierras lejanas, es el sueño de muchos venezolanos que diariamente cruzan las fronteras. Un sentimiento esperanzador que incentiva la búsqueda de oportunidades de trabajo, de estudio, de tener una calidad de vida digna; en la que el ciudadano migrante pueda desarrollarse.
Para migrar es indispensable tener la información necesaria sobre el país al cual se quiere llegar, entre ellos los requisitos para su permanencia legal, sus leyes, la calidad de vida y muchos otros factores que son indispensables que el migrante tenga conocimiento para el momento de partir. Una migración segura es lo que le garantizará a la persona a no ser víctima de trata de personas, o de cualquier otro fenómeno en el que su vida se pueda encontrar en peligro.
La dura decisión de migrar, implica para muchos, dejar familias, casa, incluso, trabajos. Se llevan es la mochila llena de expectativas que les permita crecer personal y profesionalmente, acompañadas del duelo migratorio, pero con la ilusión de apoyar económicamente a sus familias que quedan en Venezuela y, en algunos casos, con el anhelo de poder reagruparse familiarmente en el país de acogida. Adaptarse a nuevas culturas, idiomas, leyes, nuevos horarios de trabajo, incluyendo las normas sociales, son parte de los principales retos que el migrante se enfrenta en el país de destino.
“No pido derechos, pido oportunidades” es parte del modo de pensar de una joven profesional venezolana que, hace más de 5 años decidió salir de Venezuela en búsqueda de un futuro mejor, con la ilusión de poder ejercer su profesión en otras tierras, poder mejorar su calidad de vida y apoyar a su familia. “No ha sido nada fácil llegar a otro país donde nada se asemeja a la formación que tuve, por ser migrante te cancelan un sueldo con un porcentaje menor a lo establecido; he tenido varios trabajos desde lavar los platos, hasta vendiendo ropa”; esto es parte de su testimonio, el cual no se siente avergonzada pues con mucho esfuerzo ha salido adelante. El migrar implica comenzar desde cero, darle inicio a otra vida, que solo con constancia y dedicación se podrá avanzar. “Migrar también implica ver la vida desde otras perspectivas, te ayuda a madurar como persona, también te enseña a valorar lo que se tiene. Migrar es una universidad en el que día a día se va aprendiendo una cosa nueva”.
Para quien decide salir del país, a veces, colocan una “pausa” de sus derechos con el propósito que se les confieran oportunidades de empleo, que les permita radicarse en el país de acogida y poder apoyar económicamente a sus familias que se encuentran en el país de origen, es este el anhelo del migrante. Haciendo la salvedad que la universalidad de los derechos humanos ampara a todas las personas, indistintamente de la nacionalidad, raza, género; lo cual implica por lo que todos los países deben respetar sus facultades humanas.
Diariamente por nuestras fronteras, en este caso, Venezuela, transitan sueños acompañados de personas que se van con la esperanza de prosperar en otros lugares, arrastrando sus maletas llenas de ilusiones y metas por alcanzar, recuerdos que van grabados en sus mentes. Lágrimas en sus ojos dejando todo lo que más quieren, despedidas llenas de sentimientos encontrados que se hacen eternas, pero con la esperanza de poderse encontrar en algún momento con los suyos. Y con aquellos que se quedan, poder en algún momento abrazar a los que se fueron, manteniendo siempre las puertas abiertas de su hogar para quienes decidan volver.



