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Edificio Centro Valores, local 2, Esquina de la Luneta, Caracas, Venezuela.

Inteligencia emocional, antifragilidad y gestión del conocimiento: Un modelo integrado del emprendimiento femenino

modelo-integrado-emprendimiento-femenino

Por: María Eugenia Calzadilla Muñoz*

Introducción

La realidad socioeconómica de la Venezuela contemporánea se halla marcada por un proceso de contracción estructural inédito en la historia contemporánea del hemisferio. Entre los años 2014 y 2020, el producto interno bruto (PIB) nacional experimentó una reducción acumulada cercana al 80,0%, marco agravado por episodios de hiperinflación voraz, devaluación monetaria persistente, distorsiones cambiarias de moneda dual (dólar-bolívar), colapso sistemático de los servicios públicos esenciales y una ola migratoria que ha desplazado a más de 7,9 millones de connacionales. A este cuadro de severa restricción macroeconómica se sumaron los efectos recesivos de la pandemia de la COVID-19 y las contingencias territoriales locales.

Esta compleja trama ha instaurado en el ecosistema social lo que la literatura especializada denomina una «estética de la desesperanza» y una marcada precarización del empleo formal. Ante la congelación del salario mínimo oficial y la insuficiencia de las remuneraciones corporativas para cubrir la canasta alimentaria e integral, cuyo costo oscila entre $755 y $974 mensuales frente a ingresos deprimidos, el autoempleo se ha erigido en la principal estrategia de supervivencia familiar.

Datos del Global Entrepreneurship Monitor (GEM) Venezuela revelan que el 88,0% de las personas que emprenden en el país lo hacen motivadas por la escasez de empleos formales. Sin embargo, aunque la cultura nacional mantiene una elevada valoración aspiracional del emprendimiento, la Tasa de Actividad Emprendedora Temprana (TEA) se ubica en un 7,7%, mientras que los negocios consolidados representan apenas el 1,9% de la población adulta, evidenciando un severo embudo de escalabilidad.

En este marco, la mujer venezolana asume un rol protagónico pero hipervulnerable. Enfrentando la doble carga del trabajo doméstico no remunerado y las labores de cuidado familiar, la fundadora se ve forzada a generar ingresos inmediatos a través del microcomercio, la gastronomía artesanal, la confección textil y los servicios comunitarios. No obstante, al investigar la estructura operativa interna de estas iniciativas, emerge una paradoja crítica: existe un elevado dinamismo en vitrinas digitales de bajo costo (el 80,0% posee presencia en WhatsApp Business e Instagram), pero bajo la superficie subyace una profunda fragilidad administrativa. El 78,0% de las mujeres mezcla de manera sistemática la caja del negocio con los gastos del hogar, el 65,0% opera bajo un empirismo absoluto carente de modelo de negocio formal y la mayoría fija sus precios guiada por el miedo a perder clientes o por la «ansiedad matemática» identificada por Reinoso Varón (2022), lo que provoca la erosión silenciosa de su capital de trabajo.

Frente a esta vulnerabilidad, la respuesta del emprendimiento femenino no ha sido la pasividad, sino la estructuración de una arquitectura organizativa de naturaleza antifrágil (Taleb, 2012). La sororidad trasciende la mera abstracción política para convertirse en una «sororidad operativa»: una tecnología social de emancipación y coproducción de valor donde las redes horizontales de colaboración (compras colectivas, trueque de servicios y referencias cruzadas) reducen drásticamente los costos de transacción y actúan como un consorcio logístico popular. Esta dinámica encarna la praxis de alteridad (Lévinas, 2001), la ética del cuidado (Noddings, 2013; Nussbaum, 2019) y la liberación dialógica en comunión (Freire, 1970), situando al ser humano y su dignidad intrínseca por encima del utilitarismo mercantilista en consonancia con el giro antropológico personalista (Maritain, 1936; Mounier, 1992; Stein, 2017; Calzadilla, 2025).

El problema científico estriba, por ende, en que las intervenciones tradicionales de capacitación empresarial resultan ineficaces al abordar este fenómeno de manera puramente instrumental o asistencialista. La informalidad, la asfixia fiscal y el aislamiento operativo confinan al autoempleo femenino en la llamada «economía del resuelve». Se requiere investigar y validar un modelo formativo, desarrollado para operacionalizar la alianza Fundación Centro Gumilla – FUNDACEDEAP – Excuela, que vincule la regulación de la inteligencia emocional (Goleman, 1995) y el control metacognitivo (Ríos Cabrera, 2004) con herramientas técnicas accesibles de «Finanzas de Bolsillo», generando el «control percibido» (Fernández et al., 2022) y la adopción digital adaptativa (Dura & Wardana, 2024). De este modo, es posible transitar de la mera supervivencia reactiva hacia la edificación de una ciudadanía económica popular y sostenible para la reconstrucción del tejido socio-productivo en Venezuela.

Marco Teórico y Conceptual

Antecedentes de la Investigación

Para dotar de consistencia empírica y teórica a esta investigación, el marco teórico integra tres antecedentes internacionales, al no encontrar un antecedente nacional pertinente; estos antecedentes resultaron clave porque abordan la intersección entre género, educación financiera, digitalización y bienestar psicológico, proporcionando los marcos de referencia metodológicos para contrastar la realidad del emprendimiento femenino en Venezuela.

1. Educación Financiera, Empoderamiento y Control Percibido (España).

En el contexto europeo, Fernández, Gallo, Mañas y de la Cuesta (2022) evalúan cómo los programas de formación financiera básica inciden en la estabilidad y el bienestar percibido de la población femenina. Un hallazgo fundamental de su estudio determina que, aunque las capacitaciones no siempre producen un aumento inmediato en el dominio de conceptos matemáticos abstractos, “sí aumenta la actitud crítica respecto al conocimiento financiero percibido, lo que incrementa la búsqueda de asesoramiento o información objetiva externa” (Fernández et al., 2022, p. 155).

Las autoras redefinen el bienestar financiero no solo a partir de variables de ingreso material objetivo, sino a través de la autoeficacia y la percepción de control de la persona, afirmando categóricamente que “en la determinación del bienestar financiero, el control resulta ser incluso más importante que la cantidad de dinero disponible” (Fernández et al., 2022, p. 157). Este control percibido se articula en dos dimensiones: la reducción del estrés en la gestión cotidiana del dinero y la percepción de seguridad sobre el futuro financiero. Este antecedente sitúa el núcleo del empoderamiento en el desarrollo de la autoeficacia y la reducción de la ansiedad, validando teóricamente por qué la capacitación técnica dota a las emprendedoras de la seguridad psicológica necesaria para tomar decisiones estratégicas en entornos volátiles.

2. Habilidades operativas y ansiedad matemática en el emprendimiento femenino (Colombia)

En el contexto latinoamericano, Reinoso (2022) analiza el nivel de educación financiera del grupo “Mujeres Empoderadas” en la ciudad de Ibagué, Colombia, mediante un enfoque de métodos mixtos que examina la relación entre el conocimiento contable y las prácticas empresariales. En su diagnóstico, la autora concluye que las participantes se caracterizan por presentar un nivel de educación financiera básica-alto, con una elevada actitud y práctica financiera.

Sin embargo, al evaluar las habilidades operativas de la cohorte, Reinoso (2022) identifica una importante brecha entre la comprensión conceptual de términos como rentabilidad o interés y la resolución de problemas reales, señalando que “si bien, en su mayoría las emprendedoras conocen conceptos financieros como rentabilidad e interés, en cuanto avanzaban las preguntas, el porcentaje de mujeres que respondían de forma incorrecta fue aumentando en especial al momento de desarrollar ejercicios matemáticos financieros” (Reinoso, 2022, p. 12).

Asimismo, el estudio expone la heterogeneidad de las motivaciones para emprender en estratos medio-bajos, donde el 33,59% lo hace por necesidad económica de subsistencia y el 66% por razones asociadas al desarrollo personal y la autonomía. Este antecedente resulta crucial porque expone la existencia de una ansiedad contable y justifica la necesidad de simplificar las herramientas gerenciales mediante una andragogía financiera de bolsillo.

3. Sostenibilidad empresarial y adopción digital transcultural (Indonesia)

Desde una perspectiva transcultural en economías emergentes, Dura y Wardana (2024) investigan el papel de la tecnología financiera (fintech) y la alfabetización digital en la sostenibilidad de los microemprendimientos liderados por mujeres en Java Oriental, Indonesia. Los autores definen la sostenibilidad como la capacidad de una empresa para mantener operaciones a largo plazo, generar ingresos constantes y adaptarse a las condiciones cambiantes del mercado.

La investigación de Dura y Wardana (2024, p. 109) sostiene que los bajos niveles de educación financiera impiden administrar eficazmente presupuestos, impuestos y flujos de caja en las empresas femeninas. No obstante, demuestran que la adopción de canales digitales e internet actúa como un poderoso acelerador de resiliencia y competitividad, pues «la digitalización ayuda a las mujeres emprendedoras a utilizar la tecnología financiera para aumentar el acceso a la financiación, la expansión del mercado y la eficiencia operativa, lo que incrementa la competitividad y la sostenibilidad empresarial a largo plazo» (Dura & Wardana, 2024, p. 111).

Este antecedente aporta sustento empírico sobre cómo las herramientas tecnológicas cotidianas (como el teléfono inteligente y las plataformas de venta conversacional) se erigen en dispositivos de inclusión económica que reducen los costos de transacción para las mujeres microempresarias, sentando las bases para evaluar el comportamiento digital intergeneracional observado en Venezuela

Bases Teóricas

El sustento teórico de esta investigación se configura mediante una arquitectura transdisciplinaria e integradora, donde el Modelo de Competencias Emocionales de Goleman (1995), articulado en torno a la autorregulación y la empatía como activos estratégicos de supervivencia, se engarza dinámicamente con la Teoría de la Antifragilidad de Taleb (2012) para explicar cómo los microemprendimientos femeninos superan la mera resiliencia y se benefician de la incertidumbre para evolucionar operativamente.

Esta fundamentación se enriquece a través del giro antropológico personalista de Maritain (1936), Mounier (1992) y Stein (2017), en diálogo con el enfoque de florecimiento humano en la fragilidad de Seligman (2009), concibiendo a la emprendedora como un ser en constante autoconstrucción cuya actividad económica encarna una praxis de alteridad (Lévinas, 2001) y cuidado mutuo (Noddings, 2013) más allá del beneficio mercantil.

Asimismo, la sororidad se redefina al descender de la abstracción discursiva para convertirse en un mecanismo operativo de capital social, al tiempo que los antecedentes empíricos internacionales de Fernández et al. (2022) sobre el control percibido y la reducción de la ansiedad, Reinoso (2022) sobre la andragogía financiera, y Dura y Wardana (2024) sobre la sostenibilidad vía adopción digital, proporcionan el marco analítico para contrastar la realidad del emprendimiento femenino en Venezuela.

1. El modelo de competencias emocionales de Goleman (1995).

La inteligencia emocional se aborda desde la perspectiva de Goleman (1995), quien la estructura en torno a competencias intrapersonales e interpersonales. En contextos de crisis severas, dos de estas competencias adquieren el rango de activos estratégicos de supervivencia:

La Autorregulación: Definida como la gestión de los estados internos, impulsos y recursos emocionales, la autorregulación opera en entornos inflacionarios como un filtro cognitivo que mitiga la parálisis por análisis y la desesperación emocional frente a los shocks repentinos del entorno.

La Empatía y el Trato Humano Adecuado: Centrada en el reconocimiento del otro en sus necesidades y vulnerabilidades, la empatía con clientes y colaboradores fideliza el capital humano en Venezuela, reduciendo la alta rotación y el desgaste organizativo en medio de la precarización generalizada.

Un aporte valioso de este enfoque en el emprendimiento popular radica en la mitigación de la ansiedad matemática que genera la natural aversión a los números. En este escenario, la formación técnica no solo cumple una función instrumental, sino que opera como un mecanismo de reducción de la incertidumbre. La transición discursiva desde la emoción pura y el «miedo» hacia la «acción y el criterio» demuestra que las herramientas gerenciales dotan a la fundadora de la seguridad psicológica necesaria para asumir el control estratégico de su negocio.

2. La teoría de la antifragilidad de Taleb (2012).

Taleb (2012) introduce el concepto de antifragilidad para definir a aquellos sistemas que no solo resisten la volatilidad y el desorden (resiliencia), sino que se benefician de la incertidumbre para fortalecerse y evolucionar. A diferencia de las estructuras corporativas o currículos estáticos que dependen de la predictibilidad y se quiebran ante el caos, el emprendimiento femenino venezolano desarrolla un carácter antifrágil debido a su extrema flexibilidad operativa y su capacidad para pivotar rápidamente ante shocks inflacionarios o desabastecimientos.

Esta antifragilidad organizativa se encuentra íntimamente ligada a la resiliencia emocional de la fundadora. Al carecer de capital de trabajo formal o subsidios institucionales, las emprendedoras adoptan herramientas digitales ágiles de bajo costo, como WhatsApp Business e Instagram, para mantener canales conversacionales inmediatos de venta. De esta manera, la digitalización se erige en un dispositivo descentralizado de antifragilidad que rompe barreras generacionales y geográficas en el ecosistema productivo.

3. El giro antropológico, el florecimiento humano y la sororidad operativa

Desde una perspectiva profundamente humanista, esta investigación sitúa a la persona humana y su dignidad intrínseca como el fin absoluto del proceso formativo y productivo. Basándose en el personalismo de Maritain (1936), Mounier (1992) y Stein (2017), la emprendedora es concebida como un ser en constante autoconstrucción cuya vulnerabilidad material no anula su potencial de crecimiento y trascendencia.

Bajo el marco de la psicología positiva de Seligman (2009) y el enfoque de bienestar de Ben-Shahar, el florecimiento humano no se entiende como una consecuencia exclusiva de la abundancia económica; al contrario, demuestra cómo en contextos de fragilidad existencial la persona experimenta un crecimiento activo al dotar de un propósito ético a su trabajo productivo. El emprendimiento liderado por mujeres se constituye así en una praxis de alteridad en el sentido de Lévinas (2001) y de cuidado mutuo según Noddings (2013), donde la regeneración del tejido social prevalece sobre la mera acumulación mercantil.

Finalmente, la sororidad y las alianzas entre pares se redefinen al transitar desde la abstracción discursiva hacia una dimensión estrictamente operativa y estratégica de mercado. Ante el colapso de los canales formales de crédito y proveeduría en Venezuela, la sororidad se materializa en una red descentralizada de soporte mutuo que viabiliza el comercio colaborativo, el préstamo de insumos y el resguardo psicológico interpersonal.

La sororidad como mecanismo operativo de capital social

En el contexto de la extrema volatilidad socioeconómica venezolana, el poder de la sororidad adquiere una profundidad innovadora al erigirse no como un mero refugio reactivo, sino como una tecnología social de emancipación y coproducción de valor. Al desarticular el paradigma del aislamiento mercantil, estas redes horizontales de emprendedoras convierten la fragilidad compartida en una infraestructura de aprendizaje y resguardo mutuo que democratiza las capacidades productivas de la comunidad.  Esta dimensión relacional entronca con la visión de Nussbaum (2019, p. 45), quien postula que la verdadera solidez de una sociedad reside en cultivar la simpatía compasiva para situar la dignidad intrínseca y la interdependencia ética por encima de las dinámicas de utilitarismo individualista.

Asimismo, esta praxis cooperativa encarna el principio de liberación dialógica expuesto por Freire (1970, p. 54), según el cual los seres humanos no se salvan de forma aislada sino en comunión mediada por el mundo, transformando la ayuda mutua, el trueque de servicios y la contención afectiva en una herramienta política y económica que neutraliza la parálisis existencial y afianza la antifragilidad organizativa en los sectores populares.

Metodología

La presente investigación se desarrolló bajo un diseño de métodos mixtos (cualitativo-cuantitativo) de alcance transdisciplinario, buscando tanto la esencia fenomenológica del liderazgo femenino como los patrones demográficos y operativos de su inserción en la economía popular.

El estudio tuvo una fase cualitativa importante, desarrollada bajo el método fenomenológico hermenéutico, que se orientó a desarrollar el Lebenswelt  o experiencia vivida por las mujeres emprendedoras en torno a la gestión emocional ante la incertidumbre. Seleccionando intencionalmente a tres emprendedoras venezolanas consolidadas, cuyos negocios registran más de tres años de operaciones estables en sectores de servicios y producción manufacturera en el contexto nacional, se realizaron entrevistas en profundidad semiestructuradas, con una guía orientada a explorar las dimensiones de la inteligencia emocional, asertividad, empatía y la vivencia de la sororidad. Se aplicó el principio de la epojé o suspensión de juicios de la investigadora para garantizar la fidedigna reconstrucción fenomenológica: finalmente se realizó un análisis mediante reducción fenomenológica, para extraer unidades de significado y consolidar las categorías de análisis.

También se desarrolló una fase cuantitativa, para el análisis demográfico y operativo descriptivo; en ella se analizó la base de datos de diagnóstico del programa formativo para emprendedoras coordinado por FUNDACEDEAP, el Centro Gumilla, y la Organización peruana Excuela, recopilando información de una muestra censal, un universo representativo de 260 participantes activos en el territorio nacional. Las variables de estudio fueron: rango demográfico, presencia digital activa, tipología del negocio, tasa de culminación académica y distribución de rubros económicos. Las técnicas de análisis utilizadas se enfocaron en la estadística descriptiva de frecuencia, tabulación cruzada de variables (edad vs. presencia digital; fase del negocio vs. adherencia académica) y análisis de densidad temática del discurso para identificar la frecuencia léxica de las participantes.

Las 260 participantes inicialmente inscritas de forma voluntaria, desarrollaron el siguiente recorrido, en el que se evidencia que 107 lograron culminar exitosamente la formación. El recorrido de las participantes puede entenderse como un proceso de cuatro etapas:

EtapaMujeresPorcentaje
Mujeres incluidas en el piloto260100%
Se registraron en la app16663,8% del total
Iniciaron los cursos13983,7% de las registradas
Completaron los 5 cursos10777,0% de quienes iniciaron

Esto significa que, de las 260 mujeres participantes del piloto, 166 lograron registrarse efectivamente en la aplicación. De esas 166, 139 realizaron al menos algún avance en los cursos, mientras que 27 se registraron pero no iniciaron la formación. Entre las 139 mujeres que sí comenzaron, 107 completaron los cinco cursos y 32 avanzaron en la formación, pero no llegaron a completar todo el recorrido.

De las 139 mujeres que comenzaron los cursos, 107 llegaron hasta el final. Esto muestra que, una vez iniciada la formación, la mayoría de las participantes logró completar todo el recorrido. Al tratarse de una prueba piloto en la que los cursos se ofrecieron gratuitamente, los resultados ofrecen una primera señal del interés y de la disposición de las emprendedoras para participar en procesos de formación mediante Excuela.

Los resultados también respaldan la posibilidad de plantear una siguiente etapa con financiamiento, que permita ampliar el alcance de la iniciativa, continuar ofreciendo formación relevante para mujeres emprendedoras y fortalecer los mecanismos que facilitan su incorporación y permanencia en el proceso de aprendizaje. La principal oportunidad de mejora se encuentra al inicio del recorrido. De las 260 mujeres participantes, 166 llegaron a registrarse, comprendiendo que este grupo tuvo un retiro forzoso por las condiciones que afrontaban después de los sismos del 24 de junio, pues se encontraban en las zonas afectadas. Las que efectivamente lograron dar inicio a la formación, evidenciaron una alta continuidad, poco frecuente en este tipo de formaciones: 107 de las 139 mujeres que comenzaron, equivalentes al 77%, completaron los cinco cursos.

Discusión de Resultados y Aportes Innovadores

La discusión de los hallazgos se estructura a partir de la triangulación entre la analítica de datos del programa formativo, las matrices del análisis semántico-discursivo y las estructuras de significado emergentes del estudio fenomenológico desarrollado mediante entrevistas fenomenológicas a tres emprendedoras, confrontadas críticamente con la literatura internacional.

1. Análisis cuantitativo.

A. El Embudo de Retención y Adherencia Formativa

Los datos del recorrido de aprendizaje mediante la plataforma de microaprendizaje móvil (Fundacedeap – Excuela – Centro Gumilla) demuestran una elevada tasa de adherencia una vez superada la barrera inicial de acceso. De un universo censal de 260 mujeres incluidas en la prueba piloto, 166 completaron el registro en la aplicación móvil (63,8%). Este primer filtro se vio afectado por condiciones de retiro forzoso asociadas a contingencias territoriales (sismos del 24 de junio en zonas populares de Caracas y La Guaira). Sin embargo, de las 139 emprendedoras que efectivamente iniciaron los módulos, 107 participantes completaron la totalidad de la ruta de 5 cursos, lo que representa una tasa de retención pedagógica del 77,0%.

Tabla 1.

Embudo de Retención y Recorrido de Aprendizaje en la Plataforma Móvil

Etapa del Recorrido FormativoParticipantes (\(N\))Porcentaje Relativo (%)Significación Pedagógica y Operativa
Participantes Incluidas en el Piloto260100,0%Universo inicial convocado (Caracas, La Guaira y regiones).
Registradas Efectivamente en la App16663,8%Incorporación formal tras superar barreras de conectividad.
Iniciaron los Cursos Activamente13983,7%Participantes con avance efectivo en el primer módulo.
Completaron la Ruta de 5 Cursos10777,0%Graduadas (64,5% del total registrado; 77,0% de quienes iniciaron).

Fuente: Autora (2026).

El grupo de 107 graduadas alcanzó un rendimiento académico promedio de 87,1% en las evaluaciones continuas, invirtiendo un tiempo distribuido en lecciones asincrónicas de 3 a 5 minutos. Esto confirma que la andragogía móvil ágil se adecua con precisión a las limitaciones temporales de mujeres que asumen de manera simultánea tareas de cuidado no remunerado y la gestión del negocio.

B. Distribución por Rubros Económicos y Tejido Productivo

El procesamiento de los datos revela una fuerte concentración en sectores de baja barrera de entrada material pero de alta intensidad operativa, donde la producción de alimentos y confección textil representan más de la mitad del ecosistema evaluado:

Tabla 2.

Distribución de las Emprendedoras por Sector o Rubro Económico

Sector / Rubro EconómicoPorcentaje (%)Observaciones sobre la Estructura del Tejido Productivo
Gastronomía, Repostería y Alimentos36,67%Dominio de producción alimentaria (panadería, repostería, catering, comiderías).
Confección, Moda, Textil y Accesorios16,67%Confección textil, indumentaria, bisutería, lencería para el hogar.
Servicios Profesionales, Educación e IA14,44%Asesoría legal, consultoría en IA, contabilidad, educación y papelería.
Salud, Estética y Bienestar13,33%Enfermería a domicilio, cosmética natural, peluquería, spa, salud mental.
Agropecuaria, Botánica y Jardinería2,22%Cultivo de suculentas, jardinería urbana, cría menor de aves y cerdos.
Comercio Técnico y Mantenimiento2,22%Mantenimiento de piscinas, venta de filtros y repuestos de transporte.
Artesanía, Manualidades y Eventos1,11%Elaboración de material didáctico, peluches y decoración de eventos.
Otros / Sin definir13,34%Actividades comerciales misceláneas no clasificadas.
Total Muestra Evaluada100,00%\(N = 260\) emprendedoras en el territorio nacional.

Fuente: Autora (2026).

C. Heterogeneidad en la Madurez Operativa

La estructura organizativa del ecosistema evidencia dos perfiles diferenciados:

Emprendedoras Consolidadas con Negocio Activo (78,89%): Poseen flujo de caja constante y volumen diario de pedidos. Sin embargo, padecen un cuello de botella crítico: la mezcla sistemática del presupuesto familiar con la caja del negocio. Este hallazgo coincide con la advertencia de Dura y Wardana (2024, p. 109) en Indonesia, donde la baja alfabetización contable compromete la gestión eficiente del flujo de efectivo.

Emprendedoras en Fase de Idea o Transición (16,67%): Participantes en diseño conceptual que mostraron la mayor disciplina académica, alcanzando una tasa de culminación del programa del 86,67% (frente al 70,42% del grupo activo). Esto demuestra que quien inicia busca un marco metodológico para estructurar su proyecto y minimizar el riesgo de capital.

2. Adopción digital adaptativa: el fin del mito del sesgo generacional.

Uno de los aportes cuantitativos más innovadores consiste en desmontar el prejuicio de la resistencia tecnológica en mujeres maduras. El cruce de las variables de edad (promedio de 47,4 años; 62,2% mayor de 46 años) frente a la presencia digital activa (80,00% general) arroja datos contundentes:

Tabla 3.

Tasa de Adopción Digital Activa por Rango Etario

Rango EtarioPorcentaje en la Muestra (%)Presencia Digital Activa (%)Canales Predominantes de Venta
Menores de 45 años37,80%73,53%Instagram, TikTok, WhatsApp Business
De 46 a 55 años42,20%84,21%WhatsApp Business, Instagram, Facebook
Mayores de 56 años20,00%83,33%WhatsApp Business, Catálogos Digitales

Fuente: Autora (2026).

Las mujeres de 46 a 55 años registran la tasa de digitalización activa más alta (84,21%), superando al grupo menor de 45 años (73,53%). En sintonía con Dura y Wardana (2024, p. 111) y Reinoso (2022, p. 94), la digitalización en Venezuela no opera como una sofisticación técnica pasiva, sino como un dispositivo orgánico y antifrágil de baja barrera de entrada que convierte a los teléfonos móviles en vitrinas comerciales inmediatas.

3. El cuello de botella operativo.

En los sectores dominantes de Gastronomía (36,67%) y Confección (16,67%), la digitalización activa alcanza niveles del 85% y 93%, respectivamente. Sin embargo, en estos mismos rubros se detecta el mayor riesgo de erosión de patrimonio. Al vender en redes sociales de manera reactiva (esperando consultas por mensaje privado) y carecer de una hoja de costos estructurada, las fundadoras fijan precios subestimados por temor a perder ventas, consumiendo el capital de trabajo ante la inflación de moneda dual. Esta «ansiedad matemática» dialoga críticamente con los antecedentes internacionales:

Con Colombia (Reinoso, 2022, p. 12): Se confirma que las emprendedoras poseen una alta actitud práctica, pero experimentan un marcado incremento en la tasa de error e inseguridad al resolver ejercicios matemáticos abstractos. Con España (Fernández et al., 2022, p. 157): Se ratifica que “el control resulta ser incluso más importante que la cantidad de dinero disponible”. La capacitación técnica no busca convertir a la emprendedora en una contadora analítica, sino otorgarle el control percibido y la seguridad psicológica para independizar la caja comercial mediante la regla del Sueldo de la Emprendedora.

4. Análisis semántico-discursivo: de la emoción al criterio estratégico

El análisis de densidad léxica registra una transformación cognitiva en la narrativa de las fundadoras. El término «miedo» emerge inicialmente asociado al cálculo de costos, a la fijación de precios y al temor a la formalización legal. La instrucción técnica opera como un regulador emocional: el 98,89% de las participantes afirma haber ganado la confianza para «ordenar la casa por dentro». La formación convierte el discurso reactivo de la emoción pura en un discurso instrumental centrado en la «acción», la «herramienta» y el «criterio propiamente asumido».

5. Fenomenología de la sororidad operativa y la matriz de antifragilidad

La triangulación cualitativa de las entrevistas fenomenológicas realizadas a las tres emprendedoras expertas revela las tres dimensiones de la resiliencia adaptativa:

  1. Dimensión Intrapersonal: autorregulación frente a la variación diaria del tipo de cambio, aislando el impacto psicológico del entorno.
  2. Dimensión Interpersonal: liderazgo empático sustentado en la ética del cuidado (Noddings, 2013) y la alteridad (Lévinas, 2001), eliminando la apatía organizativa.
  3. Dimensión de Red: la sororidad como consorcio logístico popular. Ante la ausencia de crédito bancario, las compras colectivas, el flete compartido y el trueque de insumos constituyen el verdadero seguro de reposición del negocio.

Como síntesis de la investigación, se formula el Modelo del Emprendimiento Femenino Antifrágil, contrastando el comportamiento del ecosistema popular frente a las estructuras tradicionales:

Tabla 4.

Matriz Comparativa: Sistema Rígido vs. Emprendimiento Femenino Antifrágil

Dimensión AnalíticaEl Sistema Educativo / Corporativo Rígido (Frágil)El Emprendimiento Femenino Popular (Antifrágil)
Estructura OrganizativaAltamente centralizada, burocrática y vertical.Descentralizada, flexible, estructurada en red.
Respuesta ante el CaosSimulacro de cumplimiento, apatía y parálisis.Innovación inmediata, adopción digital adaptativa.
Enfoque de CapitalDependencia del presupuesto o crédito centralizado.Apalancamiento en capital relacional (sororidad) y emocional.
Uso de la TecnologíaBrecha digital percibida como barrera insalvable.Adopción instrumental (84,21% activa en mujeres maduras).
Relaciones InternasImposición de autoridad y jerarquía punitiva.Seguridad psicológica, acompañamiento y praxis del cuidado.

Fuente: Autora (2026).

Mientras el desorden y la incertidumbre del entorno venezolano destruye a las organizaciones rígidas, el microemprendimiento femenino venezolano utiliza la autorregulación intrapersonal como termostato y la sororidad operativa como red de contención, logrando consolidar un auténtico florecimiento humano en la fragilidad existencial y material.

Conclusiones

  1. La Antifragilidad como paradigma organizativo de sostenibilidad:
    el éxito y la permanencia de las iniciativas comerciales lideradas por mujeres en Venezuela no se explican mediante el acceso a capital de trabajo tradicional o subsidios institucionales. Por el contrario, se fundamentan en una arquitectura organizativa de naturaleza antifrágil, donde la flexibilidad operativa y la resiliencia emocional actúan como ventajas competitivas diferenciales para transformar la incertidumbre circundante en innovación continua.
  2. La dualidad de la educación técnica como regulador psicológico:
    en consonancia con Fernández et al. (2022), la capacitación práctica en finanzas de bolsillo y herramientas de venta cumple una función psicoemocional tan relevante como su dimensión instrumental. La formación técnica opera como un mecanismo reductor de la ansiedad matemática y el temor contable, permitiendo a la fundadora transitar desde un discurso reactivo marcado por la parálisis emotiva hacia un autoliderazgo consciente respaldado en criterios estratégicos propios.
  3. Superación del mito del sesgo generacional tecnológico:
    la evidencia empírica desmitifica la supuesta resistencia digital de la mujer madura en entornos populares. El grupo de 46 a 55 años alcanza una tasa de adopción digital activa del 84,21% en plataformas de venta conversacional (Instagram y WhatsApp Business), superando al segmento menor de 45 años. Este hallazgo expande los planteamientos de Dura y Wardana (2024) y Reinoso (2022), demostrando que la urgencia económica e inclusión laboral impulsan una adopción tecnológica instrumental y altamente adaptativa.
  4. El nudo estructural de la administración interna en la fragilidad:
    a pesar de presentar una presencia digital destacada (80,00% general), el ecosistema enfrenta su principal cuello de botella en la administración interna: el 78,89% de los negocios activos padece desorden contable al mezclar las finanzas personales/familiares con la caja del emprendimiento. Esta vulnerabilidad amenaza el capital de trabajo y la reposición de inventarios ante la inflación de moneda dual, validando la advertencia transcultural de Dura y Wardana (2024).
  5. Pertinencia del microaprendizaje móvil asincrónico:
    La metodología de microaprendizaje por teléfono inteligente (Fundacedeap – Excuela – Centro Gumilla) demostró una efectividad pedagógica excepcional, alcanzando un 77,0% de retención post-inicio (107 graduadas de 139 participantes activas) y una valoración positiva del 98,89%. Las lecciones cortas de 3 a 5 minutos se ajustan con precisión a las restricciones de tiempo de mujeres que sostienen simultáneamente labores de cuidado no remunerado y la gestión del negocio.
  6. El acompañamiento experto como factor anti-deserción:
    El universo evaluado coincide en que el acompañamiento humano cercano y la facilitación por canales conversacionales resultan determinantes para sostener la disciplina académica. La presencia activa de mentores evita la desconexión típica de la educación a distancia no asistida, convirtiendo la formación en una experiencia integradora que promueve el florecimiento humano.
  7. Reconstrucción del tejido comunitario popular:
    En el marco geopolítico y social de la Venezuela contemporánea, este modelo trasciende el ámbito del autoempleo individual para convertirse en un motor de soberanía económica comunitaria. La sororidad operativa expresada en compras colectivas, trueque de servicios y contención mutua, constituye una praxis de alteridad (Lévinas, 2001) y cuidado relacional (Noddings, 2013) que regenera el tejido social y ofrece una vía de desarrollo sustentable.

Recomendaciones Estratégicas para el Escalamiento Institucional

  1. Sustituir la contabilidad analítica abstracta por plantillas visuales de flujo de caja directo, que permitan visibilizar las entradas y salidas cotidianas, reduciendo la inseguridad y el margen de error contable.
  2. Instituir como requisito obligatorio la autoasignación del Sueldo de la Emprendedora como costo fijo. Esto impide la extracción no controlada de dinero para el sustento familiar y blinda el capital de trabajo del negocio.
  3. Capacitar en las estructuras de costos de los emprendimientos, incorporando mermas, depreciación de equipos, servicios y transporte, e implementar un margen de seguridad mínimo del 30% fijado en divisas para amortiguar el impacto inflacionario.
  4. Transformar la presencia digital reactiva (80,00% de la cohorte) en un proceso activo mediante automatización de catálogos, etiquetas de seguimiento de clientes y guiones ágiles para resolver la objeción de precios.
  5. Desarrollar mecanismos constantes de formación en habilidades blandas y herramientas de autogestión emocional que fortalezcan la seguridad interna de la emprendedora.

En la encrucijada geopolítica y socioeconómica que atravesará Venezuela en los próximos años, el modelo de emprendimiento femenino antifrágil deja de ser una mera respuesta táctica de subsistencia doméstica para consolidarse como la columna vertebral de la reconstrucción del tejido social comunitario. Ante la fragilidad persistente de las estructuras institucionales tradicionales y la precarización del empleo formal, la articulación descentralizada entre el microaprendizaje digital adaptativo, las finanzas de bolsillo y la sororidad logística erige una auténtica ciudadanía económica popular.

Este capital relacional y asociativo transforma la histórica «estética de la desesperanza» en un ejercicio de soberanía productiva, donde las redes de mujeres se convierten en los verdaderos escudos territoriales de contención socioeconómica, contrapeso frente a la vulnerabilidad y resguardo inalienable de la dignidad humana en nuestras comunidades.

La esperanza realista para el país no provendrá de fórmulas asistenciales ni de la imposición de modelos corporativos rígidos, sino de la fuerza viva de estas fundadoras que encarnan en su praxis diaria la ética del cuidado, el personalismo y la alteridad. La ruta de transformación exige superar la sola contención de la crisis para asumir un acompañamiento pedagógico, técnico y espiritual que potencie estas estructuras populares de autogestión.

Al demostrar que es posible el florecimiento humano aun en contextos de profunda fragilidad, este ecosistema señala la hoja de ruta colectiva: democratizar la educación práctica y articular redes de economía solidaria es la vía más concreta para sembrar las bases de un desarrollo sustentable, ético y verdaderamente inclusivo para el futuro de Venezuela.

*María Eugenia Calzadilla Muñoz

Doctora en Educación, Especialista en Gerencia de la Educación 
Miembro de la Línea de Investigación “Educación: Ethos, Pensamiento y
Praxis” Universidad Pedagógica Experimental Libertador 
[email protected] | ORCID: https://orcid.org/0009-0004-8065-1088

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