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Edificio Centro Valores, local 2, Esquina de la Luneta, Caracas, Venezuela.

Todos fueron héroes

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El béisbol es como la iglesiaMuchos van pero pocos entienden”

(Wes Westrum, catcher de los Gigantes de Nueva York,

citado por George F. Will en Men at Work. The Craft of baseball)

En 1982 el periodista Alí Ramos publicó su obra Todos fueron héroes, donde cuenta la hazaña de los “Héroes del 41”, aquel equipo venezolano que se alzó con el Campeonato Mundial de Béisbol amateur en La Habana. El libro lo editó la Presidencia de la República y no porque la ejerciera un fiebroso del deporte, de nombre Luis Herrera Campíns[1], sino porque aquel triunfo en el Estadio La Tropical ante la poderosa novena cubana era la proeza más grande del deporte venezolano hasta que en marzo de este año, el equipo nacional ganó el Clásico Mundial de esa disciplina que es la más popular en nuestro país y, por esa poesía que tiene la vida, también fue ante una escuadra temible, la de los Estados Unidos y en su propia casa, noventa millas naúticas al Norte, en el LoanDepot Park de Miami.

Si Alí, a quien recuerdo con afecto[2], viviera, de seguro estaría de acuerdo en que el título que escogió para su libro, calza exactamente en la gesta de los héroes de 2026, porque emoción aparte, a todos nos impresionó el trabajo en equipo, la cohesión con la que jugaron y se la jugaron los integrantes de nuestra selección.

Ha habido el oro olímpico de la impresionante Yulimar antecedido por los de Morochito, Gouveia y Limardo, logros personales detrás de los cuales muchos trabajaron sin ser vistos. Y los títulos mundiales de varios boxeadores que empezaron por la zurda explosiva del Morocho Hernández, o el de María Victoria Carrasco en ski acuático. No hay razones para desmerecerlos, pero éste tiene un valor y por lo mismo una significación trascendente por partida doble: la pelota es la gran pasión deportiva venezolana y se trata del campeonato de un equipo y no de una individualidad. Disfrutemos e intentemos también entender lo que ese trofeo significa.

Las cosas se hicieron bien y salieron bien. Ningún rival fue fácil y a todos, la selección de Venezuela los trató con respeto, pero sin complejos de inferioridad o superioridad. El manager Omar López y su cuerpo técnico, los jugadores, el personal de apoyo, y los directivos cuya labor frecuentemente se soslaya, bien merecen una felicitación agradecida por darnos esta alegría que tanta falta nos hacía.

Que la justa emoción que sentimos no se quede ahí, que sirva para que serenos, interpretemos a cabalidad este hermoso, exitoso capítulo y saquemos de la experiencia lecciones útiles para nuestra vida personal, familiar, laboral y cívica. Porque en el deporte, como en la vida, mil veces hemos oído el consejo sabio: hay que saber perder. También hay que saber ganar, exigente pericia que implica saber cómo lograr la meta y una vez lograda, saber qué hacer con el triunfo.

La primera y principal enseñanza, insisto, es el valor irremplazable del trabajo en equipo. Y eso ¿Qué significa? A propósito, subrayo tres datos.

  1. Los egos en segundo plano. En un grupo de verdaderas luminarias, jóvenes, famosos y con plata, sobre el natural individualismo de hombres naturalmente competitivos, predominaron los valores superiores que los unían. Todos querían ganar, sentían orgullo venezolano, la combinación produjo un sentimiento de hermandad que se notaba y que por supuesto, dio resultados. Teniendo con qué, nadie se creyó el protagonista de una gesta solitaria. Entendieron que cuando el equipo gana todos ganan y cuando pierde, de nada sirve que tú hayas bateado más o tenido una aparición exitosa en el montículo cuando te tocó lanzar. Si el equipo pierde, pierden todos.
  2. Colaboración es la clave. En la competencia deportiva como en cualquier empresa, la solidaridad se expresa al trabajar en función del objetivo común. El lanzador necesita un receptor que guíe y una defensa que cumpla. Los bates deben responder oportunamente, pero a veces a un gran bateador le corresponde tocar la bola o sacrificarse. Todos tienen algo valioso que aportar, desde la estrella hasta el recoge bates o el que cuida en clubhouse.
  3. Hay que comprender la responsabilidad del compromiso. Venezuela entera quería ganar. Un país hambriento de buenas noticias, cansado de frustraciones, necesitaba esta victoria. Eso lo sintieron los peloteros, los técnicos y los dirigentes. No bastaba hacer un buen papel, había que ir por los papeles. Estar a la altura del compromiso era la responsabilidad. Ni más, ni menos.

En Miami todos fueron héroes y supieron serlo, con el heroísmo modesto y solidario del trabajo en equipo. La suya es grandeza compartida. Ojalá lo comprendamos todos.

Parece un sueño y en realidad lo es. Todos fueron héroes y Venezuela entera puso a un lado sus diferencias que son muchas, para celebrarlo.


[1] El Presidente había sido fanático del Venezuela BBC, los “patriotas” de Yanecito, club fundador de la LVBP en 1946 y en lógica sucesión fue seguidor del Pampero y Tiburones de La Guaira, aunque “oficialmente” era cardenalero, pues por Lara fue diputado y senador.

[2] Le pusimos su nombre al Premio “Literatura y Béisbol” que instituimos durante mi presidencia de la Liga.

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