Este mensaje espiritual del Padre Alfredo Infante, provincial de los jesuitas en Venezuela nos invita a enfrentar el dolor y la incertidumbre con fe y valentía, transformando el sufrimiento en un renacimiento colectivo. A través de la sabiduría y la resiliencia espiritual, somos llamados a reconstruir nuestras vidas y nuestra sociedad sobre cimientos de verdad, justicia y solidaridad, confiando en que la palabra de Dios nos guiará hacia un futuro lleno de esperanza y renovación.En definitiva, la multiplicación del milagro social de la solidaridad.
Mensaje del Padre Provincial Alfredo Infante para este domingo 12 de julio.
Señor, amigo de la vida y Dios de todo consuelo, hoy nos acercamos a ti con el corazón herido de luto por el sufrimiento del inocente y por la paz de la tierra que nos vio nacer y nos acogió, la cual aún tiembla en nuestra memoria ante tantas crisis y heridas acumuladas. Señor, cuando contemplamos nuestro corazón herido, nos sobresaltan dudas y preguntas ante tanto daño acumulado. Ahora nos sorprenden estos terremotos de gran escala y de enormes daños.
Las grietas de nuestra tierra y de nuestras casas son una parábola de nuestra vida como sociedad. Señor, nos acompaña la certeza de fe de que tú no eres el autor de la destrucción, sino que padeces y sufres con nosotros entre los escombros. Gracias por ser el Dios dador de vida que sostiene al que cae y abraza al que llora.
Hoy hacemos nuestro lejemido de tu creación que sufre dolores de parto, como nos recuerda San Pablo. Te pedimos que nos unjas con tu espíritu para que este inmenso dolor no nos paralice, sino que aprendiendo a procesar nuestros duelos, nos levantemos y nos reconstruyamos. Danos sabiduría y resiliencia espiritual para transformar este sufrimiento en el nacimiento de algo nuevo, un auténtico parto donde, como anuncia Pablo, reluzca nuestra condición, nuestra dignidad de hijos tuyos.
Concédenos la fuerza y la valentía para asumir la tarea impostergable de reconstruirnos por dentro como personas y como ciudadanos y de reconstruir nuestro país sobre cimientos firmes de verdad, justicia y reparación. Frente a la incertidumbre y al terreno agrietado de nuestra realidad, te pedimos que nos hagas tierra buena y fértil, que la semilla de tu palabra caiga en nuestros corazones como la lluvia que empapa el suelo y hace brotar la vida, como anunció el profeta Isaías. Arranca de nosotros los escombros del egoísmo, la arbitrariedad y el abuso de poder que niegan la vida y los espinos de la indiferencia.
Que seamos, Señor, tierra fértil para que tu semilla dé el ciento por uno. Multiplica, Señor, el milagro social de la solidaridad. Ponemos en tus manos las familias afectadas, nuestras familias, a todo el pueblo venezolano, a todos los que tienen responsabilidades importantes en esta hora que vivimos, a los rescatistas y a todo nuestro pueblo.
Que la Virgen de Koromoto camine con nosotros en esta reconstrucción. Enséñanos en medio de la prueba a amar y servir en todo. Señor, confiamos en que tu palabra no pasará y que bajo su luz nos renovaremos.
Esa, Señor, es nuestra esperanza. Ese es nuestro parto. Amén.



