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Pragmatismos peligrosos

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Por Félix Arellano

La combinación de una progresiva crisis a escala global y los problemas estructurales que enfrentan la mayoría de los países de la región, está estimulando, tanto salidas populistas y autoritarias que erosionan la democracia y los valores liberales, como las reacciones pragmáticas de varios países, que buscan encontrar espacios de convivencia; sin embargo, debemos estar alertas, pues también pueden resultar paradójicas, al asumir una posición indiferente, en el peor de los casos, complaciente ante las sistemáticas violaciones de los derechos humanos.

El pragmatismo puede ser conveniente e incluso positivo para evitar la radicalización, que por lo general genera enfrentamientos cuya escalada puede crecer a niveles impredecibles. Abre oportunidades para el diálogo, la negociación y la cooperación, que pueden permitir la construcción de puentes y contribuir a la generación de bienestar social. Adicionalmente, los pragmáticos pueden facilitar cambios en las posiciones radicales de los regímenes autoritarios.

Ser pragmático puede resultar más creativo que ser dogmático, que fácilmente puede transformarse en soberbia, la que hace mucho daño al conjunto social. Con pragmatismo se estimula el comercio, las inversiones, el financiamiento, la ecología, la cultura, el deporte; conformando un conjunto de lazos o vasos comunicantes para propiciar crecimiento económico y, de ser posible, bienestar.

El pragmatismo de Henry Kissinger, secretario de Estado, frente a la China comunista de Mao Zedong, durante la presidencia de Richard Nixon de los Estados Unidos (1969-1974), contribuyó a generar una profunda transformación de la dinámica mundial, que hoy estamos apreciando, toda vez que, la inteligencia estratégica de Deng Xiaoping, facilitó la construcción de un capitalismo de mercado, dentro de un sistema político comunista, superando las hambrunas del pueblo chino y avanzando a la conformación de una gran potencia económica.

El pragmatismo de Kissinger, que permeó al Occidente industrializado, aspiraba incorporar progresivamente al gigante asiático en la dinámica del progreso capitalista y, de forma inexorable, en los valores liberales y la democracia; en consecuencia, privó la tolerancia ante algunas situaciones delicadas, como la masacre en la plaza de tiananmen o la persecución del budismo tibetano. También privó la tolerancia del pragmatismo para que, luego de diez años de negociaciones, se permitiera la incorporación de la China comunista en la Organización Mundial del Comercio (OMC), sin cumplir claramente con las condiciones del mercado abierto.

Un pragmatismo tolerante, permisivo ha facilitado la conformación de una China poderosa que ahora amenaza la estabilidad de Occidente, promoviendo una tendencia iliberal contra los valores liberales fundamentales, propiciando un club de gobiernos autoritarios, entre los que destacan Rusia, Irán, Corea del Norte, que están desarrollando una guerra híbrida contra el orden internacional liberal y, en particular, contra la democracia y los derechos humanos.

La lista de complejos casos de pragmatismo oportunista es larga, cabe recordar la lamentable experiencia del apoyo de los gobiernos de los Estados Unidos a las dictaduras militares de la región; también el pragmatismo de varios países europeos con democracias consolidadas, ante inhumanas dictaduras en el continente africano, para garantizar sus beneficios económicos.

Más recientemente encontramos el pragmatismo por razones energéticas, en el caso del presidente Biden, con su nueva relación con el príncipe heredero de Arabia Saudita, a quien cuestionó en la campaña electoral. En este contexto destaca el caso del presidente Macron de Francia, quien ha planteado una suerte de flexibilidad frente a los países petroleros que enfrentan sanciones por la Unión Europea, para incrementar las fuentes de petróleo en el mercado internacional, sin haber sometido el planteamiento a la consideración de los órganos comunitarios.

En la región también encontramos experiencias en las que el pragmatismo ha tendido a consolidar los autoritarismos, pues se ha concentrado en avanzar en los aspectos económicos y se han relegado los asuntos humanos. La dictadura de los Castros en Cuba constituye uno de los casos más representativos y complejos.

Al respecto, el pragmatismo de la Unión Europea, con la estrategia de avanzar en los aspectos económicos ý gradualmente abordar lo político y social, ha resultado en la práctica limitada y desequilibrada. Las inversiones, particularmente españolas, han crecido, también la cooperación económica comunitaria; sin embargo, la situación de los derechos humanos se ha deteriorado significativamente, con mayor rigor con la agresiva represión gubernamental ante la espontánea protesta del pueblo cubano, sometido al hambre y la miseria del comunismo, el 11 de julio del 2021.

No podemos desconocer que los gobiernos de la UE han realizado importantes esfuerzos para lograr la liberación de presos políticos y han adoptado positivas políticas de asilo, pero el pueblo cubano aspira posiciones más contundentes. En ese contexto, debemos destacar que el embargo que por décadas ha mantenido el Gobierno de los Estados Unidos contra Cuba, tampoco ha generado resultados efectivos, por el contrario, pareciera que ha contribuido a la consolidación de la dictadura.

En la región, México ha mantenido una posición pragmática frente a la dictadura cubana, fundamentada en la vieja Doctrina Estrada (formulada para el canciller Genaro Estrada en 1930), que privilegia la autodeterminación de los pueblos y la no injerencia en los asuntos internos de los países. Tal pragmatismo permitió al Gobierno mexicano, por varios años, servir como un canal de comunicación con la dictadura.

Al promover el diálogo y propiciar la construcción de puentes y espacios de convivencia, el pragmatismo desarrolla su faceta positiva y creativa; empero, cuando el presidente López Obrador visita oficialmente a Cuba (uno de los pocos viajes internacionales que ha realizado, mayo 2022) ya ocurridas las protestas del 11 de julio 2021, y en pleno desarrollo de la brutal represión gubernamental contra el pueblo, y no hace referencia al tema de los derechos humanos, torna el pragmatismo en irresponsable y cómplice. En reciprocidad Miguel Diaz-Canel visitó oficialmente México en febrero del 2023.

Otras expresiones del pragmatismo peligroso se pueden apreciar en las solidaridades mecánicas que desarrollan los países miembros del Grupo de Puebla y del Foro de San Pablo, con regímenes autoritarios que se califican de progresistas, sin ninguna atención a la grave violación de los derechos humanos.

Al respecto, el Gobierno de Argentina, bajo la hegemonía de los Kirchner, ha desequilibrado la política exterior del país, menospreciando la situación que enfrentan los pueblos sometidos a las arbitrariedades de los autoritarismos en la región.

Para tornar más dramática la situación la izquierda en la región, el presidente de Brasil, Luis Ignacio Lula Da Silva, recientemente calificó de “narrativas creadas” la violación de los derechos humanos por los gobiernos autoritarios en la región (29/05/2023), desconociendo una larga lista de documentos que han publicados las organizaciones internacionales encargadas de la defensa de los derechos humanos a escala mundial, que detallan ampliamente la gravedad de la situación.

Para reivindicar al pensamiento de izquierda, destaca la valiente posición del presidente Gabriel Boric de Chile, quien ha denunciado la sistemática violación de los derechos humanos, por parte de varios gobiernos autoritarios que se definen de progresistas en la región. En respuesta, tales regímenes lo han calificado como representante de una “izquierda cobarde”.

Como se ha señalado el pragmatismo puede generar oportunidades y beneficios, pero no debe resultar indiferente ante la situación de los derechos humanos y la equidad, pues se transforma en cómplice del sufrimiento que enfrentan los pueblos que luchan por sus libertades, procesos que en muchos casos generan tragedias humanas que podrían ser evitadas con un pragmatismo más responsable y con sensibilidad social.

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