De los apagones a la economía digital
- El Encantado
La primera planta hidroeléctrica de Venezuela fue la central de El Encantado, construida en 1895 por Ricardo Zuluaga en el monumental cañón que forman las montañas de Petare, allí donde el río Guaire parece detener su andar, represando su curso en El Llanito y liberando toda su energía luego, en el desnivel que marca el final del Valle de Caracas y el camino hacia los Valles del Tuy.
Esta planta permitió el desarrollo de la empresa, que posteriormente se convertiría en la Compañía Anónima La Electricidad de Caracas, una de las instituciones empresariales más longevas, eficientes y exitosas de la Venezuela del siglo XX, y que fue expropiada por Hugo Chávez en 2007.
Cuando Ricardo Zuloaga construyó El Encantado, la electricidad todavía era una novedad en la mayor parte del mundo. La central venezolana comenzó a operar apenas 13 años después de la planta hidroeléctrica de Appleton, Wisconsin (1882), considerada la primera central hidroeléctrica comercial del mundo. Esto coloca a Venezuela entre los pioneros de la electrificación en América Latina.
Desde una perspectiva histórica, es notable que la modernización eléctrica venezolana comenzó mucho antes de la era petrolera. De hecho, cuando se inauguró El Encantado, aún faltaban casi dos décadas para la explotación del pozo Zumaque I en 1914. La primera gran revolución energética venezolana fue la hidráulica, mucho antes que la petrolera.
2.Electricidad y data centers
La popularidad de la Inteligencia Artificial ha llevado a muchos a creer que estamos viviendo la mayor revolución tecnológica de la historia.
Pero si seriamente nos hacemos la pregunta, ¿qué innovación transformó más profundamente la vida de una persona común?, la respuesta probablemente sea la electrificación.
Como ha señalado el economista Robert Gordon, la electricidad alteró casi todos los aspectos de la vida cotidiana de manera mucho más radical que las tecnologías digitales contemporáneas.
Antes de la electrificación, la existencia humana estaba limitada por restricciones físicas que habían cambiado poco o nada durante los últimos 10 milenios. El trabajo dependía de la fuerza muscular humana, animal o hidráulica. La iluminación provenía de velas, lámparas de aceite o de gas. La conservación de los alimentos era precaria. Las tareas domésticas requerían largas horas de esfuerzo manual. Incluso las actividades más simples estaban condicionadas por los ciclos naturales de luz y oscuridad. Tal como ocurre en la Venezuela socialista de hoy.
La llegada de la electricidad modificó simultáneamente todas esas dimensiones. La iluminación eléctrica extendió el tiempo disponible para estudiar, trabajar y socializar después del anochecer. Las fábricas pudieron operar de manera más eficiente y flexible. Los hogares incorporaron electrodomésticos que redujeron drásticamente el tiempo dedicado a las labores domésticas. Refrigeradores, lavadoras y aspiradoras liberaron millones de horas de trabajo, especialmente para las mujeres, alterando la organización económica y social de la familia venezolana durante la segunda mitad del siglo XX.
En el ámbito económico, la electricidad es una tecnología de propósito general. No se limita a mejorar una actividad específica, sino que aumenta la productividad en todos los sectores. Desde la manufactura hasta el transporte y las comunicaciones, la electricidad es la plataforma sobre la que se han construido innumerables innovaciones posteriores. La electricidad no es simplemente una tecnología más; es la infraestructura fundamental que hace posibles casi todas las demás. Incluyendo los centros de datos que dan soporte a la inteligencia artificial.
3. Sin luz vivimos en el neolítico
La crisis eléctrica venezolana suele analizarse como un problema técnico o económico. Sin embargo, su impacto va mucho más allá de los megavatios faltantes o de las fallas en la red. La disponibilidad de electricidad es una condición indispensable para la vida moderna, el funcionamiento de la economía y la calidad de vida de millones de venezolanos. En la Venezuela actual, la precariedad del servicio eléctrico se ha convertido en una de las principales limitaciones para la salud, la educación, la actividad productiva y el bienestar cotidiano.
La recuperación económica del país enfrenta numerosos desafíos. No obstante, existe un consenso creciente en que la electricidad constituye uno de los cuellos de botella más importantes para cualquier estrategia de crecimiento sostenible. La propia industria petrolera, considerada durante décadas el motor de la economía venezolana, depende de una infraestructura eléctrica estable para aumentar su producción. Sin electricidad, resulta imposible operar de manera eficiente los campos petroleros, las estaciones de bombeo, los sistemas de inyección y las refinerías.
Actualmente, se estima que el país enfrenta un déficit de capacidad eléctrica de aproximadamente 4 gigavatios. Esta brecha no solo limita el crecimiento económico actual, sino que amenaza con ampliarse a medida que se recuperen la actividad industrial, el comercio y la producción de hidrocarburos. En este contexto, es crucial una reforma de la legislación eléctrica que permita poner fin al monopolio de Corpoelec, abrir el sector a la participación privada, otorgar concesiones y exigir mecanismos de autogeneración para determinadas industrias. Para ello, se requiere una gobernanza institucional que establezca reglas claras e incentivos adecuados para aprovechar los activos y recursos del país.
La crisis eléctrica refleja décadas de deterioro acumulado en los sistemas de transmisión y distribución. Las líneas de alta tensión, las subestaciones y los sistemas de control presentan un desgaste significativo. La falta de mantenimiento, la escasez de equipos de repuesto y la insuficiente inversión en modernización han reducido significativamente la capacidad operativa de las instalaciones existentes. Como consecuencia, buena parte de la energía que podría estar disponible no llega a los hogares, hospitales, escuelas y empresas
4.Todo llega tarde para los que esperan
Cuando Ricardo Zuloaga lanzó el proyecto de construir la central hidroeléctrica de El Encantado, Venezuela era un país en bancarrota, aislado internacionalmente y sumamente inestable políticamente. Él no esperó las condiciones ideales para emprender la revolución energética venezolana; comprendió que el desarrollo no comienza cuando una nación se vuelve rica; una nación se vuelve rica cuando hay personas capaces de invertir, innovar y asumir riesgos en medio de la incertidumbre.
La competencia de Venezuela es contra el espacio. Mientras Elon Musk lanza cohetes reutilizables, conecta continentes mediante satélites y construye la infraestructura energética que alimentará la inteligencia artificial, nosotros seguimos discutiendo cómo evitar el próximo apagón. Las naciones que liderarán el siglo XXI serán aquellas capaces de transformar la energía en conocimiento, datos e innovación.
Nuestro desafío no es alcanzar a nuestros vecinos, sino alcanzar nuestro tiempo. Mientras la frontera tecnológica avanza hacia la inteligencia artificial, la computación masiva y la exploración espacial, Venezuela sigue atrapada en las urgencias de la primera revolución eléctrica. Ningún país puede aspirar a participar en el futuro si antes no garantiza la condición más elemental del progreso: electricidad abundante, confiable y asequible. Pero la luz no es el destino final del desarrollo. Es solo el punto de partida.



