Por: Jhonny Alfredo Mendoza*
Análisis situacional e interdisciplinario sobre cómo el abandono de la virtud y el bien común en la gestión pública venezolana abrió paso al «Leviatán Criollo del Poder», un aparato de supervivencia pragmática y control técnico-coercitivo interpretable desde las tesis de Aristóteles, Maquiavelo y Weber. A partir de la propuesta del autor, se plantea la reconstrucción nacional como un macroproyecto de refundación colectiva estructurado bajo la tríada del Ser, el Hacer y el Tener. Asimismo, se demuestra cómo la economía creativa y el enfoque de las capacidades operan como motores de resiliencia civil, proponiendo una reingeniería del sector público que fusione el marketing de naciones y el marketing público para transformar una república en ruinas en una sólida estructura impulsada por la participación y la plena satisfacción del ciudadano contribuyente.
Capítulo I: El Diagnóstico Situacional: El quiebre de la promesa aristotélica
Las organizaciones enferman cuando corrompen su propósito fundacional. Desde las ciencias de la gerencia, todo análisis situacional debe evaluar la coherencia entre los objetivos declarados y la cultura operativa real de un sistema. Hubo un tiempo en que Venezuela proyectaba una visión de corte aristotélico: una polis democrática donde la inmensa renta petrolera debía pavimentar el camino hacia el bien común y la autorrealización colectiva de sus ciudadanos.
Sin embargo, el diagnóstico contemporáneo de los últimos treinta años revela que la gerencia del Estado sufrió una amputación ética radical. Al suplantar la generación de valor por la captura y la centralización de rentas, la república desvió su norte institucional. De este modo, la administración pública dejó de buscar la felicidad colectiva (eudaimonía) para transformarse en un quirófano ideológico, desprovisto de brújula institucional. La promesa de bienestar no colapsó por un accidente macroeconómico; fue asfixiada al subordinar la gestión social a los manuales de la fría dominación. Es bajo esta distorsión que cobra forma el «Leviatán Criollo del Poder», una estructura que desarmó el bienestar cívico al subvertir la esencia de la planificación estratégica. Esta asfixia del entorno destruyó la confianza institucional, forzando a la sociedad civil a replegarse hacia sus propias capacidades de resiliencia y autoorganización productiva al margen del Estado.
En la filosofía clásica, la estrategia se rige por la teleología aristotélica, la cual sostiene que toda institución se mueve hacia un propósito final (telos). El estratega moderno operativiza la teleología al fijar la misión y la visión del Estado el para qué existimos y planificar de forma inversa los pasos necesarios para alcanzarlas. Cuando el telos de la eudaimonía social se disuelve bajo este monstruo estatal, las estructuras institucionales traicionan su fin existencial y colapsan. Corregir esta desviación requerirá una profunda reingeniería que rescate el control público a través de la mercadotecnia gubernamental y la medición del valor social.
Esta degradación se comprende mejor a la luz de la gerencia contemporánea humanista. Drucker (2002) sostenía que la efectividad de cualquier institución radica en su capacidad para aportar valor a la sociedad. Desde el marco interpretativo de este ensayo, la concepción humanista de Drucker dialoga con la virtud cívica aristotélica, en donde el management, entendido como una disciplina liberal o humanidad práctica (téchne), mide sus resultados en el desarrollo integral de las personas y no en la mera captura de recursos.
Capítulo II: El Laboratorio del Poder: Liderazgo Autocrático y Manipulación Carismática
En su dimensión original, la administración de la mercadotecnia conecta soluciones reales con las necesidades y expectativas de los usuarios, principio que Kotler (2016) sitúa en el centro de cualquier estrategia de valor. Esta disciplina representa la evolución técnica de la Retórica de Aristóteles, entendida como «la facultad de descubrir en cada caso los medios disponibles de persuasión». Para convencer éticamente a una ciudadanía, el filósofo identificó tres pilares que hoy configuran la regla de oro del marketing: el ethos (credibilidad y confianza de la marca), el pathos (conexión y empatía emocional con los dolores del usuario) y el logos (argumento lógico, hechos y datos racionales del servicio). Al igual que en la polis clásica, el mercadeo ético exige el equilibrio de estos pilares para satisfacer el bienestar del entorno.
No obstante, la política venezolana contemporánea aplicó una preocupante inversión de esta lógica fundamental, alejándose de la virtud para someter la retórica a un laboratorio de manipulación. Esta distorsión sistémica de la gestión pública puede interpretarse desde una lectura maquiaveliana de la administración. Bajo esta perspectiva estrictamente operativa, la política se desviste de toda dimensión moral; su único indicador de rendimiento se reduce a obtener, conservar y expandir el poder a toda costa, convirtiendo el marketing en una burda herramienta de control social que dinamita la noción de justicia colectiva.
Para operativizar este pragmatismo radical, el sistema institucional recurrió a una destructiva combinación de estilos de dirección: el liderazgo autocrático y el liderazgo carismático. Mientras el ala autocrática centralizó rígidamente la toma de decisiones y anuló la descentralización organizativa en el Estado, el componente carismático operó bajo la lógica que Weber (2021) describió como la legitimidad basada en la devoción afectiva a la persona del líder.
Es en esta precisa intersección donde el líder carismático asumió el rol de un poderoso influencer de masas. Rompiendo el equilibrio retórico, hipertrofió un pathos demagógico y posicionó consignas dogmáticas e incuestionables dentro del aparato de comunicación pública, desprovistas de un logos racional y de un ethos moral íntegro. Los hilos conductores de esta estrategia confluyen en el «Leviatán Criollo del Poder» como el aparato central que absorbió estas dinámicas. Bajo su control, la supervivencia de la élite terminó convirtiéndose en el único objetivo estratégico del sistema, destruyendo la confianza y las seguridades jurídicas indispensables para el funcionamiento de una sociedad moderna.
Sin embargo, frente a la asfixia implacable de esta maquinaria, ocurrió un fenómeno emergente en las bases de la nación. Mientras las cúpulas autocráticas se imponían desde las estructuras del poder técnico, la sociedad civil comenzó a deponer la sumisión para articular un modelo de conducción resiliente. Frente a la expansión de este cerco institucional del «Leviatán Criollo del Poder», el ecosistema emprendedor venezolano constituyó una respuesta orgánica de resistencia y adaptabilidad. El tejido productivo independiente se sostuvo gestionando la incertidumbre, desplegando una capacidad para absorber perturbaciones y reorganizar recursos en entornos de extrema volatilidad que coincide con las tesis de resiliencia sistémica expuestas por Weick y Sutcliffe (2015).
Esta respuesta adaptativa puede interpretarse, desde la tesis que aquí proponemos, como una expresión contemporánea y colectiva de la frónesis aristotélica (sabiduría práctica). En lugar de seguir ciegamente los rígidos protocolos de un estatismo ineficiente, las redes ciudadanas entrenaron una atención plena colectiva y una reticencia a simplificar las interpretaciones de la realidad, rechazando las falacias cognitivas y las apariencias superficiales sobre las que advertía el filósofo en su lógica analítica.
Es en este escenario de adversidad donde se configura en Venezuela la «Economía de Resiliencia Creativa», la cual emerge como una de las expresiones más potentes de adaptación y autonomía económica de la sociedad civil. Esta respuesta no debe interpretarse bajo el lente de los manuales macroeconómicos tradicionales, sino a través de la economía creativa de Howkins (2001), en perfecta sintonía con el enfoque de las capacidades de Nussbaum (2011). Mientras Howkins sostiene que el motor del desarrollo contemporáneo reside en la capacidad de la mente humana para transformar las ideas en el principal activo de valor, Nussbaum nos recuerda que el verdadero progreso no radica en los fríos indicadores del ingreso, sino en lo que las personas son efectivamente capaces de ser y hacer.
En el contexto venezolano, ante la asfixia del aparato productivo y la pulverización del salario, el saber profesional de los ciudadanos y el oficio de las familias se convirtieron en bienes de propiedad viva y autónoma. Las redes de emprendimientos creativos demostraron que la creatividad no es un lujo suntuario, sino una herramienta de microgestión y supervivencia. El ecosistema independiente de la economía de las ideas emergió así como una trinchera de libre iniciativa que opera desde abajo. Allí, la imperiosa necesidad de soluciones reales reactivó el intelecto de la población como un escudo frente a las restricciones del modelo estatista, encendiendo la chispa de autonomía cívica que Aristóteles consideraba vital para el florecimiento humano.
Capítulo III: La Maquinaria Weberiana: El Leviatán Criollo y el Vaciamiento del Talento Humano
Si la lógica maquiaveliana aportó la estrategia de supervivencia y el liderazgo autocrático, el diseño institucional venezolano torció los planos weberianos para edificar una estructura hipertrofiada. Se consolida así la ingeniería del «Leviatán Criollo del Poder», erigiéndose como la antítesis inequívoca de la comunidad virtuosa aristotélica. A diferencia del modelo de Weber, donde la burocracia racional-legal y el monopolio de la fuerza legítima buscan el orden y la predictibilidad, este aparato mutó en una maquinaria de control social que fagocitó la institucionalidad y descapitalizó el aparato productivo. Es precisamente ante este cerco institucional donde el liderazgo resiliente de la sociedad civil, guiado por la necesidad de gestionar lo inesperado (Weick & Sutcliffe, 2015), debió operar en los márgenes de un sistema que penalizaba la libre iniciativa, manifestándose en dos dimensiones gerenciales críticas.
En primera instancia, la jaula de hierro weberiana operó mediante un profundo vaciamiento intelectual, en el cual la administración pública prescindió del mérito, los procesos eficientes y la competencia técnica para priorizar la lealtad ideológica. Esta descapitalización del talento humano contradice el principio fundamental de Drucker (2002), quien advierte que el principal activo de cualquier organización moderna es el trabajador del conocimiento. Al expulsar o anular el saber gerencial calificado, el Estado traicionó el ideal aristotélico de colocar a los más aptos al servicio de la ciudad, transformándose en una corporación ineficiente dedicada a administrar la escasez y condicionar la supervivencia del ciudadano.
En este contexto de crisis, la resiliencia civil debió activar la «deferencia al experto» conceptualizada por Weick y Sutcliffe (2015), principio donde la jerarquía formal cede ante quien posee la téchne aristotélica: el saber hacer o maestría operativa. Mientras el aparato público se desmoronaba en la ineficacia, la autoridad natural del conocimiento técnico se convirtió en el único refugio para la resolución de problemas prácticos en el entorno nacional. Este bloqueo a las libertades individuales fue el catalizador que obligó a los ciudadanos a refugiar su intelecto en lo que Nussbaum (2011) define como el enfoque de las capacidades básicas: la urgencia de activar, de manera autónoma, lo que las personas son efectivamente capaces de ser y hacer por sí mismas ante la parálisis del Estado.
En segunda instancia, el sistema ejecutó una sistemática destrucción del valor público y la competitividad. En una gerencia pública sana y orientada al bien común, el Estado asegura las condiciones para la libre empresa. Kotler et al. (1997), en su tesis sobre el marketing de las naciones, sostienen que los gobiernos deben actuar como facilitadores estratégicos que generen incentivos y confianza para atraer inversiones y satisfacer las demandas de la sociedad. Al romper este principio y direccionar el aparato coercitivo hacia el sometimiento y la supresión de libertades económicas, este esquema operó como una estructura asfixiante que paralizó la dinámica productiva nacional, destruyendo las ventajas estratégicas del entorno.
Esta distorsión destruyó el ethos de la nación, entendido en la Retórica aristotélica como la credibilidad y el carácter moral que genera confianza. Kotler enfatiza que cuando el ethos de un país está dañado por la inseguridad jurídica y la inestabilidad institucional, la inversión y el talento huyen; el sistema arruina la competitividad sin importar cuánta propaganda intente desplegar.
Es imperativo diferenciar aquí que mientras el marketing de Estado se reduce a la gestión de la opinión pública, el verdadero marketing de naciones opera como una macroestrategia competitiva. Bajo este enfoque global, la competitividad de un país, como bien señala Porter (1991), depende de la capacidad de su industria para innovar y mejorar. Dicha ventaja es imposible de alcanzar bajo el peso de un Estado punitivo que paralizó los incentivos de producción y decretó la quiebra del mercado. El «Leviatán Criollo del Poder», al asaltar el ecosistema, sustituyó la búsqueda del valor compartido por la expoliación.
El valor compartido de Porter y Kramer (2011) parte de la premisa de que las empresas deben generar valor económico de una manera que también cree valor para la sociedad al abordar sus desafíos. Al demostrar que el éxito empresarial y el progreso social se condicionan mutuamente para alcanzar la eudaimonía social, este postulado fue suplantado por un marco regulatorio hostil que destruyó el tejido microeconómico de la nación. Al confiscar los activos tangibles y asfixiar los mercados, el sistema provocó de manera emergente que el motor productivo se desplazara hacia la economía creativa de Howkins (2001), donde las ideas y la propiedad intelectual viva de los ciudadanos se transformaron en el último escudo de libre iniciativa. El aparato estatal, por tanto, dejó de ser un árbitro institucional para convertirse en el principal destructor de la riqueza y el bienestar común.
Capítulo IV: El Retorno a la Virtud: Liderazgo Ecléctico y la Tríada del Emprendimiento Nacional
La superación de la crisis exige una reingeniería profunda del Poder Ejecutivo cuyo foco prioritario regrese al ciudadano. Si el diagnóstico previo explica con crudeza por qué llegamos hasta aquí, la gerencia moderna y el espíritu del emprendimiento deben responder urgentemente cómo salir bajo una premisa aristotélica: la política debe volver a servir al ser humano. El puente entre el colapso estructural y la acción transformadora nace en la resignificación del individuo a través de una hoja de ruta estructurada en tres dimensiones esenciales: el Ser, el Hacer y el Tener.
Tanto la Grecia clásica aristotélica como la ciencia gerencial contemporánea coinciden en que invertir el orden de esta fórmula es destructivo. Mientras la miopía de los sistemas frágiles opera a la inversa —creyendo erradamente que al tener recursos se podrá hacer un país para finalmente ser una república—, el camino sostenible para consolidar un proyecto nacional de largo aliento exige entender que primero se trabaja en la identidad del Ser (quiénes debemos ser, lo que abarca virtudes y liderazgo). Esto guía una ejecución técnica de excelencia en el Hacer (cómo debemos gestionar a través de buenos hábitos y planificación), dando como consecuencia orgánica los retornos y la riqueza del Tener (qué país podemos construir).
Para auditar y asegurar la consistencia de este modelo de gestión país, la planificación gerencial se estructura bajo el mapa metafísico de las cuatro causas aristotélicas: la causa material (presupuestos e infraestructuras de capital), la causa formal (plan estratégico y diseño de marca país), la causa eficiente (el emprendedor-ciudadano y su trabajo diario) y la causa final (la propuesta de valor única orientada a solucionar los problemas reales de la humanidad).
Lección del SER (El Capital Humano y la Virtud): El punto de partida de toda reestructuración real descansa en el capital intelectual de la nación; es decir, en el rescate de la areté aristotélica. El Ser representa el conocimiento articulado de las múltiples disciplinas que accionarán este macroproyecto de refundación nacional. No se trata del pensamiento de un caudillo, sino del conocimiento vivo que reside en las universidades, las cámaras gremiales de los sectores productivos, la experiencia acumulada de los trabajadores activos y jubilados, el pleno de la academia venezolana y los 8.7 millones de migrantes venezolanos insertos en sociedades que priorizan al ciudadano (Plataforma R4V, 2024).
Este bloque del saber ejemplifica con exactitud el liderazgo ecléctico, ya que es inclusivo, flexible y agrupa múltiples saberes especializados. De este modo, emula la búsqueda del bien común que Aristóteles situaba como el fin supremo de la sociedad organizada.
Esta dimensión ética y ontológica se consolida a través del autoconocimiento y el dominio del propio carácter (ethos), tal como detallo en mi obra El liderazgo dentro del emprendimiento (Mendoza, 2023). Bajo la premisa fundamental de Aristóteles de que no se puede gobernar una polis sin gobernarse primero a sí mismo, este enfoque genera una constante motivación cimentada en valores que se transforman en virtudes y principios operativos, traduciéndose en actitudes orientadas a mitigar los frenos psicológicos. A partir de este dominio personal, el modelo del Ser se expande hacia la capacidad para liderar equipos de trabajo multidisciplinarios dentro del aparato estatal, proyectándose de manera macroestratégica para conducir el entorno y la nación. Ello encaja plenamente con el postulado aristotélico de que la verdadera fuerza del líder nace de una disposición del alma impulsada por el propósito (telos) hacia la realización colectiva (eudaimonía).
Por consiguiente, este tejido conceptual dialoga de forma directa con el postulado druckeriano de «gestionarse a sí mismo» (Managing Oneself) (Drucker, 2002) y con las tesis de Hesselbein et al. (2000) en El líder del futuro. Hesselbein postula que la gerencia del mañana reside en el «cómo ser»; el liderazgo se define por el carácter y la integridad personal, reactivando el ethos aristotélico que sitúa la estatura moral como el medio de persuasión más poderoso. Al deponer el viejo comando jerárquico por un liderazgo de servicio ecléctico, este marco actualiza el principio de la Política de Aristóteles: el gobernante legítimo es un facilitador comunitario que busca el beneficio de los gobernados, marcando la antítesis del tirano. Es esta areté, entendida como hábito ético colectivo, lo que desmitifica al mesianismo carismático e internaliza las virtudes organizacionales que sanarán el porvenir de la nación.
Lección del HACER (La Gestión Direccionada por un Plan): El talento humano sin método genera caos. El Hacer representa el salto cualitativo del liderazgo resiliente (Weick & Sutcliffe, 2015) hacia una estrategia ofensiva de crecimiento guiada por el enfoque ecléctico. Esta transición permite superar la etapa en la que la organización operaba en los márgenes de la crisis como una mera estrategia defensiva de supervivencia, permitiendo desplegar la matriz de crecimiento estratégico teorizada por Ansoff (1957). Dicha evolución se apoya en el «compromiso con la resiliencia» propuesto por Weick y Sutcliffe (2015), entendido no como la arrogancia de pretender controlar el futuro de manera rígida, sino como la capacidad sistémica para absorber impactos, improvisar y recuperar el rumbo organizativo de forma dinámica. En lugar de estructuras estáticas, el diseño gerencial adopta el cambio y el «devenir» de la materia, tal como lo explicaba Aristóteles en su física.
Esta dimensión procedimental implica ejecutar los pasos viables de la gerencia moderna mediante una planificación rigurosa, desafío práctico que estructuro detalladamente en los módulos procedimentales de mi manual Diez pasos para que tu idea sea un modelo de negocios (Mendoza, 2019). Desde el nacimiento jurídico transparente de las iniciativas, pasando por la gestión administrativa eficiente, hasta el costo real del talento y el diseño técnico de la propuesta de valor país, esta metodología operacionaliza la téchne intelectual para el conocimiento profundo de las causas de aquello que se busca erigir. De este modo, se traduce el concepto de la oikonomia aristotélica entendida como la administración racional orientada a satisfacer necesidades reales en una hoja de ruta indispensable para la viabilidad financiera pública. Esta lección del Hacer se fundamenta, a su vez, en las competencias de determinación y toma de decisiones minuciosas, lo que constituye la definición exacta de la frónesis (sabiduría práctica o prudencia) como la virtud de la mente para deliberar correctamente ante la incertidumbre y evitar la improvisación.
Para sostener este ecosistema productivo, la función administrativa del control debe ser rescatada de su vieja concepción policíaca o punitiva weberiana para ser aplicada bajo el enfoque de la mejora continua. Esta resignificación se operacionaliza a través de una gerencia técnica estratégica de marketing en el sector público para optimizar la gestión gubernamental y la satisfacción ciudadana, un marco metodológico descrito con rigor por Kotler y Lee (2007). Bajo este enfoque, el control público deja de ser un instrumento de coacción burocrática y se transforma en un sistema de auditoría y optimización constante de los procesos descritos en el método de los diez pasos.
Dicha gerencia técnica mide con precisión los resultados mediante indicadores de impacto social, eficiencia administrativa, desempeño institucional y satisfacción ciudadana. Estas métricas operan como el tablero objetivo que muestra el resultado esperado de beneficio y bienestar a la nación, manteniendo a las instituciones perfectamente alineadas con el Plan de la Nación. De este modo, al privar al «Leviatán Criollo del Poder» de espacios de arbitrariedad o resquicios de corrupción, este blindaje técnico y operativo decreta su desmantelamiento definitivo y asegura el retorno a la premisa aristotélica de hacer viable y medible la felicidad colectiva (eudaimonía) de la comunidad.
Lección del TENER (Lo que Aspiramos Alcanzar como País): El resultado final de alinear el Ser y el Hacer es el Tener, el cual no consiste en acumular riqueza de forma estéril, sino en construir una nación capaz de producirla de manera sostenible, tras haber reconstruido primero su capital humano y su capacidad institucional. Esta dimensión representa la cosecha estratégica de toda la tesis propuesta: una nación competitiva, productiva y capaz de liderar mercados internacionales con su propia propuesta de valor. Alcanzar este liderazgo es el paso final del método, el cual actúa en perfecta sintonía con la teleología aristotélica el estudio del telos o causa final, donde los bienes materiales y los retornos económicos son herramientas útiles siempre y cuando se subordinen al desarrollo del Ser.
Esta meta nos obliga a transitar hacia dimensiones de diversificación económica concebidas como una macroestrategia de reconstrucción ante entornos altamente disruptivos. Bajo este puente epistemológico, la premisa de crecimiento de Ansoff (1957) puede releerse, dentro del marco interpretativo de este ensayo, a la luz de la noción aristotélica de cambio y devenir. Para lograr este despliegue, el liderazgo debe actuar como un promotor constante de la innovación a través de la poíesis aristotélica, entendida como la acción productiva que da origen a algo nuevo.
El líder gerencial actúa aquí como la causa eficiente: el agente transformador que toma una potencia o una oportunidad latente en el mercado global y, mediante el talento articulado de las redes de networkers, socios y la academia, la convierte en un acto innovador de valor público. La comunicación en esta cocreación de ideas emprendedoras recupera la noción aristotélica del ser humano como un zoon politikón animal social dotado de la palabra (logos) para discernir en comunidad. Así, la deliberación colectiva de los sectores productivos se erige como el vehículo indispensable para generar confianza mutua y construir un clima armónico de alcance internacional.
Bajo este enfoque corporativo global, la ventaja competitiva planteada por Porter (1991) florece a través de un estricto mapa de análisis del contexto las cinco fuerzas que operativiza la frónesis directiva para decidir con inteligencia racional dónde competir. El diseño interno de esta reconstrucción se organiza mediante una rigurosa cadena de valor nacional cuyas actividades primarias (causa eficiente) y de soporte (causa formal y material) se entrelazan de manera lógica. Esto asegura que el resultado final entregado al entorno no sea un accidente, sino una consecuencia estructurada que diferencie a la marca país. A través de esta diferenciación, la nación halla y potencia su verdadera esencia y sustancia competitiva (ousía), aquello que la define de manera única en el concierto internacional. Toda esta orquestación de la productividad se integra armónicamente para transformar el restrictivo marketing de gobierno en un verdadero marketing de naciones, una transición teórica donde la obra de Kotler et al. (1997) redescubre e integra la administración de recursos para la prosperidad sostenible.
De este modo, la propuesta de valor país planteada por la gerencia nacional respeta también el desafío de Drucker (2002) sobre convertirse en un «líder del cambio», donde el devenir y la innovación económica coexisten con un sustrato permanente inalterable, tal como advertía Aristóteles en su física: la continuidad absoluta de su identidad cultural, su ética y su propósito central de justicia. En este marco integrador, mis dos obras previas (Mendoza, 2019, 2023) proveen el andamiaje metodológico para demostrar que el management de vanguardia es el vehículo técnico para revivir la virtud en la república, transformando al antiguo habitante clientelar en un verdadero ciudadano contribuyente con un valor intrínseco insustituible.
El Cierre: Del Estado al Protagonismo Ciudadano
Las repúblicas no se reconstruyen únicamente con reformas jurídicas ni con discursos políticos. Se refundan desde la raíz ontológica de su tejido social, en el instante en que el talento humano vuelve a erigirse como el principal patrimonio ético y existencial de una nación; una restauración que devuelve a los individuos la libertad real de ser y hacer en una sociedad libre. Es allí donde la gestión pública debe romper con la inercia burocrática. El marketing de Estado o de gobierno debe deponer su vieja mirada instrumentalizadora y asumir con rigor la disciplina del marketing en el sector público planteada por Kotler y Lee (2007). Bajo este enfoque, la mercadotecnia gubernamental abandona la propaganda cosmética y se transforma en un vehículo técnico para optimizar la gestión, medir el valor social y asegurar la satisfacción de las necesidades colectivas.
Sin embargo, para que esta transformación sea integral, la gerencia pública debe dar un paso adelante y adoptar el marketing de naciones como el complemento estratégico indispensable del marketing de Estado. Al enlazar la eficiencia interna del sector público con una macroestrategia competitiva global destinada a la creación de riqueza nacional y al posicionamiento de la esencia propia del país según las tesis de Kotler et al. (1997), la administración pública deja de ser una maquinaria extractiva para convertirse en un motor de desarrollo sostenible.
Al fusionar estas herramientas métricas modernas con los principios aristotélicos de justicia y bien común, cuyo vacío institucional constituye una de las claves interpretativas del colapso analizado, este artículo busca aportar una hoja de ruta inédita para la reestructuración del país. Se demuestra con ello que la falta de gestión técnica y la ausencia de virtudes clásicas han sido los verdaderos artífices de la crisis. Es en el rescate de esa fibra ciudadana y en la tecnificación de sus procesos donde habita la verdadera soberanía y comienza toda auténtica transformación.
Este blindaje técnico y operativo es el que asegura el retorno definitivo a la premisa aristotélica, aquella que concibe a la comunidad política no como una maquinaria de dominación, sino como el espacio supremo para la autorrealización colectiva y el desarrollo humano integral. Al destronar la «Herencia del Leviatán Criollo», devolvemos a la administración pública su vocación trascendental. Cuando el Estado vuelve a servir al ciudadano, deja de ser un monstruo opresor y recupera, por fin, su condición de república.
*Jhonny Alfredo Mendoza. Doctor en Gerencia. Facilitador de la Fundación Centro Gumilla, Edo. Lara.Coach de emprendimiento.
Referencias Bibliográficas
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- Howkins, J. (2001). The creative economy: How people make money from ideas. Penguin Books.
- Kotler, P. (2016).Marketing management (15.ª ed.). Pearson Education.
- Kotler, P., Jatusripitak, S., & Maesincee, S. (1997). The marketing of nations: A strategic approach to building national wealth. Free Press.
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- (Plataforma R4V). (2024).Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela. r4v.info
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- Weber, M. (2021). Economía y sociedad (J. Medina Echavarría, Trad.; 4.ª ed.). Fondo de Cultura Económica.
- Weick, K. E., & Sutcliffe, K. M. (2015). Managing the unexpected: Sustained performance in a complex world (3.ª ed.). John Wiley & Sons.
Obras del Autor
- Mendoza, J. A. (2019). Diez pasos para que tu idea sea un modelo de negocios: Manual práctico para el emprendedor. Ediciones de la Gerencia.
- Mendoza, J. A. (2023). El liderazgo dentro del emprendimiento. Editorial Buría.



