El pasado 25 de mayo, el Papa León XIV presentó al mundo su primera encíclica, titulada Magnífica Humanitas: Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Este documento, que ya ha comenzado a generar un profundo impacto en los ámbitos religiosos, sociales y tecnológicos, marca un hito en el pontificado del actual líder de la Iglesia Católica. En palabras de Juan Salvador Pérez, director de la revista Sic, quien compartió sus reflexiones sobre el texto en una intervención para Radio Fe y Alegría, «el nombre de esta encíclica ya en sí mismo denota todo lo que sigue».
Un legado de pensamiento social
Para comprender la relevancia de esta encíclica, es necesario remontarse al Papa León XIII, quien en 1891 publicó la emblemática Rerum Novarum (De las cosas nuevas), considerada el punto de partida de la doctrina social moderna de la Iglesia. Este documento abordó las problemáticas sociales y económicas derivadas de la Revolución Industrial, sentando las bases para una reflexión cristiana sobre los derechos laborales y el bien común. Ahora, 135 años después, León XIV retoma el legado de su predecesor para abordar los desafíos éticos y antropológicos que plantea una nueva revolución: la tecnológica.
León XIV no se limita a hablar de los avances técnicos o del impacto económico de la inteligencia artificial. Su preocupación central radica en cómo estos avances afectan a la dignidad de la persona humana. La encíclica no es un tratado técnico ni un manual sobre tecnología; es un llamado a reflexionar sobre el lugar del ser humano en un mundo cada vez más automatizado y digitalizado.
La centralidad de la persona humana
Uno de los puntos más destacados del mensaje del Papa es su énfasis en la centralidad de la persona humana frente al progreso tecnológico. Según Juan Salvador Pérez, «el Papa no está hablando de tecnología como tal; está hablando de cómo quedan el hombre, la mujer, los jóvenes, los niños, los pobres y los ancianos frente a estos cambios culturales y tecnológicos». En otras palabras, León XIV nos invita a preguntarnos si los avances científicos y tecnológicos están realmente sirviendo al bien común o si están siendo utilizados para beneficiar solo a unos pocos.
Es aquí donde el Pontífice introduce el concepto de «privatización tecnológica». Aunque la Iglesia reconoce el derecho a la propiedad privada como un principio fundamental, León XIV advierte sobre los peligros de que la tecnología quede en manos de unos pocos, generando exclusión y desigualdad. La tecnología, insiste el Papa, debe ser una herramienta al servicio de todos los seres humanos, sin importar su condición social, económica o cultural.
La inteligencia artificial: ¿moralmente neutra?
En su comentario para Radio Fe y Alegría, Juan Salvador Pérez destacó otro aspecto crucial de Magnífica Humanitas: la afirmación del Papa de que «la inteligencia artificial no es moralmente neutra». A primera vista, esta declaración puede parecer contradictoria. Después de todo, ¿no son las herramientas tecnológicas inherentemente neutrales? Sin embargo, León XIV nos recuerda que detrás de cada algoritmo, programa o dispositivo hay decisiones humanas que reflejan valores, intenciones y prioridades.
El Papa no está solo en esta preocupación. Durante el lanzamiento oficial de la encíclica, Christopher Ola, cofundador del laboratorio de inteligencia artificial Anthropic, también subrayó los dilemas éticos que enfrenta esta tecnología. Según Ola, «todos los laboratorios de inteligencia artificial operan dentro de un conjunto de incentivos y restricciones que a veces pueden entrar en conflicto con hacer lo correcto». Esta afirmación resuena con el llamado del Papa a ejercer un «buen juicio» en el desarrollo y uso de estas herramientas.
Un llamado a la trascendencia
En última instancia, Magnífica Humanitas es mucho más que una reflexión sobre tecnología; es una invitación a vivir con dignidad y trascendencia. Según León XIV, esto implica reconocernos como hermanos y hermanas creados por Dios y actuar siempre con miras al bien común. No se trata solo de preservar nuestra humanidad en medio del avance tecnológico, sino también de garantizar que las generaciones futuras hereden un mundo donde puedan florecer como personas plenas.
«Estamos llamados a ser siempre mejores personas», concluye Juan Salvador Pérez en su análisis. Y esa es quizá la esencia del mensaje del Papa: un recordatorio constante de que nuestro verdadero progreso no se mide únicamente en términos tecnológicos o económicos, sino en nuestra capacidad para construir una sociedad más justa, solidaria y humana.



