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Edificio Centro Valores, local 2, Esquina de la Luneta, Caracas, Venezuela.

Fe y Justicia como impronta existencial e intelectual

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Compañero, amigo, ilustre académico y defensor fehaciente de la democracia en nuestro país, recordaremos siempre al padre Virtuoso como uno de los principales maestros forjadores del pensamiento crítico venezolano, quien desde la dirección del Centro Gumilla en dos oportunidades (1996–2002 y 2007–2010), la rectoría de la Universidad Católica Andrés Bello por más de una década (2010–2022) y otros espacios dedicados a la acción social de la Iglesia a lo largo de su vida, supo “vivir de cara al país y para este país”, invitándonos a creer en él con un profundo sentido cristiano de fe, justicia y servicio

Alfredo Infante s.j.* y Carlos Lusverti**

Estar en el país, de cara al país

—José Virtuoso

El padre Francisco José Virtuoso fue un hombre centrado en Jesucristo, con un gran sentido de iglesia y apasionado por Venezuela. En sus últimos años de vida, repetía una de sus mociones1 espirituales más profundas: “estar en el país, de cara al país”; estar en el país era un llamado a vivir con los pies en la tierra, sembrados en la realidad, en el presente; y, con la expresión de cara al país proponía un modo y talante decidido y comprometido a afrontar los retos que la Venezuela de hoy plantea a sus ciudadanos. Dicho de otro modo, era un llamado a las iglesias, a las universidades, a las ONG, organizaciones sociales y a todos los sectores de la sociedad venezolana a echar raíces y conectarse con los anhelos más hondos de bien, justicia y paz, para desde ahí aunar esfuerzos y comprometerse a fondo con nuestro destino como sociedad.

La frase era la síntesis existencial de su experiencia de fe y venezolanidad. Desde joven, Virtuoso se dedicó a trabajar por la transformación de nuestro país. “Joseíto”, como le llamábamos en círculos cercanos, fue una persona impregnada por la espiritualidad ignaciana y fruto emblemático del proyecto de “venezolanización” de la Compañía de Jesús en nuestra tierra; proyecto que en su momento propuso y lideró el padre Luis Ugalde, s.j., en su faceta como Provincial. Este Plan estratégico de nuestra Provincia, entre otras cosas, consistió en formar jesuitas que, desde el carisma ignaciano, a la luz del Concilio Vaticano II y el Decreto Fe y Justicia de la Congregación General 322, con un sentido profundo de iglesia asumieran la misión de ser fermento de humanidad y justicia en nuestro país. Impregnado por este modo de proceder encarnado en la realidad, el padre Virtuoso se dedicó a tejer sueños y redes con hombres y mujeres de buena voluntad, creyentes y no creyentes, para construir ciudadanía, cultura democrática y apostar por una institucionalidad que garantizara la democracia y un Estado de derecho y de justicia inclusiva.

Su formación jesuita, enmarcada dentro del proyecto de “venezolanización”, le fue llevando a profundizar en la historia de nuestro país y, especialmente, en el papel de la Iglesia y la Compañía de Jesús en el proceso histórico venezolano. El padre Virtuoso ingresa al Noviciado San Pedro Claver en Barquisimeto, en el barrio Brisas del Aeropuerto, donde tiene contacto y acompaña a las comunidades eclesiales de base centradas en la lectura orante del evangelio y, para entonces, con un fuerte compromiso social y de lucha por los derechos económicos sociales y culturales; luego va a Santo Domingo, República Dominicana, a estudiar filosofía, mientras convive y trabaja en los barrios periféricos de Guachupita y Guandules, donde tuvo como maestro al finado Jorge Cela, jesuita antropólogo que combinaba la investigación académica con el trabajo de campo y la inserción en los suburbios de Santo Domingo, acompañando la fe, organización social y luchas de los barrios; luego regresa a Venezuela para estudiar Ciencias Políticas en la Universidad Rafael Urdaneta de Maracaibo (URU), donde se hace discípulo del finado Luis Homez, gran intelectual y político zuliano que acompañaba las luchas sociales y la defensa de los derechos humanos, quien destapó la verdad sobre los llamados “pozos de la muerte” en los años 80.

Luis Homez fue el tutor de la tesis en Ciencias Políticas de Virtuoso, además de su maestro y amigo. En esta etapa de su vida, Virtuoso acompañó sus estudios académicos con una fuerte inmersión en el movimiento cooperativo que, para entonces, constituía una red de cooperativas de ahorro, crédito y consumo en los barrios periféricos de la ciudad, estrechamente vinculado a las comunidades eclesiales de base (CEB). Esta experiencia – confesaba el mismo Virtuoso– le llevó a creer y apostar por la organización popular, la autonomía organizativa, la cultura democrática y el fortalecimiento de la sociedad civil, convicciones que se fortalecerán más adelante en la dirección del Centro Gumilla (1994-2000 y 2006-2010) y de la revista SIC como plataforma de pensamiento, a la que estuvo vinculado hasta 2010 cuando es llamado a la misión universitaria en calidad de rector. El rectorado de la Universidad Católica Andrés Bello (2010-2022) catapultó su liderazgo ético y ciudadano y, por supuesto, en sus últimos treinta y dos años, se mantuvo fiel al acompañamiento del proceso organizativo eclesial y social en el barrio Quebrada de Catuche, en la Pastora, Caracas (1988-2022), misión a la que se entregó con alma, vida y corazón.

Su tesis para obtener el doctorado en historia, en 2002, bajo la tutoría del venezolano Arturo Sosa, actual padre general de la Compañía de Jesús, fue precisamente sobre la incidencia del decreto IV de la Congregación General XXXII de la Compañía de Jesús, “Fe y Justicia”, en la línea editorial de la revista SIC. No nos cabe la menor duda que, la tesis doctoral del padre Virtuoso, más que un requisito académico, fue sobre todo una síntesis de sus opciones existenciales y de fe, aunque haya alcanzado, con ella, los máximos honores académicos.

Queda claro que, en su itinerario biográfico, Virtuoso fue cultivando la firme convicción de que para una auténtica transformación se necesita fortalecer la sociedad civil y apostar por una cultura democrática que haga sostenible y funcional la institucionalidad, de tal manera que se garanticen y respeten los derechos humanos, y el gobierno de turno – administrador temporal del Estado– esté controlado por los ciudadanos y no al revés. Eso puede verse a lo largo de su praxis social y, también, en sus textos, intervenciones públicas, artículos3 e iniciativas desde los distintos espacios y roles que le tocó asumir.

Construyendo justicia, defendiendo derechos

Siendo director del Centro Gumilla promovió la observación electoral a través de la organización Ojo Electoral (2004-2008) como mecanismo de movilización para la observación y contraloría ciudadana en los procesos electorales; promovió la participación y organización comunitaria para la exigencia de los derechos económicos sociales y ambientales en Catuche (1988-2022) y apoyó, también, a organizaciones de derechos humanos como Cofavic y Provea siendo miembro de sus Asambleas.

Preocupado por –y ocupado en– la defensa y recuperación del Estado de derecho. Junto con la ONG Espacio Público y el Centro de Derechos Humanos de la UCAB impulsó la publicación de un decálogo titulado ‘Rescatemos el derecho a vivir en democracia’, un manual con los principios y hoja de ruta para recuperar la legalidad y los derechos civiles en el país, con la ciudadanía como protagonista.4

Desde el Centro Gumilla y con el apoyo de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) promovió, junto a otros, la Red Social de la Iglesia (RASI) con el propósito de articular los esfuerzos de las organizaciones de inspiración cristiana al servicio de la construcción de paz, justicia y democracia; también, ante la violencia social acompañó procesos de pacificación en los barrios periféricos de la ciudad teniendo como base la experiencia en el barrio Catuche; esto le llevó a involucrarse decididamente en un ambicioso proceso de reforma policial5 en 2006 promovido desde el Gobierno, y que más tarde quedaría en el olvido en medio de la deriva autoritaria, como lo demuestran las múltiples denuncias de abusos y ejecuciones extrajudiciales6 que permanecen en impunidad, y por las que el Estado venezolano tiene abierta una investigación en la Corte Penal Internacional (CPI).

En su pensamiento y acción aparece la democracia como la única forma de gobierno capaz de garantizar los derechos humanos y una sociedad más justa. Pero no una democracia simplemente entendida como el poder de la mayoría, sino como una herramienta para construir consensos, a partir del reconocimiento de la dignidad de todos los actores, como el camino para el logro de la paz.

Convencido de ese poder transformador, Virtuoso fue miembro y apoyó varias iniciativas de derechos humanos, como nos recuerda Liliana Ortega de Cofavic:

Nos acompañó y respaldó en las difíciles jornadas de defensa de derechos humanos en Venezuela, y nos honró con su sabiduría y participación activa como miembro de la Asamblea General de COFAVIC. Un venezolano singular, sólido en sus convicciones, amable en sus expresiones y riguroso en el análisis y la constante proposición sobre cómo transformar a Venezuela en una nación de bienestar para sus habitantes y en auténtica democracia.

Recién nombrado rector de la UCAB, en 2010, le tocó hacer frente a momentos muy difíciles en los cuales el movimiento estudiantil (por ejemplo, en 2014), y en particular los estudiantes de la UCAB, estaban en el centro de los ataques y la persecución oficial. En ese momento Virtuoso apoyó a los equipos de asistencia jurídica coordinados desde el Centro de Derechos Humanos de la UCAB, que se movilizaron para atender y acompañar a los detenidos. Ligia Bolívar, directora del Centro de Derechos Humanos de la UCAB durante 2014, nos recuerda que:

El CDH UCAB siempre recibió apoyo de Joseíto. Respaldó nuestro trabajo en los momentos más complejos y, desde su mentalidad visionaria, nos hizo propuestas para explorar nuevas formas de responder a la situación de los derechos humanos en el país. Fue rector, amigo y cómplice.

padre Virtuoso
Crédito: Crónica UNO

Virtuoso estaba convencido de que los conceptos de “derechos humanos”, “democracia”, “Estado de derecho” y “economía sustentable” eran elementos fundamentales e interdependientes para la reconstrucción del país como una sociedad más justa, tanto que hacia eso dirigió sus esfuerzos desde la UCAB. No obstante, estaba claro que, en el ejercicio de la política en Venezuela, en lo nuclear, que es el modo de habérselas con el poder, hay un déficit importante. En su última entrevista, otorgada a la revista SIC, lo deja ver claramente:

Al poder en Venezuela le ha costado mucho asumirse como un poder democrático. El poder es una estructura que está pensada precisamente para dirigir y conducir a la búsqueda de unos objetivos mayores, pero la búsqueda de esos objetivos mayores, mal administrada, puede ser distorsionada. Muchas veces, pues, el poder se queda en la consecución del poder por el poder mismo, lo cual implica vaciar a la democracia de sus valores fundamentales. Yo diría que los venezolanos somos en parte democráticos. Creo que hemos asumido la procedimentalidad democrática, pero estamos todavía en proceso de asumir sus implicaciones como forma de vida7.

Para atender esta irrefutable realidad, en los últimos años puso sus esfuerzos en aquel proyecto maravilloso al que él mismo llamó “Reto País”:

Alianza de la sociedad civil que nació en 2017 como un intento de unir y visibilizar los esfuerzos que se hacen, desde las bases, para proponer y poner en marcha iniciativas de mejoramiento de las condiciones de vida de la población, desde una mirada de justicia, inclusión y espiritualidad cristiana.8

Su pensamiento está más vigente que nunca: habla Virtuoso9

—¿Por qué apostó a lo largo de toda su vida al trabajo comunitario en las zonas populares?

—Los pobres son sujetos en condiciones de opresión. No son solo pobres ni oprimidos, sino sujetos culturales capaces de crear nuevas condiciones de vida.10

—¿Qué democracia quiere Venezuela?

—La organización de la sociedad y el Estado debe garantizar el ejercicio de la ciudadanía, mediante un ordenamiento institucional que permita el ejercicio de los derechos civiles, sociales y políticos de las personas, individual y colectivamente consideradas.11

—¿Cómo ves, percibes y analizas el clima político de los sectores que están apostando por una transición hacia la democracia?

—Venimos de una situación de unidad política que no es tal, en la que reina el fraccionamiento, la división. A veces pienso que estamos en una torre de Babel en la que cada quien habla su propio idioma, lo que viene es la fase de entendimiento, la de acordar conjuntamente una agenda de lucha. Ahora, eso hay que hacerlo rápido, de manera acelerada, porque la situación es cada vez más grave. Es urgente la unificación de las fuerzas del cambio para lograr la democratización de la sociedad12

—¿Y la Universidad ante el país?

—La universidad no solamente puede mirarse a sí misma, sino que tiene una misión con el país. Somos instituciones en contexto, no una caja cerrada, donde se ofrecen carreras de pregrado, posgrados y algunos cursos. La Universidad tiene que ser una oferta de formación amplia y más dinámica para formar a jóvenes comprometidos con el país y con capacidad al servicio de la gente.13

—¿Y el papel de la Academia y los intelectuales?

—Si no hay de verdad un esfuerzo reflexivo en la sociedad venezolana en general, en torno a los grandes aprendizajes que deberíamos tener de esta terrible situación, pues ciertamente estamos perdidos. Yo coincido con otros análisis de que estamos ante la peor crisis (del siglo XX y de lo que va del XXI) que enfrenta Venezuela […] Si no aprendemos de esta situación, pues realmente no sé de qué debemos aprender. Tenemos que sacar las lecciones, y en eso las universidades tienen un papel importante, que nos sirvan para enrumbar al país en las grandes líneas de acción […] Tenemos que darnos prisa en reacomodar los modos de pensar y de actuar, porque evidentemente, si los dolientes de esta situación, que somos todos los venezolanos, no tomamos partido, si no ejercemos la debida presión social, va a ser muy difícil que los responsables de la crisis retrocedan.14

*Provincial de la Compañía de Jesús en Venezuela.

**Abogado. Profesor e investigador del Centro de Derechos Humanos -UCAB.


Notas:

  1. Se entiende por moción en la espiritualidad ignaciana un sentir interior hacia el bien, constructivo, humanizador y humanizante.
  2. El decreto IV de la Congregación General XXXII de la Compañía de Jesús, iluminada por las opciones del Concilio Vaticano II y liderada por el padre Pedro Arrupe, actualizó la misión de la Compañía en el mundo actual: “el servicio de la fe, del cual la promoción de la justicia es una exigencia absoluta”.
  3. Recopilación de escritos del P. Francisco José Virtuoso en la revista SIC. Disponible en línea.
  4. Reto País (Octubre 27, 2022): “Nuestra salvación es la unidad como sociedad civil”: Reflexiones memorables de Francisco Virtuoso. Disponible en línea.
  5. PROVEA (Abril 10, 2022) “A 15 años de la CONAREPOL | José Virtuoso: ‘Hoy tenemos una policía más mortífera que la delincuencia’”. Disponible en línea.
  6. Lupa por la vida: Informe primer semestre 2022 de ejecuciones extrajudiciales de Lupa por la Vida. Documento en línea.
  7. PÉREZ, J. (Julio-agosto, 2022): “La gente sí cree en la democracia como método, pero hay un desencanto con los fines”. En: revista SIC N° 840. “Voces y Rostros”, 159-161. Disponible en línea.
  8. Reto País. cit.
  9. Las preguntas son hipotéticas y han sido desarrolladas para demostrar a nuestros lectores la vigencia del pensamiento del P. Virtuoso.
  10. VIRTUOSO, F. (Marzo, 2010): “¿Qué democracia quiere Venezuela?”. En: revista SIC N° 722, “Dossier”, pp. 73-78. Disponible en línea.
  11. CASTILLO, E. (Mayo 22, 2018): “Francisco Virtuoso: es urgente unificar las fuerzas del cambio”. En: El Ucabista. Disponible en línea.
  12. YONEKURA, K. (Febrero 26, 2021). “El 40 por ciento de los estudiantes de la UCAB recibe alguna ayuda económica”. En: Cinco 8. Disponible en línea.
  13. PRIETO, H. (20 de octubre, 2022): “José Virtuoso: Si no aprendemos de esta terrible situación, pues, ciertamente estamos perdidos”. En: Prodavinci. Disponible en línea.
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