Post 3E, la gente no se siente incluida en sus demandas sociales en la agenda de las fases políticas en desarrollo indicadas por el secretario de Estado Marco Rubio para Venezuela. Las diversas marchas ciudadanas del último trimestre han sido expresión de eso y de la percepción actual de una oportunidad para la democracia (Revista SIC 857).
En las comunidades populares continúa el deseo de cambio que se expresó, electoralmente, en julio 2024. Los vecinos aspiran a que haya, a corto plazo, mejoras en sus condiciones de vida. Esto se traduce, prioritariamente, en mejores políticas económicas, incremento salarial justo y arreglo estructural de los servicios públicos.
Desean una democracia con mayor calidad y desempeño, de acuerdo con la Constitución Nacional (CRBV, 1999). Porque la democracia para la anti política ya está agotada. La anti política que convierte al vecino diferente en enemigo, al espacio público en conflictivo y riesgoso, a la cooptación en el modo de relación con los ciudadanos y al deterioro del bienestar colectivo en su corolario.
Los vecinos se distancias de esos políticos y partidos, oficialistas y de oposición, que aún la propugnan. No quieren autoritarismos ni dictaduras, mucho menos “ansias de poder. Quien vaya al barrio en campaña electoral con ese tono encontrará rechazo y conformidad pública.
Recuperar la libertad para el debate que conecta
Según nuestras investigaciones para la gente la democracia consiste en la garantía de “hablar y no tener miedo”. La información veraz y la libertad de expresión deben volver al espacio público comunitario para que la conversación vecinal recupere su poder de conexión, movilización y creación democrática.
Quienes trabajamos en el barrio hemos visto cómo la comunicación ideologizada condena el debate disidente. Hoy abundan problemas sociales que han sido silenciados por autoprotección, porque quienes se han atrevido a manifestarlos han sido denunciados como “compatriotas cooperantes”.
La libertad para el debate democrático debe preponderar en la conversación vecinal, asambleas, consultas, comités, radio comunitaria y parlamento comunal. Pero, no sería extraño que algunos ciudadanos radicalizados, oficialista o de oposición, se resistan a ese tipo de interacción para conservar los estilos impositivos.
Solo incluyéndolos al nuevo debate podrían reaprender nuevos modos, de tal manera que la ética comunitaria de la inclusión, reconocimiento, respeto a la dignidad de cualquier persona y libertad de participación posibilite una visión compartida, sin revanchismos ni venganzas (contra la inversión de los valores).
Otro grupo está representado por políticos, funcionarios y voceros comunales que se enquistaron en la organización comunitaria y tienen años ahí sin dar paso a nuevos actores. Actualmente, el liderazgo comunitario necesita renovarse mediante nuevas elecciones comunales; para ello, urge también que habitantes sensatos no se autoexcluyan de la participación ni que sean apartados por sus diferencias políticas.
Es evidente que la democracia y la política mudas y sordas al sentir social son estériles. Voceros comunales y otros funcionarios públicos electos ejerciendo el parlamentarismo social de calle deben intercambiar con el vecino, sin obviar al migrante retornado, tomar nota de las necesidades y propuestas locales, para convertirlas en diálogo, deliberación y acción pública conjunta.
Sin la amenaza de la ley de fiscalización de ONG, todas las instituciones, organizaciones y grupos comprometidos con el bienestar colectivo tenemos que dar nuestro aporte (iglesias, ONG, fundaciones, asociaciones, empresas, escuelas y universidades). En efecto, se debe permitir que las Comunas y Consejos Comunales, además de completar su registro, dialoguen y forjen alianzas con agrupaciones internas y externas para diseñar, ejecutar y rendir cuentas de iniciativas que resuelvan problemáticas y potencien el aprovechamiento de capacidades locales. Con esa sinergia sociopolítica se realizarían las pequeñas obras, pero también las de mayor envergadura en acuerdo con alcaldías y gobernaciones.
Deconstruir los instrumentos de la anti política
En los significados de la gente, la democracia también son elecciones, respeto a sus resultados, alternancia en el poder: “… nos cuesta querer soltar el poder”, ejercicio libre del votoy mejores partidos, con propuestas de bienestar para las mayorías. Y para que esto último sea así, los partidos, oficialistas y de oposición, deben incluir a las nuevas generaciones de jóvenes políticos que han fraguado su liderazgo en la cuestión social. Aunque es verdad que son generaciones que requieren mejor formación política-democrática.
Que la comunidad vuelva a participar en elecciones depende de cambios profundos en el Centro Nacional Electoral (CNE). No olvidemos tampoco que en el barrio hay súplicas de justicia (por presos políticos, retardos procesales). De ahí la necesidad para la gente de instituciones públicas autónomas, eficientes, que actúen apegadas a la Constitución, que respeten los derechos humanos, sirviendo a la ciudadanía y al país sin discrecionalidad, connivencias ni corrupción.
Ahora bien, si, realmente, queremos que la democracia participativa y protagónica (CRBV, 1999, artículos 6, 62) impere en la comunidad popular toca deconstruir la estructura belicista (anti política) que se introdujo en su dinámica. En consecuencia, se deben derogar y reformar instrumentos legales que la restringen.
Nos referimos a la Ley Constitucional contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia (2017) que penaliza la crítica democrática en el barrio, la Ley Constitucional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (2020) que instituye a la milicia como un componente militar en el seno del pueblo, y a la Ley de los Consejos Comunales (2023) que designa a la comuna, milicia y colectivos, como civiles responsables de la defensa integral en el gobierno comunitario, que son causantes de inseguridad política.
La Ley de Defensa de la Soberanía Política y Auto Determinación (2010), la Ley Orgánica de Seguridad de la Nación (2014) y la política de seguridad ciudadana con la unión cívico-militar-policial deturpan la dinámica de cohesión comunitaria, causando que civiles ideologizados se conviertan en un riesgo para la actuación ciudadana.
Más bien, a favor de una mayor seguridad, valdría la pena incrementar la efectividad en la aplicación de la Ley para el Desarme y Control de Armas y Municiones (2013) en manos de civiles, teniendo en cuenta, además, a minorías activas ilegales -bandas criminales organizadas, grupos armados no estatales- que actúan en algunas comunidades.
En cuanto al poder popular, su sistema de leyes instaura el régimen socialista y estado comunal (la Ley Orgánica del Poder Popular (2024) y la Ley Orgánica de las Comunas (2024)). Ese sistema al no estar amparado en la Constitución Nacional (CRBV, 1999) se convierte en un recurso de cooptación. Para que, efectivamente, sea una mediación democrática todo ese articulado tendría que ser reformado en consonancia con los principios y mecanismos de la democracia participativa y protagónica de la CRBV (1999).
Finalmente, si los vecinos de la comunidad desean mejores servicios, democracia e instituciones les toca invertir más tiempo y capitales en el asunto público, así como deconstruir rasgos culturales contraproducentes (machismo, autoritarismos, rentismo,…); porque sin corresponsabilidad ciudadana la transición constitucional, democrática, pacífica y electoral que urgimos en el país no irá adelanteen el barrio.
*P. Robert Rodríguez, SJ. Director del Centro Gumilla
Referencias
Rodríguez, R. (2024, mayo). Condiciones para el reencuentro y la paz. Revista SIC: https://gumiteca.org/cgi-bin/koha/opac-retrieve file.pl?id=392fad285d5513edc6379fae21bba591
Rodríguez, R. (2024, julio). El poder de las minorías. Revista SIC digital: https://revistasic.org/el-poder-de-las-minorias/
Rodríguez, R. (2024, julio). La inversión de los valores. Revista SIC digital: https://revistasic.org/la-inversion-de-los-valores/
Rodríguez, R. (2024, diciembre). Dinámicas comunitarias pos electorales. Revista SIC digital: https://revistasic.org/comunidades-y-sus-dinamicas-poselectorales/ Rodríguez, R. (2026, diciembre). Ráfagas de fuego nos despertaron de golpe. Revista SIC digital: https://revistasic.org/rafagas-de-fuego-nos-despertaron-de-golpe/



