Skip to main content Scroll Top
Edificio Centro Valores, local 2, Esquina de la Luneta, Caracas, Venezuela.

Comentario sobre la Magnifica Humanitas

comentario-sobre-la-magnifica-humanitas

“La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva”. Esta primera frase define el contenido de la encíclica: Trata de la humanidad, en el doble sentido de toda la humanidad y cad ser humano; y la llama magnífica no sólo porque Dios la ha creado sino porque, al entrar en ella su Hijo, no sólo como uno más sino como el Hermano de todos, la ha destinado a configurar la fraternidad de sus hijos. Pues bien, esta humanidad se ha empoderado tanto que está ante la elección de realizar con toda plenitud su condición filial y fraterna o considerar al ser humano actual como mera materia prima para lo que los empoderados quieran y puedan hacer de él.

La encíclica trata de la novedad de nuestro tiempo. Para llevarlo a cabo se sirve de dos imágenes bíblicas: la de la torre de Babel hecha por gente que tuvo que trabajar como hormigas para beneficio de unos pocos que querían llegar hasta el cielo, y la reedificación de Jerusalén, propuesta y animada por Nehemías, en la que todos intervinieron colocando cada quien las piedras que podía y conjuntándose en el trabajo. La encíclica reconoce que hoy unos pocos ponen a los demás a su servicio y como alternativa superadora propone edificar entre todos y para el bien de todos, y teniendo cada quien y el conjunto el objetivo y el cuidado de mantenerse humanos y de humanizarse en la tarea.

En el capítulo primero el papa concibe a la Iglesia en el seno de la humanidad y en camino con ella. Y para acertar en ese camino propone dos tareas complementarias: la primera es basarse en la Palabra, que es Jesús, que, sobre todo, está plasmada en los evangelios, y, desde esa perspectiva, tener en cuenta las ciencias humanas, dialogando con ellas.

La Doctrina Social es el discernimiento de ese diálogo, un diálogo y un discernimiento coherentes a lo largo del tiempo, desde la Rerum novarum de León XIII, que se hizo cargo de la novedad que surgía y la comprendió desde la propuesta de Dios en su Hijo Jesús de Nazaret y nos instó a situarnos activamente desde ella.

A partir de ella, va haciendo un recorrido de la Enseñanza social de los papas hasta llegar al concilio Vaticano II, que es un hito paradigmático. Se fija luego en el magisterio reciente, que es una explicitación conciliar, siguiendo el pulso a los acontecimientos, para acabar concluyendo que esos documentos constituyen una lectura de la historia vivida a la luz de la fe.

El capítulo segundo trata de los fundamentos y principios de la Enseñanza social. Los fundamentos no pueden ser más sólidos: Que el ser humano no es una creatura cualquiera sino imagen del Dios trinitario o más exactamente imagen de la Imagen perfecta que es Jesús, o, en términos más propios, somos hijos de Dios en el Hijo único que es Jesús. Y que eso somos todos los seres humanos, los justos y los pecadores, los que lo saben y los que no conocen a Dios. Y por esa razón, es decir, por lo que somos los seres humanos por dignación de la Trinidad, los derechos humanos tienen un valor absoluto: no se pueden obviar para obtener, por ejemplo, dinero o poder.

Los principios de la Enseñanza social son en cierto modo absolutos: El primero es el bien común: el bien del “nosotros” que compone la humanidad, en el que están incluidos los bienes de cada uno, ya que el nosotros es primera persona, que incluye a todas, aunque no como mera sumatoria sino como relaciones personalizadoras. El segundo, el principio del destino universal de los bienes, es consecuencia del primero: si todos formamos parte del nosotros que es la humanidad, la propiedad privada debe expresar ese destino universal personalizado y no negarlo. El principio de subsidiariedad se basa en que el “nosotros” que constituye la humanidad se expresa en comunidades, asociaciones e instituciones unas más complexivas que otras; pues bien, la más abarcadoras no deben tomar sobre sí lo que pueden llevar las menos numerosas, incluso los individuos. El principio de solidaridad es complementario: lo que lleva cada individuo y cada grupo debe hacerlo de tal modo que sea expresión específica de ese “nosotros” al que pertenece. El principio de la justicia social establece que cualquier expresión concreta de ese nosotros articulado tiene que expresar ese bien compartido y no el provecho de unos a costa de otros.

Si todo se hace de esta manera, lo que se obtiene es el desarrollo, no de un aspecto, que deja a lo demás en la penumbra, sino el desarrollo integral: de todo el cuerpo que es la humanidad, que es diverso, personalizado y correlativo.

El texto pide que la Iglesia en sus diversas instancias se examine para ver si efectivamente va en esta dirección, que es su dirección genuina. Es decir, que lo que dice a la sociedad, de la que forma parte, lo dice antes que nada también a la Iglesia como cuerpo social y más particularmente a la institución eclesiástica, que no es sólo la autora del texto, sino también la destinataria.

Los tres capítulos restantes se refieren a cuestiones específicas, tratadas muy consecuentemente desde la perspectiva desarrollada en los dos primeros capítulos. Por eso el tratamiento describe adecuadamente ese aspecto de la realidad y, como vivimos en una situación de pecado, la valoración es muy crítica, aunque también propositiva, porque se hace desde dentro, comprometidamente.

El capítulo tercero se refiere a la relación entre la técnica y el dominio y, más específicamente entre el paradigma tecnocrático y el poder digital y se centra en la Inteligencia Artificial subrayando su carácter valioso, pero no menos el peligro inminente de que algo que afecta tan profundamente tantos aspectos relevantes esté diseñada y comandada por unos pocos, que sólo buscan su provecho privado. Y recalca, sobre todo, la necesidad de lograr trasparencia en todo el proceso.

El problema de fondo es la absolutización del entendimiento y la voluntad y la relativización del resto del ser humano: el transhumanismo y el posthumanismo. Frente a esta relativización y cosificación del ser humano, el papa no se contenta con asentar lo sagrado del corazón humano, sino que en Jesús ha sido llamado a trascender como hijo de Dios en el Hijo y como hermano de todos en el Hermano universal. Por eso contrapone la ciudad aleatoria en la que sólo cuenta la voluntad de los que tienen el poder y la ciudad que se edifica buscando no sólo el bien de todos los seres humanos, sino que Dios asocia a sí mismo en su Hijo que se hizo nuestro Hermano.

El capítulo cuarto se fija en las transformaciones tan radicales que están aconteciendo y se centra en tres aspectos: la verdad, el trabajo y la libertad. Y lo que pretende es que en las transformaciones se custodie la calidad humana, lo que entraña que la técnica y el provecho privado de sus dueños no se absoluticen. La verdad tiene que ver, tanto con la influencia que tienen los medios de comunicación, que son consumidos por muchos como el sustituto de su experiencia de la realidad y sin embargo, no nacen de ella sino que son un producto comercial que busca el mayor rendimiento económico y la mayor influencia posible. Como con la manera como funcionan las llamadas democracias, que no son tales sino correa de trasmisión de los que tienen el poder económico que imponen sus conveniencias como si fuera la realidad. Por eso apuesta por un saneamiento ecológico de la comunicación.

Ahora bien, esta era digital es tan nueva que se requiere una educación prolongada y a fondo para poderla comprender y valorar desde la genuina humanidad. Yesa educación debe comenzar ya en la escuela lo que requiere que los docentes la tengan asimilada: que usen ellos el celular y no que sea él el que los use.

El segundo tema no es sólo crucial por el valor indispensable del trabajo para nuestra constitución como seres humanos, sino que es urgentísimo tratarlo porque la digitalización no es sólo un asunto técnico: tal como ha sido llevada a cabo, la función principal es no compartir los empresarios las ganancias con los trabajadores. Por eso cada día hay más personas sin trabajo y sobre todo la juventud estudiosa no tiene casi ofertas para su futuro. El papa no cree que así son las cosas: ha sucedido así porque la economía que predomina absolutiza la ganancia y no sólo deja de lado sino que positivamente desecha la dignidad, no sólo la de los trabajadores, sino la del que lo lleva a cabo. Si la economía es una de las manifestaciones del ser humano tiene que propiciar la humanidad.

Para el papa es tan grave la dependencia y el control social que crea la mercantilización absolutizada que la califica de nueva y múltiple esclavitud. Recuperar para los que la tenían y conseguirla para los que van entrando en la vida y a la vez en el sistema es un proceso arduo de liberación, no sólo porque hay que poner en ello con toda densidad lo más humano de uno sino por los obstáculos tan formidables que hay que vencer.

Para el papa ésta tiene que ser una responsabilidad compartida no sólo por todos los que intervienen en la producción sino por todos los seres humanos porque a todos nos alcanzan sus afectos. Y porque a todos nos afecta un modo de producción tan inhumano.

El quinto capítulo enfrenta la oposición más extrema entre lo que está sucediendo y la propuesta cristiana: la guerra que mata y destruye, y el amor, la actitud propiamente humanizadora que tiene que convertirse en civilización.

La primera constatación es que la guerra se ha normalizado y por eso ya no conoce condiciones ni límites y esto sucede por la absolutización de las potencias y en ellas de las grandes corporaciones y financistas. Desgraciadísimamente ha desaparecido del horizonte el multilateralismo, las normas consensuadas por todas las naciones y la cooperación entre ellas, que surgió como respuesta superadora a la devastación de la guerra mundial. La guerra se ha normalizado. Es una mera muestra de realismo. Se confunde la realidad con la institucionalización del predominio en muy pocas manos de la ciencia, la técnica y el poder. Se da como asentado que unos mandan y otros deben estar sometidos a sus dictados.

Frente a este estado de cosas tan catastrófico, el papa nos llama a construir la civilización del amor. Como se ve, esta palabra no tiene cabida en lo que acaba de describir; pero es la única actitud que asumida y compartida y hecha vida puede superarla. Por eso es insustituible.

Frente a los pocos que pretenden llevarlo todo a su provecho, el papa asienta que todos podemos dar nuestro aporte. Lo más elemental es desarmar nuestras palabras, desde las que nos decimos a nosotros mismos y las que expresamos en familia y entre compañeros hasta las institucionales y las de los medios.

La paz no existe; por eso tenemos que construirla y el papa insiste que no se puede construir una paz verdadera, es decir expresión de humanidad, si no está basada en la justicia, no la meramente legal sino hacer justicia a la realidad que está articulada y que es personal y personalizadora. Como el punto de partida es que la realidad está destrozada hay que mirar ante todo a las víctimas: a ellas ante todo hay que hacerlas justicia: tanto las que están simplemente fuera, como las que están tan abajo que no tienen como vivir, como las que están excluidas de toda participación, como a las que de un modo u otro se las ha violado expresamente.

Y todo esto hay que hacerlo desde la realidad: desde lo que hoy es posible, que, al levarlo a cabo, suscita nuevas posibilidades.

Y no basta con lo que hace cada quien y cada grupo. Hay que relanzar el diálogo y éste tiene que subir a esferas cada vez más amplias hasta llegar a la diplomacia entre naciones que vuelva a dar paso al multilateralismo.

Como se ve abarca todo el espectro de lo que podemos hacer entre nosotros. Pero para el papa eso no bata: es in dispensable orar a Dios  que es el autor de la paz de fondo y el más interesado en ellas. Y esa oración tiene que darnos la esperanza en que todos nuestros afanes no serán ilusos.

Nuestra esperanza está fundada en que Dios envió a su Hijo único a que se hiciera no sólo un ser humano sino a que asumiera la magnífica humanidad que consistió en hacerse Hermano de todos, llevarnos realmente a todos en su corazón y vivir para nosotros jugándose la vida en que tuviéramos esa vida fraterna. Al parecer fue vencido por los que excluían esa propuesta; pero su Padre lo recreó en su seno donde nos lleva a todos en su corazón y no entregó su Espíritu para que con él, que es el Amar devino humanado, lo sigamos haciendo nosotros. Esa es nuestra responsabilidad.

Entradas relacionadas
Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios
Oldest
Newest Most Voted
Inline Feedbacks
Ver todos los comentarios
0
Me encantaría saber tu opinión, por favor comenta.x
()
x
Nuestros Grupos