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Amenazas iliberales

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Por  Félix Arellano

Nuestra región con una intensa red de relaciones históricas, culturales, sociológicas y religiosas, ha tratado en las últimas décadas de construir un marco de relaciones económicas más estrechas y dinámicas, empero, factores fundamentalmente políticos e ideológicos lo están obstruyendo. Tal experiencia evidencia el fracaso de las tesis reduccionistas, que asumen a las fuerzas económicas como las determinantes de los procesos sociales.

En la región, por el contrario, es la política la que en algunos momentos ha promovido la temática económica y comercial, con proyectos de integración económica un tanto forzados y distantes de las realidades nacionales. Pero en estos últimos años, la fragmentación, polarización y radicalización del panorama político, está limitando seriamente las posibilidades de avanzar en la conformación de un mercado ampliado, sostenible y sustentable en nuestra región.

Las tendencias populistas, autoritarias e iliberales que avanzan en varios países de la región están afectando tanto las relaciones económicas, como políticas. Los valores liberales que fueron desarrollándose con la caída del militarismo y ascenso de nuevas democracias, cargadas de expectativas libertarias, la defensa de la institucionalidad democrática y los derechos humanos, están enfrentando la amenaza de las visiones iliberales tanto en el plano nacional, como internacional.

La defensa de la institucionalidad democrática y la conformación de un sistema hemisférico sólido en materia de derechos humanos, constituyeron por varios años banderas fundamentales, que unificaban la actuación internacional de un gran número de países en la región; pero, la situación está cambiando y, en los últimos años, con el populismo, el autoritarismo y las visiones iliberales en ascenso, se sienten los negativos efectos en la erosión de los sistemas democráticos y la violación de los derechos humanos fundamentales.

Se va posicionando una visión iliberal de la política que amenaza las libertades internas, pero también ataca el orden internacional liberal, pregonando un orden multipolar cargado de contradicciones, que en el fondo aspira eliminar cualquier mecanismo de control o sanción internacional a las prácticas autoritarias. Un nuevo orden multipolar, que se acompaña con el desmantelamiento de los derechos humanos por su carácter individualista, sustituidos por unos “derechos colectivos” sujetos a la discrecionalidad de quienes detentan el poder.

La nueva estructura internacional que se trata de imponer no se corresponde con la esencia de la multipolaridad, pues rechaza la diversidad y la inclusión. Se trata de vincular los ideológicamente afines y eliminar espacios a la sociedad y a los ciudadanos.

Todo indica que el objetivo es la construcción de una arquitectura autoritaria, justificada en una narrativa de la lucha contra la hegemonía de los Estados Unidos.

El autoritarismo iliberal está generando fisuras complejas en la región, como se puede apreciar en los ataques del mal llamado progresismo, contra el presidente Gabriel Boric de Chile, por su sólida defensa de los derechos humanos, campaña que promueven el tenebroso dúo Ortega-Murillo desde Nicaragua.

También en el plano económico, en particular en el ámbito de la integración económica, se están evidenciando los efectos perversos de las visiones iliberales. En este ámbito, el ataque ha sido intenso y, como es usual, profundamente manipulador. Con el argumento del rechazo a la integración neoliberal, carente de sensibilidad social, los movimientos populistas, autoritarios e iliberales han desarrollado un ataque sistemático contra los procesos de integración, que está dando como resultado una mayor fragmentación y desintegración en la región.

Entre las contradicciones de la narrativa iliberal destaca el asumir que la apertura comercial y la integración económica, en especial, las zonas de libre comercio, son las causas fundamentales de los problemas sociales en la región. Es cierto que la apertura comercial puede generar efectos adversos en algunos sectores, pero no se puede desconocer sus beneficios en la generación de bienestar social.

Por otra parte, los problemas que puede generar la integración económica se deben enfrentar incrementando los mecanismos de integración, entre otros, con la incorporación de mecanismos de equidad, de protección temporal y con los incentivos necesarios para avanzar en productividad y competitividad.

El autoritarismo ideológico no profundiza en el tema, por el contrario, lo manipula para justificar sus anacrónicas y fracasadas soluciones, que empobrecen la sociedad para facilitar el control social y, en consecuencia, perpetuarse en el poder.

En este contexto, cabe destacar que se cuestionan los esquemas de integración, con el objetivo de debilitarlos, pero no se promueve un proceso de revisión y reingeniería, por el contrario, se propicia una nueva institucionalidad, definida como postliberal sumisa ante el autoritarismo.

En el caso de la Comunidad Andina el retiro de Venezuela por razones fundamentalmente ideológicas y luego la polarización del resto de los países miembros, unos orientados a una mayor apertura (Colombia y Perú) en el marco de la Alianza del Pacifico; otros con una posición más proteccionista (Bolivia y Ecuador), está dando como resultado el estancamiento del proceso.

También el Mercosur enfrenta las consecuencias de las contradicciones iliberales; no obstante que la normativa prevista en el tratado fundacional de 1991, privilegia la apertura del mercado, en la práctica los avances han sido limitados, y la ideología está marcando la pauta. La tendencia ideológica logró su mayor ímpetu con el irregular ingreso de Venezuela como miembro pleno, propiciando una larga y compleja diatriba política, en detrimento de los derechos humanos y la institucionalidad democrática.

Luego, de la suspensión del gobierno venezolano del bloque, con la aplicación de la cláusula democrática del Mercosur (Tratado de Ushuaia), no se superó el enfrentamiento político ideológico, pues el bloque se ha polarizado entre los países que aspiran una apertura comercial más dinámica y profunda (que actualmente lidera el gobierno del Uruguay) y los que asumen posiciones más conservadoras en materia comercial, con una marcada influencia del gobierno argentino de Alberto Fernández.

La crítica de las corrientes iliberales contra la apertura comercial y la integración económica, ha resultado desequilibrada y manipuladora. Por una parte, menosprecia las bondades de tales procesos, que pueden generar en la atracción de inversiones, generación de empleo y diversificación de las capacidades exportadoras.

Por otra parte, resulta manipuladora pues no busca soluciones a los problemas; por el contrario, exacerba los problemas. No se trata de superar la pobreza o la exclusión, se utilizan esas realidades para justificar el desmantelamiento de las instituciones liberales e imponer dinámicas autoritarias que permitan un control más efectivo del poder.

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Este artículo fue publicado originalmente en TalCual Digital.

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