En un firme llamado a la acción, la Santa Sede, a través de su Observador Permanente ante la Organización de Estados Americanos (OEA), Monseñor Juan Antonio Cruz Serrano, destacó la necesidad urgente de garantizar los derechos de las mujeres y promover su dignidad en todos los niveles de la sociedad. Durante su intervención en el Consejo Permanente de la OEA, en el marco de la conmemoración del Día de la Mujer en las Américas, Cruz Serrano subrayó que “la sociedad tiene una deuda histórica con las mujeres” y enfatizó que es imperativo erradicar la violencia, la discriminación y las barreras que limitan su pleno desarrollo.
El Día de la Mujer en las Américas, que se celebra cada 18 de febrero, fue instituido en 1982 por la Asamblea General de la OEA para honrar la creación de la Comisión Interamericana de las Mujeres (CIM) en 1928. Esta comisión fue pionera en abordar los derechos civiles y políticos de las mujeres en el continente, marcando hitos como la primera resolución internacional sobre el sufragio femenino y el reconocimiento de los derechos políticos y civiles de las mujeres.
El multilateralismo como herramienta clave
En su discurso, Monseñor Cruz Serrano destacó el papel esencial del multilateralismo y la cooperación internacional para avanzar en los derechos de las mujeres. “La cooperación entre naciones debe traducirse en acciones concretas que no solo formulen políticas, sino que también garanticen su implementación efectiva”, afirmó. Según el representante de la Santa Sede, los foros multilaterales tienen una responsabilidad crucial en garantizar igualdad de oportunidades y en reconocer el impacto transformador de las mujeres en la sociedad.
El Observador Permanente también hizo eco de las palabras del Papa Francisco en su encíclica *Fratelli tutti*, donde se señala que “la organización de las sociedades en todo el mundo todavía está lejos de reflejar con claridad que las mujeres tienen exactamente la misma dignidad e idénticos derechos que los varones”. Cruz Serrano advirtió que, aunque se han logrado avances significativos, persisten barreras sociales, económicas y culturales que frenan el desarrollo pleno de las mujeres.
El papel transformador de las mujeres
Durante su intervención, Monseñor Cruz Serrano puso especial énfasis en el rol invaluable que desempeñan las mujeres, particularmente en contextos de conflicto. “Las mujeres son mediadoras, luchadoras y protectoras de nuestro futuro”, afirmó. Asimismo, destacó su contribución en áreas como la transmisión y cuidado de la vida, la estabilización de las familias y la construcción de una sociedad más justa.
Sin embargo, el delegado vaticano también reconoció que estas contribuciones a menudo han sido invisibilizadas o subestimadas. Por ello, instó a los organismos multilaterales a redoblar esfuerzos para erradicar todas las formas de violencia contra las mujeres, garantizar su acceso universal a la educación y la salud, y reconocer el valor del trabajo no remunerado que realizan muchas mujeres en sus comunidades.
Compromiso con un futuro igualitario
La Santa Sede reafirmó su compromiso con una justicia que promueva una vida digna para todos, “sin exclusiones, violencia ni discriminación”. Cruz Serrano abogó por crear espacios donde las mujeres puedan ser protagonistas activas de sus propios destinos, en armonía con sus comunidades y con el medio ambiente. “Solo así podremos asegurar un futuro basado en la igualdad, la dignidad y el respeto para todas”, concluyó.
Un llamado a saldar una deuda histórica
El mensaje de Monseñor Cruz Serrano resuena como un recordatorio contundente del trabajo pendiente. A pesar de los avances logrados desde la creación de la Comisión Interamericana de las Mujeres hace casi un siglo, queda mucho por hacer para garantizar que los derechos y el potencial de las mujeres sean plenamente reconocidos y promovidos.
El Día de la Mujer en las Américas no solo es una fecha para conmemorar los logros alcanzados, sino también una oportunidad para reflexionar sobre los desafíos persistentes. La Santa Sede, al alzar su voz en defensa de las mujeres, subraya que el compromiso con su dignidad no es opcional: es una obligación moral y un paso imprescindible hacia un mundo más justo e inclusivo.
En palabras del propio Monseñor Cruz Serrano: “La deuda histórica con las mujeres solo podrá ser saldada cuando trabajemos juntos por un cambio real y duradero”. Una invitación clara a transformar palabras en acciones concretas.
Versión de nota de Vaticans News