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Edificio Centro Valores, local 2, Esquina de la Luneta, Caracas, Venezuela.

Setenta años de la UCAB

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Por Luis Ugalde

En octubre de 1953, hace 70 años, nacía como niño indigente y desvalido la Universidad Católica. En ella emerge el árbol frondoso que es hoy con más de 50.000 egresados, de pre y posgrado, donde además han puesto su nido acogedor decenas de diplomados prontos a responder a las necesidades del país.

¿Contrarios o complementarios?

En la Asamblea Constituyente de la naciente democracia en el “Trienio Adeco” (1945-48) se escucharon algunos oradores vehementes que exigían la expulsión de los jesuitas y no faltó en el Ejecutivo algún proyecto para expulsar y liberar al país de la amenaza jesuita; mientras unas pocas decenas de ignacianos estaban ligeros de equipaje para salir al exilio. En esos mismos años, el jesuita Carlos Guillermo Plaza tenía el firme propósito de crear una universidad católica, aunque carecía de todo: no había autorización legal, ni edificio con dotación adecuada, ni personal cualificado, ni presupuesto. Pero la voluntad del jesuita caraqueño y su visión sobre la necesidad universitaria venezolana eran más fuertes y logró vencer las objeciones razonables y los obstáculos. 

Hay preguntas no respondidas: ¿Por qué la universidad privada y católica estuvieron fuera de la ley en Venezuela durante casi siglo y medio de vida republicana? ¿Por qué los jesuitas eran considerados malignos y peligrosos para el país?

El hecho es que se fueron venciendo los obstáculos y objeciones que habían en la propia Iglesia y entre los jesuitas, para el nacimiento de la Universidad Católica. El ministro de Educación, José Loreto Arismendi, logró abrir un huequito en la Constitución para que cuando el Ejecutivo considerara oportuno, pudiera abrirse una universidad privada. Discretamente, la Universidad Católica empezó a caminar en octubre de 1953, una semana después de la Santa María. Para valorar el acierto de esa iniciativa sería interesante que las decenas de miles de egresados pudieran decirnos con qué entraron a la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y con qué salieron. Meses después de su apertura las autoridades sumaron el nombre de don Andrés Bello a esa audaz expedición de la Universidad Católica.

Hace 70 años parecía una herejía republicana, que rompía la creencia de que solo la universidad de iniciativa y de financiamiento estatal podía ser positiva para el país. Hoy decenas de universidades privadas –la mayoría de ellas católicas– demuestran su importancia en la actual tragedia de estatismo fracasado. La UCAB no desentona en el variado concierto de las universidades con libertad de pensamiento y de creatividad.

¿Qué universidad para qué sociedad?

La Universidad Católica es una universidad plural que no impone prácticas religiosas, pero que brinda libremente la inspiración del Evangelio y se esfuerza por unir ciencia y conciencia al servicio de la vida humana en sociedad justa. Desde el primer día enseña al estudiante a mirar la realidad nacional, a escucharla y a servirla. Una universidad que no quiere formar profesionales exitosos para países fracasados, sino que vive la pregunta envolvente “¿qué universidad queremos para qué país?”. Ahí está la fuerza ética para que en Venezuela no haya excluidos de la vida digna, sino mujeres y hombres preparados y motivados para el trabajo productor de ciudadanía y de bienes y servicios. 

La primera definición ética y con mayúscula es la apuesta por rescatar nuestro país con millones condenados a la pobreza y al exilio, con una sociedad civil organizada y capaz de señorear al Estado como un instrumento y no como dictador.

Más allá de la estructura curricular de cada carrera, vemos que Venezuela necesita ojos y corazón solidario que mire a la sociedad desde los más pobres y no de arriba abajo desde el privilegio y monopolio del poder.

La UCAB en los últimos años ha desarrollado iniciativas especiales para acentuar esa visión solidaria del país. Así, en plena crisis de la democracia en 1993, convocó al primer Encuentro de la Sociedad Civil, donde profesionales de las más diversas tendencias se reunieron para encontrar salidas al naufragio nacional que se veía venir. Otra iniciativa educativa construyendo puentes de encuentro con los sectores más pobres es el Parque Social, rostro de la UCAB que mira a los barrios en encuentro y fortalecimiento de los más necesitados con servicios jurídicos, educativos, psicológicos… Que las comunidades vengan a la UCAB y que ésta, con sus estudiantes y profesores, suba cerro para el abrazo incluyente de los venezolanos. 

En la actual tragedia de derrumbe de los servicios públicos de salud y la inasequibilidad de los servicios privados para la mayoría de la población, tal vez el mayor éxito ha sido el Centro de Salud Santa Inés. Hace unos 15 años un visitante amigo vasco me expresó su extrañeza al ver un centro de salud en una universidad sin facultad de medicina. “Pero tenemos carreras de gerencia y de administración” –le dije– “y queremos aportar novedosos modos de gestión mixta que lleguen a los más necesitados, apoyados en la conciencia social que tienen muchos médicos y enfermeras”. 

El tiempo ha dado razón a la UCAB: ahora más que nunca tenemos que encontrar modos heterodoxos para que la Universidad sea escuela práctica preparadora de creadores de la sociedad que deseamos y necesitamos a gritos. La solidaridad no puede ser monopolio exclusivo del Estado, sino que es la sociedad civil, cristiana y humana, la que, ante el evidente fracaso estatal, tiene que rescatar los servicios públicos, reconstruir los puentes sociales y recrear un Estado menor, más eficiente y honesto. 

¡Felicidades UCAB!

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