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Edificio Centro Valores, local 2, Esquina de la Luneta, Caracas, Venezuela.

Salve al oso

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Noel Álvarez*

Todo el mundo observa con preocupación lo que está ocurriendo con los osos polares en el Océano Ártico. Igual inquietud genera el peligro que se cierne sobre su homónimo que tiene su hábitat en la superficie de la botella verde y en el envase de aluminio porque cada vez son más  escasos su exhibición y consumo. El Océano Ártico es una de las regiones del planeta más afectadas por el cambio climático. El hielo fundido allí ha hecho que se pierda una superficie que los expertos estiman en cientos de miles de kilómetros cuadrados en las últimas décadas.

A medida que las temperaturas aumentan, el hielo marino estacional se derrite más temprano y retorna más tarde, obligando a los osos polares a sobrevivir más tiempo en verano, solo con la grasa corporal almacenada. De igual manera, muchos ciudadanos de nuestro país tendrán que vivir de su grasa almacenada, antes de las navidades, porque los perniles lusitanos se quedaron allende el océano, Maduro dixit.

Este tipo de oso puede llegar a pesar hasta 700 kilos, por lo que necesita mucha comida para sobrevivir. Se alimenta sobre todo de focas, morsas y ballenas, pero también de peces, pudiendo consumir decenas e incluso cientos de kilos de carne en una sola comida. Ante la falta de alimentos en su hábitat es frecuente que estos animales carnívoros persigan los olores de los alimentos provenientes de zonas de presencia humana.

Actualmente hay 5 de las 19 especies de oseznos en un estado de vulnerabilidad. Esto se debe al descenso en números de su población. “Si eso continúa, muy pronto se habrán extinguido”, dice Luis Suárez, responsable de especies del Fondo Mundial para la Naturaleza.  Nunca ha habido restricciones para la caza del oso polar y este ha sido perseguido por décadas. No sería aventurado afirmar que el desafío de cazar esta especie es un reto inspirador para los cazadores de todo el mundo. Igual pareciera suceder en un país caribeño, donde  ya se acumulan 18 años de feroz cacería en contra del popular oso, odisea que ha coartado su crecimiento.

Un equipo de biólogos de National Geographic captó en agosto del 2017 la escena de un animal desnutrido y famélico buscando alimento entre la basura de un Ártico sin hielo ni nieve. Este animal moribundo se ha convertido en un símbolo de la importancia de hacer frente al calentamiento global. Sin embargo, otras voces han manifestado críticas hacia los autores del material por no hacer nada por salvarle la vida al oso, lo que ha obligado al medio de comunicación a publicar más detalles y aclaraciones sobre la historia.

“La delgada estructura del oso, los huesos protuberantes y los músculos atrofiados son claros indicadores de que llevaba un tiempo prolongado muriéndose de hambre. Sin una necropsia no es posible saber si tenía alguna enfermedad o parásitos”, expresa el científico  jefe de la organización Polar Bears International, Steven Amstrup, quien añadió: “el oso está claramente desnutrido y con síntomas de inanición”.

“No hay dudas respecto a cuál es su principal amenaza: la pérdida del hábitat”, afirma Suárez. La falta de suficiente hielo y la fragmentación y dispersión del mismo dificultan al oso el acceso a su alimento, que sobre todo son focas que se paran a descansar en la superficie. También afecta a las crías, que se ven obligadas a nadar distancias más largas y ello incrementa las muertes por agotamiento, ahogamiento y frío. El oso polar está indefenso por lo que requiere ayuda; el caribeño tiene la solución entre sus manos.


*Coordinador Nacional IPP-GENTE

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