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Mortal oficio

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Noel Álvarez*

Hace más de un siglo el periodismo aun iba en pañales cuando un joven húngaro llamado Joseph Pulitzer desembarcó en Estados Unidos para luchar en la Guerra de Independencia norteamericana. Con serios problemas de visión, Pulitzer apenas entró en combate; sin embargo, consiguió dejar su huella en la historia. Aquel inmigrante que cruzó el Atlántico sin saber hablar inglés se convirtió en el mayor magnate de la prensa estadounidense y mundial.

Las aportaciones de Pulitzer lo convirtieron en el padre del periodismo de masas.  Vivía casi todo el tiempo en una embarcación y logró convertirse en una figura legendaria y exótica. Una de sus frases más famosas fue: “La prensa libre debe abogar siempre por el progreso y las reformas. Nunca tolerar la injusticia ni la corrupción. Luchar contra los demagogos de todos los signos. No pertenecer a ningún partido. Oponerse a los privilegios de clases y al pillaje público. Ofrecer su simpatía a los pobres y mantenerse siempre devota al bien público”. 

Pulitzer también dijo: “El periodista no es el gerente comercial o el editor, y ni el mismo propietario de un periódico. El periodista es el vigía en el punto del comando del navío del Estado. Él observa la vela que pasa, las pequeñas señales que surgen en el horizonte. Él informa sobre el náufrago que aparece a la deriva y este puede ser puesto a salvo. Él investiga, a través de la nieve y de la tempestad, para avisar sobre los peligros que están al frente. Él no está pensando en su salario o en el lucro de la empresa. Él está allí para cuidar de la seguridad y el bienestar de las personas que en él confían”.

En nuestros días, ejercer el noble oficio del periodismo, en algunos países, connota la posibilidad cierta de ser perseguido, encarcelado o asesinado, motivo por el cual ha pasado a considerarse una de las profesiones más peligrosas del mundo. Desde 2006, cerca de mil comunicadores han sido asesinados en todo el planeta. Un total de 65 periodistas murieron en el mundo durante 2017, señaló en su informe, del pasado mes de abril, la organización Reporteros Sin Fronteras. Siria y México son los países más difíciles y peligrosos para ejercer la profesión donde los criminales los tienen como “polígono de tiro”.  “Los periodistas asesinados, desaparecidos, encarcelados, torturados, agredidos o amedrentados son la cara visible de esas violaciones de la libertad de información, la historia con nombre y apellido de los intentos de imponer un silencio unilateral”, relata el informe.

Reporteros Sin Fronteras nunca ha dudado en señalar a los autores intelectuales de los crímenes contra comunicadores, así como también, a quienes empuñan el cuchillo o la pistola que acaba con sus vidas. Denuncian a quien instiga los asesinatos, a quién ordena amordazar a un periodista, o quién decide cerrar un medio de comunicación. La organización advierte que la frontera entre la violencia verbal y la física es cada vez más difusa en algunos países. En Eslovaquia, donde murió asesinado el joven periodista, Jan Kuciak, el primer ministro, Robert Fico que dimitió tras la muerte del reportero, llegó a referirse a los periodistas como “sucias prostitutas antieslovacas”, además de “idiotas” o “hienas”.

La prensa libre es fundamental para la promoción y difusión de los valores que sustentan la constitución del Estado social y democrático de derecho.  En la Carta Magna venezolana se reconoce la libertad de expresión e información como un derecho fundamental; se prohíbe la censura previa y se protege: el libre acceso a las fuentes noticiosas, el secreto profesional y la cláusula de conciencia del periodista.

*Coordinador Nacional del Movimiento Político GENTE

 

 

 

 

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