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Fieles en lo poco

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«Quien es fiel en lo poco también es fiel en lo mucho; y quien es injusto en lo poco también es injusto en lo mucho. (Lc 16, 10).

Es curioso cómo la Providencia, que suele preferir obrar en el silencio y los rincones discretos, decide a veces encender un foco sobre lo que el mundo considera ordinario o insignificante. Se nos ha enseñado que la caridad no debe hacer alarde, que la mano izquierda debe ignorar lo que hace la derecha; y, sin embargo, hay gestos que poseen una luz tan nítida que terminan por filtrarse a través de las rendijas del universo digital para recordarnos verdades antiguas.

En las últimas semanas, dos hombres, que no tenían entre ellos otro vínculo que el de la bonhomía, cuyas vidas transcurrían en la periferia de la atención pública, se han convertido en espejos donde nos hemos visto reflejados, acaso con cierta vergüenza ante nuestras flagrantes omisiones, pero con un atisbo de esperanza en que nunca es demasiado tarde para hacer lo correcto y que nada es demasiado poco cuando se trata de hacer el bien. No son héroes de grandes gestas, sino de ese pequeño deber cotidiano que, cuando se hace con generosidad, adquiere dimensiones eternas.

Por un lado está Richard Pulley, de Manchester, Tennessee[1]. A sus 78 años, Richard no debería estar subiendo escalones con una bolsa de Starbucks en la mano para entregar un delivery, sino descansando merecidamente del largo camino de la vida. Pero la realidad es no pocas veces dura e impredecible: su esposa padece una enfermedad renal crónica y, tras perder ella su empleo, Richard se vio en la necesidad imperiosa de volver a las labores porque la jubilación no alcanzaba para cubrir los medicamentos y el alquiler.

Hace poco, una cámara de seguridad captó su esfuerzo pausado, ese apoyarse en la barandilla con la paciencia de quien sabe que el cumplimiento del deber es, en el fondo, un acto de amor. Richard no buscaba el aplauso de las redes; buscaba hacer todo lo que estuviera en sus manos por su compañera de toda la vida. Su fragilidad, esa injusticia de ver a una persona mayor sacrificándose en silencio, paradójicamente expuesta ante el mundo a su pesar en ese video, despertó una corriente de solidaridad que se acercaba ya al millón de dólares cuando escribía estas líneas[2], permitiéndole finalmente «retirarse a descansar», como rezaba el título de la campaña[3].

Luego encontramos a Dan Simpson, de Boise, Idaho, totalmente ajeno a que su alma de oro puro iba a quedar expuesta ante el mundo merced a otra ubicua cámara de seguridad[4]. Una leve omisión en la logística de la pizzería para la que hacía entregas desde hacía años —una simple botella de refresco que faltaba en el pedido— habría sido para cualquier otro una disculpa menor ante algo sin importancia. Para Dan, de 68 años, y a dos semanas de retirarse, fue una oportunidad de seguir haciendo su oficio con perfección. Sin que nadie se lo pidiera, se detuvo en una tienda, compró el producto con su propio dinero y completó la entrega.

Lo que Dan ignoraba en ese momento es que su cliente, Brian Wilson, y su esposa eran personas con discapacidad visual. Para ellos, salir a la tienda por un olvido no hubiera sido un trámite, sino una complicación mayor. El gesto de Dan no fue sólo «buen servicio», fue un acto de providencia para alguien que realmente lo necesitaba. Lo que más conmueve -sobre todo a nosotros, que queremos que se nos pague de inmediato con creces el poco bien que hacemos- es su humildad posterior: al recibir el agradecimiento y ofertas de propinas extra, Dan insistió en que lo ya recibido era «muy generoso». Es la estampa del hombre que no se siente dueño de los favores que reparte, sino un simple administrador de la regla de oro: haz con otro como quisieras que hicieran contigo. Sin embargo, el bueno de Brian, y quién puede culparlo por eso, se las arregló para obligar a Dan a recibir su propina extra e invitar a otros a darle una también, y ya llevaba casi 150.000 dólares recaudados[5].

En ambos casos, la lección es de una claridad tan enceguecedora  que nos interpela en lo más hondo. Nos cuesta reconocer la invitación del Señor a la fidelidad en lo pequeño de nuestras propias rutinas, perdidos en la ambición de las grandes gestas que tal vez nunca lleguen, pero lo entendemos de inmediato cuando vemos a otro ser fiel en lo mínimo. Quizás ser fieles en lo poco significa exactamente eso: hacer las cosas pequeñas de la tierra con la mira puesta en las cosas grandes del cielo, con una generosidad que no busca recompensa, que es la única verdadera generosidad.

A veces pensamos que la santidad o la integridad son cimas reservadas para crisis heroicas. Pero la realidad —ese zarpazo que en palabras de Truman Capote es lo que dota a la ficción de arte y vida— no sería nada sin la precisión del obrar humano concreto. Esa fibra del alma que se acrisola al poner un poco más, aunque nos cueste, en las cosas más pequeñas de la vida: en poner algo de nosotros mismos en el simple acto de entregar una pizza o en el ascenso fatigoso de una escalera cuando somos mayores para ganar unos centavos extra por amor a un ser querido.

Estos dos hombres, al conformarse con su paga y dar más de lo esperado, han recibido el ciento por uno, aquí y en la vida eterna, escribiendo con sus vidas una parábola inefable. Nos recuerdan que el heroísmo silencioso no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en poner siempre un poco más en lo ordinario. La Providencia los sacó a la luz no para darles fama sino para darles gloria, y para que también nosotros recordemos el peso sagrado de nuestra propia y pequeña fidelidad cotidiana y silenciosa. Esa que, según la palabra del profeta, promete a los que enseñan la justicia brillar «como las estrellas por toda la eternidad» (Daniel 12, 3).


[1] Global News. (2026, 13 de marzo). More than $500K raised for 78-year-old DoorDash driver forced out of retirement. https://globalnews.ca/news/11729605/doordash-driver-richard-pulley-gofundme-donations-retire-tiktok-video/

[2] https://www.gofundme.com/f/give-richard-a-chance-to-rest-again

[3] CBS Evening News. (2026, 15 de marzo). Nearly $1 million raised for 78-year-old DoorDash driver who had to end retirement [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=EYOPQadF-mg

[4] The Spokesman-Review. (2026, 31 de marzo). ‘This can’t be real’: Boise pizza delivery man’s gesture earns, oh, 80,000% tip. https://www.spokesman.com/stories/2026/mar/31/this-cant-be-real-boise-pizza-delivery-mans-gestur/

[5] https://www.gofundme.com/f/tip-for-dan-the-pizza-mans-retirement

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