Por Félix Gerardo Arellano

Los más recientes procesos electorales o consultas nacionales en la región han estado marcados por el ascenso de una polarización radicalizada y el progresivo desvanecimiento del centrismo. Lo paradójico es que, en la mayoría de los casos, las experiencias de gobiernos radicales han fracasado, confirmando la necesidad de desarrollar agendas y posiciones de centro para generar bienestar, fortalecer la institucionalidad democrática, las libertades y los derechos humanos.

La pasión que generan las posturas radicales está absorbiendo al ciudadano, condicionando sus posiciones políticas y electorales. Adicionalmente, las posturas ideológicas están cercenando la capacidad de pensar. Los radicalismos avanzan en la región, generando inestabilidad e incertidumbre.

Brasil resulta un caso significativo, el pueblo se ha polarizado en dos visiones extremas, que han evidenciado sus profundas debilidades en el ejercicio del gobierno; empero, no se observa espacio para posiciones de centro. Los partidos tradicionales tienden a desaparecer y las pasiones extremistas se incrementan. En Colombia también avanza el fantasma del radicalismo. Con interesantes liderazgos y movimientos políticos de centro, en la pasada elección nacional, el país optó por la polarización radicalizada entre dos posiciones duras: Rodolfo Hernández y Gustavo Petro.

La gran mayoría del país se inclinó por la propuesta radical de Gustavo Petro quien, en sus primeros días de gobierno, parecía avanzar en el camino acertado de promover una gestión de centro, dialogante e incluyente; empero, con los días el radicalismo se impone, aspira de forma acelerada realizar cambios profundos, que requieren reflexión y negociación. El giro autoritario que se está iniciando solo proyecta una mayor tensión e inestabilidad para el país.

Perú tiene un largo tiempo enfrentando un clima de polarización, que se ha exacerbado con la pasada elección de Pedro Castillo como presidente. Su errática gestión terminó con la aprobación, por parte del Congreso, de la moción de vacancia, prevista en el ordenamiento constitucional. Conviene destacar que el presidente Castillo propició su destitución, con el absurdo intento de golpe de estado. En estos momentos, el ambiente político peruano se presenta fragmentado, carente de liderazgo y con una marcada tendencia al radicalismo polarizante y paralizante.

En ese contexto, es previsible que en las próximas elecciones nacionales se repita el enfrentamiento de los sectores conservadores bajo el liderazgo del partido Fuerza Popular de Keiko Fujimori y el radicalismo marxista de Perú Libre, que ha logrado un mayor posicionamiento en el país con la crisis de Pedro Castillo. Un panorama nada alentador para el pueblo peruano, que termina enfrentando las consecuencias de las erráticas políticas de los partidos radicales.

Por otra parte, también en Ecuador se reproduce la tendencia, pues el Congreso está iniciando el juicio político contra el presidente Guillermo Lasso, promovido por partidos políticos fieles al radicalismo de Rafael Correa. Resulta previsible que, en las próximas elecciones nacionales, el debate se concentre en el choque de las posiciones extremas, que además ya han demostrado su incapacidad para desarrollar un gobierno equilibrado, incluyente y próspero en beneficio del país.

En estos momentos el caso más relevante puede ser Chile, que ha experimentado varios procesos electorales y consultas nacionales y la polarización radicalizada se está posicionando en el escenario, al punto que, de una prosperidad admirable por varios años, ahora el país se presenta con una marcada incertidumbre y potencial inestabilidad política.

Era un lugar común afirmar que Chile, desde la salida de la dictadura, constituía el mejor ejemplo de diversos gobiernos manteniendo posiciones de centro, se trató de los gobiernos de la concertación (Patricio Aylwin, Eduardo Frei, Ricardo Lagos, Michelle Bachelet) que reportaron exitosos resultados en diversos ámbitos de las políticas públicas. Pero el estallido social del 2019, ha representado un punto de inflexión, abruptamente el país observó la deuda social del modelo de crecimiento y, pareciera que, entre sus consecuencias, está el rechazo a la política y los políticos tradicionales, abriendo las compuertas para un radicalismo que está afectando las perspectivas del país.

Varios de los líderes que condujeron las protestas sociales del 2019, caracterizadas por un alto nivel de vandalismo, hoy forman parte del actual gobierno, empezando por el joven presidente Gabriel Boric, cuyo liderazgo se potenció en aquellos episodios, que fueron encauzados con el entendimiento de avanzar en la reforma de la Constitución, que logró un respaldo de un 80% del electorado en la consulta efectuada en octubre 2020.

Para elaborar la Constitución se optó, en primer momento, por la conformación de una Asamblea Constituyente, cuyos miembros fueron seleccionados en elección nacional; un proceso, en el cual de nuevo el radicalismo de izquierda se impone, logrando la mayoría de los 154 miembros que conformaban la Asamblea. Ya conocemos el resultado de ese proceso, que confirma una vez más el fracaso de los radicalismos. Tanto el proceso de elaboración, como el texto producido se podrían calificar como un desastre y el país lo confirmó, rechazándolo con un 62 %, en el referéndum realizado el 4 de septiembre del 2022.

Se rechazó el proyecto de Constitución, pero también se castigó la gestión del presidente Boric; ahora bien, el objetivo de modificar la Constitución se mantiene y, asumiendo posiciones moderadas, el estamento político chileno logró aprobar una nueva hoja de ruta, llamada “Acuerdo por Chile”. El nuevo esquema, en pleno desarrollo, contempla la conformación de un grupo de 50 expertos encargados de redactar un proyecto, que será sometido a la revisión de un Consejo Constitucional conformado por 51 miembros electos popularmente.

Los miembros del Consejo han sido electos el pasado 7 de mayo y la tendencia a la polarización radicalizada se ha fortalecido. El sector conservador poco amigo de la reforma, entre ellos el Partido Republicano de José Antonio Kast contrario al cambio, ha logrado un triunfo contundente. Al respecto, el Partido Republicano ha logrado 23 de los 51 miembros del Consejo, y se pueden sumar a los 11 miembros que logró la derecha moderada; en consecuencia, la nueva Constitución ha quedado en manos de los sectores que rechazaban su reforma, que lograron el poder de veto, con sus 24 miembros en el Consejo.

El país enfrenta un gran desafío para la construcción de gobernabilidad y convivencia. Los sectores conservadores no deberían menospreciar los problemas sociales de fondo, la deuda social del modelo. El manejo de este delicado proceso los podría consolidar para la próxima elección nacional. Por el contrario, mantener en la práctica la narrativa radical que han sostenido hasta el presente, se puede convertir en el camino seguro para nuevas protestas y mayor inestabilidad.

Para el presidente Boric otro duro golpe, pero también una oportunidad para desprenderse del radicalismo que ha limitado su gestión, para algunos es el peso del partido comunista. El presidente tiene la oportunidad para avanzar en un proyecto creativo, incluyente, innovador, sostenible y de alta sensibilidad social, podría ser el momento para marcar la diferencia.

Debemos tener presente que por lo general los pueblos se radicaliza en su narrativa, las pasiones se imponen en el proceso electoral; empero, cuando sus candidatos asumen el poder, se espera un gobierno eficiente, prudente, negociador y con resultados efectivos teniendo muy presente la deuda social, lo que se puede alcanzar asumiendo posiciones y agendas de centro. de equilibrio y de inclusión.

Fuente:

Este artículo ha sido publicado originalmente en Tal Cual Digital. Disponible en: https://talcualdigital.com/el-centro-se-desvanece-por-felix-arellano/