Por F. Javier Duplá, s.j.

El 10 de diciembre de 1948 la Asamblea General de las Naciones Unidas establece los derechos humanos que deben protegerse en el mundo como un ideal común para todos los pueblos y naciones. Es un documento de 30 artículos, que ha sido traducido a más de 500 idiomas y constituye sin duda el mayor fundamento para la libertad, la justicia y la paz en el mundo.

El artículo 1 establece el fundamento y la razón de ser de los derechos humanos: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.” La libertad no significa capricho o libertinaje y la igualdad no depende de género, raza, nación o conocimientos que se tengan. Este artículo debería ser inculcado una y mil veces en la educación de los niños, sea en su familia, en las escuelas y en los medios de comunicación.

El artículo 2 explicita la igualdad de derechos: “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.” Bien sabemos que no hay país en donde se cumpla este artículo totalmente, pero en algunos se pisotea abiertamente en lo referente a la opinión política. En nuestro país no se cumple el artículo 9 que dice que nadie podrá ser arbitrariamente detenido, hecho preso o desterrado, como lo vemos que ocurre con los que apoyan a la ganadora de las Primarias.

El artículo 3 dice que: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.” Ningún conflicto puede encontrar solución a través de la supresión de vidas humanas. El conflicto de Palestina es un buen ejemplo de ello, en el que Israel pierde apoyo internacional por los bombardeos sobre Gaza. Lo que define al terrorismo no son los actores sino el método, como ocurre con Hamás, que está dispuesto a usar toda astucia violenta para destruir Israel. Por eso puede haber terrorismo de estado o de cualquier institución, si se utiliza la muerte para causar terror en una población civil. Las matanzas generales no caben en un calificativo de defensa justa, sean practicadas por iniciativa propia o como respuesta.

El artículo 12 también resalta por su incumplimiento en muchos países que suscribieron la Declaración, pero no la cumplen:

Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.

La ley les protege, pero no la cumplen los que deben cumplirla.

El artículo 18 dice que:

Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

En España no han permitido una procesión religiosa tradicional, por excusas de no interrumpir el tránsito. El Gobierno de Sánchez se está mostrando cada vez más sectario.

El artículo 23 expresa un derecho que es de los que menos se cumplen en Venezuela:

Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.

Los maestros y profesores ganan sueldos miserables, los más bajos de América Latina, incluyendo Haití. De ahí que tantos han emigrado o buscan un segundo trabajo para poder sobrevivir.

Vale la pena leer calmadamente esta Declaración de los Derechos Humanos. Solo he transcrito unos pocos, pero como están la mayoría de los países lejos de cumplirlos, hay que insistir en darlos a conocer por todos los medios posibles.