Por décadas, Venezuela ha intentado navegar las tormentas de su crisis mediante ajustes superficiales y medidas paliativas que no tocan el fondo. Sin embargo, la realidad nacional ha llegado a un punto de no retorno: el país no necesita un «maquillaje» político o económico; requiere una cirugía profunda. El modelo predominante se ha convertido en una camisa de fuerza que impide cualquier intento de desarrollo y modernización.
Un paréntesis histórico: La lección olvidada
Venezuela experimentó, durante casi tres décadas, un ciclo de crecimiento sostenido que catapultó al país hacia la modernidad. Entre 1950 y 1979, la economía se expandió a una tasa promedio anual del 6,3%, consolidándose como una de las naciones con mejor desempeño y mayor estabilidad del planeta. Este dinamismo cimentó una clase media pujante y se apoyó en una gestión equilibrada de las variables macroeconómicas: una moneda robusta, inflación mínima, solvencia financiera y una mesura fiscal ejemplar.
Sin embargo, a finales de los años 70, ese impulso se quebró, dando paso a un largo período de estancamiento e inestabilidad que se prolonga hasta hoy. Entre 1978 y 1998, el crecimiento se desplomó a un débil 1,7% promedio, marcado por fracturas sociales y económicas profundas como el «Viernes Negro» de 1983 y el «Caracazo» de 1989.
Esta deriva se agravó drásticamente bajo la llamada «Revolución Bolivariana» (1999-2026). A pesar de administrar el boom petrolero más masivo y prolongado de nuestra historia, el país quedó atrapado en una volatilidad extrema. De picos de crecimiento del 18,3% en 2004, se pasó a desplomes catastróficos como el de 2016 (-17%). Esta inconsistencia, hija de un modelo económico expoliador y políticas erráticas, provocó una contracción del 80% del PIB entre 2013 y 2021. Lo que antes fue un referente de progreso mundial, hoy se halla sumido en un colapso cuya reconstrucción demandará el esfuerzo de varias generaciones.
El Capitalismo Rentístico y el colapso del modelo
Para comprender este declive, es imperativo analizar la naturaleza del proceso de acumulación de capital en Venezuela, el cual ha sido, históricamente, de carácter rentístico. El crecimiento dependió de la distribución de esa renta hacia los sectores público y privado. Como bien advertía el pensamiento económico más lúcido del país (Asdrúbal Baptista y Bernard Mommer, entre otros) este modelo entró en una fase de agotamiento terminal hacia finales de los años 70.
Un crecimiento basado únicamente en la renta «carece de futuro» porque no genera diversificación productiva ni ganancias de productividad genuinas. El problema, por tanto, no es solo económico, sino de la estructura misma de la sociedad. Insistir en reformas cosméticas es prolongar la agonía de unos cimientos que ya no sostienen el peso de la modernidad. La verdadera transformación no consiste en administrar mejor la renta, sino en cambiar la fuente misma del progreso.
Espejos del Progreso: Lecciones de la experiencia internacional
El éxito de una nación no depende de su riqueza natural, sino de la calidad de su gobernanza. La experiencia internacional ofrece claves fundamentales para que Venezuela transite hacia un modelo de desarrollo sostenible y moderno:
1. Noruega: La institucionalización del futuro
Noruega es el referente global de cómo un país puede ser inmensamente rico en petróleo sin caer en el autoritarismo, el populismo o la ineficiencia. Su clave no fue el crudo, sino la separación de poderes.
- El Fondo Soberano (GPFG): Creado en los años 90, este fondo recibe los excedentes de la renta petrolera y los invierte globalmente. Noruega solo utiliza una pequeña fracción del rendimiento (cerca del 3%) para el presupuesto nacional.
- Regla Fiscal Estricta: El gobierno tiene prohibido disponer del capital principal del fondo. Esta medida es clave para prevenir la «Enfermedad Holandesa», un fenómeno en el que la entrada masiva de divisas aprecia la moneda local y erosiona la competitividad nacional. Al encarecer las exportaciones y abaratar las importaciones, se genera un proceso de desindustrialización que debilita el aparato productivo y crea una peligrosa dependencia de un solo recurso. En definitiva, esta regla protege a la economía de volverse estructuralmente vulnerable
2. Botsuana: Democracia y Diamantes en África
Botsuana es la prueba de que la institucionalidad puede florecer en contextos de ingresos por materias primas.
- Gestión Transparente: A diferencia de sus vecinos, Botsuana estableció que los ingresos por diamantes debían reinvertirse exclusivamente en bienes de capital: educación universal, salud pública e infraestructura vial.
- Estabilidad Política: Ha mantenido una democracia ininterrumpida desde 1966. Su liderazgo entendió que la riqueza natural es finita y que solo el capital humano garantiza la permanencia del progreso.
3. Malasia: El salto a la manufactura de alta tecnología
En los años 70, Malasia dependía casi totalmente del caucho y el estaño.
- Zonas Económicas Especiales: Atrajeron a gigantes tecnológicos ofreciendo seguridad jurídica y mano de obra calificada. Hoy es un centro global de exportación de semiconductores.
- Acompañamiento del Estado: El Estado no operó las empresas, sino que creó las condiciones (infraestructura y leyes modernas) para que el sector privado compitiera globalmente.
4. Corea del Sur: La obsesión por el capital humano
Devastada por la guerra en los 50, hoy es una potencia tecnológica sin poseer recursos naturales.
- Educación como Seguridad Nacional: Apostaron todo a la formación de sus ciudadanos, transitando de la agricultura a la economía del conocimiento.
- Innovación y Disciplina: Su modelo se basó en la exportación agresiva; si una empresa no era competitiva mundialmente, no recibía apoyo, forzando estándares de excelencia desde el primer día.
Lecciones transversales para Venezuela
Al analizar estos cuatro espejos, surgen tres denominadores comunes que debemos adoptar en un Acuerdo Nacional para construir futuro:
- Aislamiento de la Renta: La política no puede decidir el gasto del petróleo de forma discrecional. Deben existir reglas automáticas de ahorro e inversión.
- Apertura a la Inversión: Ninguno de estos países progresó cerrándose. Todos atrajeron capital extranjero ofreciendo previsibilidad.
- Prioridad al Talento: La riqueza de una nación moderna no está en el subsuelo, sino en lo que sus ciudadanos crean con su intelecto.
Hacia un Proyecto de País: Los pilares de la reconstrucción
Superar la dependencia exige un Proyecto de País que pivote sobre ejes irrenunciables para una transformación productiva real:
- Democracia y Estado de Derecho como Motor Central: La libertad política y el respeto absoluto a la ley no son solo ideales sociales, sino la base de la confianza económica. Una transformación productiva solo es posible bajo un liderazgo con visión de futuro, profundamente comprometido con el desarrollo económico y social, que entienda que la alternabilidad y el control institucional son los únicos antídotos contra la corrupción sistémica del modelo rentista.
- Seguridad Jurídica e Institucional: Reglas claras, no «hombres fuertes». Exige la autonomía real del Banco Central para controlar la inflación, preservar la estabilidad monetaria y fortalecer la credibilidad institucional, además de un Poder Judicial independiente que proteja la propiedad privada y los contratos de largo plazo.
- Capital Humano y Economía del Conocimiento: Reformar el sistema educativo enfocado en una formación de alto nivel, alineado con las demandas tecnológicas del futuro, particularmente en habilidades digitales e Inteligencia Artificial. El rol del líder ya no es «repartir la torta», sino crear las condiciones para que la sociedad sea productiva y competitiva a nivel global.
- Modernización y Transición Energética: Aprovechar estratégicamente las reservas de gas y el potencial de energías renovables, rescatando la infraestructura crítica (luz, agua e internet) mediante inversión mixta.
- Integración Global y Digitalización: Reinsertar a Venezuela en los mercados de capitales internacionales, usando la tecnología para aumentar la eficiencia administrativa y facilitar el ecosistema de emprendimiento.
- Diversificación del Aparato Productivo Nacional: Impulsar la reindustrialización de Venezuela mediante una política industrial de vanguardia. El objetivo es potenciar sectores estratégicos como la agroindustria, la manufactura de alto valor, la economía tecnológica y los servicios avanzados, reduciendo la dependencia petrolera y sentando las bases de una economía competitiva.
El Poder de un Acuerdo Nacional
El progreso real solo ocurre cuando las fuerzas políticas acuerdan un «piso mínimo» de estabilidad. Venezuela requiere un Acuerdo Nacional de largo aliento que blinde políticas de Estado en educación, salud, infraestructura estratégica, manejo responsable de la renta petrolera y aprovechamiento equilibrado de los recursos naturales del país, protegiéndolas de la polarización para permitir inversiones que toman décadas en madurar.
Conclusión: El momento de una nación para todos
La sustentabilidad es un equilibrio entre crecimiento económico, cuidado ambiental y bienestar social. Necesitamos un liderazgo transformacional que no busque el control total, sino inspirar propósitos colectivos hacia metas que trasciendan periodos de gobierno.
Es el momento de construir una nación donde la prosperidad deje de ser un privilegio de pocos y se convierta en una realidad garantizada por instituciones fuertes. Un destino común que nos pertenezca a todos. Solo así garantizaremos que la reconstrucción no sea un alivio pasajero, sino el inicio de una nación moderna, soberana y profundamente democrática.
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