Cada vez que estalla una guerra en el Medio Oriente, Venezuela corre con el siniestro privilegio de recibir un mayor ingreso petrolero. Temerosas de que el petróleo escasee y suban los precios, las principales potencias se apresuran a comprar grandes cantidades de crudos para sus reservas. Esta reacción dispara los precios, lo cual aumenta el ingreso en petrodólares y hace que en Venezuela reaparezcan las expectativas de la sociedad rentista.
Esta historia se ha repetido una y otra vez sin que Venezuela haya aprendido a manejar sin traumas el ciclo de abundancia y escasez. Cuando los precios suben, nos embriagamos en el festín de la abundancia, creemos que la renta petrolera será eterna y no nos preparamos para encarar los tiempos de escasez. Pero cuando los precios se desploman y cae la producción, al gobierno de turno no le alcanza la renta petrolera para importar lo que debiéramos producir y así reaparecen los problemas de escasez e inflación, agravados por los cortes de electricidad, racionamiento de agua, falta de gas, colapso de la salud y la educación, etc. Hundidos en la resaca de la borrachera rentista, nos convencemos de que la era del petróleo llegó a su fin. La lucha por la sobrevivencia nos hace ver el futuro con pesimismo y no nos preparamos para administrar la próxima crisis de abundancia.
Las Cuentas Tuteladas
2026 se presenta como el año más crítico de la Venezuela rentista. Debido a la guerra en Irán los precios del petróleo están subiendo, pero el sistema de licencias de la OFAC impide que el mayor ingreso petrolero llegue directamente a las cuentas del gobierno. Así, el reparto clientelar de la renta no puede ser utilizado por el gobierno como un mecanismo de dominación interna y se convierte en un instrumento de tutela externa.
Según la Orden Ejecutiva 14373 dictada por Trump, los ingresos por ventas del petróleo venezolano se depositan directamente en cuentas del Departamento del Tesoro de EEU, con el argumento de protegerlos de los acreedores que reclaman el pago de cuantiosas indemnizaciones por expropiaciones. Como se sabe, los activos de la República y de Pdvsa están amenazados por las demandas de numerosos acreedores, tenedores de bonos en default o laudos arbitrales de corporaciones extranjeras que pretenden cobrar sus préstamos e indemnizaciones a cargo de los ingresos petroleros.
En esencia, la Orden Ejecutiva 14373 es la base de la arquitectura financiera de EEUU para controlar la producción y venta del petróleo venezolano. EEUU reconoce que el ingreso petrolero es propiedad de Venezuela, pero -con la excusa de proteger el dinero de cualquier sentencia judicial de embargo y, más bien, destinarlo a reactivar la economía venezolana para frenar la migración ilegal-, la Administración Trump actúa como custodio y ordena que la renta petrolera sea depositada en cuentas del Tesoro de EEUU denominadas Fondos de Depósito del Gobierno Extranjero (Foreign Government Deposit Funds).
De allí quela Ordense denomine: “Salvaguardando los ingresos petroleros venezolanos para el bien de los pueblos estadounidense y venezolano”.El decreto de Trump delega en el Secretario de Estado y en el Secretario del Tesoro la facultad de decidir cómo se gastarán estos fondos. El propio Trump ha dicho que buena parte se destinará a comprar alimentos, medicinas, repuestos, maquinarias y equipos estadounidenses. Así pues, con el control del ingreso petrolero nacional, la Administración Trump podrá financiar a los exportadores de EEUU para que recuperen los espacios de negocio e inversión perdidos en Venezuela.
Venezuela puede y debe reivindicar la administración independiente y autónoma del ingreso petrolero. Con ese fin, es necesario convertir las Cuentas Tuteladas en Fondos Soberanos y así preparar al país para la próxima crisis de abundancia. Esto nos impone observar y aprender de otros países que han sabido administrar con inteligencia y sabiduría su riqueza petrolera. Uno de esos casos es el de Noruega.
¿Qué hizo Noruega con el petróleo que aún puede hacer Venezuela?
Noruega es un país con menos de 6 millones de habitantes donde la tasa de fertilidad es de apenas 1,95. Demográficamente esto quiere decir que el número de hijos de cada matrimonio apenas sustituye a los padres, razón por la cual la población noruega se estanca y tiende a envejecer. Como el pago futuro de las pensiones no podía ser cubierto con las contribuciones presentes a la seguridad social, la necesidad de garantizar una vejez digna sin tener que recargar el peso de las pensiones a las generaciones futuras, pasó a ser una de las principales preocupaciones de la sociedad noruega.
En 1990 se creó el Fondo Noruego del Petróleo con el objetivo de acumular reservas para el sistema de pensiones. En 1995 se hizo la primera transferencia por $ 285 millones. Para hacer crecer este aporte inicial, los recursos fueron invertidos en acciones, bonos, valores, proyectos rentables, etc. Gracias a los sucesivos depósitos y rendimientos generados por esas inversiones, en la actualidad los activos del Fondo superan los dos billones de dólares. La clave está en que el ingreso petrolero no se gasta ni se reparte de forma clientelar, sino que se invierte y reinvierte para hacer crecer cada vez más el volumen del Fondo. El gobierno de turno solo puede utilizar un porcentaje de los rendimientos del Fondo como recursos complementarios del Presupuesto Nacional, el cual se financia fundamentalmente con los impuestos que pagan los contribuyentes.
En Noruega, este acuerdo nacional se cumple con base en reglas muy estrictas que impiden gastar arbitrariamente la renta petrolera. A partir de objetivos concertados de desarrollo, el Gobierno planifican conjuntamente con el Parlamento las transferencias del Fondo Soberano al Presupuesto Nacional.
Nuevo Acuerdo Petrolero Nacional
A Venezuela todavía le queda mucho petróleo y todavía puede lograr lo que hizo Noruega con el ingreso petrolero. Superar las patologías del rentismo y prepararse para la próxima crisis de abundancia exige avanzar hacia un nuevo Acuerdo Petrolero Nacional que impida despilfarrar la renta petrolera. Lo primero que hay que aprobar es la Ley del Fondo Soberano de Venezuela para invertir el ingreso petrolero y reinvertir un creciente porcentaje de las ganancias, con base en los siguientes criterios:
- Un porcentaje del ingreso se destinaría a repotenciar la industria petrolera para generar más ingresos que alimenten permanentemente el Fondo.
- Otro porcentaje sería reinvertido en acciones, bonos, valores y proyectos seguros y rentables que hagan crecer aún más el volumen del Fondo.
- El gobierno de turno queda autorizado a utilizar solo un porcentaje de los rendimientos del Fondo para financiar el Presupuesto de la Nación.
Al crecer el volumen del Fondo cada vez más, el mismo porcentaje de ganancias que se destina a financiar el gasto público se traducirá en una cantidad cada vez mayor de aportes al presupuesto nacional. Así, quien sea el que gobierne a Venezuela solo podrá utilizar -como presupuesto complementario- un porcentaje de los rendimientos generados por las inversiones del Fondo.
Con la transformación de las Cuentas Tuteladas en un Fondo Soberano, se protegerá a la sociedad venezolana del comportamiento errático de los precios del petróleo, toda vez que se dejará de gastar toda la renta petrolera en los tiempos de vacas gordas y se comenzará a ahorrar para encarar los tiempos de vacas flacas. Así, la distribución clientelar de la renta petrolera dejaría de ser un mecanismo de dominación utilizado para premiar a los incondicionales, comprar a los indecisos y castigar a los opositores. Sería el fin de la Venezuela rentista en la que el uso discrecional y arbitrario de la renta petrolera por el gobierno de turno sustentó e hizo posible el control autoritario de la economía y sociedad venezolanas.



