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Uruguay: ¿presión peligrosa?

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Por Félix Arellano

Desde que Luis Lacalle Pou asumió la presidencia en Uruguay (01/03/2020), inició una estrategia de promover la modernización del Mercosur, privilegiando su apertura comercial e inserción más activa en la economía global, lo que conlleva la necesaria revisión de los compromisos relativos a la unión aduanera. Ha logrado algunos avances que le deben resultar tímidos y muy limitados, por ello, y ante la amenaza que puede representar para sus objetivos la llegada de Ignacio Lula Da Silva a la presidencia de Brasil, en los últimos días ha incrementado significativamente la presión, lo que ha generado un ambiente muy tenso frente a la débil Cumbre Presidencial semestral.

La cumbre prevista para los días 5 y 6, en la cual Uruguay entrega la presidencia semestral al Presidente de Argentina, se perfilaba débil, pues en principio ningún presidente había confirmado su participación y, el gobierno uruguayo había decidido presentar la solicitud formal de incorporación al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífica (CPTPP por sus siglas en ingles) –integrado por 11 países de la región Asia pacifico, entre los que se encuentran Chile, México y Perú–, lo que se suma al proceso de consultas individuales que está desarrollando con China, para la eventual negociación de una zona de libre comercio. Todo un conjunto de decisiones que llevan al Mercosur a una fase peligrosa para su futuro.

Mercosur enfrenta una diversidad de problemas, que bien podríamos definir como estructurales. No ha logrado perfeccionar plenamente la zona de libre comercio, toda vez que no se deciden a enfrentar los diversos obstáculos que limitan o impiden el acceso al mercado; tampoco han avanzado en la conformación de la unión aduanera, por la cantidad de excepciones que presenta el Arancel Externo Común, y poco han trabajado para la conformación del mercado común, particularmente, en lo que respecta a las llamadas políticas macroeconómicas duras.

No podemos dejar de mencionar que también presenta problemas institucionales, entre otros, las debilidades del mecanismo de solución de controversias, la complejidad del sistema de toma de decisiones y la ausencia de mecanismos de equidad.

Frente a un panorama técnico tan complejo, sorprendentemente los Gobiernos se han concentrado, en los últimos años, en un debate ideológico, estéril y paralizante que se agudizó con el ingreso del Gobierno Bolivariano de Venezuela, pero se ha mantenido no obstante la suspensión aplicada al gobierno venezolano, en el marco de la Carta Democrática del Mercosur (Protocolo de Ushuaia).

El debate ideológico ha concentrado la atención desplazando los temas fundamentales del proceso de integración, lo que se puede interpretar como la excusa que cubre la falta de voluntad política para avanzar en compromisos que exigen de una mayor concesión de soberanía nacional. Ante esta situación, que se mantiene por varios años, la decisión del gobierno uruguayo de avanzar individualmente en potenciales negociaciones comerciales con terceros países, enfrenta al Mercosur ante difíciles escenarios.

En su estrategia de presión para modernizar el Mercosur, el presidente Lacalle Pou ha logrado algunos avances. Se han disminuido los niveles del Arancel Externo Común; para los críticos una reducción muy tímida, empero, lo más delicado es que se mantiene como un arancel “poco común”, por la cantidad de excepciones que mantiene (listas nacionales de excepciones, regímenes especiales de importación, juguetes, sector automotor, azúcar, bienes de capital, lácteos) que recientemente han sido prorrogadas por 7 años.

Las negociaciones comerciales con terceros países constituyen el tema bandera de la estrategia uruguaya y, al respecto, el presidente Lacalle Pou ha planteado una propuesta de agenda de negociaciones muy ambiciosa por el número de países que incluye.

Producto en gran medida de la presión uruguaya, el cuadro de las negociaciones comerciales de Mercosur se resume en los siguientes términos: i) negociaciones en pleno desarrollo con Canadá, Corea del Sur, Singapur y Líbano; ii) diálogos exploratorios con Indonesia y Vietnam; iii) contactos informales con Túnez, Marruecos, Nigeria y la Unión Africana. El presidente Alberto Fernández de Argentina reacio a una agenda tan ambiciosa, ha decidido no participar en las negociaciones que se adelantan con Corea del Sur.

Los gobiernos de Brasil y Paraguay han apoyado la estrategia uruguaya sin asumir una posición muy activa; empero, ante la decisión de solicitar de forma individual la incorporación en el CPTPP, se han unido al gobierno argentino y han declarado que “tomaran medidas de represalia, si el Uruguay avanza en su intención de negociar de forma individual acuerdos con terceros países”.

El presidente Lacalle Pou realizó las consultas con los diversos partidos políticos que hacen parte del Poder Legislativo antes de presentar la solicitud de adhesión al CPTPP. El Frente Amplio, la oposición de izquierda que participó en las consultas, declaró públicamente la preocupación por mantener una estrecha relación con el Mercosur.

Todo pareciera indicar que el gobierno uruguayo está dispuesto a seguir adelante en su estrategia de inserción individual en el mundo global y, por lo pronto, los otros tres países fundadores del Mercosur por primera vez han utilizado un tono más duro, abriendo la posibilidad de aplicar sanciones al Uruguay

Correspondería en la Cumbre de Jefes de Estado decidir entre: i) suspender al Uruguay por la violación de las normativas de la unión aduanera; ii) realizar la revisión profunda de su normativa y dinámica de funcionamiento para concentrar el proceso en el libre comercio y eliminar los temas de la unión aduanera y el mercado común o iii) seguramente mantener la actitud evasiva de los últimos años y encontrar una fórmula de equilibrio, que permita salir sin graves consecuencias de la reunión con la clásica foto del cierre, pero con un volcán en potencial erupción que no ofrece la estabilidad.

La Cumbre de Jefes de Estado se enfrenta uno de los momentos más difíciles en la compleja situación que vive el Mercosur, momentos de decisiones que pueden ser traumáticas, pero son necesarias. Esperemos que no asuman la clásica actitud de la evasión acumulando los problemas y destruyendo las oportunidades del proceso de integración.


Fuente:

Este artículo ha sido originalmente publicado en TalCual Digital, el 6 de diciembre de 2022. Disponible en: https://talcualdigital.com

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