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Edificio Centro Valores, local 2, Esquina de la Luneta, Caracas, Venezuela.

Reciclaje

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g_rpa0001.520.360Victor Artis

Es mundial la tendencia a no desperdiciar todo cuanto pueda ser aprovechable, reusar exhaustivamente los recursos naturales y disminuir los riesgos que puedan afectar la salud. Al reciclar no hay consumo de energía para extraer, transportar y procesar recursos nuevos, se alargan las existencias y no deterioramos el ambiente.  Reciclar es conservar, ahorrar y vivir mejor.

Abundan los ejemplos desde muchos años atrás.  Curitiba es casi una referencia antigua; allí comprar basura clasificada a los residentes resultaba menos costoso que procesarla en vertederos.  En Alemania no clasificar la basura es un delito y cómo la procesan ya no existen vertederos.  Toda Europa ya recicla los desechos.  Del mercado mayorista de Barcelona no sale basura; producen abonos, tabiques, metales y otros productos que, además de tener valor comercial, generan empleos.  Colombia procesa desechos y Ecuador está en la delantera con avances conocidos gracias a buenos reportajes televisados muy difundidos.  En casi todas partes la basura y otros desechos son considerados como una oportunidad, no como un problema, pero nosotros, escudados tras nuestro complejo de país rico, lo vemos al revés, pareciera que solo nos preocupa preservar el “trabajo” de hombres, mujeres y niños que compiten con aves carroñeras.

El aumento de población y su desordenada aglomeración nos han creado problemas de gran magnitud que, sumados a la indisposición económica nacional, posiblemente obligarán a tomar iniciativas para subsistir gastando menos, tanto para consumir como para preservar la salud.  En los barrios la aglomeración de basuras en puntos insanos, próximos a las paradas de autobuses, puede ser parte de un sistema de clasificación y aprovechamiento con potencial para producir ingresos y empleos locales.  En la inmensa Zona Protectora de Caracas, ya en proceso de ocupación desordenada y dispersa, recolectar desechos con eficiencia y en la forma convencional, es una labor que puede lindar con lo imposible. Quizás sea lugar para estimular reciclajes,  proceder que también puede ser apto para sectores aislados, como el muy actual Arco Minero, donde el afán de obtener ingresos fiscales inmediatos no debería maltratar el ambiente o ensuciarlo con desechos.  Estas iniciativas que por ahora tienen muy poca presencia y apoyo,  deberían corresponder a las autoridades locales en concordancia con las actuaciones de un despacho ministerial responsable, organismo hoy en día desaparecido o al menos diluido. 

Reciclar desechos es una actitud positiva equivalente a mantener la casa limpia y saludable. Genera beneficios económicos, da un mayor uso a recursos minerales, vegetales y animales, puede producir energía y reducir la emisión de gases de invernadero, lo que significa exigir menos del planeta.  En Venezuela hablamos sobre el tema como una preocupación ambiental, pero por no ser un programa oficial es muy poco lo que hacemos.  Quizás por creer que somos un país rico, importa poco  desperdiciar lo que no sea nuevo, pero cuando nos demos cuenta de que somos un país pobre, es posible que debamos actuar de otra forma y trabajemos más para no ir encaminados a ser una pobre sociedad.

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