Daniela Paola Aguilar*

Rafael David Garrido Vargas nació el 24 de octubre de 1972 en Barquisimeto, estado Lara. Con 19 años de edad ingresó al Noviciado San Pedro Claver, en Barquisimeto, el 27 de septiembre de 1992.

Dos años después, el 24 de septiembre de 1994, emitió sus Primeros Votos en la Capilla del Noviciado San Pedro Claver, ante el P. Provincial Alejandro Goñi, S.J. Realizó el Juniorado con materias en el Instituto de Teología para Religiosos (ITER) acompañado de un Plan de Formación en Humanidades en el Filosofado Ignacio Ellacuría. Hizo estudios de filosofía en la Universidad Católica Andrés Bello de 1995 al 2000.

Durante sus últimos años de estudios de Filosofía y hasta el 2002, colaboró con el Centro Gumilla y en el Proyecto Catuche, mudándose a la Residencia Padre Manuel Aguirre, donde se desempeñó también como Ministro de la comunidad jesuita.

Los años 2002 al 2004 es enviado al Instituto San Javier del Valle, en Mérida, como profesor y colaborador en la Pastoral del Colegio. En el 2004 inició sus estudios de Teología en el ITER mientras vivía en el Teologado Pedro Arrupe.

En el año 2007 fue enviado al Filosofado Ignacio Ellacuría donde se desempeñó como Ministro de la comunidad y Coordinador de la Pastoral, mientras estudiaba su 4to año de Teología en el ITER y trabaja en la Comunidad Universitaria Padre Alberto Hurtado (CUPAH). Fue ordenado Diácono el 21 de mayo en el Templo de San Francisco, Caracas, por el Cardenal Jorge Liberato Urosa Savino, quien lo ordenó también como Sacerdote en la misma Iglesia el 28 de julio del mismo año.

En el Instituto Técnico San Javier del Valle, Mérida, donde reside hasta su Tercera Probación (la cual realizó en Cuba desde septiembre de 2010 a marzo de 2011) tiene las siguientes responsabilidades: Coordinador Académico, miembro del Equipo de Pastoral, Coordinador de las Residencias de alumnos, Coordinador de Fincas; al tiempo que colabora con la Pastoral Vocacional de la Provincia.

Más adelante, en el 2011 y hasta el año 2016 es nombrado Director Nacional del Movimiento Juvenil Huellas, además de ser Consultor de Provincia, Coordinador de la Comisión de la Pastoral Juvenil y Superior de la comunidad de la Parroquia Jesús Obrero, en cuya Iglesia emitió sus Últimos Votos el 21 de junio de 2013.

El 2 de noviembre de 2016 es nombrado Prepósito Provincial de la Compañía de Jesús en Venezuela por el Superior General de la Compañía de Jesús, el P. Arturo Sosa, S.J.

1

Y, en esta oportunidad, en el marco de los 75 años de la declaración oficial del Día de la Juventud en Venezuela, el pasado mes de febrero, conversamos con el P. Rafael Garrido, s.j. provincial de la Compañía de Jesús en Venezuela, dada su amplia trayectoria en materia pastoral y juvenil, quien nos compartió sus consideraciones sobre dos ámbitos claves: el discernimiento ignaciano como herramienta para la toma de decisiones y la importancia de formar líderes cristianos en la Venezuela de hoy…

—¿Pudiera considerarse el discernimiento ignaciano como una herramienta clave para la toma de decisiones en materia social, política y económica en la Venezuela de hoy?

—El discernimiento como forma de vida es lo que marca la pauta para las decisiones. No se discierne solo para las decisiones, sino también para vivir. Y vivir de esa manera, en discernimiento, es lo que permite tomar buenas decisiones. Eso supone en primer lugar, una capacidad de hacer oración, de encontrarse con Dios. Porque el discernimiento se trata de encontrar la voluntad de Dios para la vida, para la misión que asumimos y para todos los aspectos de la vida en general. Y esa posibilidad se da gracias a la capacidad que desarrollamos de hacer oración. De tener ese encuentro cercano con Dios y con los demás, pero también con la realidad. Y para mí, aquí viene el aporte fundamental del discernimiento a la vida social y política: mirar la realidad con profundidad nos permite tomar buenas decisiones. Nos permite tener la materia del discernimiento bien clara. Esto es lo primero que nos pide San Ignacio cuando nos habla de discernimiento. Hay que saber cuál es la materia que voy a discernir. Y aquí la mirada crítica y profunda a la realidad es un aspecto importantísimo para ese discernimiento. Por ello, en el mundo de lo social es importante no ser ingenuos, sino adentrarse en la profundidad de las realidades y eso se busca, por supuesto, a través de formación, a través de la experiencia, pero –muy especialmente– a través de nuestra perspectiva en la cercanía con los más necesitados. Como quien comparte con ellos la vida, no como quien va a prestar un servicio, sino como quien vive desde allí, quien se alimenta de esa relación. Y ese aspecto es lo que hoy en la política tiene que estar más presente: políticos cercanos a la gente, relacionados con ellos, pero no como quien va a prestarle una ayuda, sino como quien viene a ofrecer un servicio; pero un servicio que parte desde la mirada al “otro” como una persona, como alguien que es sujeto histórico, social y político. Y, me parece que, ese acercamiento es necesario para construir un plan, un proyecto de país. No se trata solo de acceder al poder, sino de llegar a esos cargos que se eligen, precisamente para prestar ese servicio a las personas con las que he tenido contacto cercano, de las que conozco sus potencialidades y sus necesidades. Y así construir, ayudar a construir el país. El discernimiento tiene el potencial de partir desde el interior de las personas, desde lo que las personas sienten, y conjugar ese sentimiento con las posibilidades de pensar, proyectar y actuar. Eso es para mí “la clave” que ofrece el discernimiento hoy en el ámbito de lo social y lo político.

—Para cerrar este punto, se dice que el discernimiento ignaciano nos invita a elegir entre “lo bueno” y “lo mejor”. En Venezuela cómo se traduce aquello: ¿realmente tenemos una opción “buena” y otra “mejor” entre las cuales elegir?

—Yo creo que siempre hay posibilidades de elegir; y esa elección –ese proceso de toma de decisión– siempre supone plantearnos la realidad tal y como se nos presenta. El discernimiento efectivamente no es sobre “lo bueno” y “lo malo”, San Ignacio da por descontado que nosotros vamos a discernir es sobre el “bien” y el “bien mayor”. El mal no es una opción, el mal hay que desecharlo. Entonces, el ejercicio nos invita a contemplar el bien y el bien mayor. Y, por supuesto que siempre habrá opciones de bien mayor. Y empiezo con algo más bien personal. Una persona en las situaciones más críticas puede decidir entre quedarse sin hacer el mal; entre hacer –incluso– un bien pequeño y vivir, de repente, desde la carencia o activar sus fuerzas humanizadoras y vivir desde la libertad. Esto es lo que Jesús nos dice de la viuda que echa lo que tiene en la alcancía. Dice que esa mujer, a pesar de las carencias que tiene, sabe que la vida consiste en entregarse, sabe que la vida consiste en darnos por entero. Y no se queda con lo poco que tiene, sino que lo da. Porque considera que, así es como Dios realmente nos ha creado para hacer el bien, para la entrega, y para vivir las situaciones más difíciles de manera humana, de una manera más cristiana –diríamos nosotros en nuestro contexto–.

Entonces, yo creo que siempre es posible apostar por el bien mayor, y por supuesto que este país requiere de eso. Si nuestros políticos, si nuestros líderes sociales eligen entre el bien y el bien mayor, seguro que nos irá mucho mejor a todos. No pensando egoístamente, ni optando por quedarnos con los bienes, sino para ponernos al servicio de los demás. Y eso es lo que necesita esta Venezuela. Por eso la Compañía de Jesús apuesta a que los más vulnerables y lo más necesitados puedan tener una vida digna. Y así, teniendo ellos una vida digna, seguro que toda la sociedad también ganará en dignidad y en bienestar.

Daniela Paola Aguilar

Crédito:: Andrés Vásquez

–¿Qué pudiera decirse del liderazgo juvenil cristiano a la luz de la propuesta formativa de la Compañía de Jesús en Venezuela? ¿Cómo está contribuyendo la Compañía de Jesús en la formación del liderazgo juvenil cristiano?

–Yo considero que hoy el liderazgo juvenil cristiano está en un momento de oportunidad. Creo que el momento indica la posibilidad de formarse, pero también de actuar y de, efectivamente, liderar. Hoy se nos presentan varios ámbitos en los que esto se manifiesta. En primer lugar, en el liderazgo comunitario. Me parece que el joven cristiano hoy debe mirar la realidad desde la perspectiva de aquello que el Señor hoy nos pide de ayudar al caído, de no pasarle por un lado a aquel que ha sido golpeado, sino de acercarnos, de hacernos próximos a los más necesitados y, para ello, creo que hay una fuerza incalculable en los jóvenes cristianos.

Para mí los jóvenes son un tesoro no reconocido en el país, que tiene que ser asumido como tal, procesado y bien invertido. Yo encuentro en ellos un aspecto fundamental y tiene que ver con la capacidad, entre otras cosas, de interiorizar situaciones, realidades y personas. Sin embargo, esa fuerza arrolladora que caracteriza al joven cristiano hoy necesita de canales. El papa Francisco así lo ha reconocido. Tenemos que abrir espacios a los jóvenes, tenemos que acoger con buenos ojos, con mirada noble la vocación de nuestros jóvenes e impulsarlos para que se desarrollen. No podemos pedirles a los jóvenes que no sean jóvenes o dejen de comportarse como tal, eso es un error que los adultos solemos cometer.

En la Compañía de Jesús tenemos una preferencia orientada a acompañar a los jóvenes en la creación de un futuro esperanzador, la cual se hace tangible a través de distintos programas y propuestas formativas. La educación en todos los niveles, que la Compañía de Jesús ofrece como un servicio, desde el preescolar hasta la universidad, procura que esa formación integral incluya el liderazgo como un tema clave, puesto que, en nuestra evangelización, la fe tiene un compromiso con la justicia. Esa es una vocación clara de la Compañía de Jesús: fe y justicia son los componentes fundamentales del seguimiento a Jesús y es, además, el carisma que ofrecemos a la Iglesia. Y el servicio a los jóvenes quiere caminar de la mano con ello.

Hoy el Movimiento Juvenil Huellas, por ejemplo, apuesta por diversas dinámicas en las que cada vez se incluyen más a los mismos jóvenes, porque si algo debemos tener claro es que cuando uno –como adulto– tiene dificultades puede planteárselas a ellos y encontrará posibilidades y opciones creativas para resolverlas. Nuestros jóvenes cristianos son capaces de proponer caminos alternativos y de ayudar en la construcción de una sociedad distinta.

Por su parte, los jóvenes en general están en el país buscando opciones de vida. No quieren conformarse con lo mínimo, no quieren estar con aquello para sobrevivir, no. Ellos quieren vida auténtica. Ellos se preocupan además por los temas socioambientales. Y en este sentido, el papa Francisco ha dicho que los jóvenes no son tontos; asegura que “no son tontos” porque claro, es el futuro de ellos el que está comprometido en el presente, por eso se ocupan de forma genuina. Hoy ya no vemos a los jóvenes como “la esperanza del futuro” sino como “el futuro que se va construyendo desde nuestro presente”, digamos, son ellos la esperanza hoy, en este presente, de un futuro mejor.

La Compañía de Jesús, siento yo que, va buscando de una manera cada vez más integral ese acompañamiento: desde nuestra fe, desde nuestra formación, desde las posibilidades de trabajo, desde los programas de voluntariado… El cristianismo hoy está llamado a la autenticidad y creo que los jóvenes son como una exigencia en ese sentido, porque quieren ser cristianos auténticos muy a pesar de todo. Entonces, creo que, efectivamente, hay allí una oportunidad, pero también hay un llamado de Dios a abrirnos a los jóvenes y atenderlos; siento que los jóvenes no pueden seguir caminando solos, que necesitan también de la ayuda y de la apertura de los espacios. Y una vez más lo repito, el Papa lo ha dicho. Es necesario que los jóvenes formen líos, que los jóvenes se adentren en la vida eclesial y que la Iglesia como pueblo de Dios les abra los brazos a los jóvenes y les ofrezca oportunidades, porque a veces cuesta mucho que entendamos esa realidad. Y, por el contrario, juzgamos el hecho de que los jóvenes pertenezcan a otra generación distinta a la nuestra; nos resistimos a creer que requieren de esos espacios y de nuestro acompañamiento; cuando en su lugar, están demandando nuestra atención, comprensión y paciencia.

–Si usted pudiera definir al joven venezolano hoy en tres palabras, ¿cuáles serían?

–En primer lugar, lo definiría como un luchador. En segundo lugar, como creativo, creo que los jóvenes encuentran siempre como los resquicios que dejan las dificultades para colarse y tratar de proponer, para colarse en esos resquicios y encontrar posibilidades y creo que en Venezuela si hay algo que está caracterizando a los jóvenes es su lucha, incluso más allá de nuestras fronteras; tenemos jóvenes capaces de plantearse ir más allá de las fronteras para tratar de encontrar experiencia, para tratar de encontrar futuro. Por eso creo que si hay algo que caracteriza a los jóvenes es la creatividad. A mí me parece que cuando uno tiene algo que resolver, si lo resuelve de la mano de los jóvenes, con ellos, seguro será de manera creativa y eso me resulta tremendamente inspirador. Y, por último, el tercer elemento sería su sensibilidad. Yo siento a los jóvenes sensibles a las realidades. El joven no es indiferente en el mal sentido de la palabra, no se desentiende tan fácilmente de los problemas, sino que se involucra, trata de aportar y quiere ayudar a resolver.

Ahora, también hay una realidad que no podemos dejar de mencionar y es la vulnerabilidad en la que se encuentra el joven venezolano en estos tiempos. Y frente a eso, no queda más que articular esfuerzos para involucrarnos y ocuparnos. Siento que estamos en un momento idóneo para inventar, pero inventar en el buen sentido de la palabra; de proponer, de buscar en el ámbito de la productividad, de la relacionalidad, y creo que no es en vano la apuesta de la Compañía de Jesús por los jóvenes. Me parece que allí está nuestra fuerza.


*Lic. en Estudios Internacionales (UCV). Jefa de redacción de la revista SIC.

Nota:

  1.  Reseña biográfica suministrada por Dizzi Perales, s.j. – Socio provincial.