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Participación de la mujer en la política es un desafío para mejorar igualdad de género en América Latina

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Islandia ocupa el tope del ranking general, seguida de otros países nórdicos: 1) Islandia, 2) Finlandia, 3) Noruega, 4) Suecia y 5) Dinamarca. En la sexta colocación, aparece Nicaragua, el único país latinoamericano entre los 10 primeros, seguida por Ruanda (7º), en África, 8) Irlanda, 9) Filipinas y 10) Bélgica. Nicaragua es el país mejor colocado de América Latina hace tres años. Inmediatamente después, en el 7º aparece Ruanda, situada en África centro oriental, que según el informe, tiene ”gran puntuación en términos de participación económica y política”.

Por Marcela Belchior, Adital.

Noviembre 20 de 2014

Brasil cayó nueve posiciones en una encuesta mundial de igualdad de género. Según el relevamiento divulgado por el Forum Económico Mundial (FEM), el país figura ahora en la 71ª colocación en la lista global. En 2013, ocupaba la 62ª posición.

La organización evaluó las diferencias entre hombres y mujeres en la salud, educación, economía e indicadores políticos en 142 países. Entre los 10 primeros figuran países nórdicos, la centroamericana Nicaragua y el africano Ruanda.

A pesar de haber mantenido índices de igualdad entre hombres y mujeres en las áreas de salud y educación, Brasil perdió posiciones en las estadísticas que miden la participación femenina en la economía y en la política. La mayor caída ocurrió en la evaluación que considera salarios, participación y liderazgo femenino en el mercado de trabajo. En ese índice, la puntuación de Brasil cayó de 0,656 a 0,649 — cuanto más cerca de 1, mayor la igualdad entre los géneros. La nota cero indica desigualdad total.

 

Foto: reprodución
Aún con la inclusión en el mercado de trabajo, hubo caída en la igualdad salarial entre hombres y mujeres. Foto: reproducción

Según el relevamiento, hubo una ”ligera caída en la igualdad salarial e ingreso promedio estimado” para mujeres en Brasil. A pesar de estar en una colocación peor, la nota individual de Brasil progresó desde que el índice comenzó a ser divulgado. En 2006, la nota del país era 0,604.

Otro criterio que hizo que Brasil perdiera posiciones en el ranking fue el de “empoderamiento” político de las mujeres. La encuesta contabiliza mujeres en el Congreso Nacional, en posiciones ministeriales y en la jefatura de Estado. En ese índice, Brasil perdió colocaciones en comparación con otros países, a pesar de haber mejorado su nota individual. La curva de participación femenina en la política brasilera muestra ascenso desde la llegada de Dilma Rousseff a la Presidencia de la República, en 2011. Ella fue la primera mujer en gobernar el país.

En entrevista con Adital, la socióloga, historiadora y profesora de la Universidad Presbiteriana Mackenzie, Rosana Schwartz, destaca que Brasil desarrolla, actualmente, una serie de políticas públicas que colaboran en la superación de cuestiones de género. Sin embargo, existen permanencias de comportamiento que serían más difíciles de ser deconstruidas.

”La mujer fue preparada para el ámbito privado –ser madre, ser ama de casa. Entonces, optan por no buscar determinado tipo de empleo, que tengan que desatender a la familia”, ejemplifica. ”La propia mujer no quiere, porque ella se siente con doble o triple jornada de trabajo”, evalúa Schwartz.

Otro punto importante en la construcción de estos resultados estaría en la participación de la mujer en la política partidaria e institucional. ”Antes, ellas entraban en la política porque eran parientes de hombres que ya estaban históricamente en la política. Hoy, disminuyó el número de mujeres, pero aumentó la calidad”, señala la profesora. ”Ahora, las mujeres entran en la política con intereses propios. Tienen mayor necesidad de participar de las instancias de poder”, explica.

En el área de educación, Brasil alcanzó la nota 1, lo que significa que no hay desigualdad entre hombres y mujeres. La eliminación de las desigualdades en la educación viene desde 2012. En la salud, el país puntualiza 0,98 —lo que lo coloca en 1º lugar, empatado con otros países— desde el comienzo de la divulgación del ranking, en 2006. El informe destaca que Brasil consiguió cerrar el 70% de la laguna entre los géneros.

”La caída de Brasil nueve colocaciones, quedando en el 71º, ocurrió inclusive habiendo cerrado con éxito las lagunas entre géneros en el nivel educacional y de salud, y de supervivencia. La prioridad, ahora, es garantizar retornos en sus inversiones a través del aumento de la participación femenina en el área de trabajo”, se señala en el informe.

Igualdad en otros países

Islandia ocupa el tope del ranking general, seguida de otros países nórdicos: 1) Islandia, 2) Finlandia, 3) Noruega, 4) Suecia y 5) Dinamarca. En la sexta colocación, aparece Nicaragua, el único país latinoamericano entre los 10 primeros, seguida por Ruanda (7º), en África, 8) Irlanda, 9) Filipinas y 10) Bélgica. Nicaragua es el país mejor colocado de América Latina hace tres años. Inmediatamente después, en el 7º aparece Ruanda, situada en África centro oriental, que según el informe, tiene ”gran puntuación en términos de participación económica y política”.

En las elecciones de 2012, por ejemplo, las mujeres ocuparon en forma masiva el Parlamento nicaragüense, siendo electas en más de la mitad de las vacantes. Además, ministerios y otros cargos fundamentales de las instituciones públicas del país pasaron a ser dirigidos por ellas. Un ejemplo es Aminta Granera, ex-guerrillera sandinista, hoy jefa de la Policía Nacional.

 

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La ex-guerrillera Aminta Granera es hoy jefa de la Policía Nacional. Foto: Reproducción.

Entre los países BRICS, África del Sur es la mejor colocada (18º), ”debido a la fuerte participación política”. Después de Brasil, aparecen Rusia (75º), China (87º) e India (114º). El documento del FEM destaca que los avances en todo el mundo fueron pequeños. La laguna entre hombres y mujeres aún está en el 60%. En 2006, ese dato era del 56%.

De acuerdo con Rosana Schwartz, en ambos países en desarrollo, Nicaragua y Ruanda, los resultados poco tienen que ver con políticas públicas por parte del Estado. Ella explica que son naciones en conflicto, en los que la población está sometida a contextos de reposicionamiento de los papeles de los ciudadanos. En ese caso, la mujer comienza a salir de casa para participar en la vida pública por necesidad y no por inclusión social promovida por vías institucionales.

”El hombre sale hacia conflictos bélicos, se aleja del mercado de trabajo y la mujer asume”, ejemplifica. Según la profesora, ese movimiento ocurre desde los años 1960 y demora mucho tiempo para presentar nuevas configuraciones a la sociedad. ”La necesidad crea solidaridad, concientización y espíritu de lucha. Se yo, como sujeto social, tengo que cambiar, voy deconstruyendo eso en la vida cotidiana”, explica Schwartz.

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