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Edificio Centro Valores, local 2, Esquina de la Luneta, Caracas, Venezuela.

Orar al modo de Jesús

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Mt 6,7-15

Alfredo Infante sj

Hoy Jesús nos dice:

«Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados.

No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan». Orar es, pues, una relación de apertura y confianza con Dios, en el silencio hondo y secreto de nuestra conciencia, no la proyección exaltada y demandante de nuestras necesidades. Muchas veces buscamos en la oración, no la voluntad de Dios, sino la imposición a Dios de nuestros deseos. Nos relacionamos con un Dios imagen y semejanza de nuestros deseos y necesidades y, cuando experimentamos que estos deseos no son cumplidos y nuestras necesidades no son satisfechas, nos sentimos defraudados y culpamos a Dios. En el fondo, nos defrauda la idea de que Dios no sea más pequeño que nosotros, controlable y manipulable por nuestra voluntad.

Ante nuestras necesidades, dolores y sufrimientos es legítimo desahogarse, gritar, preguntar, lamentar, eso ayuda a desahogarnos, es una especie de terapia psicológica, una catarsis, pero no es oración si pretendemos con ella controlar a Dios. La oración es una relación íntima y confiada con Dios que nos dispone a escuchar su voz y a acoger su voluntad. La oración en lo íntimo de nuestro corazón no anhela otra cosa que gustar la presencia de Dios, o, incluso, su ausencia. El sentido de ausencia nos revela la huella de su presencia. La tentación de forzar la voluntad de Dios, es tan humana, que el mismo Jesús la vivió dramáticamente.

Recordemos que Jesús en el huerto de los Olivos cuando presentía su pasión y muerte, con lágrimas y sudor de sangre, se dirigió a su padre así «Abba, aparta de mí este cáliz». Silencio. Después dijo: «No, no se haga mi voluntad sino la tuya». La fe en el Padre, le llevó a superar sus miedos y no claudicó ante los poderes que pretendían que abandonara su misión de Hijo y Hermano. Se entregó, libre, hasta la muerte.

Hoy, ante tanta muerte y sufrimiento cotidiano, muchas veces nos sacude la tentación de hacer a Dios un mago que tiene que solucionar nuestras necesidades. Vemos circular en las redes innumerables cadenas de oraciones con la imagen del Dios mago, proyecto de nuestros deseos y necesidades. Dios, está con nosotros, actúa en nosotros y desde nosotros, si nos dejamos iluminar y conducir por su Espíritu, pero Dios, no es mago, él nos mueve en el horizonte de Hijo y Hermano.

No nos exime de nuestras responsabilidades, nos da fortaleza y sabiduría, pero no tiene varita mágica, nos ha entregado su Palabra y su Espíritu para discernir según su amor y voluntad. Hoy nos recomienda orar así:

«Ustedes oren de esta manera:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre,

que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.

Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido.

No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal».

Sagrado Corazón de Jesús en vos confío

Parroquia San Alberto Hurtado. Parte alta de La Vega.

Caracas-Venezuela

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