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Edificio Centro Valores, local 2, Esquina de la Luneta, Caracas, Venezuela.

Nacer de nuevo en abril

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Los venezolanos llevamos por lo menos un cuarto de siglo en agonía y resignación. Son
diversas las instituciones y ambientes golpeados que sobreviven en mínimos. Esa reducción
explica el éxodo forzado de seis o siete millones de venezolanos, la parálisis de tantas
realidades nacionales y el modo sobrevivencia de tantas otras…
Pero ahora hay realidades que reverdecen y flores que prometen frutos. Cuando la
naturaleza se siente amenazada por el invierno, se retrae dentro de sí y se hace la muerta.
Luego, el amanecer primaveral con sus flores y frutos nos anuncia una vida vigorosa donde
creíamos que ya no había sino muerte. En el último cuarto de siglo numerosas instituciones
y millones de venezolanos han sobrevivido en modo invierno, retirados dentro de sí,
exiliados, o aparentemente muertos.
Ahora que la “revolución” no convence ni a los suyos, unos y otros empezamos a
preguntarnos qué nos queda de lo que teníamos, para desde esas raíces crear un futuro de
esperanza. Venezuela es hoy un campo de esperanza con un enorme potencial agazapado
que se convertirá en éxito si activamos esa vida replegada y movilizamos nuestras
potencialidades.
Activar lo que tenemos, pero en un juego nuevo y distinto. No se trata de volver al pasado,
sino crear una interacción entre lo vivido y el horizonte de nuevas oportunidades, que
necesitamos convertirlas en logros. Para eso es necesario discernir lo que fue y nos ilusionó,
pero que ya no es, y crear y lo que sí necesitamos, queremos y podemos ahora. De ahí
saldrá una Venezuela más austera, pero más sólida,si los venezolanos evitamosla tentación
de aferrarnos a una nueva lotería rentista y si del exterior vienen inversiones de creación
de riqueza y no solamente buscadores de renta petrolera o similares. Necesitamos sobre
todo una dinámica que, apuesta creando oportunidades para que cada venezolano sea
motivado e inducido con una transformación educativa a convertir sus capacidades en
realidad productiva, reduciendo al mínimo las actuales inmensas capacidades ociosas y el
desempleo.
No se trata de declarar la guerra a la “revolución” dominante ni de gastar fuerzas en recalcar
sus limitaciones, errores y actual condición cadavérica. Nacer de nuevo significa llevar a su
mejor desarrollo lo que ya tenemos, por ejemplo, en educación con miles de escuelas y
decenas de universidades. Ahora en educación hay que transformar la mediocridad y baja
calidad aceptada con resignación y elevarla al máximo nivel de nuestras capacidades. Lo
mismo se diga de la dramática situación de los servicios públicos de salud. En todo esto el

dinero es necesario, pero lo fundamental es la decisión de potenciar las capacidades de la
gente y aprender a hacer más con menos. Tampoco se trata ahora de sembrar la ilusión de
que los mismos que implantaron esta “revolución” ahora van a ser los que la entierren,
aunque lo prometan. No caer en las promesas de una transformación económica promovida
y dirigida por el poder político que trajo este desastre disfrazado de “revolución” verbal.
Tenemos que estar claros: nada significa “transición” sin liberación de todos los presos
políticos, sin regreso de los exilados, sin libertad de expresión, sin garantías democráticas,
sin confianza para cuantiosas inversiones… Mucho menos con la exclusión y persecución de
la líder en quien la gran mayoría del país tiene puesta su esperanza.
Los hechos desmienten a las palabras y en un par de días hemos visto cómo la falsedad de
las melifluas palabras y promesas falsas fue puesta en evidencia con la represión dictatorial
de la marcha opositora y el sectario nombramiento para la dirección de la Fiscalía de la
República.
Nacer de nuevo requiere aprender de los fundadores de nuestra República que para poder
nacer, tuvieron que gritar “Viva nuestro Rey Fernando VII”, tratando de disimular su
rebeldía y ruptura. Camuflados en la aparente lealtad de la “Junta Defensora de los
Derechos de Fernando VII”, en menos de un año proclamaron la República de Venezuela y
enterraron la Monarquía. El 19 de abril de 1810 no es nada si no va preñado del 5 de julio
de 1811.
NACER DE NUEVO en el seno de esta “revolución”, sin necesidad de declararle la guerra, ni
gastar pólvora en zamuros agonizantes. Es un reto formidable que requiere un liderazgo
audaz capaz de convocar todas las fuerzas nacionales y lograr decididos apoyos
internacionales. No se trata de pequeños cambios para acomodar lo que tenemos, ni de
una mano de pintura para disfrazarlo, sino de sustituirlo. Tampoco se trata de uniformar al
país, sino de lograr la unidad fundamental con un programa básico común vivido con el
pluralismo y la variedad económica, política y cultural que tenemos.
Celebremos la fiesta patria del DIECINUEVE DE ABRIL, que – bajo el grito de “Viva Nuestro
Rey Fernando VII”- desató las fuerzas que saltaron de la Monarquía española a la República
de Venezuela, dando el paso decisivo de la proclamación de la Independencia Nacional.

Lee también: Una fecha demasiado cálida

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