Javier Contreras, s.j.*
Con un presupuesto que ronda los 55 millones de dólares, con la participación de los talentosos Édgar Ramírez, Alberto Arvelo y Gustavo Dudamel, y centrada en la figura de Simón Bolívar, la película Libertador se erige como el proyecto más ambicioso de la cinematografía nacional. Resulta conveniente analizar por separado la calidad del producto fílmico y el contenido histórico que se presenta en la cinta.
Ambientación bien lograda, vestuario adecuado, actuaciones entre aceptables y destacadas y una fotografía de alta factura, dan cuenta de los avances técnicos que progresivamente alcanza el cine nacional, aspectos que van de la mano en este proyecto puntual, con la magnitud de la inversión realizada por capitales de países como Venezuela, España, Colombia y Alemania.
La presencia en el reparto de actores de distintas nacionalidades, destacando por su trayectoria Danny Huston (Leaving Las Vegas, 21 gramos, El jardinero fiel) evidencia la capacidad de convocatoria que pueden tener proyectos en los que esté involucrado el cine venezolano, lo que es beneficioso tanto para las figuras ya establecidas como para las generaciones emergentes, bien sea actores, escritores o directores.
Por el guión y la línea argumentativa, Libertador es una representación idealizada de Bolívar. Pretender mostrarlo bailando tambores con sus esclavos y permitiendo que María Teresa, su esposa, tome licor de la misma tapara que los mulatos, son hechos que falsean la historia y, peor aún, desdibujan el proceso personal que fue viviendo para luego iniciar lo que fue su gesta.
Otro aspecto a tener en cuenta es el papel de Don Simón Rodríguez, quien es expuesto más como un militante a ultranza que como un hombre de letras, un educador. Sus diálogos siempre están cargados de arengas que rozan el cliché, hasta el punto de decirle a un joven Bolívar “yo te formé para esto”, con lo que se afianza el carácter de predestinado que rodea al personaje principal.
Entre la galería de los próceres que desfilan a lo largo de la cinta destaca, por su aire peyorativamente caricaturesco, José Antonio Páez. Una irrupción breve, prácticamente sin incidencia, a no ser por las risas de los espectadores al descubrirlo en ese peculiar semblante. Tal vez la intención de hacer sobresalir a Bolívar respecto a toda posible sombra, explique este pasaje de la película, que bien pudo no aparecer.
El equilibrio entre fidelidad histórica (en tanto pueda existir) y una narrativa que atrape al público es una yunta poco común en la industria del entretenimiento. Aceptar esa premisa como punto de partida hace a Libertador una película interesante, en la que se ha tratado de cuidar detalles cinematográficos con una minuciosidad que la ubica a la par de otras producciones de alto nivel.
Vale la pena apostar por el cine nacional, por sus actores y equipos técnicos, porque es un hecho la mejora en la oferta, menú en el que Libertador destaca actualmente como la opción más apetecible. Probablemente el mal sabor de boca quede cuando, aun reconociendo lo positivo que entrega a la audiencia (que es mucho), el final de la película condensa la intuición que se esboza en el desarrollo de la trama: se pretende reescribir la historia tanto de la vida, como de la muerte de Simón Bolívar. Pero no hay que olvidar que el cine es cine.
*Miembro del Consejo de Redacción de SIC.
Ficha técnica
Título: Libertador
Director: Alberto Arvelo
Año: 2014
Actuaciones: Édgar Ramírez, Erich Wildpret, María Valverde.