En una entrevista publicada por el diario asturiano La Nueva España y realizada por el periodista Juan A. Ardura, el jesuita Alfredo Infante, superior de la Compañía de Jesús en Venezuela desde 2023, hizo un balance de la situación de su país tras los cambios de 2026, y habló de migración, educación y de los abusos en la Iglesia. Infante, nacido en 1963 y especialista en educación, derechos humanos y migraciones, visitó Oviedo para ver a Elvira López, una religiosa ovetense de 90 años que ha sido clave en su vida.
Un país entre el precipicio y el camino
Infante recordó que en 2016 lo destinaron a La Vega, uno de los barrios más humildes de Caracas, donde trabajó con madres, niños y adolescentes en medio del hambre y las enfermedades. De esa experiencia sacó una idea que repite: que de los barrios brota mucha humanidad, aunque la sociedad los mire como una amenaza.
Sobre el presente, explicó que el 3 de enero de 2026 marcó un antes y un después con la captura de Nicolás Maduro, pero que el país no sabe todavía hacia dónde va. Usó dos imágenes para describirlo. En la primera, Venezuela es un barco que por fin se mueve, aunque la tripulación sigue siendo la misma y el control continúa. En la segunda, se abre una ventana en un cuarto oscuro, pero nadie sabe si afuera hay un precipicio o un camino.
Economía, política y papel de Estados Unidos
Según el jesuita, la economía de la gente sigue muy deprimida. Aunque llegan empresarios y se han reformado las leyes de minas e hidrocarburos, duda de que esos negocios beneficien a la población. Pide un nuevo escenario político que garantice educación, salud, empleo y derechos.
Sobre la mesa de negociación abierta, señaló que participan el gobierno de Delcy Rodríguez y un sector de la opositores, pero que no se ha consultado a la sociedad civil y se ha dejado fuera al sector que lidera María Corina Machado. Consideró a Estados Unidos un actor decisivo, que fija las reglas y los jugadores, y defendió que los venezolanos deben acordar entre ellos sus propios intereses. Reconoció además que, tras las elecciones de 2024 y durante 2025, tuvo que bajar su perfil público por responsabilidad con la gente. Hoy, dijo, el escenario es distinto, pero aún existen leyes que restringen libertades.
Diáspora, educación y esperanza
Venezuela ha perdido a unos ocho millones de personas, muchas de ellas profesionales. En Asturias viven cerca de siete mil venezolanos, casi 2.500 en Oviedo. Infante cree que el retorno será posible si mejoran las condiciones, pero no al nivel que muchas familias sueñan, y propone apostar por una relación solidaria entre quienes se fueron y quienes se quedaron.
Para la reconstrucción, ve la educación como el camino principal: advirtió que la educación y la sanidad públicas, antes entre las mejores de América Latina, han sido desmanteladas, y que los jesuitas deben aportar propuestas educativas. Su razón para la esperanza es la gente, cuya solidaridad se vio en los recientes terremotos.
Migración, abusos y acoso escolar
Como experto en migraciones, defendió que los estados pueden regular la migración, pero no impedirla, y calificó de gran mentira la idea de que el migrante quita el trabajo, porque buena parte de las economías de los países receptores se sostiene con mano de obra migrante. Agradeció la solidaridad de España con Venezuela.
Sobre los abusos sexuales a menores, los definió como un asunto muy doloroso, presente en todas las instituciones, y reconoció que se señala a la Iglesia por omisión. Valoró los avances bajo Benedicto XVI, Francisco y León XIV, aunque dijo que los casos continúan y que hay que priorizar la reparación y la justicia. Sobre el acoso escolar, afirmó que los protocolos son necesarios pero insuficientes, y que se requieren programas educativos que construyan una cultura del cuidado.
Fuente: entrevista de Juan A. Ardura en La Nueva España.



