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La propuesta de Jesús

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La novedad de la relación con el poder que planteó Jesús requiere, para lograr ser vivida, más que la captación de un concepto, todo un reacomodo interno de las valoraciones que en torno al ejercicio del poder se puedan hacer. La propuesta de Jesús es siempre situada, encarnada, y cobra mayor sentido cuando se acoge como   posibilidad para nuevas comprensiones y opciones

Por Javier Contreras Mora, s.j.*

El desafío interpretativo del poder

El poder es un término de uso frecuente, que suele ser también un problema recurrente de investigación. Importantes voces clásicas y contemporáneas exploran el fenómeno del poder desde diversas perspectivas, para comprender, en lo posible, la compleja naturaleza de su expresión en las relaciones humanas y de gobierno. Una revisión de estudios influyentes sobre el poder permite señalar la dificultad en sus interpretaciones, pues continuamente se le atribuyen asociaciones que, sin dejar de ser ciertas, pueden omitir otras características que son relevantes. 

             No es pertinente limitar el estudio del poder al dominio de un saber determinado, por ejemplo, la ciencia política, la Filosofía o la Sociología, pues, como afirma Claude Lefort, “No hay disciplina científica cuyo objeto específico sea la naturaleza, el origen y el ejercicio del poder”.1 Ahondando en su idea, Lefort afirma: “No será definiendo términos como nos desprenderemos de la cuestión del poder”.2 Las definiciones cerradas, lejos de arrojar luces sobre la discusión en torno al poder, la cubren con el velo de las supuestas certezas que pueden conducir a posiciones poco críticas, bien por aceptación militante de lo establecido, bien por negación irreflexiva de las novedades interpretativas.

             Relacionarse con el fenómeno del poder y sus implicaciones supera, ampliamente, cualquier concepto o intento de definición, por esa razón, es útil traer a colación la afirmación de Fries: “Una de las experiencias fundamentales del hombre es la referente al poder, ya que lo encuentra en todas las cosas”3.  Si el poder se encuentra en todo lo que el hombre realiza y en todas sus relaciones, queda manifiesto que, al pensar y reflexionar sobre él, la duda y la capacidad de repreguntarse sobre el poder, ha de marcar la actitud de quien aspire una comprensión más amplia que le permita expandir horizontes.

Cristo ante Pilato / Munkacsy

             Dentro de esos horizontes se encuentra la noción del poder en Jesús, el uso que hizo de este y la relación que invita a tener con esta dimensión. Es este el derrotero hermenéutico que tomará este artículo, guiado, en cierta forma, por la observación de Pikaza cuando afirma: “El mismo tema del poder de Dios ha planteado preguntas que son difíciles de responder”4. Esta afirmación inserta preguntas que no obtienen fácil respuesta y que son recurrentes al momento de interpelarse sobre la noción de poder, más específicamente, del poder de Dios manifestado en Jesús y lo que él propuso. 

Entonces, ¿de qué se habla cuando se habla del poder?

Antes de exponer la mirada de Jesús respecto al poder, tomando como referencia un pasaje del Evangelio de Marcos (10,42-44), es pertinente hacer un breve recorrido por lo que algunos autores han reflexionado en torno a la noción estudiada. La intención no es contraponer, de forma irreconciliable, el pensamiento desde las ciencias sociales y la propuesta de Jesús; en todo caso, se espera evidenciar cómo, desde la fe y el deseo de seguimiento a Jesús, la comprensión del poder y las dinámicas que en su ejercicio se establecen, están llamadas a ser transformadas y a convertirse en instrumento de servicio, reconciliación y dignificación de la vida. 

             Señala Hannah Arendt: “El poder es lo que mantiene la existencia de la esfera pública, el potencial espacio de aparición entre los hombres que actúan y hablan”.5 Para la autora, el poder se asocia a lo público, entendido como la interacción de personas, el entramado de decisiones e intercambios que ocurren en la cotidianidad. Si, siguiendo a Arendt, se reconoce al poder como presencia entre personas que actúan, vale citar a Enrique Neira Fernández cuando acota: “No es concebible un grupo humano sin que exista el poder”.6

             Continúa profundizando Neira respecto al poder y sus características cuando hace alusión al pensamiento de un gran estudioso del poder y las instituciones que en torno a él se han creado: “En este sentido podemos decir con Hobbes que ´el poder es una necesidad social que, con el orden que impone y el concierto que instaura, permite a los hombres alcanzar una vida mejor´”.7 

             No deja de ser controvertible asegurar, con la convicción que lo hizo Hobbes y recuerda Neira, que el poder es en sí mismo un canal de obtención de una vida mejor; no obstante, es pertinente tener presente que, en su pensamiento, el poder, su utilización normada y la institucionalización de este, están relacionados con la necesidad de supervivencia asociada a la desconfianza que han de tener los hombres entre sí, ya que: “… en el comienzo de la sociedad civil está el miedo recíproco”.8 

             Byung-Chul Han, por su parte, se acerca al poder con la siguiente intuición: “Frente a todo lo que el fenómeno tiene de obvio tenemos todo lo que el concepto tiene de oscuro”.9 Esa oscuridad a la que alude, es, de cierta forma, la ratificación de la inconveniencia de tratar de encerrar al poder en una definición que pretenda agotarlo; ruta similar a la ya mencionada que propone Claude Lefort. A pesar del reconocimiento de la dificultad de la empresa, Han no renuncia a la posibilidad de elaborar una definición de poder: “Hay que hallar un concepto dinámico de poder capaz de unificar en sí mismo las nociones divergentes respecto a él”.10

             El filósofo surcoreano redondea su planteamiento sobre el poder aseverando: “El poder es lo único que permite que las cosas participen de un sentido”.11 El autor, para llegar a esta afirmación, ha dedicado tiempo al estudio de las obras de Nietzsche respecto a la relación entre lenguaje y poder, y el cómo se va nombrando y delimitando el sentido que cada cosa pueda tener.

             Lo que para Arendt es una condición de posibilidad para lo público; para Neira es componente necesario de todo grupo humano; para Hobbes un mecanismo institucional que tiende a una vida más plena; para Han representa un concepto opaco que puede aclararse aproximándose al lenguaje y el sentido. Las diversas concepciones de poder aquí esbozadas, en ocasiones enfrentadas entre sí y en ocasiones complementarias, se erigen como una invitación a la aceptación de las polaridades de los enfoques inmersos, las tensiones que generan y lo incompleto de todo acercamiento al fenómeno tratado.

Imaginario y ejercicio del poder en tiempo de Jesús

Carlos Gil comenta: “Jesús nació en una época de grandes tensiones sociales, políticas y religiosas, marcada por el creciente dominio que el Imperio romano estaba alcanzando en el Mediterráneo oriental”.12 Se intuye que todo acto de las personas estaba enmarcado en un ambiente que, con facilidad, pasaba de la tensión al conflicto, y podía generar respuesta de quien encarnaba el poder de facto: el Imperio romano.

             A la descripción hecha por Gil, se suma la afirmación de Carter: “Cuando Jesús declara ´mi reino no es de este mundo´ (Jn,18-36), no quiere decir, como han afirmado muchos, que a Jesús le tenga sin cuidado el imperio de Roma o que solo le interesen las realidades ´espirituales´”.13   Recurrir a Carter y sus afirmaciones obedece al interés de evidenciar que, como se ha precisado anteriormente, al hablar de poder se invocan estructuras que lo mediatizan y logran concretarlo. En los años previos al nacimiento de Jesús y hasta cuatro siglos después, la gran representación del poder fue Roma, así que, para acercarse a la noción de poder en Jesús y el impacto que esta noción alcanzó (o no), es fundamental recordar cuál era el peso de un ejercicio del poder que todo abarcaba.

Jesús y el poder

Los galileos, sometidos a los abusos del poder en su contra (militar-político por el Imperio romano) y a la discriminación de los representantes más destacados de su religión (fariseos), encarnaban al hombre promedio de las tierras mediterráneas, ocupadas por extranjeros y con crecientes tensiones internas. El poder era un dinamizador de las relaciones, bien para fortalecerlas o bien para destruirlas. Como el poder también es relación, el mismo Jesús reconstruyó una y otra vez su propia relación con las personas que conoció y lo rodearon, con Dios y consigo mismo: 

             Las relaciones que estableció Jesús no fueron mero pretexto para mostrar su poder, y las personas que se relacionaron con él no solo fueron receptoras de su misión. Las relaciones que tejieron su existencia, incluida la relación con Dios, ayudaron a construirla, ejercieron diferentes efectos sobre Jesús, de ellas aprendió y desde ellas construyó su peculiaridad.14

             De la anterior cita hay que destacar dos aspectos, énfasis prioritarios para acercarse a la noción de poder en Jesús. En primer lugar, Jesús no estableció relaciones para mostrarse poderoso, como alguien que daba y esperaba ser retribuido con sumisión a sus mandatos. En segundo lugar, el poder, para Jesús, fue posibilidad de reconfigurar sus vínculos, de fortalecer su misión, de descubrirse uno entre tantos, no el mejor entre todos. 

Jesús lavando los pies de Pedro / Ford Madox Brown

             Otra característica del poder en Jesús era que, a diferencia de lo que hacía el Imperio romano, no pensó ni ejecutó, nunca, ninguna acción violenta que, mediante la retaliación, impusiera su fuerza sobre la voluntad humana. Al respecto: “En efecto, el Dios de Jesús no se abre pasos con signos milagrosos, ni arrastra a las multitudes con gestos fascinantes, ni impone su soberanía con un poder coercitivo, ni recurre a la violencia contra sus adversarios”.15

             Dicho de otro modo, el poder en Jesús no es espectáculo, no enmascara segundas intenciones, no reclama para sí nada por obligación, no busca venganza como medio de satisfacción. Abrazar esta noción de poder y perfilar desde ella un ejercicio de este, no fue una propuesta de fácil aceptación para los contemporáneos de Jesús, no es una propuesta de fácil aceptación para los cristianos en la actualidad, porque, entre otras ideas, se sigue pensando que el triunfo del proyecto de Dios que Jesús comunicaba estaba (y está) signado por un reconocimiento de la dignidad percibida como obtención de beneficios, no como la humanización de la propia historia. 

Una mirada a Marcos 10, 42-44 

Cuando se habla de tensión respecto a cómo entender y ejercer el poder, los máximos representantes de la contradicción existente y a quienes Jesús dirige sus enseñanzas reiteradamente, son los discípulos. Un grupo de hombres que comparten y sueñan junto a Jesús, sin lograr dejar atrás las comprensiones socio- religiosas que demandaban la ejecución del plan de Dios a través de mecanismos de fuerza que reivindicaran las apetencias propias por la opresión sufrida como pueblo y como individuos a manos de los poderosos.

             “Sabemos que el poder, vinculado casi siempre a las riquezas (cf. 10,17-22) y expresado como dominación política, quiere rodearse de un aura sagrada (como si fuese signo de Dios), siendo en realidad diabólico”16. La cita permite visualizar lo que los discípulos aspiraban del poder de Jesús: dominación, prebendas y división que se legitimaran con el rasgo divino de la misión de Jesús. 

             Marcos 10:42 señala: “Los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder”. No es aceptable para Jesús y adversa a la lógica del Reino de Dios, que quienes tienen el poder lo ejerzan para su propio beneficio y lo hagan basándose en la imposición que desdibuja la dignidad humana, atentando contra la fraternidad de los hijos de Dios. Sus discípulos entran en el grupo de personas que pretenden granjearse posiciones de privilegio, condición de posibilidad para una utilización del poder que conduzca a la repetición de modelos de exclusión.

             En Marcos 10:43-44 se lee: “Pero no ha de ser así entre ustedes, pues el que quiera llegar a ser grande, que sea su servidor, y el que quiera ser el primero entre ustedes, que sea esclavo de todos”. Más que una instrucción de carácter imperativo, esta expresión condensa la enseñanza de Jesús respecto al uso del poder, la libertad que ante este hay que tener, y la posibilidad de diferenciarse de los opresores que causan daño y alimentan la injusticia.

             Cuando Jesús incluía en las potencialidades del poder la variable servicio, lo hacía con el convencimiento de que, en la cercanía con los otros, en la búsqueda de prácticas tendientes a mejorar integralmente la vida de los demás, se concretaría la construcción de la fraternidad, ese componente esencial del Reino de Dios que se había visto amenazado con el uso del poder desde la lógica de los que oprimían y humillaban. 

A manera de cierre

Al poder siempre lo acompañará una doble potencialidad: ser causante de opresión destruyendo las relaciones humanas y desdibujando el horizonte de fraternidad, o ser instrumento para que a través del servicio y la entrega las brechas sociales se reduzcan, germine la esperanza y se erijan comunidades conscientes de sus propias capacidades y responsabilidades.

             El llamado de Jesús a relacionarse con el poder de una forma diferente a la establecida por los gobernantes y las élites religiosas de su época no ha de entenderse como una reserva del poder a favor de Dios, otorgándole un carácter de administrador a discreción de este. “No es que Dios se reserve todo el poder, de manera que sus seguidores (los hombres) hayan de mostrarse impotentes, sino todo lo contrario. El Dios de Jesús no actúa con medios de poder”17.

             Jesús no estigmatizó al poder en sí, mucho menos lo absolutizó. En las enseñanzas que dio a sus discípulos, el sustrato era el de la libertad frente a una dimensión que, por estar presente a lo largo de la existencia humana, debía ser discernida para que no se apoderara de las personas, convirtiéndose en un falso norte que, junto a la acumulación de riquezas, representaban los dos principales enemigos del Reino de Dios. 

NOTAS:

  1. LEFORT, La incertidumbre democrática. Ensayos sobre lo político. P. 23.
  2. Ibid. P. 24.
  3. FRIES, Conceptos fundamentales de la Teología. Tomo II. P. 395
  4. PIKAZA, Diccionario de la Biblia. Historia y palabra. P. 811.
  5. ARENDT, La condición humana. P. 223.
  6. NEIRA, El saber del poder. P. 117.
  7. Idem.
  8. HOBBES, Tratado sobre el ciudadano. P. 14.
  9. HAN, Sobre el poder. P. 9.
  10.  Idem
  11.  Ibid. P. 49. 
  12.  GIL, “El contexto de la vida de Jesús”. P. 37. 
  13.  CARTER, El imperio romano y el Nuevo Testamento. Guía básica. P. 7.
  14.  BERNABÉ, “Las relaciones de Jesús”. P. 126.
  15.  AGUIRRE, “Dios, tolerancia e inclusión en Jesús de Nazaret”. P. 18.
  16.  PIKAZA, Comentario al Evangelio de Marcos. P. 493.
  17.  PIKAZA, Evangelio de Marcos. La Buena Noticia de Jesús. P. 758.

REFERENCIAS

AGUIRRE, Rafael (2020): “Dios, tolerancia e inclusión en Jesús de Nazaret”. En: Trinidad, tolerancia e inclusión, coord. por J.P. García. Madrid: PPC. Pp. 31-55.

ARENDT, Hannah (2016): La condición humana. Barcelona: Paidós.

BERNABÉ, Carmen (2009): “Las relaciones de Jesús”. En: Qué se sabe de Jesús de Nazaret. Por Aguirre, Rafael; Bernabé, Carmen; y Gil, Carlos. Navarra: Verbo Divino. Pp. 125-143.

CARTER, Warren (2011): El imperio romano y el Nuevo Testamento. Guía básica. Navarra: Verbo Divino.

FRIES, Heinrich (1966): Conceptos fundamentales de la Teología. Tomo II. Madrid: Cristiandad.

GIL, Carlos (2009): “El contexto de la vida de Jesús”. En: Qué se sabe de Jesús de Nazaret. Por Aguirre, Rafael; Bernabé, Carmen; y Gil, Carlos. Navarra: Verbo Divino. Pp. 37-48.

HAN, Byung-Chul (2016): Sobre el poder. Barcelona, Herder.

HOBBES, Thomas (1999): Tratado sobre el ciudadano. Madrid: Trotta.

LEFORT, Claude (2004): La incertidumbre democrática, Ensayos sobre lo político. Barcelona, Anthropos.

NEIRA, Enrique (2004): El saber del poder. Mérida: Consejo de Publicaciones de la Universidad de los Andes.

PIKAZA, Xabier (2007): Diccionario de la Biblia. Historia y palabra. Navarra: Verbo Divino.

________ (2012):  Evangelio de Marcos. La Buena Noticia de Jesús. Navarra: Verbo Divino.

________ (2013): Comentario al Evangelio de Marcos. Barcelona: Clie.

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