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La hora del cambio

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Sainete anticorrupción

José Luis Sánchez Noriega

El título podía leerse también al revés, pues esta fábula sobre “la hora del cambio” político transcurre entre “el cambio de hora” por el que adelantamos los relojes en primavera y aquel en que los retrasamos en otoño, unos meses en que, efectivamente, el pueblo siciliano de Pietrammare vive la ocasión de un cambio con la defenestración del viejo alcalde cacique y el acceso al mando del municipio de Natoli, un honrado profesor que se ve impulsado a la arena política por la indignación ciudadana. En efecto, el anterior alcalde se limita a cultivar el populismo, el favoritismo y la supervivencia desde el mayor desprecio de la ley por parte de todos los vecinos, que hacen lo que les da la gana aunque tengan que soportar aceras con excrementos caninos, socavones en las calles, industria contaminantes, atascos interminables, contenedores desbordados de basura, terrazas ilegales, puestos callejeros sin licencia… En ese caos, los amigos del edil obtienen beneficios particulares: es la vieja política donde los bienes públicos se pone al servicio de unos pocos. Algo bastante común en muchas ciudades italianas… y españolas.

Precisamente por esto, esta película –cuyo humor y estructura de comedia no alcanza grandes cotas- logra un interés sociológico y permite la identificación del espectador en nuestro país (en Italia ha tenido una generosa taquilla de 11 millones). La corrupción no se presenta aquí con las mayúsculas del tratamiento dramático o policíaco por el que se desbarata una trama criminal o se señala la existencia de un cáncer mafioso en una ciudad siciliana; es decir, no afecta a un grupo concreto de criminales. La hora del cambio va más allá y habla de la mayoría de la sociedad al señalar las corruptelas diarias, el amiguismo, la insolidaridad, la egolatría de gentes que carecen de toda sensibilidad ciudadana y entienden que no debe haber leyes que limiten su soberana voluntad, elevada, entonces a máxima categoría política. Basta leer los periódicos españoles de los últimos meses con un poco de atención para darse cuenta que esa mentalidad individualista y anticívica está muy presente y es la base del rechazo de la legalidad –desde las burlas cotidianas del código de tráfico a las más graves defraudaciones fiscales- que termina por justificar la corrupción y los grandes robos al Estado.

El alcalde electo emprende una serie de reformas que buscan poner orden en el pueblo; pero los propios cuñados se unen al resto de los vecinos –también alentados por el cura, que había apoyado el cambio político: es decir, su opción política es de los que ganen- cuando se manifiestan para rechazar todo cambio. Hay varios momentos divertidos que ejemplifican esa cultura individualista acostumbrada a los favoritismos; el mejor es cuando los cuñados llegan al ayuntamiento y se disponen a hacer cola para ser recibidos por el alcalde: todos lo rechazan porque lo natural es el trato privilegiado y saltarse la cola… Estructurada en episodios que van trenzando la tesis de fondo, tiene más interés por la crítica de fondo –bien amarga: el final es la vuelta a las corruptelas- que en cuanto comedia cinematográfica, excesivamente sesgada hacia el sainete y, por momentos, al esperpento, con unos personajes bastante esteotipados y una progresión dramática más bien caprichosa, basada en el valor de episodios concretos.

                                               

Fuente: http://www.cineparaleer.com/critica/item/2124-la-hora-del-cambio

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