Scroll Top
Edificio Centro Valores, local 2, Esquina de la Luneta, Caracas, Venezuela.

La economía venezolana post 3 de enero

la-economia-venezolana-post-3-de-enero
Cómo cerramos el 2025

Es importante comenzar señalando que, al momento de redactar estas líneas, la disponibilidad de estadísticas oficiales sigue siendo limitada. Más allá de la información publicada sobre el tipo de cambio “oficial” por parte del Banco Central de Venezuela (BCV), no contamos con datos oficiales actualizados para variables clave, como por ejemplo inflación, balanza de pagos y PIB (del cual solo publican los porcentajes de variación), por lo que este resumen económico del año, se apoya en estimaciones propias y reportes de empresas privadas, nacionales y extranjeras.

En 2025 la economía cerró con presiones inflacionarias y alta volatilidad cambiaria. El tipo de cambio BCV registró un incremento acumulado de 479% en el año, mientras que la tasa no oficial aumentó 760%. En materia de precios, estimaciones de firmas privadas ubican la inflación anual por encima de 500%. Un elemento particularmente relevante (y preocupante) es que, en los últimos cuatro meses del año, el aumento promedio mensual de los precios habría superado el 20%, una dinámica que elevó la probabilidad de un episodio de hiperinflación para 2026. Todo ello ocurre, además, en un entorno más complejo por el bloqueo petrolero de Estados Unidos sobre las exportaciones venezolanas. Esta acción llevó a que la producción petrolera disminuyera en diciembre, por la imposibilidad de exportar petróleo por parte de Venezuela (al tener los inventarios en niveles muy altos, se procedió a cerrar pozos).

En cuanto a la actividad económica, nuestras proyecciones apuntan a un crecimiento del PIB de 6% en 2025 (la CEPAL estima un crecimiento de 6,5%, el gobierno habla de un incremento superior al 8%). En cualquier caso, se trata de un desempeño positivo y, por lo tanto, una buena noticia. El consumo también tuvo un comportamiento positivo. Por el lado financiero, la cartera de créditos cerró el año por encima de $3.000 millones, lo que representa un incremento interanual de 27% respecto a 2024. Sin embargo, y entendiendo que es una mejora relevante, el nivel de intermediación sigue siendo bajo en relación con el tamaño del PIB y con los promedios regionales.

En el sector petrolero, (según cifras de la OPEP para diciembre), la producción petrolera venezolana cerró el año en 1.120.000 barriles diarios (fuente primaria = cifras del gobierno venezolano) un descenso de 22.000 bd con respecto al mes anterior, pero comparado con el cierre de 2024, un aumento cercano al 13% (si hacemos el cálculo basándonos en la producción promedio anual que reporta la OPEP, la producción aumentó un 17%). No obstante, al contrastar con fuentes secundarias (cifras generadas por el mercado), el incremento anual luce más moderado, cercano a 3% (y comparando promedios de producción en el año, un 7% de incremento 2025 vs. 2024). A pesar de ese incremento en la producción petrolera, estimamos que los ingresos petroleros disminuyeron (entre otros factores, destaca la caída del Brent, superior al 15%). Finalmente, en recaudación tributaria, 2025 cierra con una recaudación algo superior a los $10.000 millones, una cifra aproximadamente 20% inferior a la de 2024. Sin embargo, destaca un cambio de tendencia hacia el cierre del año: tras siete meses de caídas, en noviembre y diciembre se observó recuperación en la dinámica interanual mensual. Esta caída en los ingresos tributarios más la disminución en los ingresos petroleros, habrían llevado a un obvio incremento en el déficit fiscal.

 

Una primera mirada al 2026

Han transcurrido pocas semanas desde los hechos del 3 de enero y, aunque se han producido anuncios y acciones relevantes (tanto por parte de Donald Trump como del gobierno de Venezuela), todavía no existe un panorama completamente claro sobre el marco operativo que prevalecerá en el corto, mediano y largo plazo.

Los reportes disponibles sugieren, por ahora, un esquema inicial para redirigir exportaciones de crudo venezolano hacia Estados Unidos, con un modelo en el que los ingresos se canalizarían primero hacia cuentas controladas en EE.UU. y con medidas orientadas a proteger esos recursos de embargos de acreedores.

Venezuela también tendrá la oportunidad de seguir vendiendo petróleo en los mercados asiáticos, donde ahora si va a tener acceso a un precio de venta de mercado (no descuentos).

En estas líneas vamos a enumerar un resumen de algunos tips que consideramos importantes, siempre centrándonos en lo económico:

  • Arquitectura financiera del acuerdo petrolero y flujo efectivo de caja hacia Venezuela. Más allá del anuncio de ventas dirigidas al mercado estadounidense, el elemento decisivo es cómo se materializa el traslado de recursos hacia la economía venezolana: qué proporción queda disponible para gasto público, importaciones esenciales y estabilización macro; bajo qué reglas opera el vehículo fiduciario/cuentas custodiadas; y qué mecanismos de control, condicionalidad y priorización se aplicarán para pagos (salarios, políticas públicas y compromisos externos).
  • Industria petrolera como variable dominante. El mercado estará concentrado en la velocidad de recuperación de producción, la capacidad de inversión (origen del capital, socios, términos), y las condiciones de seguridad jurídica y operativa para ejecutar inversiones. En paralelo, debe considerarse el incentivo para la industria petrolera estadounidense: un aumento significativo de producción petrolera venezolana podría presionar precios en un momento de cotizaciones relativamente bajas, lo que podría sugerir que la expansión sería gradual y condicionada.
  • Reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos. Es un primer paso para generar incentivos a la inversión extranjera, no obstante lo importante en el tema de seguridad jurídica es que las leyes se cumplan.
  • Normalización con el FMI y acceso a activos de reserva. Mientras más rápido se reestablezcan las relaciones FMI – Venezuela, será mejor para el país. En el FMI, Venezuela tendría acceso a unos $4.800 millones en DEG (en condiciones muy favorables), monto que podría ayudar al país a realizar inversiones en sectores prioritarios, como por ejemplo electricidad.
  • OPEP y el ajuste de cuotas ante más barriles venezolanos. Si el incremento de producción venezolana se materializa, surge la pregunta de quién absorbería el ajuste dentro de la Organización, para mantener los niveles de producción que manejan.
  • China y Rusia: reacomodo energético, comercial y financiero. Un redireccionamiento de barriles desde Asia hacia EE. UU. reabre interrogantes sobre contratos de suministro y estrategia de China respecto a deuda y cobros (sobre todo si deja de llegarles petróleo venezolano).
  • Sectores potencialmente beneficiados. Más allá del petróleo, un cambio de expectativas y de disponibilidad de divisas podría favorecer, con rezagos, sectores como banca, comercio/importación, consumo de bienes esenciales y servicios.
  • Deuda externa, default y CITGO: La sostenibilidad de cualquier estabilización pasa por el tratamiento del default. Los bonos en default (Gobierno + PDVSA) suman alrededor de $60.000 millones de valor facial (más $40.000 millones en intereses no pagados), mientras que la deuda externa total (incluyendo otras obligaciones, laudos y préstamos bilaterales) se ubicaría cerca de los $150.000 millones según cómo se contabilicen intereses y sentencias. ¿Cuándo empezaría la renegociación – reestructuración de la deuda? Se hay consenso en torno a que el “hair cut” (quita) será importante, ¿Cómo se manejará lo de los intereses no pagados?
  • En paralelo, la subasta/venta de CITGO sigue siendo un punto sensible.

 

Ideas finales

Podríamos seguir enumerando tips, pero el mensaje central es que esta situación tomará tiempo y estará supeditada por decisiones políticas, legales y operativas.

En los últimos días se ha observado una apreciación en el mercado no oficial (superior al 50%), mientras que el tipo de cambio BCV mantiene una tendencia de aumento. Esto es una buena noticia porque la brecha cambiaria disminuye (principal problema económico del país, según las encuestas entre los empresarios). En este marco, sería muy factible una unificación cambiaria.

Ante todo este panorama, lo recomendable es cautela y recalibrar escenarios (dado que el 2026 se perfilaba muy negativo), monitorear decisiones y su implementación efectiva, y evitar un optimismo desmedido. Hay temas (inversión petrolera, logística, seguridad jurídica, arquitectura de ingresos, deuda y CITGO) que no se resuelven de la noche a la mañana.

Finalmente, aunque Venezuela cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo, el salto de producción tiene límites técnicos y de capital. Alcanzar niveles del orden de 1,5–2,0 millones bd podría ser factible con costos y tiempos relativamente contenidos frente a metas más ambiciosas; superar esos niveles exige inversiones y plazos significativamente mayores. Aun así, llegar a 2 millones bd mejoraría el flujo de caja en divisas del Estado, lo cual permitiría brindar herramientas para atender la estabilización macroeconómica. No olvidemos, los requerimientos de recursos, internos y externos son muy grandes, algunos sectores se verán más favorecidos que otros, porque aunque el incremento en la producción petrolera y en los ingresos fiscales ocurra rápido, no tendrá la cuantía en el corto y mediano plazo para calmar todas las demandas.

Leer también: La urgencia de un nuevo pacto republicano

 

 

Entradas relacionadas
Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios
Oldest
Newest Most Voted
Inline Feedbacks
Ver todos los comentarios
0
Me encantaría saber tu opinión, por favor comenta.x
()
x
Nuestros Grupos