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Edificio Centro Valores, local 2, Esquina de la Luneta, Caracas, Venezuela.

La calidad es materia pendiente de nuestra educación

Prensa Redhnna

El año escolar 2020-2021 ha sido un año complejo, retador y doloroso, que ha exigido sacar lo mejor de nosotros para poder sobrellevar la situación actual de manera creativa, audaz y fieles a la misión encomendada que es llevar educación de calidad a los niños, niñas y adolescentes de las escuelas de Fe y Alegría. Sin embargo, nuestras escuelas no escapan de la realidad país y ante la ausencia de cifras oficiales, retos y aprendizajes nos quedan

Por Luisa Pernalete*

¿Cuántos estudiantes fueron atendidos este año que termina y cuánto aprendieron? ¿Cuántos abandonaron? ¿Qué se aprobó? ¿Qué se reprobó? Nos gustaría tener datos “duros” para responder las primeras preguntas, pero ya se sabe, este es un país sin estadísticas, no será fácil, y eso ya forma parte de la evaluación de este año escolar que termina

Todo un año con educación a distancia (ED), en un país con muy malos servicios públicos y en medio de una Emergencia Humanitaria Compleja (EHC), lo mínimo que se puede decir es que ha sido un año escolar muy difícil tanto para los estudiantes, sus familias y también para los educadores.

¿Cómo fue? ¿Qué se pudo hacer? ¿Cómo se hizo? ¿Qué se puede rescatar? ¿Qué retos se asoman? Sobre eso escribimos en este artículo.

Los problemas no comenzaron con la pandemia

Es bueno recordar que los problemas de la educación venezolana, no comenzaron con la pandemia y el cierre de las escuelas. Ya tenemos años con la rutina escolar alterada: días sin clases o jornadas incompletas, inasistencias de los chicos por falta de agua en sus casas, falta de alimento, problemas con el transporte, renuncias de maestros por los bajos salarios… Según datos de la encuesta Encovi (2019-2021), un 40 % de los inscritos tenían asistencia irregular. Añadamos que, según Unicef, para el 2019, había cerca de un millón de muchachos fuera del sistema escolar. Digamos algo más, también se sabe de reducción de sesiones e incluso de turnos, por falta de alumnos y/o por falta de docentes. Todo eso antes de la pandemia. Y no hemos entrado en los problemas que tienen que ver con la calidad de la educación.

Diga usted: ¿cuál de estos problemas ha desaparecido? Ninguno. Es más, se han incrementado y han aparecido nuevos, al suspenderse las clases presenciales y sustituirla por ED.

Educadores sin herramientas

A distancia se ha trabajado con adultos desde hace mucho tiempo. Ya en el siglo antepasado, se hacían cursos por correspondencia, y la radio y la televisión se utilizan desde mediados del siglo XX. En Fe y Alegría, desde hace más de 40 años se trabaja con la radio educativa para adultos. El Internet, cuando comienza a popularizarse alrededor de 1983, enriquece las posibilidades de la educación a distancia, pero con adultos como destinatarios. Para los niveles de educación inicial primaria bachillerato, educar a distancia es una novedad, no solo para los docentes venezolanos. Así que este fue un obstáculo nuevo para nuestros educadores, y esa falta de herramientas que, si bien algo se ha avanzado, dada la orfandad sobre todo de los docentes oficiales, ha incidido en los errores que se han cometido en este año y medio con escuelas cerradas.

Educar a distancia es mucho más que “mandar tareas”, que es a lo que se han dedicado muchos docentes. Su planificación es más compleja y el docente requiere de formación y acompañamiento. Eso no se ha tenido, salvo en pocas excepciones. De ahí los resultados: angustia de alumnos y sus padres, aburrimiento… y sin interés no se aprende.

Crecieron las desigualdades

La escuela reduce desigualdades. Un niño muy pobre en su escuela tendrá un pupitre igual que los demás, una maestra igual que el resto. El más pobre, en su casa, está en desventaja y por eso, la desigualdad ha crecido. Sumemos las brechas tecnológicas, para los que usan internet para las clases. Según el Observatorio Venezolano de Servicios Públicos (OVSP), la conectividad en los hogares venezolanos ha decrecido. Hay ciudades con menos de 40 % de hogares con conexión a internet, y ya sabemos, además, que la velocidad de ese servicio en Venezuela, es de las peores del mundo. Añádase la brecha entre los que tiene equipos, computadoras o celulares inteligentes, y los que no tienen. Y sume, además, los problemas de electricidad, que se han agravado, entendiéndose que las interrupciones en este servicio impiden también las clases por radio o por televisión, así como el internet. Los que están en peores condiciones en los sectores rurales o indígenas. ¿Cuántos alumnos de estos sectores han sido atendidos? Hay que decir, que lo del crecimiento de las desigualdades y las brechas tecnológicas, lo apuntan todos los países, pero aquí son mayores por la EHC y el tema de los servicios públicos, antes de los mejores de América Latina y ahora de los peores que recordaremos.

Este año escolar ha crecido también la cantidad de niños y niñas que no están comiendo. Ya Encovi nos ha dicho que el 93 % de los hogares sufren para para poder adquirir alimentos. Con escuelas cerradas, los niños que comían, aunque fuera una vez al día, ya no lo hacen. Y la letra con hambre no entra.

Educación sin calidad

Según nuestra Constitución vigente (1999), en Venezuela la educación es un derecho (art. 103) y esta debe ser integral y de calidad (art. 104). Pero dado que hace más de 10 años que en el país no se hacen mediciones de aprendizajes, ni con las pruebas estandarizadas –como Pisa–, ni con propias, no tenemos manera de saber cuánto están aprendiendo los estudiantes. En primaria hay promoción automática –o sea, se pasa de grado, se aprenda a o no– y en bachillerato hay las revisiones por materia que, si no se acompañan con ayudas de nivelación, es como la promoción automática de primaria. ¿Cuánto aprendieron este año los estudiantes? ¿En cuántos hogares se contrataron personas para que hicieran las tareas de los chicos? Es verdad, que los que más ayuda tuvieron en sus casas, es posible que hayan tenido cierta autonomía para aprender por su cuenta, si es que los docentes supieron partir de sus intereses, pero esa no es la mayoría. ¿Cuántos chicos de primaria leen y comprenden lo que leen? En Fe y Alegría se mide eso con cuidado y hay informes al respecto, de manera que para el próximo año se pueda hacer seguimiento. Me gustaría que las escuelas públicas puedan tener esos datos también. Hay que recordar que la calidad es materia pendiente de nuestra educación desde hace años, agravada por la educación a distancia.

Escuelas sin docentes

Fuente: Luis Morillo / Crónica Uno

Las renuncias de educadores por el tema de los ingresos, antes mencionado, no comenzaron con la pandemia. Los salarios de los docentes en Venezuela son los más bajos de toda América Latina y tal vez, del mundo. Les doy algunos ejemplos: Ecuador, entre 780 USD $, y 1.600 USD $; en Perú, el promedio es de 700 USD $; Honduras, entre 500 y 900 USD $; Guatemala, en primaria, con unos 6 años de servicio, 500 USD $… Para cuando escribo estas líneas, a mediados del mes de julio, el salario integral, el que contempla bonos, está entre 7 y 12 dólares, hablo de los que trabajan en escuelas públicas y subsidiadas. ¿Cómo se puede comer con eso? Claro, en estos tiempos de educación a distancia, los que no han renunciado es porque o hay más miembros de la familia trabajando y generando recursos, o los mismos docentes están “rebuscándose” con otro trabajo, asesorías, vendiendo algo… En Fe y Alegría que no son los casos más graves, todos los directivos están atendiendo alumnos, para suplir las vacantes. Sobre todo, en bachillerato. Y sin maestros no hay escuela.

Padres y madres en orfandad

Los estudiantes están huérfanos de atención adecuada, por falta de herramientas de los docentes; los docentes están huérfanos de acompañamiento y sólo reciben exigencias por parte del Ministerio, y los padres, y sobre todo las madres, están huérfanos de orientaciones, herramientas, acompañamiento, les están pidiendo demasiado. Ellos no están para sustituir a los maestros, no pueden con la carga, y en una cuarentena prolongada como esta, las emociones se pueden desbordar. Sólo hay para ellos exigencias y el dedo acusador.

Escuelas robadas y abandonadas

Las escuelas cerradas se han quedado sin alumnos y sin protección también. Han sido robadas, hasta techos les han quitado. Si normalmente, al final del año escolar –hablo de las públicas– quedan en mal estado, pues este año, sin alumnos y sin mantenimiento, están en el dolor, para decirlo de manera coloquial. Su recuperación va a costar tiempo e inversión.

Un resumen de este año escolar podría ser la orfandad de todos los actores, incluyendo los equipos directivos. Continuamos con una educación sin datos, continuamos con una gestión sin ruta.

Lo rescatable de este año

  • Lo educativo se ha vuelto tema que preocupa. Antes, tal vez el Día del maestro, al inicio del año escolar, algo se decía, ahora es asunto de preocupación y ocupación frecuente de periodistas.
  • Hay interés en mejorar de parte de los educadores y de sus padres. Lo ve uno en las actividades formativas que se organizan desde Fe y Alegría y en iniciativas desde diferentes instancias. Hay docentes que, a pesar de su orfandad, buscan manera de adquirir herramientas. Interés por la educación emocional, por cultivar los lazos afectivos con sus alumnos, interés por hacer mejor su trabajo.
  • Escuela y familia se han revalorizado. Los maestros saben que necesitan de los padres para que los alumnos puedan educarse a distancia, y los padres se dan cuenta de todo el trabajo de los maestros.
  • Hay docentes heroicos, haciendo malabarismos para atender a sus estudiantes, a pesar de los salarios de miseria. Como esas maestras de Fe y Alegría en Nueva Esparta, que a mano reproducen las guías instruccionales. Porque hay maestros que perseveran, podemos seguir hablado de educación en Venezuela.

Los educadores entre aprendizajes y retos

Veamos algunos aprendizajes:

  • La educación emocional es muy importante. Reconocer y administrar las emociones.
  • Hay que mantener los lazos afectivos, siempre ha sido importante, pero a distancia más todavía. Hay menos posibilidad de abandonar si hay lazos afectivos.
  • La resiliencia se enseña y se aprende. Los educadores han crecido en resiliencia: salir airosos de las dificultados, encontrar salidas a los problemas.
  • Mejor trabajar en equipo; en bachillerato mejor trabajar por áreas y no por materias; mejor enseñar por competencias que por objetivos.
  • Los educadores, las madres, los estudiantes, han aprendido tecnología, herramientas digitales como participar –y algunos también a organizarlos– en foros chat, utilizar las aplicaciones de Google, optimizar el uso de os teléfonos inteligentes… Todavía falta, pero en esto se ha avanzado
  • Con los representantes, mejor utilizar la mano de extendida –ofreciendo ayuda– que el dedo acusador
  • Hay que tener una rutina y hay que incluir tiempos de descanso. Cuidar esos tiempos y respetar los tiempos de descanso de los otros. Por ejemplo: no mandar tareas en fines de semana.
  • El sentido del humor distiende, acerca, reduce el estrés y se puede enseñar y aprender.
  • Tanto los estudiantes, como los padres que acompañan, agradecen que se reconozcan cuando hacen bien las cosas. La evaluación no puede ser solo una letra o un número.
  • Cultivar la interioridad, la vida espiritual, rezar y orar, es muy importante para crecer como personas. Y, si somos educadores, enseñar a los otros a cultivar esa vida interior. Esto es muy importante.

Y ahora los retos:

  • Recuperar a los que se han ido. ¿Cuántos? No sabemos exactamente, pero hay que buscarlos.
  • Plan masivo de formación de maestros, los que están en ejercicio y los nuevos.
  • Plan para enfrentar la pandemia, no se trata solo de un plan serio y creíble de vacunación, sino también de inversión: agua e infraestructura ventilada
  • Dignificar los salarios de los docentes. Sabemos que por estos días ha habido reuniones de los gremios para revisar la contratación colectiva. Apenas comienzan.
  • Un acuerdo nacional para salvar la educación: la educación venezolana está en emergencia, y está amenazada, hay que salvarla entre todos.

Hay que evaluar sinceramente este año que se está cerrando, y hay que unirse pensando en el presente y en el futuro de los millones de niños, niñas y adolescentes que necesitan educarse.


*Educadora del Centro de Formación e Investigación de Fe y Alegría. Defensora de Derechos Humanos. Miembro del Consejo de redacción de la revista SIC.

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