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Joe Biden y el catolicismo

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En el libro Joe Biden and Catholicism in the United States, el autor italiano Massimo Faggioli elabora una descripción cultural y política de la relación entre la Iglesia católica y Estados Unidos a través de la historia, para entender mejor el contexto contemporáneo, con la presidencia de Biden y el pontificado del papa Francisco desde la perspectiva norteamericana

Dr. Alfredo Ignacio Poggi*


Autor: Massimo Faggioli
Extensión: 176 páginas
Editorial: Bayard, INC./ Editrice Morcelliana
Año: 2021
País: Estados Unidos


Joe Biden es el segundo presidente católico de la historia de Estados Unidos después de John F. Kennedy. En un país con mayoría protestante, el anticatolicismo estuvo presente en gran parte de su historia y fue recién después de la Segunda Guerra Mundial que la percepción negativa comenzó a cambiar. Pero incluso cuando Kennedy asumió de presidente en los años 60, permanecía aún una cierta desconfianza sobre su relación con el Papa y los intereses nacionales. Hoy en día esta desconfianza se ha disipado, pero el catolicismo de Biden se enfrenta a otros nuevos desafíos y las hostilidades ya no provienen desde los protestantes o ateos, sino desde la misma Iglesia católica norteamericana.

En la actualidad, según Faggioli, varios sectores estadounidenses ya no tienen problemas con que Biden sea católico, sino con su versión del catolicismo. De hecho, la mayoría de los jueces de la suprema corte son católicos, la líder del senado Nancy Pelosi también, y varios legisladores influyentes. El catolicismo está presente así en el Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial, pero con distintas interpretaciones y posiciones políticas. Además, la Iglesia católica estadounidense se está convirtiendo en la más numerosa del mundo y seguramente tendrá un impacto en el catolicismo global de las próximas décadas.

El libro de Faggioli está organizado en cinco capítulos. En el primero, presenta el panorama político y cultural actual de Estados Unidos. Las posturas políticas de Biden y la jerarquía eclesiástica en temas de inmigración, medio ambiente y programas sociales contra la pobreza coinciden en su gran mayoría, pero las divisiones son tajantes cuando se abordan los temas del rol del Estado en la vida individual de los ciudadanos, la moralidad sexual y especialmente el aborto. Por un lado, gran parte de los católicos estadounidenses, a partir de los años 70, vieron con agrado la postura anticomunista y procapitalista del Partido Republicano. Con Ronald Reagan, los católicos, quienes se habían identificado históricamente con el Partido Demócrata, comenzaron a defender las fuerzas del mercado y ver con sospecha los intervencionismos estatales. Por otro lado, la legalización del aborto por la Corte Suprema, en 1973, impulsó un fuerte movimiento provida entre los católicos que ha moldeado la visión política de la Iglesia desde esos días y se ha asociado a los republicanos.

En el segundo capítulo, el autor italiano describe los cuatro candidatos católicos a la presidencia en la historia de Estados Unidos. El primero fue Alfred Smith en 1928, un gobernador progresista de Nueva York, quien luchó por los derechos de los trabajadores y las mujeres. Smith sufrió una gran derrota a manos de Herbert Hoover, con una campaña anticatólica impulsada por grupos como el Ku Klux Klan y periodistas influyentes. Además, por esos años, el Vaticano tenía una posición ambigua con respecto a las democracias liberales, e incluso coqueteaba con regímenes como el de Mussolini.

El segundo candidato, en un contexto completamente diferente, fue John Kennedy. En los años 70, en medio de las reivindicaciones civiles, Kennedy logró posicionarse como un líder preparado que luchaba por la justicia social, pero sin llegar a ser radical. En esos años, además, la posición oficial de la Iglesia católica se abría a los proyectos democráticos liberales, promulgado por pensadores como Jacques Maritain y John Courtney Murray, católicos inspirados por el sistema político estadounidense. Kennedy consiguió la victoria y aunque mantuvo su identidad católica hasta el final de su vida, enfatizó la privatización de la fe y la división entre la Iglesia y el Estado.

El tercer candidato que describe Faggioli es John Kerry. Como un excombatiente de Vietnam, quien usaba su rosario durante la guerra. Su campaña en 2004 se dio en un contexto de “guerra cultural” por un lado, y de patriotismo post 11 de septiembre por otro. Frente a las críticas de la jerarquía eclesiástica por sus posiciones sobre el aborto y geopolíticas, Kerry nunca abandonó su fe y utilizó la misma estrategia de Kennedy, enfatizando la separación entre el Estado y la Iglesia. No obstante, no le alcanzó para ganar la presidencia a manos de George Bush Jr.

Finalmente, el cuarto candidato católico y segundo presidente electo es el mismo Joe Biden. Al igual que los tres anteriores, es un demócrata con raíces irlandesas, defensor de la justicia social y que tiene enfrentamientos con sectores de la jerarquía eclesiástica, pero que no renuncia a su fe. Todo lo contrario. En su campaña y su presidencia, las referencias al pensamiento y figuras católicas, como a la Doctrina Social de la Iglesia han sido constantes. Además, parte de la Iglesia católica apoya su visión, y entre sus mayores defensores están jesuitas influyentes como James Martin.

En el tercer capítulo, Faggioli realiza una descripción cronológica de la relación entre el Vaticano y los gobiernos de los Estados Unidos, especialmente a finales del siglo XX. Una vez disipado el anticatolicismo estadounidense con la presidencia de Kennedy y la apertura de las jerarquías eclesiásticas a las democracias liberales, las últimas décadas del siglo XX estuvieron marcadas por un fortalecimiento en las relaciones diplomáticas que comenzó con el gobierno republicano de Nixon y se consolidó en la asociación anticomunista y provida entre Juan Pablo II y Ronald Reagan. Esta buena relación no estuvo libre de tensiones, especialmente con las críticas del Vaticano hacia las excursiones militares de Estados Unidos en Medio Oriente y sobre la desconfianza históricamente católica sobre las medidas neoliberales impulsadas desde los países desarrollados. Con el pontificado de Benedicto XVI, las posturas del Vaticano se mantuvieron en la misma línea de Juan Pablo II, e incluso se incrementó la romanización y occidentalización del catolicismo. Sin embargo, luego de la explosión de los escándalos sexuales y financieros dentro la Iglesia católica y la renuncia de Ratzinger, el arribo del pontificado de Francisco significó un quiebre en muchos aspectos geopolíticos del Vaticano, aun cuando esos cambios y reformas han sido lentos y silenciosos.

A nivel político, el primer Papa latinoamericano y jesuita ha tenido una agenda proinmigrantes y refugiados, ambientalista, antinacionalista-populista, abierta al diálogo con las periferias y el islam, y crítica de los excesos capitalistas y la acumulación desmedida. A nivel eclesial, Francisco promueve un catolicismo no-occidental, sinodal, abierto a la diversidad y lejos de la obsesión de décadas anteriores en temas de moralidad sexual. Esto lo colocó en contraposición con el proyecto político de Donald Trump, con quién mantuvo una relación tensa durante su mandato, pero también abrió heridas en la relación de Francisco con parte de los obispos católicos estadounidenses, quienes veían con agrado la presidencia de Trump, sobre todo con respecto a sus políticas provida y antizquierda.

En los últimos dos capítulos, Faggioli elabora una descripción de la principal oposición que tiene el pontificado de Francisco a nivel mundial: el neotradicionalismo católico estadounidense, articulado desde think tanks, influencers en las redes sociales y jerarquías eclesiásticas. Este movimiento religioso-cultural pasó de un neoconservadurismo a un neotradicionalismo, en el que se cuestiona incluso al Vaticano II y se perciben como cultural warriors frente a una supuesta dictadura cultural progresista-liberal. Para Faggioli, este movimiento se conecta con el trumpismo, ya que ambos nacen de la ira y el resentimiento que produce el declive de los dos imperios: Estados Unidos y la Iglesia católica.

Aspectos claves a considerar

Aun cuando el trabajo de Faggioli es exhaustivo, existen algunos aspectos relevantes del catolicismo y la cultura estadounidense que el libro no aborda y que considero necesario hacerlo.

Uno es la diversidad de los latinos en Estados Unidos. Los latinos representan el 40 % de los católicos de Estados Unidos y sus posiciones políticas están determinadas por sus visiones del mundo en relación con sus países de origen y entornos familiares. Faggioli menciona brevemente el componente latino de la Iglesia católica estadounidense, pero pareciera ser como algo homogéneo. De hecho, Faggioli se anima a afirmar que Joe Biden es de otra generación, y la nueva generación de los católicos son representados por la congresista Alexandria Ocasio-Cortez, con su componente latino. No obstante, gran parte de los latinos católicos, perciben negativamente a la congresista que promulga el socialismo.

El segundo aspecto que necesitaría ser ampliado es la considerable y profunda tradición intelectual católica latinoamericana. El papa Francisco es un hijo intelectual de Latinoamérica, y no se puede comprender su pontificado, ni la dirección de la Iglesia, sin entender al continente donde se formó. Además, el superior general de la Compañía de Jesús, Arturo Sosa, es venezolano. Es decir, la orden religiosa católica más numerosa y quizás influyente está dirigida también por un latinoamericano. Este cambio de eje geopolítico tiene un impacto en la relación de la Iglesia y el Estado, no solo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. No basta afirmar que son intelectuales o líderes no europeos y no occidentales, como lo hace Faggioli, sino que se requiere profundizar las sofisticadas y diversas tradiciones de pensamiento que se gestaron en Latinoamérica.

Finalmente, el libro hace un buen trabajo al describir la radicalización de los conservadores, pero deja sin mencionar al extremismo confrontacional de los progresistas, quienes son igualmente críticos de Biden y Francisco. Impulsado desde prestigiosos centros universitarios, grandes cadenas televisivas, multimillonarias compañías de tecnología y Hollywood, sectores progresistas, que en un inicio suelen tener fines loables como la justicia social, se han convertido cada vez más en movimientos antiliberales, autoritarios, sin espacio para el disenso, antirreligiosos y, por ende, anticatólicos. Estos grupos también amenazan la convivencia cívico-democrática y reaniman a los sectores más tradicionalistas.

En conclusión, el libro de Faggioli es una excelente introducción para entender mejor el rol del catolicismo en los Estados Unidos. Con un lenguaje claro y descriptivo, el libro dibuja magistralmente el contexto católico contemporáneo de Estados Unidos y lo conecta con sus raíces histórico-culturales. En un país cada vez más polarizado, Joe Biden nos recuerda a los líderes políticos europeos católicos de entre y posguerras, como Robert Schuman, Konrad Adenauer y Alcide De Gasperi. Con una postura moderada de centro e inspirados en la Doctrina Social de la Iglesia, fundaron la Unión Europea y la estabilidad democrática de un continente azotado por los extremismos ideológicos de la derecha y la izquierda. Joe Biden parece estar destinado a la misma labor, pero cien años después.


*Doctor en Literatura y Estudios Culturales en Español y Portugués- Universidad de Georgetown.

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