Por Félix Arellano

Varios de los recientes procesos electorales en la región han evidenciado claramente el desencanto de gran parte de la población con la política y los políticos, abriendo espacios, tanto a las soluciones radicales; como, lo que es más delicado, a una progresiva erosión de la institucionalidad democrática y los derechos humanos.

En ese contexto, la reacción de un 55 % del electorado argentino que decidió, el domingo 19 de noviembre, elegir al controversial Javier Milei como presidente; ha resultado valiente, en cuanto al rechazo a la política tradicional agotada y desahuciada, en particular el desastre del Kichnerismo; pero también plantea riesgos para el futuro de la democracia.

El pueblo argentino votó mayoritariamente rechazando la política tradicional y su descomposición, pero la campaña electoral de Milei ha sido extremista, jugando, como los políticos tradicionales que tanto ha cuestionado, a las falsas expectativas, que estimulan las pasiones y nublan la razón.

Varias de sus propuestas apasionan, no necesariamente por ser las mejores y, su factibilidad en el marco de la pluralidad democrática encontrará resistencias.

Los discursos radicales, populistas o anarcocapitalistas parecen efectivos en la campaña electoral, para motivar el voto del descontento, que es muy grande, y se potencian con las tecnologías de las telecomunicaciones, las redes sociales y el ambiente de antipolítica que se expande a escala mundial. Luego, al llegar al poder, tales narrativas constituyen un desastre en términos del bienestar de la población, pero podrían resultar exitosas a los fines de perpetuar a una camarilla en el poder.

Desde el lunes 20 noviembre, para el presidente Milei se acabó el espectáculo de la campaña electoral. En tal sentido, si realmente quiere gobernar para el cambio que aspira gran parte del pueblo argentino, tendrá, en primer lugar, que realizar cambios profundos en su estilo, su tono y, revisar el extremismo de algunas de sus propuestas. Obviamente, deberá eliminar la absurda y manipuladora motosierra, que estimula violencia, cuando el país necesita convivencia, bienestar y prosperidad.

Para poder avanzar en las transformaciones que requiere el país, en el marco de la democracia, resulta fundamental el diálogo y las negociaciones, con múltiples actores y en diferentes niveles; pero, en particular, con los partidos e instituciones que el presidente Milei ha descalificado como “la casta”, duramente en su corta vida política.

En principio, el futuro de su Gobierno está dependiendo, en gran medida, del expresidente Mauricio Macri y su liderazgo en el partido Juntos por el Cambio. Pero también Macri y su partido fueron descalificados y, con el carácter tan irascible del nuevo presidente, no sería de extrañar que la relación con el expresidente se rompa con facilidad.

El país necesita desmontar el tramado de corrupción e ineficiencia que afecta a muchas instituciones; ése y otros proyectos banderas del nuevo presidente, requieren de la aprobación del Congreso que, en principio, le resulta adverso. Ningún partido ha logrado el control pleno de la institución, pero el movimiento Unión por la Patria, conformado por peronismo y kichnerismo, tienen el primer lugar en la cámara de diputados con 108 de los 257 escaños que la conforman, le sigue el movimiento Juntos por el Cambio (con predominio de Macri) con 94 representantes. El partido Libertad Avanza de Milei apenas alcanzó 38 representantes.

El expresidente Macri debería apoyar la conveniencia de las reformas, pero no resulta viable políticamente una agenda tan ambiciosa y radical como la que ha ofrecido el presidente Milei en la campaña electoral.

Ahora, ya en el Gobierno, corresponde la mesura, el diálogo y la negociación para avanzar en los cambios, sin implosionar la estabilidad política. Consciente que al frente tendrá al kichnerismo radical entorpeciendo cualquier esfuerzo.

Es posible que el presidente Milei añore los cambios que ha impulsado el presidente Bukele en El Salvador, pero debe tener en cuenta que él controla el poder legislativo. Si piensa en otras referencias de cambios, como Alberto Fujimori en el Perú, estaría considerando romper con el orden democrático y, seguramente el estamento militar argentino, con su pésima experiencia en el gobierno, no debe estar muy interesado en acompañar aventuras irracionales.

En el marco de la política exterior el presidente Milei también tiene previstas reformas profundas, pero algunas de ellas tan radicales que la realidad le exigirá revisiones y prudencia. Veamos tres de las propuestas que requieren de una reevaluación, son los casos de: la eliminación de toda relación oficial con los gobiernos de China comunista y de Lula Da Silva en Brasil, adicionalmente el retiro del Mercosur.

Es evidente que es necesario que los países de la región avancen en una revisión estructural de las relaciones con China, que progresivamente se tornan más asimétricas; sin embargo, eliminarlas, sería un error estratégico, con negativas consecuencias para los sectores productivos y exportadores. La misma situación se puede plantear en las relaciones con Brasil. Cabe destacar que tales países constituyen los principales socios comerciales de Argentina.

Con respecto al tema del Mercosur, que enfrenta un estancamiento profundo, el presidente Milei debería tener presente que el presidente Luis Lacalle Pou del Uruguay, está promoviendo, desde que asumió la presidencia, una revisión profunda del bloque, en particular en lo relativo a la dinámica de funcionamiento de la unión aduanera y las negociaciones con terceros países.

Las reformas que promueve el Gobierno de Uruguay no han logrado avanzar por la dura oposición de los gobiernos de Argentina y Brasil. En ese contexto, el nuevo Gobierno argentino se puede sumar al proceso de cambios, para lograr un Mercosur más dinámico y flexible en términos de inserción en el contexto económico internacional.

Al presidente Milei le deseamos éxito en su gestión, pues constituye un experimento de libertades necesario en nuestra región. Es un hombre inteligente y ya debe estar consciente que un Gobierno efectivo requiere orientar el proyecto hacia el centro, acompañarlo de innovación, creatividad, dinamismo; pero también prudencia, inclusión y sensibilidad social. Una señal interesante ha sido el reciente cambio del absurdo tono agresivo que mantuvo Milei contra el papa Francisco, en la campaña electoral. Según confirman los medios han hablado y lo ha invitado para Argentina.