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¿Invitar a perdonar en Venezuela? Más allá de la salida fácil

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Por: José Manuel Gómez, SJ.

Invitar a perdonar suele desencadenar un debate laborioso, un laberinto intrincado de preguntas válidas y complejas. No es el momento de enumerarlas todas ni, mucho menos, de intentar responderlas. Sin embargo, algunas son necesarias en este momento pues en Venezuela se ha abierto una nueva etapa en su historia y el perdón está una vez más sobre la mesa; esto es evidente a diario en las redes sociales y en los medios de comunicación. Vale la pena preguntar: ¿por qué sigue vigente la invitación a perdonar?, y ¿qué habría que tener en cuenta con tal invitación? La primera de estas preguntas se responde rápidamente: el cristianismo es uno de los responsables de tal vigencia. Sí, entre otros factores, pero el cristianismo es responsable. La exhortación a perdonar forma parte de la tradición bíblica y el cristianismo se ha encargado de propagarla; es decir, de extenderla a ámbitos distintos del religioso. De esto no se tiene duda. La segunda pregunta, en cambio, requiere un mayor esfuerzo para responderla.

En este punto, es posible que el no creyente sienta la tentación de abandonar esta lectura, ya que podría pensar que se está utilizando la religión como un atajo para eludir la reflexión. Pero, decir que el cristianismo es uno de los responsables de la propuesta del perdón no es un intento de salida fácil, sino que forma parte de la difícil tarea de recordar a quienes enuncian el perdón fuera del ámbito religioso que deben hacerlo con cautela y reconociendo siempre sus orígenes. ¿Con qué intención lo hacen? ¿Con qué intención invitan a perdonar? Esa es otra cuestión. Pero lo hacen; por lo tanto, de un modo sencillo se emprende la tarea de considerar algunos aspectos que no debería faltar cuando se invita a perdonar.

Para el cristianismo perdonar siempre es una opción, siempre está ahí, como una posibilidad más, aparentemente para resolver algo. Pero, ¿a qué invita el cristianismo exactamente cuando propone perdonar? Comprendiendo la raíz de esa invitación se podrá detectar, al menos en parte, aquello que se ha de tener en cuenta al momento de hacer tal invitación fuera del ámbito religioso:

1) Cuando el cristianismo invita a per-donar está sugiriendo de alguna manera un acto de donar siempre y de donar todo. Para comprender el perdón de esta manera se plantea un sencillo ejercicio basado en la etimología de la palabra, nada estrictamente académico: el prefijo “per-” expresa “intensidad o duración”, por ejemplo, per-vivir (seguir viviendo). También expresa “totalidad o completitud”, por ejemplo, per-fecto (que posee el grado máximo de una determinada cualidad o defecto). Es decir, “per-” expresa muy frecuentemente que la palabra que acompaña es llevada al grado máximo de realización. En este sentido, el “don” llevado a su grado máximo es “per-don”[1]. El perdón supone entonces la entrega total, es solamente dar y dar. Así, cuando el cristianismo invita a per-donar está intentando que el creyente se dé –se entregue– ilimitada y totalmente al otro, es decir, que viva en una especie de dinámica constante de donación infinita al prójimo. Por lo tanto, quien invita a perdonar fuera del ámbito religioso, debería tener presente que no está pidiendo un simple trámite de convivencia o un asunto de respeto ciudadano, sino que está exigiendo una disposición que no puede encapsular en una ley. El perdón así visto guarda relación con lo íntimo de la persona y no puede ser contemplado como una herramienta jurídica más.

2) Cuando el cristianismo invita a perdonar exige hacer frente al modo como se comprende el pasado. Con el perdón se mantiene siempre la posibilidad de volver atrás para recordar una falta, pero una falta que se mira de un modo apaciguado. Ahora bien, cabe acotar que, como en todo caso incluyendo el venezolano, esto diferencia el perdón de la amnistía. Esta, en cuanto instrumento legal que impide iniciar investigaciones y procesos judiciales a la vez que finaliza los ya existentes, puede ser entendida como una forma de obligar a la memoria a olvidar los hechos, como si se hablara de una forma de amnesia. Con la amnistía asumida como amnesia hay un abuso de olvido porque se cierra la posibilidad de volver al pasado. Entonces, esta debe ser asumida como mero instrumento útil para superar los efectos de un conflicto (para no perpetuar el deseo de venganza). En lo que se refiere al perdón, este no es útil para superar los efectos del conflicto judicialmente hablando, porque no sirve para pagar lo que se debe, el perdón simplemente sucede sin retribución alguna. Pareciera pues, que al garantizar el respaldo de la memoria y el ejercicio de la justicia sólo se estarían sumando condiciones para que el perdón acontezca. Por lo tanto, quien invita a perdonar fuera del ámbito religioso, debería tener presente que se debe dejar la puerta abierta al pasado y que no puede confundir lo que son instrumentos propios de otros ámbitos con el perdón cristiano.

3) Cuando el cristianismo invita a perdonar pone en cuestión la imagen que se tiene de Dios y pone en evidencia el riesgo de caer en el fideísmo y el legalismo. El dios rígido, con “d”, que algunos pueden tener en mente es uno que estableció una alianza, una que se puede romper y que está acompañada por muchas exigencias. El asunto es que con esta imagen de dios poco misericordioso el futuro está determinado y no hay perdón que mude las cosas (el futuro es irreversible). Ese dios hará justicia. Esa imagen de un dios rígido que genera miedo hace que el creyente no dude de lo que aprendió, hacerlo puede desatar la ira de dios y ser condenado, por lo tanto, se conforma con lo que sabe sobre ese dios. Y, por otra parte, este dios ya dejó claro y firme lo que se debe hacer para que se cumpla la alianza. Seguir no solamente el mandamiento de amar a ese dios sobre todas las cosas, sino seguir todos los demás mandamientos sin mudar una sola palabra. ¿Cómo se puede invitar a perdonar con esa imagen de dios? Cuando el cristianismo invita a perdonar no puede pasar por alto al Dios de Jesús, al Dios de la tradición bíblica, esto es, la imagen de un Dios que es misterio, sí, misterio en tanto Otro. Un Otro vivo que invita a conocerlo cada vez más y mejor, aunque siga siendo siempre Otro; esto coloca al creyente en una situación de alerta constante y de discernimiento. Quien invita a perdonar fuera del ámbito cristiano, no debería escapar de una actitud crítica y también de confianza en una promesa divina que libera, sabiendo que las leyes que guían estarían orientadas por tal promesa.

En cualquier caso, quien traslada el perdón del ámbito religioso al civil o político debe ser consciente de la magnitud de lo que exige. El perdón no es una herramienta más para resolver cuentas pendientes. Tampoco es un pacto de silencio que impida volver al pasado ni el comodín para aceptar a un dios incómodo. Implica reconocer un Otro y la posibilidad tejer una relación con Él.

Con esto simplemente se espera evitar que la invitación a perdonar se utilice como una solución aparentemente fácil ante la compleja situación actual. Se espera que se considere tal invitación como una posibilidad más, por supuesto; una posibilidad que se alimenta, entre otras cosas, del compromiso, de la memoria, la justicia y la fe.


[1] (4241) A arte de amar e ser lúcido – Pe. João Batista Libânio sj (4/5) – YouTube (23/02/2026).

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