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Alfredo Infante, s.j.: la coexistencia en venezuela todavía está gestándose

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El sacerdote Alfredo Infante, S. J., máxima autoridad de los jesuitas en Venezuela, considera que
una lectura descarnada sobre el momento político y social en Venezuela, tras los sucesos del 3 de
enero, es un ejercicio que deja ver la percepción que hay en la ciudadanía sobre la oportunidad de
transformación que se le presenta hoy al país.


En esta coyuntura –que académicos y organizaciones internacionales han definido como una crisis
multidimensional- Infante señala que la combinación de miedo y esperanza, así como de dolor y la
incertidumbre, marcan el momento en el que se desarrollan los acontecimientos políticos y
sociales.


«Desde el punto de vista social hay sentimientos encontrados y eso es normal. Hay miedo, pero no
es un miedo paralizante, sino un miedo cauteloso, prudente, que lleva a la gente a observar, a
escuchar, a analizar, para encontrar caminos, porque la gente percibe que hay una oportunidad de
transformación. Hay incertidumbre porque no sabemos hacia dónde vamos, pero sí sabemos que
algo está cambiando en el país», explicó en entrevista a El Ucabista.


El pasado 25 de febrero, el también vicecanciller de la UCAB visitó la universidad para participar en
una tertulia titulada «Permanecer en el amor», organizada por la Dirección de Identidad y Misión,
en la que compartió con profesores, estudiantes y empleados sus ideas sobre cómo sobrellevar la
incertidumbre, a la luz de las enseñanzas cristianas e ignacianas.


Una agenda propia para la construcción de paz


De acuerdo con el sacerdote de 63 años, quien tiene una dilatada labor apostólica en el terreno
social y comunitario, la sociedad venezolana tiene ante sí el reto de desarrollar una agenda propia,
más allá de cualquier tutela externa, para que, frente a la oportunidad de transformación y cambio,
se pueda impulsar la democratización del país.


En este sentido, aboga por la articulación, el diálogo y la consecución de acuerdos y
concertaciones mínimas, que incluyan a los factores políticos, sin eludir las diferencias legítimas,
pero también a la sociedad civil que, dice, debe tener un rol de peso en el proceso.


«Lo que uno observa es que el diálogo hoy es bilateral: entre Estados Unidos y el gobierno
nacional. No veo sentada en la mesa a la sociedad civil y tampoco están los actores políticos de la
oposición. Tanto en la sociedad civil como en la oposición hace falta esa conversación edificante,
esa búsqueda de agenda común, que no implica que todos piensen igual. Hay que llegar a unos
acuerdos y unos propósitos que, como horizonte, son el Estado de derecho y la democracia. Eso
tiene que aglutinar a la sociedad civil», precisó.


Para Infante, quien fue asesor de la Comisión de Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal
Venezolana (2014 – 2020), la construcción de paz en Venezuela es, fundamentalmente, una tarea
de la sociedad civil. «Más nadie nos la va a hacer. La construcción del Estado de derecho también
es interés de la sociedad civil, que tendrá que buscar entre los actores políticos quiénes son los
que están dispuestos a construir una agenda en esa dirección», afirmó.

«La construcción de la paz nunca se va a hacer desde el poder. La construcción de la paz siempre
es una agenda alternativa de la sociedad, que tiene que incidir en los actores del poder. Para eso
tiene que entrar en una lógica de construir un poder social para resguardar los intereses y
derechos de la sociedad», sostuvo.


«La ley de amnistía es un avance, pero es insuficiente»


El provincial jesuita celebra el avance que representa la Ley de Amnistía para la Convivencia
Democrática, aprobada el pasado 19 de febrero por la Asamblea Nacional, aunque considera que
es insuficiente para lograr la paz que necesita el país.


«El tema de la coexistencia amerita un marco jurídico. La ley de amnistía es un avance, pero es
insuficiente. Ahí están los análisis de Provea, de Foro Penal. Una ley de amnistía tiene un
propósito más político, que es crear las condiciones para que haya coexistencia», dijo Infante.
Para garantizar esa coexistencia, el excoordinador de Derechos Humanos del Centro Gumilla
(2020 – 2022), cree necesaria «la derogación de una serie de leyes que parten del principio de que
el otro es enemigo».


«La Ley contra el Odio, la ley contra las ONG y la Ley Simón Bolívar parten de que el otro es
enemigo público, que cualquier intento de organización es una amenaza para el Estado y no es
así, todo lo contrario. Mientras haya una sociedad más fortalecida, el Estado puede tener una
misión mucho más robusta para responder, porque tiene interlocutor y una contraloría más clara»,
detalló.


Resarcir a las víctimas: clave para la sanación social


En 1996, Infante llegó a Angola como misionero del Servicio Jesuita a Refugiados. En ese
momento, el país de África occidental estaba envuelto en una cruenta guerra civil que duró 27
años. Esa experiencia le sirve al sacerdote jesuita para hablar de la importancia de la verdad, la
memoria y el respeto por el dolor de las víctimas de violaciones a derechos humanos en el proceso
que vive Venezuela.


«Me parece importantísima la verdad y el respeto por el dolor del otro. Para que haya un proceso
de sanación psicosocial, para la coexistencia, para la convivencia y la reconstrucción del país, hay
que partir del respeto por el dolor del otro, que es un terreno sagrado y que cuando es irrespetado,
revictimiza y genera más violencia», señaló Infante.


Banalizar el sufrimiento de las víctimas banaliza también la justicia, consideró el vicecanciller de la
UCAB. «A las víctimas lo que más las fortalece y lo que esperan es la verdad y la reparación, la no
repetición. Cuando se irrespeta el dolor del otro es muy difícil que no haya repetición. Es
importante la memoria de que hubo daño, hay que transparentar la verdad y por eso en los
procesos de reconciliación las comisiones de la verdad son importantes, no para que haya
venganza sino para que haya una auténtica reparación», insistió Infante.



A la par del desafío que implica la reinstitucionalización del país en la dimensión política y
económica, la sociedad venezolana debe allanar el camino para la reconciliación, un proceso que,
de acuerdo con Infante, es de largo aliento.

De la coexistencia a la convivencia: la reconciliación como horizonte


«La reconciliación es un horizonte, una dirección. Por eso hay que tener mucho cuidado de hablar
de reconciliación en lo inmediato porque eso es un proceso de largo aliento. ¿Qué tenemos que
hacer primero? coexistir: reconocer que el otro, el diferente, existe y tiene derecho a existir–aunque yo no esté de acuerdo con él– porque es un venezolano. La coexistencia parte
fundamentalmente del respeto por el otro. Eso en Venezuela, como sociedad, tenemos que
construirlo», apuntó.


A partir de su vocación sacerdotal, considera que la fe, como «fuerza interior de movilización social
para la construcción de la paz, que nutre la paciencia, la perseverancia y la lucha de la gente por
los derechos», así como la solidaridad que caracteriza al venezolano y el liderazgo de la mujer y su
rol central en la sociedad nacional, son tres elementos clave en el camino de la reconciliación.
«Tenemos los valores: fe, solidaridad, protagonismo de la mujer, entre otros, pero, en términos de
proceso, la coexistencia en Venezuela todavía está gestándose», acotó.


Alfredo Infante indicó que el siguiente paso, luego de afianzar la coexistencia, será la convivencia.
«Que es no solo que te respeto y te reconozco, sino que interactuamos en espacios comunes,
trabajamos por algo común», precisó.


«Es tan importante la convivencia que en los procesos de paz, de negociación, los actores que
están en confrontación se van a convivir porque la interacción posibilita el reconocimiento, la
coexistencia, y también se deconstruyen fantasmas sobre el otro. Comienzan a aproximarse a la
humanidad del otro», puntualizó Infante.


Coexistencia y convivencia, remarcó el religioso, son factores fundamentales que posibilitan el
fortalecimiento de las instituciones para la consolidación del Estado de derecho.
«Todo eso tiene que ir a la par, pero es necesario saber distinguir entre un proceso de coexistencia
para pasar a una convivencia y a una consolidación del bien común», enfatizó.

♦Texto: Jesús Abreu Mena/Fotos:Manuel Sardá (Comunicaciones UCAB) para

El Ucabista

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