Skip to main content Scroll Top
Edificio Centro Valores, local 2, Esquina de la Luneta, Caracas, Venezuela.

Habermas

habermas

Mario Di Giacomo Z.*

Habermas ha muerto hoy, 14 de marzo de 2026, acaso perturbado por el fracaso de la razón ilustrada y su dimensión cosmopolita, contemplando el abierto estado de naturaleza que ya encarna en la realidad global, sea en su forma completamente violenta, la guerra, sea en las formas disimuladas del colonialismo digital insertadas en lo íntimo de nuestras vidas. De acuerdo con el capítulo I de Entre naturalismo y religión, hay dos acontecimientos biográficos que marcan la ruta intelectual del pensador alemán: las comunicaciones malogradas durante su niñez debido a una malformación palatina y la recepción crítica, ya en la adultez, de la herencia del pasado nazi. Con respecto al segundo, siempre se atuvo a la necesidad de un pensar memorativo (anamnético), en la estela de Benjamin, a fin de afrontar ese pasado culposo del que Alemania era responsable; se trataba, pues, de enfrentarlo, mantenerlo ante sí y superarlo sin mediar el olvido (Vergangenheitsbewältigung).

La Modernidad y la Ilustración no eran, en las líneas del maestro francfortés nacido en Düsseldorf en 1929, proyectos muertos, incompatibles con las lisonjas fluidas del mundo de hoy, pues incluso para repudiar a la razón no se puede sino echar mano de ésta. Sí, en efecto, una Modernidad en contradicción consigo misma debe examinar el concepto de razón para determinar si él incluye dimensiones distintas a la instrumental. Quede claro, Habermas no se opone al esclarecimiento científico, ni a sus avances; lo que le resulta criticable es el cientificismo (Szientismus) como última palabra acerca de la organización social, apto para procurar una despolitización masiva de los ciudadanos. El problema de la Modernidad tardía consiste en llenar los vacíos dejados en la sociedad por la muerte de Dios y la ausencia del vínculo profundo que caracterizaba a las religiones de antaño. Diagnóstico poco preciso para mundos de la vida (Lebenswelt) distintos al habermasiano, por ejemplo, América Latina. Pero la discordia moderna viene al caso porque lo que intentó la razón, al sustituir a la religión, no se ha consolidado, pues la unidad discursiva y de sentido como que se ha perdido para siempre y la razón instrumental no se somete a los dictámenes sapienciales. Es decir, el temor a la colonización completa del mundo de la vida (conectado simbólicamente) por parte del sistema (razón instrumental poco dialógica) es algo que va acaeciendo progresivamente, sin que el sentido de esa invasión se proyecte de manera existencial.

Instado por los peligros de una razón monológica, Habermas piensa el borde poroso en el que se avecinan Lebenswelt y System, procurando discernir cómo el mundo de la vida, partiendo del comercio comunicativo, puede refrenar las prácticas técnicas convertidas en abierta ideología. Habermas rescata los actos de habla, en su dimensión pragmática, para pensar esos momentos comunicativos (morales) que sacan a la luz los acuerdos de largo alcance, normativos, al interior de las sociedades complejas del capitalismo tardío. Retoma a Kant (Moralität) y a Hegel (Sittlichkeit) en una conversación actualizada, apta para permitir auditorios ampliados, deliberativos, en el seno de eticidades rodeadas por convicciones de carácter particular. Marx está, sin lugar a dudas, presente en el interés emancipatorio de la razón y en la praxis contenida en los intercambios simbólicos nacionales y globales. Denodado esfuerzo teórico que intenta conjugar los logros del estado liberal con una perspectiva universalista entibada en una solidaridad no convencional, o como él mismo decía, postmetafísica, en el sentido de separarse de las éticas de máximos, conjugando tanto el momento de lo que Hegel llamaría el sistema del atomismo, gracias a la institucionalizada libertad subjetiva, pero ahora reconfigurado al interior de una solidaridad de carácter cosmopolita. Ésta incluiría también, siguiendo el ejemplo kantiano, el momento jurídico concebido como ius cosmopoliticum, o sea, la ampliación de los derechos ciudadanos más allá de las fronteras nacionales. Sin embargo, para lograr lo anterior, el pensamiento del autor da un giro jurídico, como lo denomina Juan Carlos Velasco, traductor, junto con Gerard Vilar, de La inclusión del otro, es decir, los acuerdos que tienen alcance normativo, discutidos ora por la sociedad nacional, ora por la global, tienen que acudir a un paradójico momento sistémico: pedir al derecho la consolidación de las demandas sociales, afirmándolas en un canon y garantizándolas por medio de la vis coactiva, complementando así los acuerdos morales con el derecho. Ello va en la línea discursiva kantiana de una condición general del derecho (allgemeiner Rechtszustand) válida para todos los Estados (evidentemente, esto se halla en plena crisis). Ello puede ser apreciado tanto en Facticidad y validez, su filosofía del derecho, de difícil lectura, como en el texto arriba mencionado, el cual complementa algunos vacíos en temas europeos y cosmopolitas.

Este siglo ya comenzado, que busca hablar con escaso tiento de los fines del milenio, pierde un espíritu lúcido cuya teoría de amplio aliento intentó ir más allá del denostado eurocentrismo, mediando un esfuerzo universalista de contenidos mínimos para que inclusión y tolerancia fuesen posibles. En cuanto a la religión, superando dialécticamente sus convicciones primeras, indicó que puede actuar en la esfera pública (Öffentlichkeit), fuente inexorable del derecho, bajo una sola condición: que se practique el ateísmo metodológico (methodologischer Atheismus), no porque la religión sea irracional, sino porque tiene que extraer de su cáscara dogmática los elementos racionales que permitan su universalización discursiva, para así convencer al auditorio, que aceptaría la fuerza cognitiva de sus argumentos.

Según el autor alemán, la potestas, el poder, jamás debe convertirse en la fuente normativa, en la inspiración del derecho. Por el contrario, es la verdad la que debe constituirse como tal, siguiendo el viejo adagio medieval que reza veritas, non potestas, facit legem; la verdad, no el poder, constituye la ley. El derecho se convierte de esta guisa en un gran traductor social, alimentado, a su vez, por las opiniones que entran en liza en la esfera pública bajo un contrafáctico que depura los argumentos formulados, al cual los participantes se someten, llamado también situación ideal de habla, condiciones generales de simetría, idealidad. Ciertamente, y es una de las críticas de otro autor alemán contemporáneo, católico, Robert Spaemann, aun siéndose enfáticamente racionalista, cuando adviene el momento de la decisión (Entscheidung) ingresan algunos motivos irracionales en la norma convenida y autoimpuesta, lo que caracteriza al republicanismo desde Rousseau, seguidor, éste, de la democracia directa de los antiguos. El momento de la decisión contiene en sí, pues, algo de locura (Kierkegaard). En consecuencia, volviendo atrás, el derecho se encuentra conectado con los recursos morales de la sociedad; la política también, que no puede evitar la presión discursiva raciocinante.

Desde Historia y crítica de la opinión pública (1962), tesis de habilitación docente, hasta Un nuevo cambio estructural de la esfera pública y la política deliberativa (Trotta, 2025), pasando por la muy citada Teoría de la acción comunicativa, Habermas no ha hecho sino renovar la reflexión democrática desde un punto de vista participativo, jamás tumultuario, que, sin embargo, ha puesto en guardia a sus críticos liberales, un tanto alérgicos a aquello que no sea la positividad jurídica cosificada. También ha alertado a quienes piensan todavía en un derecho natural fundante, pues Habermas se opone a cualquier canon jurídico de carácter prepolítico que no tenga su fuente en las luchas históricas de los seres humanos concretos. Recordemos que no hay individuos aislados, como gusta decir cierto nominalismo, sino hombres ya siempre insertados en una trama intersubjetiva constituida por el lenguaje, abierta al consenso, pero también agitada por los disensos.

En suma, si se quiere aprender historia de la filosofía y sentir el privilegio de leer a un verdadero pensador, allí están sus copiosos y múltiples textos escritos y conferencias pronunciadas. Que el Dios al que oraba privadamente le reciba en su seno.

Mario Di Giacomo Z.

Prof. Filosofía Política ITER-UCAB

Entradas relacionadas
Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios
Oldest
Newest Most Voted
Inline Feedbacks
Ver todos los comentarios
0
Me encantaría saber tu opinión, por favor comenta.x
()
x
Nuestros Grupos