Por Antonio Pérez Esclarín

El año 2023 fue trágico para la educación venezolana. Por ello, en el 2024, todos los que amamos a Venezuela y apostamos por la convivencia y la prosperidad, debemos aliarnos en defensa de la educación y de los educadores que van a celebrar el Día del Maestro con sueldos de miseria y abandonados por el Estado que sigue sordo a sus justos reclamos.

Como ya lo entendió el P. Vélaz, el fundador de Fe y Alegría, la educación es un derecho humano y social del que todos deben disfrutar en igualdad de condiciones, pues el logro  de este derecho va a posibilitar la conquista de  otros derechos esenciales. En consecuencia, el derecho a la educación implica derecho de todos no a cualquier educación, sino a una educación integral de calidad. Una pobre educación para los pobres reproduce la pobreza, y en vez de contribuir a democratizar la sociedad, agudiza las diferencias y agiganta las desigualdades, que es lo que sucede hoy en Venezuela.

De ahí el clamor de Fe y Alegría: “La educación de los pobres no puede ser una pobre educación”. La captación vivencial de esta realidad fue la chispa que encendió la llama de Fe y Alegría. Y será la chispa que encienda la llama de todas las demás iniciativas y esfuerzos que viene haciendo Fe y Alegría a lo largo de sus 68 años  y en los 22 países donde se ha enraizado,  porque entiende que la educación no solo promueve la productividad y el progreso, sino que es también  un medio esencial para construir ciudadanía y  una mejor humanidad.

Hoy nadie discute que el desarrollo humano, social y económico pasa por la educación. Descuidar la educación es apostar por la improductividad, el subdesarrollo y la pobreza. Por eso, en Fe y Alegría, a pesar de las dificultades y del heroísmo que en Venezuela   supone continuar  educando,  seguimos trabajando por una educación popular de calidad. La educación popular no tiene que ver solo con el sujeto de la educación, que son los más vulnerables, sino también con los contenidos, que parten de su cultura y sus necesidades; con su objetivo, que es construir una sociedad justa, sin marginación ni exclusión; y con una metodología participativa, que promueva la crítica y la creatividad.

Si la educación de calidad es un derecho, es también un deber individual y social. Una mejor educación para un mejor país requiere de la cooperación de todos: del Estado, como administrador de la cosa pública y representante de la sociedad; de las familias y comunidades, de las instituciones públicas no gubernamentales de servicio al desarrollo, de la empresa privada, de los medios de comunicación  y de la comunidad internacional. Este es el sentido del clamor de Fe y Alegría  que  viene promoviendo  con otros un Pacto o Alianza en defensa de educación de calidad para todos. Procurar  educación de calidad  supone asumir los retos que nos plantean las nuevas tecnologías, las exigencias de equidad en la educación, la visión de una educación a lo largo  de la vida, la interculturalidad,  la defensa de la Casa Común, el énfasis en la productividad y el emprendimiento, y la construcción de nueva ciudadanía, con vocación de servicio y preocupada y ocupada por el bien común

Pensar la mejora de la educación sin los educadores es una ilusión. Cuando la profesión docente se hace atractiva y los educadores son reconocidos y remunerados adecuadamente, la calidad de la educación sube. Ojalá que los educadores puedan celebrar el Día del Maestro con la noticia de un aumento significativo de sus sueldos y salarios.