En los últimos años, la discusión sobre el rol de las mujeres en la Iglesia Católica ha cobrado fuerza, especialmente en torno a la posibilidad de su inclusión en el diaconado ordenado. Este tema, que ha sido objeto de múltiples estudios teológicos y comisiones vaticanas, sigue siendo una cuestión abierta y controvertida. Un artículo reciente publicado en *Estudios Teológicos* (Vol. 85, Núm. 3, 2024) por la investigadora Phyllis Zagano, de la Universidad Hofstra, analiza los antecedentes históricos y las investigaciones actuales sobre las mujeres como diáconas, así como los resultados de las recientes comisiones papales y del Sínodo sobre la Sinodalidad.
Un tema que resurge desde el Concilio Vaticano II
La discusión sobre las mujeres en el diaconado no es nueva. Durante el Segundo Concilio Vaticano (1962-1965), dos obispos propusieron incluir a mujeres en este ministerio ordenado, pero la idea fue rechazada. El diaconado permanente fue restaurado para hombres en ese momento, pero las mujeres quedaron fuera. Desde entonces, la Iglesia Católica ha ordenado a más de 50,000 hombres como diáconos permanentes, mientras que las mujeres siguen excluidas de este rol.
La única figura femenina mencionada como “diácono” en las Escrituras es Santa Febe (Romanos 16:1-2), lo que ha llevado a algunos teólogos a argumentar que existió un precedente histórico para las mujeres diáconas. Sin embargo, otros académicos y autoridades eclesiásticas sostienen que las funciones ejercidas por estas mujeres en la Iglesia primitiva no equivalen a una ordenación sacramental.
Investigaciones históricas y teológicas
El artículo destaca que diversos estudios litúrgicos y epigráficos han demostrado que las mujeres fueron ordenadas como diáconas en la Iglesia primitiva y medieval. Liturgias antiguas, algunas conservadas en la Biblioteca Vaticana, muestran que las ceremonias de ordenación para mujeres incluían elementos idénticos a los de los diáconos masculinos: imposición de manos, invocación del Espíritu Santo y funciones específicas dentro del clero.
Sin embargo, el debate se ha centrado en si estas ordenaciones fueron sacramentales o simplemente ceremoniales. Algunos opositores argumentan que las mujeres nunca fueron parte del “cursus honorum” (el camino hacia el sacerdocio) y que el diaconado está intrínsecamente ligado al sacerdocio masculino. Otros sostienen que el diaconado es un ministerio separado y que excluir a las mujeres carece de fundamento teológico.
La postura del Papa Francisco
El Papa Francisco ha abordado el tema en varias ocasiones. En 2016, accedió a formar una comisión para estudiar el diaconado femenino tras una solicitud de la Unión Internacional de Superiores Generales (UISG). La comisión trabajó durante dos años y presentó sus hallazgos en 2018, pero sus resultados no se hicieron públicos. En 2020, se formó una segunda comisión, cuyos trabajos también permanecen bajo secreto pontificio.
En mayo de 2024, durante una entrevista televisada con Norah O’Donnell de CBS News, el Papa Francisco descartó la posibilidad de diáconas ordenadas. “No”, respondió enfáticamente, argumentando que no existe un precedente histórico claro para incluir a las mujeres en el diaconado sacramental. Esta declaración generó sorpresa y decepción entre quienes esperaban un avance significativo hacia la igualdad de género en la Iglesia.
El Sínodo sobre la Sinodalidad: una puerta entreabierta
El Sínodo sobre la Sinodalidad (2021-2024) ha sido un espacio clave para discutir el papel de las mujeres en la Iglesia. En su etapa continental y durante las reuniones celebradas en Roma en octubre de 2023, numerosas conferencias episcopales y grupos de trabajo pidieron que se incluyera a las mujeres en el diaconado. El informe final del sínodo reconoció opiniones divididas sobre el tema y propuso continuar con la investigación teológica e histórica. Se espera que los resultados sean presentados en la próxima sesión del sínodo en octubre de 2024.
El sínodo también destacó el concepto de “igualdad bautismal”, subrayando que hombres y mujeres comparten una dignidad común basada en su bautismo. Esta idea podría ser clave para futuros debates sobre el acceso de las mujeres al ministerio ordenado.
¿Un cambio posible?
La investigación histórica demuestra que las mujeres desempeñaron roles importantes como diáconas en la Iglesia primitiva y medieval. Sin embargo, las objeciones teológicas y doctrinales han prevalecido hasta ahora, impidiendo su inclusión en el diaconado permanente. A pesar de los avances en algunos sectores eclesiales y del creciente apoyo popular, el “no” del Papa Francisco parece cerrar momentáneamente esta posibilidad.
El Sínodo sobre la Sinodalidad podría marcar un punto de inflexión. La propuesta de continuar investigando el tema refleja una apertura parcial hacia el debate. Mientras tanto, muchas mujeres dentro de la Iglesia Católica continúan esperando un reconocimiento pleno de su capacidad para servir como ministras ordenadas.
Ficha técnica del artículo original
– Título: Encuesta de Estudios Vaticanos sobre el Diaconado de Mujeres
– Autora: Phyllis Zagano
– Publicación:Estudios Teológicos, Vol. 85(3), 2024
– DOI: [10.1177/00405639241270698](https://doi.org/10.1177/00405639241270698)
– Institución:** Universidad Hofstra, EE.UU.
### **Resultados destacados**
1. Las mujeres fueron ordenadas como diáconas en la Iglesia primitiva y medieval mediante liturgias equivalentes a las de los hombres.
2. El debate académico continúa dividiendo opiniones sobre si estas ordenaciones fueron sacramentales.
3. El Papa Francisco rechazó la posibilidad de diáconas ordenadas en una entrevista reciente.
4. El Sínodo sobre la Sinodalidad propone continuar investigando el tema y podría influir en decisiones futuras.
La discusión sobre las diáconas sigue siendo un tema complejo y lleno de matices históricos, teológicos y culturales. Mientras tanto, la pregunta prevalece: ¿podrá la Iglesia Católica abrir sus puertas al ministerio ordenado para las mujeres?
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