Por Heilet Morales
Diálogo Social es una articulación de ciudadanos, organizaciones y movimientos sociales que bien puede representar una de las voces del país más allá de los partidos políticos o de esa polarización que ya cansó al venezolano sumido en la peor crisis de nuestra historia moderna.
La arquitecta Mariela Ramírez, vocera del movimiento ciudadano Dale Letra, forma parte de “Diálogo Social” y conversó con esta Casa Editorial sobre la visual compartida de las diferentes organizaciones que lo agrupan y la crisis del país. “Venezuela necesita gobernabilidad, respeto a las instituciones y canales de participación para todos los sectores de la sociedad, sin exclusiones de ningún tipo, para poder avanzar en las soluciones a dramas gravísimos que no pueden esperar por los lentos tiempos de la burocracia y por la solución política estructural”.
Recientemente, incluso, la organización dio un paso adelante proponiendo el restablecimiento del mecanismo de negociación de Oslo, eso sí, con sensibles diferencias. “Consideramos necesario que el mecanismo de negociación promovido por Noruega sea reactivado a la mayor brevedad posible, rediseñando su composición y funcionamiento con el fin de facilitar la inclusión de nuevos actores nacionales e internacionales que puedan fortalecer el proceso y que permitan la incorporación de propuestas de los distintos sectores de la sociedad: educadores, trabajadores, estudiantes, gremios, empresarios, comunidades indígenas, movimiento feminista, campesinos, organizaciones de la sociedad civil y comunidades entre otros, para coadyuvar a despolarizar los mecanismos de negociación”.
Para la arquitecta Mariela Ramírez: “Hay que apuntar a la efectividad del mecanismo de negociación que ofrezca soluciones posibles, con la participación de los diversos actores que protagonizan la diatriba política. No se puede desconocer a actores relevantes e intentar imponerles formas de negociación, esto no llevará a soluciones efectivas”.
De acuerdo con la arquitecta Ramírez, “pese a la estridencia de los extremos, los actores sociales y políticos que creemos en la vía del acuerdo debemos hacer cada día más robusta nuestra voz para que sea escuchada, de modo de encaminar al país hacia una solución pacífica y negociada. No tenemos duda de que la inmensa mayoría del país tiene voluntad política para el acuerdo, incluyendo actores políticos y sociales, pero debemos trabajar en la construcción de los diversos espacios de entendimiento (…) Debemos darle la cara al conflicto cuanto antes, asumir la responsabilidad compartida sobre el futuro, detener la multiplicación de las víctimas y hacernos cargo como sociedad de no olvidar y llevar a cabo un proceso de reparación social y de transformación profunda de nuestra sociedad”.
— En un país que busca urgentemente entendimiento, las instituciones de la sociedad civil se mantienen al margen de las instancias de debate, ¿Cómo lograr hacerlas más protagonistas, ante el fracaso hasta ahora de la clase política?
— Más que hablar de fracaso, podríamos decir que ha habido aciertos y desaciertos por parte de los actores políticos en la actual coyuntura. Por su parte, la sociedad civil ha tenido un rol activo y propositivo en las instancias de debate tanto internas como externas. El objetivo de la acción de muchas de estas organizaciones ha sido promover la convergencia entre actores políticos y sociales: lo que hemos llamado una alianza política y social. En ello trabajamos desde hace más de dos años, en nuestro caso, desde la articulación de ciudadanos, organizaciones y movimientos sociales que promovemos el “Diálogo Social”, dinámica de consulta y diálogo permanente entre todos los sectores de la sociedad para construir un Acuerdo Nacional que de verdad sea inclusivo.
El trabajo de la sociedad civil ha sido también fundamental para la consolidación de importantes logros ante los organismos multilaterales, entre ellos: la creación de un Equipo Humanitario de País para atender la Emergencia Humanitaria Compleja, el Informe de la Alta Comisionada para los DD HH, Michelle Bachelet, la Resolución del Consejo de DD HH del 27 de septiembre de 2019 para la conformación de una Comisión de Determinación de Hechos del Consejo de DD HH, entre otros. La sociedad civil venezolana ha promovido también diferentes eventos, tantos nacionales como internacionales, en pro del entendimiento entre las partes. En nuestro caso podemos nombrar, entre otros: las Jornadas de Reflexión Ciudadana llevadas a cabo en las Academias Nacionales en el mes de mayo pasado, con motivo del Día Internacional de la Convivencia en Paz, diversos foros nacionales e internacionales. Hoy estamos trabajando en una Mesa de Entendimiento Electoral, que esperamos instalar el próximo mes de noviembre en las Academias Nacionales, tras un proceso de consultas y reuniones preparatorias con diversos sectores del país, y que tiene como norte la promoción e impulso de acciones que apunten a la restitución de los derechos políticos y de participación del pueblo de Venezuela.
— ¿Cuánto pueden aportar las fuerzas vivas de la nación para revertir la polarización que cada día crece y crece?
— Uno de los aportes que podemos hacer desde nuestro campo de trabajo es la acción pedagógica. El entendimiento nacional pasa por renovar la dinámica relacional entre los diversos actores, lo que implica un compromiso con la lucha social y supone un trabajo sostenido, sin apelar a los atajos, en un ambiente de respeto, lejos de radicalismos. Un espacio donde personas de diversas tendencias ideológicas puedan encontrarse y entenderse, donde la convivencia sea posible y se haga el justo reconocimiento de la vasta diversidad que nos conforma como colectivo.
La polarización entre los actores políticos es quizás la más difícil de zanjar y, en este sentido, el rol de los ciudadanos busca promover el encuentro en función de la política entendida desde el quehacer para todos. Nuestro trabajo y acción visibiliza lo crudo de la crisis, defendemos la vida y los derechos de la gente, ese es el norte de nuestras acciones. La polarización en la sociedad se ha ido reduciendo a medida que la precariedad nos arropa a todos por igual y es en ese hacer cotidiano donde podemos ir avanzando hacia la reconciliación, la convivencia y la paz.
La recuperación de nexos de confianza entre todos nosotros es una tarea que llevamos a cabo cada día. Cada persona, cada organización que se suma a la acción y a la dinámica que promovemos en y desde el Diálogo Social es un grano de arena para la construcción de la convivencia ciudadana.
—Se está dando otro diálogo, con otros actores y otras condiciones, pero la polarización ya lo condena, ¿cómo es eso de que hay diálogos buenos y diálogos malos?
— Se han dado a conocer algunas iniciativas que reúnen a parcialidades. Desde nuestra perspectiva, es necesario que todas las partes trabajen de forma conjunta en la búsqueda de un Acuerdo Nacional Amplio que debe contar con el respaldo de la Asamblea Nacional; solo así podrá generar confianza y ofrecer soluciones creíbles a la crisis humanitaria que azota al país, en lugar de profundizar y prolongar el conflicto político. El Parlamento nacional es la instancia que más de 14 millones de venezolanos escogieron como centro de debate y acuerdo en las elecciones de 2015, razón por la cual tanto la institución como sus actores deben ser reconocidos.
Todos los esfuerzos que se hagan por llegar a acuerdos son bienvenidos, no tiene sentido caer en el discurso maniqueo de lo bueno y lo malo; hay que apuntar a la efectividad del mecanismo de negociación que ofrezca soluciones posibles, con la participación de los diversos actores que protagonizan la diatriba política. No se puede desconocer a actores relevantes e intentar imponerles formas de negociación, esto no llevará a soluciones efectivas.
Es necesario sumar fuerzas, talentos y voces que aboguen por diversas instancias de participación, que incluyan a todos los actores sociales y políticos y, por tanto, nos saquen de esta visión polarizada y maniquea de los diversos espacios de encuentro y negociación. Desde la articulación de ciudadanos, organizaciones y movimientos sociales que promovemos el Diálogo Social, hemos exhortado a la directiva de la Asamblea Nacional para que cree una Mesa de Entendimiento Nacional que pueda alimentar la dinámica de los mecanismos de negociación y garantice la inclusión de todos los actores políticos y sociales. También hemos exhortado a ambas partes a que se pongan de acuerdo urgentemente a favor de los venezolanos. Consideramos necesario que el mecanismo de negociación promovido por Noruega sea reactivado a la mayor brevedad posible, rediseñando su composición y funcionamiento con el fin de facilitar la inclusión de nuevos actores nacionales e internacionales que puedan fortalecer el proceso y que permitan la incorporación de propuestas de los distintos sectores de la sociedad: educadores, trabajadores, estudiantes, gremios, empresarios, comunidades indígenas, movimiento feminista, campesinos, organizaciones de la sociedad civil y comunidades entre otros, para coadyuvar a despolarizar los mecanismos de negociación.
No hay viabilidad en el país sin un acuerdo político integral que incluya a todos. Venezuela necesita gobernabilidad, respeto a las instituciones y canales de participación para todos los sectores de la sociedad, sin exclusiones de ningún tipo, para poder avanzar en las soluciones a dramas gravísimos que no pueden esperar por los lentos tiempos de la burocracia y por la solución política estructural.
—¿Usted cree que efectivamente haya voluntad política para lograr un acuerdo en los dos sectores?
— En cada sector político podemos encontrar actores con disposición real al dialogo, a la negociación, a los acuerdos necesarios para solucionar la grave crisis que enfrenta el país. Es necesario identificar a esos actores y ayudar a fortalecer sus voces, promover las iniciativas pacíficas, construir una narrativa que les hable a esos venezolanos que esperan una respuesta de las negociaciones, a fin de visibilizar sus posibilidades reales y las ventajas que supone un Acuerdo Nacional para la recuperación del país.
Pese a la estridencia de los extremos, los actores sociales y políticos que creemos en la vía del acuerdo debemos hacer cada día más robusta nuestra voz para que sea escuchada, de modo de encaminar al país hacia una solución pacífica y negociada. No tenemos duda de que la inmensa mayoría del país tiene voluntad política para el acuerdo, incluyendo actores políticos y sociales, pero debemos trabajar en la construcción de los diversos espacios de entendimiento que permitan convertir esa voluntad en avances reales para un Acuerdo Nacional Amplio.
— Las experiencias del mundo dan cuenta de que las transiciones dialogadas son difíciles, se toman su tiempo, cree que el estado de cosas del país da para aguantar cuánto más?
— Lo primero que debemos mencionar es que la literatura abocada a estos temas, es decir, a la conversión de regímenes autoritarios en regímenes democráticos, da cuenta de un porcentaje elevado de transiciones logradas por la vía de las negociaciones, así que son posibles y además son las que generan procesos sociopolíticos más estables. Ahora bien, las soluciones hay que construirlas, no sólo con buenas intenciones, sino con compromiso, dedicación, constancia y real voluntad para avanzar en una estrategia común que vaya abriendo el camino que permita solventar los problemas dentro del propio proceso. La gente sabe que no hay soluciones mágicas ni inmediatas. Le toca al liderazgo político asumir la tarea de hablar con honestidad, con el compromiso de avanzar una estrategia que dé respuesta a todos los venezolanos sin exclusión.
Venezuela vive hoy una crisis multidimensional y cada una de las dimensiones debe ser atendida. Desde nuestro punto de vista es necesario avanzar en un proceso de negociación que promueva acuerdos en dos niveles. Uno estructural, en el que el objetivo medular sea un Acuerdo Nacional Amplio cuyo norte apunte a la gobernabilidad y la alternabilidad democrática en el poder; y otro donde los Acuerdos Sectoriales se viabilicen para responder y mitigar el sufrimiento que padecen millones de venezolanos, de esta manera podemos acercar las soluciones y, a la vez, ir creando nexos de confianza entre las partes. Los acuerdos sectoriales no solucionan la crisis estructural del país, pero son necesarios para aliviar el enorme sufrimiento del pueblo de Venezuela y pone en situación la voluntad de los actores políticos para modelar una negociación que abone el terreno para la recuperación de la institucionalidad y enfrente la responsabilidad urgente de transformar las condiciones de vida de la población.
— Las violaciones a los derechos humanos que denunció la alta comisionada Bachelet abrieron las puertas a una comisión permanente en Venezuela, qué han logrado hacer con ella (la comisión), funciona o siguen siendo las ‘oeneges’ las vigilantes de los derechos humanos, por ejemplo?
— El trabajo de las ONGs en materia de DD HH es medular en cualquier sociedad. Ese hacer cotidiano de la ciudadanía es imprescindible para lograr incidencia en las instancias multilaterales de DD HH. Es ese hacer el que ha generado logros cívicos como los ya señalados: informes de la oficina de la Acnudh y la resolución de la ONU sobre la Misión de Determinación de Hechos, entre otros, así como el hecho mismo de que el grupo en el poder haya tenido que permitir el acceso de funcionarios de la Acnudh en el país. Estos son hechos trascendentales, pero la idea no es eximir a la sociedad de su papel vigilante, sino fortalecer y acompañar ese papel con los mecanismos internacionales de protección.
Hoy, gracias a esta labor ciudadana hay un reconocimiento internacional de un régimen violador de DD HH. Hoy no somos sólo las ONGs y los movimientos sociales venezolanos los que denunciamos las violaciones, sino que lo han dicho y reiterado la oficina de la Alta Comisionada de los DDHH de la Naciones Unidas y otras instancias internacionales.
— El desafío de la post crisis no es menor. ¿La cultura del ciudadano cree que está suficientemente preparada para asumir un país en el que, por ejemplo, comencemos a dejar atrás de una vez y por todas el modelo rentista en el que el Estado nos paga todo?
— Tenemos grandes desafíos como sociedad. Desde nuestra perspectiva esos desafíos los debemos atender aquí y ahora, no podemos quedarnos detenidos esperando el “Cese de la Usurpación” o la “Post-crisis”. El desafío es construir una cultura ciudadana que pueda enfrentar el proceso social e histórico, las consecuencias del modelo rentista y la cultura clientelar, el deslave institucional, la pérdida del Estado de derecho. Es necesario que los venezolanos llevemos a cabo una revisión exhaustiva de nuestro proceso histórico. Un verdadero proceso de reconciliación nos exige examinar, no sólo la historia de estos últimos años, sino nuestra historia como sociedad; nos reclama un debate profundo, un debate al que debemos estar abiertos y preparados para atenderlo, desde una gran consciencia y respeto por el otro, con generosidad y desprendimiento para acercar visiones y soluciones que nos permita avanzar hacia una sociedad de justicia, de equidad, con garantías y derechos para todos por igual. Un proceso que cree las condiciones para evaluar y transformar las causas que nos trajeron hasta acá y que por supuesto incluye lo que usted señala, la revisión del modelo rentista. Desde luego, una acción pedagógica en este sentido es fundamental.
Ponerle fin al conflicto implica hacerse cargo de las tensiones surgidas entre las distintas visiones, establecer el imperio de la ley, restablecer el Estado de derecho y, por tanto, el reconocimiento de los derechos de todos, garantizando, a través de la legalidad y la construcción de condiciones culturales y políticas, que lo que hoy vivimos en materia de violaciones a derechos humanos no se repetirá. Las causas por las cuales el conflicto apareció entre nosotros provienen de raíces históricas, sociales y políticas profundas, y sobre esas causas no hay un consenso y, probablemente, nunca lo habrá. Por eso la tarea de establecer la paz es un proceso complejo de escucha y comprensión al que debemos embarcarnos con la mayor generosidad, sabiendo inclusive que nos llevará años lograrlo. Esto no debe paralizarnos o desmotivarnos; por el contrario, la complejidad del desafío que tenemos como sociedad para alcanzar la paz y el bienestar debe ser el mayor incentivo para iniciar de manera perentoria la tarea. Debemos darle la cara al conflicto cuanto antes, asumir la responsabilidad compartida sobre el futuro, detener la multiplicación de las víctimas y hacernos cargo como sociedad de no olvidar y llevar a cabo un proceso de reparación social y de transformación profunda de nuestra sociedad.
— Desde el Zulia, epicentro de todos los problemas del país, hemos visto como el poder central atiende a ciudadanos de primera, como a los del centro del país; y a otros de segunda; y pareciera que no pasara nada, ¿Qué pasó con el concepto de ciudadanía?
— El Zulia es la expresión de lo que sucede en las regiones, abandonadas por el actual grupo en el poder. La debilidad del régimen, el temor del régimen por una respuesta de la ciudadanía en la capital los ha llevado a someter a grandes penurias al resto del país para poder mantener una precaria “normalidad” en Caracas. Esto debe motivarnos a una mayor articulación y fortalecimiento de la sociedad civil en cada rincón del país, a trabajar hermanados para visibilizar la crisis y exigir soluciones.
El trabajo de la sociedad civil requiere reforzar ese concepto de ciudadanía al que usted hace referencia. Es necesario que nuestra acción logre entusiasmar a la gente para que se organice colectivamente a fin de demandar sus derechos: en esas condiciones el poder del ciudadano es potencialmente enorme. Y ese poder le permitiría exigirle al liderazgo de lado y lado, más allá de las consignas y los discursos, las marchas o concentraciones, que se avoquen a la búsqueda de soluciones a favor de la gente. Para ello es necesario formarnos, informarnos, articularnos como sociedad en cada rincón del país en defensa de nuestros derechos.
Desde este hacer hemos presentado soluciones concretas a los problemas que padecemos. En este sentido, estamos recorriendo el país e informando a la ciudadanía sobre estos mecanismos de gestión ad hoc o Acuerdos Sectoriales, propuestos por diversas organizaciones de la sociedad civil, como el caso del acuerdo eléctrico que, con financiamiento y monitoreo internacional, permitirá en plazo perentorio reactivar parte de la oferta eléctrica del Zulia, Táchira, Nueva Esparta y Miranda, para paliar la grave crisis que padece la región y aligerar la pesada carga que su pueblo soporta.
El país y su gente son la prioridad. Los actores políticos deben discutir estos Acuerdos Sectoriales y trabajar en la solución de los problemas de los venezolanos, para que el pueblo pueda rehacer su vida, ayudar en la restitución de la democracia y la reconstrucción del país. La suma de todos es necesaria para zanjar una crisis que el país nacional debe superar como conjunto.
— La diáspora es el fenómeno inédito de toda esta crisis… Incluso superando esta crisis, cree usted que el modelo del país receptor de migrantes cambió para siempre?
— La diáspora es quizás lo más visible, pero no es el único elemento de esta crisis multidimensional que atravesamos. El impacto del éxodo de venezolanos sobre el continente, sin duda, ha visibilizado las graves violaciones a los derechos humanos en Venezuela. Este fenómeno se mantendrá en tanto la crisis no sea superada; ahora, qué pasará una vez que logremos las transformaciones necesarias para reconstruir el país es algo que no podemos prever, dependerá del modelo de sociedad que construyamos. Venezuela es un país con grandes potencialidades para su recuperación y los venezolanos que seguimos aquí trabajando día a día para lograr estos cambios estructurales aspiramos a convertir a Venezuela en un país de progreso y prosperidad, que no solo reciba de vuelta a nuestros connacionales, sino que sea un polo de atracción de inversiones, turismo, etc.
Venezuela puede recuperar a los venezolanos que migraron, recibirlos y alimentar la esperanza de un país posible si trabajamos unidos en las transformaciones necesarias para cimentar la convivencia democrática y humana.
— ¿Desde su punto de vista cuál será la crisis más difícil de superar: la social, la política o la económica?
— La crisis multidimensional que atraviesa Venezuela nos exige trabajar en todas las instancias; cada uno de los factores es interdependiente; creemos que sería un grave error pensar que es posible solucionar o superar un aspecto sin el concierto de los otros. Sin embargo, solo será posible superar la crisis social y económica si conseguimos una solución política que nos permita fortalecer las instituciones democráticas. Los venezolanos tenemos un gran desafío y también una gran oportunidad de rediseñar nuestro modelo de sociedad. Toda crisis conlleva cambios y estos deben abordarse con una visión integral.
— ¿Advierte usted la posibilidad de que al final de todo esto, una tercera vía pueda nacer, digo como salida a la crisis del país?
— Una tercera vía no significa un tercer actor, significa crear esperanzas y un Acuerdo Nacional que nos aglutine a todos. La tercera vía es la que podemos construir con el concurso de todos. Venezuela no necesita otro polo, otro actor con aspiraciones de poder, necesitamos un acuerdo integral, un compromiso construido desde las bases de la sociedad que marque el devenir del país, más allá de las diferencias ideológicas y políticas, al menos durante una década, para superar la severa crisis que atravesamos. Sin embargo, si los actores políticos del presente no saben leer las aspiraciones de los venezolanos, entonces serán desplazados por quienes puedan traducir ese deseo de transformación en acciones. Eso, sin dudas. Un liderazgo ético que sepa colocar las necesidades de la gente, el bien común, por encima de sus agendas particulares.
Fuente: https://www.panorama.com.ve/politicayeconomia/Dialogo-Social-No-hay-viabilidad-en-el-pais-sin-un-acuerdo-politico-integral-que-incluya-a-todos-20191031-0012.html