Por F. Javier Duplá sj.
Divina Pastora, Virgen de Coromoto, Virgen de Chiquinquirá, Virgen del Valle, Virgen de Guadalupe, Virgen del Pilar, Virgen del Rocío, Virgen de Montserrat, Virgen de Aránzazu, Virgen de la Almudena, Virgen de la Paloma, Virgen de Lourdes, Virgen de Fátima, Inmaculada Concepción, Madre de Dios, Virgen de la Caridad del Cobre, Nuestra Señora de Altagracia, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, Virgen del Carmen, Virgen de Luján, Virgen de Copacabana, Virgen del Quinche,
Nuestra Señora de Czestochowa … podríamos llenar esta y varias páginas con las advocaciones marianas, porque en la mayoría de los países se venera a la Virgen María en varias advocaciones desde tiempos inmemoriales. 

Cada uno de nosotros podría pensar: ¿cuántas advocaciones de la Virgen conozco y de cuántas soy devoto? ¿Qué significa para mí la devoción a la Virgen? Todas las advocaciones se refieren a la única Virgen María, por supuesto, y ser devoto de una de ellas expresa querer a la Virgen más que a todos los santos, pero por debajo de su Hijo Jesús.

Las confesiones religiosas ajenas al catolicismo han visto una especie de idolatría en estas advocaciones, pero no se detienen a estudiar los documentos que acreditan desde el Concilio de Éfeso a María como Madre de Dios. Sin duda que la devoción mariana expresada en una advocación concreta está muy ligada a lugares, acontecimientos y sucesos milagrosos ocurridos. Hay devotos, sobre todo hombres, que no cumplen los mandamientos, pero que exigen portar la carroza de la Virgen en las procesiones. Está unido lo religioso y lo cultural, y eso no es malo. 

De acuerdo con la doctrina de la Iglesia católica, las advocaciones que se dirigen a María son única y exclusivamente modos de llamarla desde el punto de vista bíblico relacionados con ella, acciones, lugares o mensajes que la identifican, nada más. Aclarando con ello que solo hay una Virgen María, siendo además estos representados a través de la pintura, arte y escultura religiosa. (Wikipedia)

La devoción a María Virgen va muchas veces acompañada de peticiones de diversa índole: por la salud propia y de las personas queridas, por conseguir trabajo, por proteger a los hijos de malas costumbres, por las intenciones del Papa y del Apostolado de la Oración, por los difuntos, por el perdón y corrección de las malas inclinaciones, etc. Las novenas de preparación para una fiesta mariana, el rezo diario del santo rosario, las estampas, la visita a los lugares donde se venera una imagen, cuadro o escultura de la Virgen son comunes en todos los países católicos. A María se le considera la mejor intercesora ante su Hijo, como lo muestra su petición en las Bodas de Caná. San Ignacio de Loyola la ve como la primera a la que se aparece su Hijo resucitado, aunque esto no aparece en las contemplaciones de la Resurrección de la cuarta Semana de los Ejercicios Espirituales (¿También vosotros estáis sin entendimiento? EE.EE., 299).

La estatua mariana de la Virgen de Zapopan en México atrae cada año el 12 de octubre a millones de peregrinos, así como la de Guadalupe, y la Virgen del Pilar en Zaragoza es el santuario más visitado en el mundo, porque diariamente afluyen miles de devotos principalmente de todas partes de España y de Latinoamérica. Es indudable que la devoción popular a la Virgen en cientos de advocaciones lleva a Jesús su Hijo, como ella lo ha manifestado en repetidas ocasiones. 

Y eso es lo principal, que la Virgen nos lleve a Jesucristo su Hijo, que ella nos transmita confianza en Él, que nos ayude a mirarlo como ella lo miró durante su vida mortal. Las mujeres que son madres entienden bien esa mirada de madre, y los hombres entendemos la mirada de nuestras propias madres sobre nosotros. Miradas de alegría, de amor, que transmiten paz, confianza, fe en Dios y ganas de ayudar a los demás. Lo necesitamos mucho en estos tiempos de guerra y violencia sin sentido humano. Por eso le pedimos que los cristianos devotos de la Virgen en tantos lugares en guerra, como Rusia y Ucrania, unan sus oraciones a la Virgen de la Paz para que esa paz haga posible la convivencia, la justicia y el progreso de la raza humana.