Skip to main content Scroll Top
Edificio Centro Valores, local 2, Esquina de la Luneta, Caracas, Venezuela.

“Desarmar las palabras” en la misión universitaria

desarmar-palabras-mision-universitaria

En una escena de la película At Eternity’s Gate sobre la vida de Vincent Van Gogh, el pintor neerlandés quien es interpretado por William Dafoe, conversa con un sacerdote y mientras justifica que ha nacido para pintar, dice lo siguiente: “Quizás Dios me hizo pintor para gente que aún no ha nacido. Se dice que la vida es para sembrar, la cosecha no está aquí, yo pinto con mis virtudes y defectos”. El sembrar y cosechar son dos “símbolos” que resumen la tarea de la educación en la sociedad, donde el estudiante se coloca frente a frente a sus virtudes y defectos. Mientras que el tiempo, al cual se refiere Van Gogh de manera implícita, es un desafío habitual para la educación, ya que la sociedad siempre va a esperar que la educación se encuentre a la altura de las circunstancias y que pueda brindar verdaderas herramientas para que se puedan enfrentar los retos que se viven como sociedad. La educación no puede dar respuestas antiguas a los nuevos tiempos, más bien se espera que vaya más adelante que los tiempos y piense el futuro desde el presente.

En el presente se vive una dualidad interesante, mientras hay progreso tecnológico, moralmente se vive en tiempos de guerra, desigualdad y enfrentamiento. Por un lado, existe la amenaza de que la tecnología sobrepase a la humanidad, por otro lado, en política el debate ha sido suplantado por el poder de las armas. Lo social se va conformando a partir de lo económico más que de lo humano. Y lo económico se vuelve cada vez más exclusivo y limitante para unos.

Consciente de esta realidad y apelando a la Iglesia como Madre y Maestra: “no por supremacía, sino por servicio” el Papa León XIV ha realizado algunas exhortaciones educativas, especialmente en la Carta Apostólica: Diseñar Nuevos Mapas de Esperanza (octubre 2025) y en su primera Carta Encíclica: Magníficat Humanitas (mayo 2026). La invitación principal es a repensar la educación para desde ella “desarmar las palabras” y entiéndase palabras también como una invitación a desarmar una realidad actual que se asemeja a la que describía Albert Camus en 1957, la realidad de “las revoluciones fracasadas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos, y las ideologías extenuadas; en la que poderes mediocres, que pueden hoy destruirlo todo, no saben convencer”.

Al hablar de educación, el Papa no hace referencia únicamente a la educación primaria y secundaria, sino que en su mensaje ha incluido también a las universidades. Proponiendo formar una “Constelación Educativa” teniendo como base “la especificidad, la profundidad y la amplitud de la acción”.  Por ello, la lógica de la exhortación del Papa en materia educativa va en la búsqueda de insistir que, para desarmar las palabras se debe ser prueba creíble que un mundo distinto es posible y tanto en las universidades como en los distintos lugares y espacios, solo se puede ser prueba creíble desde la sinceridad de la propia vida, historia y vocación.

Una frase con rostro, historia y vocación: El examen de Bárbara

Corrigiendo una evaluación de Ética, donde le preguntaba a los alumnos; ¿Dónde se encuentra la conciencia moral de su profesión?, una de las mejores estudiantes que he tenido llamada Bárbara terminaba su respuesta escribiendo lo siguiente: “Una profesión nos hace personas muy conocedoras y eso nos hace vitales para la sociedad, pero la profesión no nos puede consumir como personas”. Bárbara sintetizó muy bien la exhortación que nos hace el Papa León y además logró expresar una de las grandes responsabilidades y desafíos que tiene la educación universitaria con la sociedad en los tiempos actuales: La profesión no puede ser un fin, debe concebirse como un medio y no se puede educar solo teniendo como fundamento la excelencia académica, ya que se estaría corriendo el riesgo de deshumanizar al estudiante, convirtiéndolo en un “objeto” o “producto” que se lanza a la sociedad, como se lanzan nuevos equipos tecnológicos, de comunicación o nuevos automóviles. Aunque se vive en tiempos de importantes avances tecnológicos, la educación y especialmente la educación universitaria debe velar por garantizar espacios que humanicen al estudiante, comprendiendo que humanizar no es solo pensar y tomar medidas para que los estudiantes no “copien y peguen” la información encontrada en la IA. Humanizar desde la educación, consiste también en apuntar dentro del radar académico hacia aquellas emociones y sentimientos que nos hacen humanos y que son elementos que nos ayudan en cualquier discernimiento personal o profesional.

De igual manera, si dentro de la Universidad los estudiantes son tratados como un “producto”, otra de las consecuencias que se experimentarán a nivel social es la de un ambiente de competencia que terminará generando más división de la que ya existe en el mundo, en cada país y en cada comunidad. Ciertamente, la “competencia sana” puede abrir muchas puertas al desarrollo, al esfuerzo y a la excelencia, no obstante, si la competencia deja de ser sana y no es acompañada desde los límites de la ética y la fe, estaremos formando personas que por querer ser los mejores o tener una cuota de poder, asumirán la anarquía y la competencia desleal como vía para alcanzar sus fines. El resultado de ello serán políticos que jueguen a ser emperadores en pleno siglo XXI, periodistas que no respeten la dignidad humana y la privacidad, abogados que olviden la ley para hacer justicia, cuerpos de seguridad que olvidan que ellos son “la” ley y no “su propia” ley, empresarios que se les olvide que sus empleados son humanos, doctores que se preocupen más por su lucro que por la salud e incluso profesores que pierdan su ética por ser el más nombrado por sus alumnos.

En definitiva, y volviendo a las palabras de Bárbara “la profesión consume” y consume no solamente porque implica horas de dedicación. La profesión también puede consumir a la persona cuando deshumaniza, cuando se deja a un lado lo que somos (los principios, valores, creencias, historias, talentos) y solo nos enfocamos en la efectividad y la eficiencia o también se deshumaniza cuando la economía personal o familiar es el único fin de la existencia. La declaración conciliar Gravissimum educationis, advierte en palabras de León XIV que la “persona no es un perfil de competencias” y que, por encima de considerar a la persona como un elemento funcional o económico, el ser humano “es un rostro, una historia y una vocación”.

Por esta razón, la educación universitaria tiene la tarea y el deber de garantizar que se envíe al campo laboral a profesionales que, ante todo, sean humanos comprometidos con su país y con las realidades que se viven, que se atrevan como lo señala Bárbara a no dejarse consumir por la profesión, aun siendo esta su pasión. El llamado a “desarmar las palabras” entonces no es únicamente modular el vocabulario y no utilizar palabras como: guerra, odio, asesinatos, violencia, entre otras. Desarmar las palabras se trata también de evitar la creación de “ambientes hostiles” en lugares que están estructurados para el compartir y el trabajo en conjunto en búsqueda del bien común y el cumplimiento de objetivos estratégicos. 

La conversión necesaria: “de pescador a pescador de hombres”

Un primer paso que puede dar la Universidad para evitar la creación de ambientes hostiles es el de “custodiar el corazón” al mismo tiempo que forja “la excelencia académica”. El Papa León traduce la tarea de custodiar el corazón en saber que “la relación está antes que la opinión, la persona antes que el programa”. Sin embargo, el programa es importante y no se trata de que lo académico sea desplazado, porque hacerlo sería atentar contra la misión principal de las universidades que es una misión académica e intelectual. De aquí que es lamentable que el tema de la Fides et Ratio, sigue siendo un dilema y en lugar de equilibrar la balanza, dicha balanza se sigue inclinando más a un lado que a otro, dependiendo desde donde se dirija la formación o el proceso educativo. Pero más lamentable aun es que al dilema fe y razón, se le ha agregado en la actualidad otro dilema: ¿seguir la norma o el corazón?

En este sentido y buscando respuesta al dilema ¿seguir la norma o el corazón en el campo educativo? surge como inspiración el diálogo de Jesús con Pedro en el Evangelio de la Pesca Milagrosa (Lc. 5, 1-11), donde existe una curiosidad que puede pasar desapercibida por ser tan obvia. Jesús le dice a Pedro: “te haré pescador de hombres”, es decir, Jesús convierte el oficio que ya Pedro tenía. No le propone a Pedro algo distinto, solo orienta el oficio de Pedro a un bien mayor y lo hace parte de la sociedad. Luego de ese episodio, cuando Pedro en los textos vuelve a aparecer pescando, la pesca es diferente, en su corazón ya hay preguntas contestadas y una experiencia de fe que le ha ayudado a descubrir lo vital y trascendental de su vida. Simplemente, Pedro hace lo mismo sin ser lo mismo, porque algo cambió en él, y eso lo hizo capaz de pescar con el corazón. Esa debe ser la propuesta universitaria, apuntar hacia lo trascendente, ser como el título de la película de Van Gogh “una puerta a la eternidad”. No en vano, el Papa lo reafirma cuando habla de la universidad como un lugar donde “las preguntas no se silencian y la duda no se prohíbe, sino que se acompaña. Allí, el corazón dialoga con el corazón”.

De modo que, la universidad debe ser un lugar propicio donde se desarmen las palabras que consumen la existencia y se arme la mente y el corazón que gesta la vocación y la vida. La universidad debe ser un espacio donde los alumnos vean en sus docentes a profesionales apasionados por lo que hacen y con convicción de lo que están enseñando. Docentes que inspiren al joven a querer ser su colega y por sobre todas las cosas: se necesita de hombres y mujeres que quieran más que transmitir conocimientos, ser testigos del protagonismo de sus alumnos en la sociedad del presente y del futuro. Solo así se podrá sembrar desde nuestras virtudes y defectos para los tiempos presentes y futuros.

Notas:

León XIV (Papa). (2025, 27 de octubre). Diseñar nuevos mapas de esperanza [Carta Apostólica]. La Santa Sede.

Camus, A. (1957, 10 de diciembre). Discurso de aceptación del Premio Nobel [Discurso]. Fundación Nobel. Discurso de Albert Camus en el banquete del Premio Nobel.

Entradas relacionadas
Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios
Oldest
Newest Most Voted
Inline Feedbacks
Ver todos los comentarios
0
Me encantaría saber tu opinión, por favor comenta.x
()
x
Nuestros Grupos