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Cultura y saqueo

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“La pluralidad es la condición de la acción humana debido a que todos somos lo mismo, es decir, humanos, y, por tanto, nadie es igual a cualquier otro que haya vivido, viva o vivirá”.

Hannah Arendt, La condición humana

Ante la pregunta ¿cultura o destrucción en América?, la respuesta la tiene la propia historia, especialmente cuando observamos la conducta de los más poderosos frente a los menos favorecidos. Como está escrito en la Biblia: “Nada nuevo bajo el sol”. Las conquistas sirven para cobrar el fruto del triunfo de la guerra; no hay otro objetivo primario que este. En cada etapa de la historia humana, el vencedor es quien escribe la historia y quien se queda con los recursos de los vencidos. La lógica es muy simple: conquisto y, a cambio, tengo más poder. Esta es una de las lógicas de la guerra; por eso, guerras inocentes y santas no hay. Para muestra, basta un botón: el caso venezolano actual.

Volviendo a la pregunta con la que iniciamos este escrito, no cabe duda de que toda conquista que, en un primer momento, termina en destrucción inicia, irremediablemente, un proceso cultural producido por el encuentro de dos culturas. Surge lo que conocemos como mezcla cultural y nace una nueva cultura. Eso fue lo que ocurrió en la América conquistada y lo que ha ocurrido en otros casos similares.

Por eso, hablar de razas y culturas únicas en el mundo actual es una narrativa poco seria, porque la humanidad ha avanzado en medio de estas conquistas, que han terminado produciendo un mestizaje racial y cultural que forma parte de lo que hoy llamamos humanidad. Adicionalmente, la modernidad y la posmodernidad, de la mano de la tecnología, han reducido las distancias mediante lo que conocemos como globalización, haciendo cada vez más rápido este mestizaje de razas y culturas.

En este encuentro de culturas se impone la cultura del conquistador sobre la de los vencidos. Eso explica por qué las tierras colonizadas por los españoles tienen hoy como religión predominante el cristianismo y todo lo que hay detrás de él. Este rasgo es un aporte cultural impuesto. Si los conquistadores hubiesen llevado el estandarte de otra religión, seguramente habría sido esa la que se habría impuesto.

De tal manera que cada avance cultural, por utilizar una expresión, aunque también pudiéramos hablar de imposición cultural, estuvo precedido por una destrucción terrible y por mucho sufrimiento, tal como lo describió fray Bartolomé de las Casas. Cito textualmente dos testimonios que me impactaron por la vileza y la maldad que reflejan:

“Secábaseles la leche de las tetas a las mujeres paridas, y así murieron en breve todas las criaturas.”
“Yo afirmo que yo mismo vi ante mis ojos a los españoles cortar manos, narices y orejas a indios e indias sin propósito, sino porque se les antojaba hacerlo, y en tantos lugares y partes que sería largo de contar. Y yo vi que los españoles les echaban perros a los indios para que los hiciesen pedazos, y los vi así aperrear a muy muchos.”

Hoy vivimos muchas guerras no tradicionales, diferentes de aquellas que históricamente hemos conocido. Hoy las guerras también son psicológicas y buscan imponer la cultura por la fuerza. Las armas ya no son solamente los misiles; también lo son las redes sociales, los medios de comunicación modernos y las tecnologías de gran alcance. El algoritmo está perfectamente diseñado para escudriñar la mente y convertir al ser humano en un zombi que actúa y repite conductas en función de los intereses de los poderosos: los nuevos conquistadores del siglo XXI.

La cultura de la conquista, del fuerte sobre el débil, del conflicto, de la guerra y del odio tiene que ser enfrentada en ese mismo campo de batalla de las redes sociales y, sobre todo, en el campo de batalla de la vida cotidiana, del encuentro y del cara a cara. Debemos enfrentarla con la cultura del encuentro, de la paz, de la familia, del compartir y de todo aquello que abarca el amor.

Es imperativo quitarle importancia a todo lo relacionado con el poder, especialmente al dinero. La cultura no puede ser impuesta; debe ser ofrecida abiertamente y sin ataduras a esos intereses. La cultura es para abrazarla espontáneamente, para criticarla, para disfrutarla y para que, al recibirla, sea generadora de algo nuevo, pero siempre apoyada en lo bello, en aquello que inspire y haga brotar de la humanidad lo mejor y no lo peor.

Solo así se puede vivir en paz y construir una cultura de paz que pueda transmitirse de una generación a otra.
José Lombardi

Referencias

Arendt, Hannah. La condición humana.
De las Casas, fray Bartolomé. Brevísima relación de la destrucción de las Indias.


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