…Così nei gravi periodi di crisi e di trapasso: quando tutto sembra crollare, tutto è ancora magnificamente valido; sotto la superficie della materia informe c’è la salda struttura ideale di una rinascita.
Giorgio La Pira, en una de sus cartas a religiosas contemplativas, 1952
En las últimas semanas, ha sido un tópico comenzar por la idea de que todo ha cambiado. La fuerza telúrica y la tragedia humana de los terremotos de San Juan enmarcan la reflexión general de nuestros días. Aunque sobriamente las extraordinarias dimensiones del hecho van adquiriendo la perspectiva debida, que debe ser evaluada con los expertos en el paso del duelo a la reconstrucción, a ojos de la reflexión política deberían servir para reforzar, y no sacudir, las convicciones básicas que admite nuestra comunidad política.
I. Calamitas virtutis occasio est
§1 Nuestra Constitución establece que Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, lo que implica valores altamente exigentes en su actuación, especialmente desde una perspectiva garantista. La actualización o vindicación de esos valores, tanto en la normalidad como en las emergencias, requiere tanto una disposición actitudinal como una capacitación humana y material, con la cual los gobiernos ejecuten las acciones que la sociedad les ha otorgado en competencia.
§2 Los terremotos de San Juan manifestaron, en una escala dramática, el daño acumulado que la imposición de la ideología sobre la competencia técnica, la conveniencia política sobre las consideraciones humanas, y la hostilidad hacia una sociedad que se deseó transformar revolucionariamente dejan en la estructura necesaria para enfrentar la realidad. Asumiendo la buena fe de quienes son los actuales responsables del poder, lo cierto es que las capacidades estatales fueron sobrepasadas: herramientas de monitoreo y alarma de operación limitada, modestos protocolos de emergencia, inhibición y poca claridad operativa, equipamiento desactualizado y de distribución desigual. Los funcionarios públicos más dedicados no podían, con los recursos disponibles, atender y mitigar tempranamente los efectos de la catástrofe, impredecible en su ocurrencia pero previsible en su posibilidad.
§3 La medida inmediata de esta limitación es la manifestación heroica, generosa y solidaria de miles de voluntarios en el levantamiento de escombros, el rescate de supervivientes, la búsqueda de víctimas, la organización de centros de acopio y la gestión de donaciones, que la sociedad desplegó apenas unas horas después de los sucesos, sacudida como estaba por el sismo. La escala del reto y la ocasional multiplicación de esfuerzos recuerdan los límites de la subsidiariedad –insuficiente para acometer de por sí tareas de reconstrucción y de atención a la población afectada–, pero, a la vez, desmienten la conseja de que la nuestra es una sociedad retraída, apática, individualista y carente de lazos profundos. El aprovechamiento doloso de las tragedias, donde ocurrió, fue excepcional, y a veces triste evidencia de asimetrías de poder previamente existentes.
§4 Otro elemento a destacar es la asistencia global, tanto privada como pública, en las primeras etapas de la emergencia. Nótese cómo, aun con el trabajo cierto de voluntarios y rescatistas privados, más allá de las incapacidades y continuidades burocráticas de nuestro Estado –todo es uno–, se patentizan además las limitaciones de los esquemas globales vigentes de cooperación internacional, en una circunstancia de retraimiento en las tareas y de austeridad fiscal de las otrora tradicionales potencias donantes. Las nociones técnicas específicas del paso del rescate a la recuperación requieren reflexiones precisas, que tomen en cuenta además las capacidades potenciales del país receptor, en este nuevo esquema global de cooperación.
§5 Es necesario constatar, por otro lado, que los efectos trágicos de los sismos se solapan y se agravan sobre desigualdades estructurales no resueltas o profundizadas en las últimas décadas, lo que complica la reconstrucción de comunidades y espacios vulnerados. Sin expandir sobre los criterios técnicos de geología, ingeniería, arquitectura y urbanismo –áreas en las que tenemos expertos a quienes hay que convocar–, la mejora general de la sociedad, el acceso progresivo a espacios y recursos y la expansión de sus capacidades de ahorro y aseguramiento se muestran como necesidades más evidentes. En general, la tarea ha de pasar por la superación de los ciclos de postración y consumo improductivo que nos han caracterizado, siendo la herencia en infraestructura y capital social de tiempos de previsión –y alguna suerte– elementos que evitaron daños mayores.
§6 En estas mismas páginas, hace unos meses, dijimos que una transición hacia la democracia “… requiere desmontar la visión del Estado como agente coercitivo de una causa particular para convertirlo en un aparato de gestión técnica de la Nación”. Una de las demostraciones más palpables de cualquier gestión estatal mínima es la atención a las emergencias. Así como ante la intervención extranjera –predecible en su contexto y frente a la cual el sistema se ufanó de capacidades que no desplegó–, la defensa civil ante desastres naturales fue improvisada y escasa, lo cual quiebra lo que quedaba de la ilusión de “gestión técnica” capaz que ha promovido sobre sí mismo el liderazgo vigente. Al quedar el Ejecutivo nacional nuevamente desnudo ante un shock externo –ya sea militar, natural o económico–, han quedado atrás las expectativas boyantes de crecimiento de hace apenas unos pocos meses. Si bien la legitimidad es un factor relativo en la realpolitik impuesta por los hechos, la situación de un poder no electo cuya autoridad descansaba en la pretensión de eficacia que rodeaba las medidas y reformas de la presidenta Delcy Rodríguez parece ser cosa del pasado remoto.
§7 El duro y trágico sacudimiento y su consecuencia humanitaria, en última instancia, no deben distraer del hecho estructural: las carencias políticas venezolanas son esencialmente institucionales, y es ese déficit el que se asoma como el más difícil de atender y el más evidente de resolver. Un sondeo reciente pone estas preocupaciones en evidencia: tres de las cinco principales preocupaciones de los venezolanos consultados eran la corrupción, el debilitamiento de la democracia, las instituciones débiles y la falta de transparencia, y las deficiencias del sistema judicial. Ante las tareas de reconstrucción de una sociedad compleja, cuya existencia no se quiere solo asistencial, ¿pueden construirse viviendas donde se desconfía de registros, tribunales o policías? ¿Pueden generarse empleos y movilidad social en contextos donde la población vulnerable no cuenta con canales regulares para presentar sus reclamos ni con mecanismos de rendición de cuentas ante los poderosos?
II. Res publica res populi
§8 Así las cosas, la “normalización” posible a comienzos de año, y que descansaba en la expectativa de estabilidad apuntalada por el actor externo, se ve retada por los rendimientos decrecientes del sistema. La postergación indefinida de una resolución política popular sobre la presente situación, pese a la sobriedad de las manifestaciones críticas de la sociedad, no parece viable. Si bien el liderazgo actual se muestra capaz de ser aquiescente ante las demandas de los Estados Unidos, parece haber alcanzado el techo de sus capacidades materiales y humanas, lo que evidencia las limitaciones estructurales de la gobernanza. Por lo tanto, la expectativa positiva que los elementos despolitizados de la sociedad tuvieron respecto del cambio forzoso de liderazgo del Gobierno y la fama de eficiencia tecnocrática que se buscaba transmitir se han trastocado en los últimos meses.
§9 Para ser concretos, el acomodo dirigido por Rodríguez, Rodríguez y Cabello aparece con un mensaje unitario superficialmente disciplinado, donde el pragmatismo táctico y la coherencia revolucionaria son expresados como diferencia ante las críticas del “infantilismo de izquierda” –no es la primera vez que esto ocurre en la revolución–, pero los resultados concretos son limitados. La ambiciosa agenda legislativa anunciada en enero parece haberse detenido. Las medidas económicas apuntan a la continuidad de la política de desregulación con asistencialismo azaroso del segundo gobierno de Maduro, sin una clara estrategia monetaria o fiscal que no se reduzca a esperar a que los petrodólares o los recursos congelados lleguen. Luego de la Ley de Hidrocarburos y la Ley de Amnistía, y con los nombramientos del Fiscal General y de la Defensora del Pueblo, no ha habido producción legislativa o judicial de nota que apunte a generar confianza en actores económicos externos, cuya presencia se clama, o la esperanza positiva en actores políticos procambio, cuya presencia se teme. Así, pese a que se supone que el ala reformista tiene una mayoría relativa en el PSUV, los cambios pasaron de vertiginosos a modestos, con la notoria excepción de las reuniones con funcionarios del Estado de Israel en labores de rescate, inteligencia y seguridad. Puede que las voluntades ortodoxas dentro del statu quo –militares, extractivas, coercitivas, ideológicas– sean una limitación para apuntar a reformas aún más controversiales, pero no podemos descartar que haya, además, temor extranjero a acelerar el paso más allá de lo que recomiendan sus propios cálculos. Como fuese, los actores extractivos más contumaces parecen ser los grandes perdedores de esta dinámica, y la sociedad tendrá que enfrentar su exclusión definitiva.
§10 En esto, hay que ver el saldo de las agrupaciones opositoras. Si bien se recuperan, con enternecedoras muestras, de lo peor del exilio y la represión –es necesario admitir que la actuación coercitiva del Estado, incólume en sus herramientas, está grandemente limitada en los hechos–, no hay aún un ambiente claro de reorganización y de activismo, especialmente ante la limitada realidad de las libertades de expresión y asociación. Tanto los partidos de oposición parlamentaria como los extraparlamentarios son débiles en su organización e incidencia en la agenda, y la figura opositora de mayor ascendencia pública –María Corina Machado– sigue siendo un liderazgo carismático y rupturista que mantiene una relación tirante con los partidos. En otras circunstancias históricas, sin embargo, una misma situación objetiva habría llevado a un clima de sentenciosas declaraciones destructivas de mutua recriminación y sospecha que, es justo decirlo, eran recurrentes. Hoy tenemos otro clima, porque hay una tímida esperanza puesta en el esquivo cambio, dada la impronta de los últimos eventos: Henrique Capriles, UNT y AD reconocen la primacía del liderazgo de Machado y asoman la necesidad de una eventual recomposición de los mecanismos unitarios de decisión, que parecían irreparables hace apenas pocas semanas; la mayoría de la Plataforma Unitaria, en heterodoxa interpretación del acuerdo de Panamá, se aviene con la oportunidad de acuerdos políticos que abre los Estados Unidos alrededor de Dinorah Figuera y la Asamblea Nacional de 2015, y Machado –acompañada de Edmundo González– adelanta su propia interpretación: no acompaña, pero no impedirá.
§11 ¿Y dónde está el pueblo? Si bien la ciencia política rehuiría calificar al pueblo como entidad, la verdad es que la voluntad de cambio político y el paso de la expectación al descontento parecen recorrer transversalmente todas las regiones y clases sociales, lo cual se aviene con las manifestaciones colectivas de inconformidad y propósito de cambio que se mantienen más o menos constantes desde hace varios años. Si bien un contingente de venezolanos tiene aún expectativas positivas del statu quo, una amplia mayoría de la sociedad no comparte desde hace tiempo la insistencia de la revolución bolivariana de permanecer en el poder, aunque este haya pasado en su autocrítica del lacónico “hemos cometido errores” de Jorge Rodríguez, al reconocimiento de la “corrupción… (de las) ratas que se han aprovechado de nuestro pueblo” que planteó el veterano embajador Samuel Moncada. Así que el pueblo está, en la medida en que eso es posible, con quien y en donde se planteen de manera más clara e irreversible la voluntad de cambio, y no es de extrañar que en los sondeos esto se identifique con una figura concreta, Machado, pero también en las distintas manifestaciones de descontento y exigencia que aparecen de manera sectorial. La suerte de la audaz empresa norteamericana no está tanto en su inclusión como en no impedir que esta voluntad se manifieste de una manera que descalabre toda la empresa; dicho de otra manera, Washington no puede pensar solo en su calendario, ni atar su popularidad a la de Miraflores.

III. Omnium rerum principia parva sunt
§12 Pero claro, Washington no busca popularidad en Venezuela. Claramente, hay intereses económicos, materiales y geopolíticos que informan sus decisiones y acciones, y la despolitización de los ámbitos de energía, minería, seguridad, migración, lucha antidrogas y defensa es esencial para medir el éxito de su intervención. Pero esta despolitización corre el riesgo de desencadenar una reacción inusitada si se identifica a los Estados Unidos con la continuidad de un sistema que los venezolanos rechazan ampliamente. Más allá de las elogiosas declaraciones de Donald Trump sobre la res gestae de Rodríguez, cuya audiencia no es la población venezolana, los hechos institucionales muestran otra cosa, y por eso el compromiso de mover a los actores políticos, a despecho de cada uno, hacia una fórmula de avenimiento enmarcada en las conversaciones anunciadas en abril y formalizadas en fecha reciente, entre la delegación del Gobierno Nacional y de la Asamblea Nacional electa en 2015.
§13 ¿Qué pueden ofrecerse mutuamente las partes? ¿Qué hay de garantías y de acciones verificables? A los ojos externos, habiendo sido los actores locales incapaces de conciliar posiciones durante años de repetidos intentos, y siendo indeseable la imposición absoluta del chavismo realmente existente como statu quo permanente, parece más un acto de ‘time out’ que una nueva oportunidad. Aunque son temas de interés nacional, la definición amplia apuntaría a evitar enfrascarse en definiciones previas y metodologías, y, de momento, si esta agenda es impuesta o autónoma, poco importa. La oposición prodemocracia no ha logrado definir el ámbito de su intervención y su representación con absoluta libertad, pero el Gobierno tampoco ha logrado enmarcar este empeño en el Programa de Convivencia y Paz que anunció a inicios de año. Sin embargo, lo esencial es que la agenda apunta a medidas de cambio que pueden, eventualmente, promover un clima de entendimiento político, y sí, de normalización pero en torno a la democracia: la “atención al doble terremoto” apunta por intermedio de las acciones humanitarias a las medidas materiales y liberación auditable y responsable de recursos estatales disputados o bajo control de la Asamblea Nacional 2015 como último reducto institucional venezolano reconocido en Occidente; el “fortalecimiento de la democracia” apunta a la posibilidad de manejar cambios dentro del esquema constitucional presente, asumiendo el déficit de confianza de las instituciones vigentes; y los “derechos y garantías políticas” darán contenido práctico a esta posibilidad para todos los actores: libertades para competir, ganar y seguridad en la derrota, puesto que habrá también libertades para disentir, denunciar y controlar al poder. Estos puntos, concurrentes, apuntan a un cambio que puede ser genuinamente significativo.
§14 Queda claro que esta agenda no es la de la gestación de un ‘estado 51’ ni la de la continuidad indeterminada de lo que existe. La revolución bolivariana puede ganar tiempo en su reforma interna, solo puede postergar su propia redefinición si una oferta maximalista se le contrapone como inviable y peligrosa. Hace pocos años, tal habría sido la expresión de los sectores contrarios al sistema, pero lo que se observa es una aceptación expectante de los resultados del proceso. El maximalismo político queda para voces estridentes, muy minimizadas, que pueden tener otros voceros en la medida en que las expectativas de cambio no se vean satisfechas. En esto, la voluntad última está en los Estados Unidos, y su interés y capacidad para encauzar este esfuerzo en la dirección que ha establecido teleológicamente, y que, a decir de Marco Rubio, requerirá “paciencia y persistencia”. ¿Podrán ser consecuentes con este propósito?
§15 Hace unos meses, dijimos que la sociedad recupera su agencia mediante la recuperación cívica de los espacios públicos. Sin esperar los resultados del diálogo, deben los cuerpos intermedios –universidades, gremios, comunidades, partidos– operar bajo la premisa de su propia autonomía y de exigencias que delineen el país distinto que manifiestan querer. Eso, debemos comentarlo en futuras entregas.



