Cuando en mayo de 2015 el papa Francisco firma y luego publica Laudato Si’, incluía en el repertorio de documentos del Pensamiento Social de la Iglesia la primera encíclica dedicada exclusivamente al tema ecológico. 

            Francisco nos propuso en esa encíclica que pensáramos en los distintos aspectos de una “ecología integral” que incorpore las dimensiones humanas y sociales. Una ecología que no solo estudie las relaciones entre los organismos vivientes y el ambiente donde se desarrollan, sino que también nos exija sentarnos a pensar y a discutir acerca de las condiciones de vida y de supervivencia de una sociedad, con la honestidad para poner en duda modelos de desarrollo, producción y consumo¹.

              Laudato Si’ nos hizo un llamado a realizar un verdadero examen de conciencia partiendo de nuestra relación con el Señor, con los otros y con uno mismo, pero ubicándonos en una nueva dimensión: desde el cuidado de la Casa Común.

                Han pasado ocho años de la aparición de Laudato Si’, y hoy nuevamente Francisco vuelve con una segunda encíclica sobre el tema, Laudate Deum. Resulta más que evidente que para el Papa, la situación es delicada y urgente, y así nos lo hace saber:

Han pasado ya ocho años desde que publiqué la Carta encíclica Laudato si’, cuando quise compartir con todos ustedes, hermanas y hermanos de nuestro sufrido planeta, mis más sentidas preocupaciones sobre el cuidado de la casa común. Pero con el paso del tiempo advierto que no tenemos reacciones suficientes mientras el mundo que nos acoge se va desmoronando y quizás acercándose a un punto de quiebre. Más allá de esta posibilidad, es indudable que el impacto del cambio climático perjudicará de modo creciente las vidas y las familias de muchas personas. Sentiremos sus efectos en los ámbitos de la salud, las fuentes de trabajo, el acceso a los recursos, la vivienda, las migraciones forzadas, etc².

                  En un libro particularmente delicado en su estilo, redacción y contenido, pero de igual forma centrado  –aunque de manera más narrativa y vívida– en el tema de la relación con la Tierra, el filósofo coreano alemán Byung-Chul Han comienza con una precisa y preciosa cita del Antiguo Testamento:

Pregunta a las bestias, y te instruirán; a las aves del cielo, y te lo comunicarán; a los reptiles de la tierra, y te enseñarán, y te lo harán saber los peces del mar. ¿Quién no ve en todo esto que es la mano de Dios quien lo hace? (Job 12,7-9)³.

                 Byung-Chul Han al mostrarnos en sus escritos la relación que él desarrolla y mantiene con las plantas de su jardín, da en el punto central de lo que debe ser la interacción del ser humano con el planeta Tierra, con nuestra Casa Común: “… de la tierra nos llega el imperativo de cuidarla bien, es decir, de tratarla con esmero… hay que tratar cuidadosamente lo bello”⁴.

             Es en esencia el mismo mensaje de Francisco, aunque el Papa en su última encíclica nos hace una advertencia –digamos– más contundente: “‘Alaben a Dios’ es el nombre de esta carta. Porque un ser humano que pretende ocupar el lugar de Dios se convierte en el peor peligro para sí mismo”⁵.

                      El mensaje está claro. El clamor de nuestra Casa Común, también.

Notas:

  1. S.S. Francisco (2015): Laudato Si’
  2. S.S. Francisco (2023): Laudate Deum
  3. HAN, Byung-Chul (2019): Loa a la Tierra. Un viaje al jardín.  Herder
  4. Ibidem. 
  5. S.S. Francisco (202): Laudate Deum