Médico y doctor en Psicología español, pero con una vasta experiencia en la investigación de violaciones de derechos humanos en Latinoamérica y el mundo, Carlos Martín Beristain se ha convertido en un referente en atención psicosocial de víctimas, y ha sido asesor de varias comisiones de la verdad en conflictos alrededor del globo. En su paso por Venezuela, le otorgó a la revista SIC y a sus lectores, su visión sobre el conflicto venezolano y algunas claves para un proceso de reconciliación donde imperen la verdad, la justicia y la inclusión de todos los sectores

Por Juan Salvador Pérez

—¿Cuál es tu comprensión sobre el conflicto venezolano?

En Venezuela, obviamente hay un conflicto sociopolítico muy importante. En mi perspectiva, además de la dinámica donde están los puntos del conflicto y la construcción de la democracia, también tiene que ver con el impacto de la violencia y las violaciones de derechos humanos que se han dado en diferentes periodos históricos, y eso pasa por la reconstrucción del tejido social.

 Son conflictos que no han tenido el nivel de violencia que ha sufrido el pueblo colombiano, por ejemplo, pero la afectación al tejido social ha sido muy importante en diferentes episodios de violaciones de derechos humanos, de conflictos sociales que han generado fracturas, que han generado, a veces, nuevas formas de violencia. Todo eso creo que es parte de la complejidad del contexto del conflicto venezolano, y también de las cosas por las que hay que buscar herramientas de salida. La salida no es solamente unas elecciones, un acuerdo político, un marco general de cuáles son los acuerdos básicos de país para que Venezuela pueda tener una salida política; todo lo que está viviendo en las últimas décadas también es importante –un proceso de trabajo y de entender las fracturas sociales– porque todo genera fracturas.

No es una disputa política de alto nivel, de ciertos partidos con el aparato del Estado, etcétera. También tiene una dimensión en las comunidades, tiene una dimensión en la gente. Venezuela, como Colombia, de donde más de un millón de personas ha tenido que salir del país por el conflicto armado, tiene también una gigantesca diáspora por la situación económica. Todo eso forma parte de los indicadores de sufrimiento social, de malestar, de búsqueda de alternativas de la gente, pero también de lo que tiene que estar en el centro de un proceso de reconstrucción.

Si bien Venezuela no ha vivido los fenómenos de violencia masiva que se han vivido en otros países en los que he trabajado –Guatemala, El Salvador o Colombia, por ejemplo–, sí hay afectaciones sociales que son muy relevantes, y los aprendizajes compartidos con mucha gente en diferentes países también creo que pueden ser relevantes para dialogar con Venezuela, con las organizaciones, con las instituciones para buscar también esas salidas, no solamente políticas de alto nivel, sino también de reconstrucción de la sociedad.

Crédito: Yulianny Carolina Ruíz

Crédito: Yulianny Carolina Ruíz

—¿Qué comprendería en el caso de Venezuela el concepto de reconciliación?

Yo creo que hay un proceso, y eso tiene varios significados.

Hay un proceso de “reconciliación desde arriba”, es decir, ¿cuál es el marco para la reconstrucción del país o de la reconstrucción de la convivencia? Eso pasa por: por qué está planteándose en el país, cuáles son los acuerdos políticos, cuál es la relación de la centralización de las elecciones, cuáles son los temas que tienen que ver con la democracia, con los acuerdos básicos para el fortalecimiento y reconstrucción de la democracia. Eso es parte fundamental.

Por otro lado, es muy importante que el tema de las víctimas esté presente, porque no se puede hacer un proceso de reconciliación solamente de arriba hacia abajo, los procesos tienen que ser también de abajo hacia arriba, y tienen que tener un fuerte componente de reconstrucción de las fracturas sociales que se han acumulado en el tiempo. Esto pasa por un trabajo comunitario con todas las víctimas de los diferentes lados, y también por la reconstrucción de una investigación de la verdad, de lo sucedido, una política de reconstrucción de ese tejido social por parte de las instituciones, del movimiento de derechos humanos en esas acciones junto con la Iglesia.

En ese sentido, creo que hay que aprovechar la experiencia que tienen muchas organizaciones como el Centro Gumilla, las organizaciones de derechos humanos, los grupos que han trabajado con muchos sectores populares en el país; todo eso es fundamental que esté en la construcción de esa alternativa.

—Estamos de acuerdo en que deben estar presentes la mayor cantidad de actores posibles para una representación amplia: la Iglesia, las víctimas, el sector social, civil, empresarial, que no están hoy día, efectivamente, en esa mesa de acuerdo. Pero, metodológicamente, ¿quién convoca? ¿cómo se avanza en esa convocatoria amplia a todos los sectores?

—Si nos fijamos en otras experiencias, no es que todos esos sectores hayan estado en la mesa, porque esta tiene que integrar a los protagonistas más duros del conflicto. A veces se han considerado los enemigos; por ejemplo, en Colombia estaban las FARC y el aparato del Estado, pero la sociedad civil y todas estas instituciones tuvieron un papel determinante.

¿Quién convoca? Hay que buscar quiénes son los actores con legitimidad. Volvamos a otras experiencias como en Guatemala, ¿quién convocó? La Asamblea de Sectores Civiles, que estaba presidida por monseñor Quesada Toruño, el arzobispo.

¿En Colombia, quién convocó? Ahí estaban la Comisión de Conciliación Nacional, que es la comisión de conciliación de la Iglesia, y estaban las Naciones Unidas. Hay que buscar quiénes son los interlocutores que tienen legitimidad, que generan confianza, que no son vistos como “de un lado”. Claro, el problema de estos casos es cómo se genera una confianza con ciertos actores con metodologías que no permitan que haya exclusiones y que la gente también sienta que las cosas son tomadas en cuenta con un estándar internacional.

Hemos avanzado mucho en el mundo en los últimos treinta años sobre lo que significa el trabajo con las víctimas, cuáles son los derechos básicos, cómo hacer un trabajo en sociedades divididas, cómo tomar conciencia de estas fracturas, cómo tener una visión compartida de país independientemente de que haya divisiones políticas, porque esas van a seguir existiendo. Los conflictos no se van a eliminar, hay que tratarlos de una manera democrática, no violenta y canalizarlos, ese es el objetivo. Pero necesitas uno o varios actores que tengan legitimidad y una propuesta para poner la agenda sobre esa mesa de negociación, y para que esa agenda se pueda discutir, también debe responder a cosas que se han hecho internacionalmente.

En el caso colombiano tuvimos ese proceso previo con algunos de esos actores que te estoy planteando, hubo un proceso de consulta con las víctimas. Claro, liderado en este caso por la Iglesia, por la pastoral social, por el PNUD, para hacer un ejercicio de escucha en el país, para sacar elementos para la mesa de negociación.

¿Eso es parte de una salida política al conflicto? Sí. Y eso va a ser sano. Es saludable para sanar las heridas, que es un concepto de la reconciliación. No tiene que ver con volver a un escenario anterior del conflicto, sino cómo se abordan y cómo se sanan las heridas que también se han producido en un país en medio de toda esa situación.

Crédito: Yulianny Carolina Ruíz

Crédito: Yulianny Carolina Ruíz

—Has trabajado en países donde el conflicto es armado, pero en el caso de Venezuela algunos estudios han arrojado que pareciera que el venezolano identifica el conflicto más bien como un caso de supervivencia económica, migración, etcétera, pero que no se trata de un conflicto claramente entre dos partes, ¿cómo hacemos, dentro de esas claves, para poder avanzar en la reconciliación? ¿habría que hacer sentir a las personas que estamos en un conflicto?

–Yo creo que no hay que darle a la gente una representación de la realidad que la gente no tiene.

Lo que es evidente es que no hay un conflicto armado como ha existido en otros países, aunque ha habido fenómenos de situación de violencia, de represión política, de violaciones de derechos humanos. Una cosa es qué se hace con todos esos casos, qué se hace con ese sufrimiento. Eso es parte de la agenda de una comisión de la verdad; pero también hay otra dimensión más grande que tiene que ver con la violación de derechos económicos y sociales que necesita, de igual forma, una salida.

En general, una comisión de la verdad se ha centrado más en el primer núcleo, pero eso no significa que todos esos otros elementos del contexto, de una situación en la que la gente no ha tenido un horizonte y ha tenido que salir de manera forzada, no forman parte también de una dinámica de un conflicto social más amplio. Entonces, ¿cómo se abordan esos aspectos de la conflictividad social que han llevado a que un país como Venezuela esté en la situación que está? Se necesita también un análisis de ese conjunto de factores.

El problema no es tanto partir a priori que estamos de acuerdo en qué conflicto es, qué características tiene, cómo se llama, cuál es su nivel, cuántas víctimas se reportan en ambos bandos. Eso no vas a tenerlo al principio, eso será al final del proceso. Lo que tienes que tener es la conciencia de que se necesita articular una serie de mecanismos que aborden esa situación, y que eso tiene que tener una perspectiva de reconstrucción del tejido social con un fuerte énfasis, obviamente, en las víctimas o en los sectores más excluidos social y políticamente, porque en todas las guerras se ha dado un fenómeno de exclusión social.

Aquí habrá que analizar, en las instancias que sea, cuáles son esas condiciones, sin tratar de llegar a ponerse de acuerdo desde el principio en los nombres de todo, pero Venezuela ha vivido un contexto de fuerte polarización, y en estos casos el uso del lenguaje también es determinante, porque la polarización secuestra el lenguaje, lo que te impide poder discutir las alternativas. Entonces hay que crear uno nuevo, una manera distinta de abordar esa situación, sin pasarse a tomar distancia de la realidad para que nada se entienda, llamando a las cosas por su nombre, pero también teniendo una visión amplia y sin tratar de clasificar las cosas en algo que tendrá que ser parte de un proceso.

En una comisión de la verdad partimos de la escucha, eso es un determinante, a diferentes víctimas y situaciones que nos permiten poder recoger la información con metodologías apropiadas de acuerdo a los estándares internacionales, con una instancia que tenga una legitimidad social amplia y que nos permita ofrecer al país una herramienta para la transformación, siendo este proceso reconstructivo en sí mismo. Eso es parte del camino que ojalá en Venezuela se pueda tejer.

Crédito: Yulianny Carolina Ruíz

Crédito: Yulianny Carolina Ruíz

—–Tomando como referencia a casos exitosos de reconciliación y reconstrucción, como Sudáfrica, Chile, España e incluso Polonia, ¿qué claves o qué elementos podríamos traer para que el caso de Venezuela sea un proceso exitoso? Y la pregunta final, ¿consideras que el proceso en Venezuela puede llegar a ser exitoso?

—Estamos comparando cosas muy diferentes, pero yo diría que una primera clave es que hay procesos de reconciliación política que no tienen en cuenta los procesos de reconstrucción del tejido social y el impacto que eso tiene en la sociedad. Es positivo en términos de la reconstrucción de ciertos elementos de la democracia, pero deja en la cuneta de la historia a mucha gente.

La segunda es que esos procesos se hacen también sobre la base de la verdad y de la no impunidad.

En general, los actores armados en un conflicto lo que quieren es impunidad, de lado y lado. Piensan “esto se acabó”, pero la gente no. La gente dice ¿y nuestro sufrimiento? ¿el impacto de lo vivido?

En Sudáfrica se creó una comisión que tenía un comité de amnistía por el cual tenían que pasar las personas responsables de graves violaciones de derechos humanos para compartir la verdad, de forma que eso sirviera para tener un indulto.

En el caso colombiano se creó la comisión y se creó la JEP, la Jurisdicción Especial para la Paz, en la cual los responsables, tanto de las FARC, como de los militares, del aparato del Estado, etcétera, tuvieron que presentarse a proporcionar la verdad, reconocer los hechos, reconocer su responsabilidad, si querían tener una sentencia restaurativa; y si no, estaba la vía penal.

Quiero decir con esto que hay dos cosas. La no impunidad en los procesos me parece que es importante. ¿Cuáles son los mecanismos frente a eso? Pues son creativos.

Hay que ver cuáles son las políticas o acciones que, tanto para las víctimas directas, como en términos de reconstrucción del tejido social, tienen que salir de ahí. Eso no pasa solamente porque hay un acuerdo político determinado, tiene que haber una política de reconstrucción. Por eso el trabajo de una comisión –o instancias de ese tipo– es importante, porque te ayuda a identificar dónde están las fracturas, cuáles son los mayores sufrimientos, cuáles han sido las consecuencias de las violaciones de derechos humanos, pero no es para hacer una radiografía que se queda ahí, es para determinar cuáles son los cambios y qué políticas hay que hacer con eso. Esto es fundamental. Yo diría que son aprendizajes, y claro que Venezuela tiene salida. Claro que sí.

Me parece importante que ese conjunto de factores se tenga en cuenta aquí, que en Venezuela no se considere que, “como aquí no ha pasado una guerra”, no tenemos nada que aprender de eso. No, yo creo que hay una experiencia internacional que te muestra cómo enfrentar las condiciones sociopolíticas y el enorme impacto y sufrimiento humano que se ha dado en un país, no solamente de tener conciencia de todo eso, sino también como parte de la reconstrucción. Eso no es un polvo que se puede esconder debajo del tapete. No, es parte del proceso de reconstrucción. Y creo que ahí hay aprendizajes muy importantes y hay una sociedad civil y un interés de diferentes instancias e instituciones, porque hay una salida, y creo que eso es muy importante para Venezuela, que es un país muy querido para mí también.

*Director de la revista SIC. Magíster en Estudios Políticos y de Gobierno.