Por José Francisco Aranguren, sj.

Primero hay que reconocer que es un problema real de la pastoral de la Iglesia actualmente. Segundo, que el papa Francisco no quiere dejarlo pasar sin que la Iglesia se mueva más bien, haciendo de hospital de campaña, de Iglesia en salida que va, realmente, a las «periferias existenciales» de las personas y del mundo, y a las fronteras de la fe.

El tema de qué hacer y cómo tratar a las parejas irregulares, que cada vez es más común en nuestras sociedades, en las que la gente es católica, pero sufre tensión y conflicto al considerarse cristianos de segunda, es un problema pastoral, entre otros, claro está.

Desde la exhortación postsinodal Amoris Laetitia de 2016, el magisterio del papa Francisco ha venido abriendo paso a una pastoral que acompañe, desde su realidad concreta y del discernimiento del pastor, a las parejas divorciadas y vueltas a casar, y a las parejas del mismo sexo que se sienten parte de la Iglesia; que a ratos sienten rechazo de la Iglesia, que se sienten excluidos por ser una tendencia que no escogieron, como tampoco escogieron haber fracasado en sus primeras nupcias.

Así que el Papa, desde la caridad pastoral propia del oficio del pastor, del obispo, y en particular el obispo de Roma (como le gusta ser llamado), ofrece la bendición como «buena acción», como el arte de bendecir, «de decir bien» del Dios que nos llama a todos desde nuestra vocación bautismal y nos da su Espíritu para vencer al mal en nuestras vidas. ¿Le vamos a reclamar al Papa porque está abriendo puertas para la caridad pastoral de nuestros hermanos? ¿En serio? Porque a ratos a eso suenan los reclamos y reacciones suscitadas.

Ahora bien, el papa Francisco no ofrece estas acciones en el vacío. Lo hace en un contexto concreto y específico, por lo que Fiducia supplicans simplemente abre la puerta, no obliga a nadie, e indica con claridad –para quien quiera entender– el sentido y el modo de hacerlo. El que no quiere oír, que no oiga, y el que no quiera hacerlo no está obligado. No deja de ser católico por no hacerlo, pero ha de seguir discerniendo cómo tratar pastoralmente a las parejas irregulares que se le acerquen, y teniendo un insumo posible como ese, y en consonancia con la ortodoxia de la Iglesia, tendrá que discernir si lo aplica o no. Hoy o mañana, ahora o dentro de 5 años.

La pelota está en la cancha de quienes ya están haciendo pastoral en estas fronteras de la fe y de la doctrina. Y al resto nos invita a discernir cuándo hacerlo y a quienes, y discernir también ante el resto de la comunidad cristiana el por qué se hace, para explicárselo y saber abordar desde la misma caridad pastoral con el resto del pueblo de Dios.

Por ahí van las cosas. Seguimos pensando, seguimos discerniendo porque la iglesia es, ante todo, signo de la misericordia del Padre en nuestro mundo roto.