Por Edgar Magallanes, s.j.*

La migración es un derecho, pero hacerlo en condiciones forzadas nos expone a muchos riesgos. Estos peligros fronterizos son ampliamente conocidos: trata de personas, esclavitud sexual, explotación laboral, secuestro, extorsión y pare de contar.

A su vez, las organizaciones humanitarias enfrentan muchos desafíos en la protección de estas poblaciones: desde la precariedad de recursos, hasta restricciones de acceso a comunidades, constituyendo barreras diversas en la atención de flujos migratorios y de poblaciones de acogida fronterizas.

Sin embargo, una gran dificultad para atender a esta población, es el enfoque que tradicionalmente se le da a la protección del desplazado forzado y el refugiado. Este enfoque es el de la responsabilidad del Estado de acogida que se somete a los convenios vinculantes, que suscribe acuerdos y que destina una serie de fondos –muchas veces limitados– para atender a la población inmigrante y refugiada. En la práctica, son los primeros fondos prestos a ser recortados.

JRS Venezuela

Crédito: JRS Venezuela

Desde el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS, por sus siglas en inglés) queremos promover un enfoque alternativo al tradicional, uno que pone en el centro a la persona, a través de una visión transfronteriza que se desplaza junto al migrante y refugiado1, ya que solo desde un encuentro con el rostro de quien busca refugio entramos en un diálogo profundo sobre el fenómeno migratorio, creciente en nuestra región y a nivel global.

Desde el JRS Venezuela y JRS Colombia estamos haciendo esfuerzos de acción coordinada binacional transfronteriza, en especial desde las oficinas locales de Táchira y Zulia con el Norte de Santander. Estas acciones nos permiten responder con mayor calidad de manera focalizada y con un seguimiento y remisión de casos que nos permite pensar la complejidad de la frontera desde las propias características del sujeto fronterizo, especialmente en esta región del Táchira y del Norte de Santander, pero también al sur del estado Zulia que limita con el Tibú en Colombia.

Venezuela y Colombia

Para ello, la propuesta del JRS en Venezuela, Colombia y toda la zona fronteriza, pone en el centro a la persona, descubriendo en este migrante y en este refugiado al protagonista de su propio crecimiento, y reconociendo en las comunidades de acogida las fuerzas vivas de sus propios actores para que, desde estas mismas fuerzas, puedan vivir cada vez con una mayor dignidad y calidad desde la cultura del encuentro y la hospitalidad.

Áreas de acción

Para llevar a cabo esta acción brindamos una atención integral desde tres áreas: 1) acción humanitaria; 2) fortalecimiento comunitario y 3) educación y prevención.

La puerta de entrada de la atención del servicio jesuita dirigido a los refugiados, en el área de acción humanitaria, es el acompañamiento jurídico. Este acompañamiento sirve como puente reconciliador entre los refugiados y el Estado, mostrándoles sus derechos y las posibilidades de acceder a los mecanismos de regularización tanto del lado venezolano, como del colombiano.

En el acompañamiento jurídico atendemos movilidad humana, violencia basada en género y protección de niños, niñas y adolescentes. Asimismo, informamos las rutas de movilidad segura e informada, los riesgos de migración y los requisitos que deben tener si deciden migrar. Además, en esta área se identifican las necesidades de la población o de los refugiados de atención psicosocial.

En el área de atención psicosocial se proporcionan los primeros auxilios psicológicos, la promoción de la salud mental y apoyo psicosocial. En las comunidades del lado venezolano promovemos especialmente el duelo migratorio de quienes se quedan; se trabaja la resiliencia, ofrecemos herramientas de autocuidado y se ofrece atención individual puntual y focalizada.

Finalmente, en esta primera área tenemos el acompañamiento humanitario a través del cual se hacen entregas de bienes alimenticios o no alimenticios, algunos apoyos de salud, kits de alimentación, higiene y hábitat, suplementos nutricionales y algunos medios de vida de emergencia.

En la segunda área tenemos el fortalecimiento comunitario, en este deseo de poner en el centro al sujeto y a las comunidades de acogida. Para ello, acompañamos un plan comunitario donde se identifican, junto con la comunidad, actores aliados y actores contrarios a su crecimiento y se promueve la construcción de paz, la reconciliación, la formación en ciudadanía y democracia. Además, en esta área, se acompañan proyectos de vida de los jóvenes para que sueñen desde lo vocacional, de lo que Dios quiere para sus vidas. Se identifican también algunos emprendimientos para apoyarlos con medios de vida y se acompaña para la sostenibilidad.

En la tercera área trabajamos con la educación y prevención de las dinámicas de violencia, fortaleciendo los espacios seguros educativos y comunitarios para su arraigo, intentando mitigar la deserción, tanto de estudiantes como de profesores, a través de combinación de algunas ayudas alimentarias o no alimentarias como kits escolares y apoyo a la infraestructura. Promovemos en esta línea la cultura y el deporte como espacios para el crecimiento de los jóvenes que se apartan de caminos de la violencia y pueden encontrar en esta promoción de la paz su camino vocacional.

La alianza de la oficina de Táchira y de la oficina del Zulia con el norte de Santander, tiene que ver con soñar un plan común desde estas áreas en constante diálogo. Este plan se orienta tanto a la asistencia humanitaria, en áreas como la salud de los refugiados, retornados colombianos o venezolanos y/o de personas con necesidad de protección internacional en general. En este trabajo binacional, compartimos las actualizaciones sobre los mecanismos de regularización y las exigencias legales administrativas, a través de un análisis de contexto conjunto y transfronterizo.

Ciertamente, las instituciones del lado venezolano estamos sobreexigidas y debilitadas por la crisis humanitaria compleja en la que aún nos encontramos. Sin embargo, esto no nos paraliza, y ya nos proyectamos hacia una recuperación institucional propia que nos permita apostar por una institucionalización cada vez mayor de nuestras regiones fronterizas desde la especificidad de las poblaciones que aquí hacen vida, de un pueblo de venezolanos y colombianos hermanados, desde una cultura muy particular y con mucho que aportar, especialmente en estos momentos.

Este trabajo no lo realiza solo el JRS de Colombia o Venezuela, sino que lo queremos llevar adelante en alianza con todas las obras de la Compañía de Jesús y en especial con las Diócesis de San Cristóbal, del Norte de Santander y con la Arquidiócesis de Maracaibo. Del trabajo de la Iglesia en frontera ya se tiene historia, con obispos visionarios en comunidades eclesiales fuertes que apuestan por la integración binacional. Este pueblo con identidad propia, crece en densidad, calidad humana y dignidad.

De ellos aprendemos que en las dificultades se forjan los corazones.


*Sacerdote Jesuita. Director del JRS Venezuela.

Nota:

  1. En marzo de 2018 el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) emitió una nota de orientación sobre el flujo de venezolanos instando a los estados a dar tratamiento a los venezolanos fuera de su país como refugiados, citando a su vez la Convención sobre el Estatuto de Refugiados de 1951 y la Declaración de Cartagena.